jueves, 2 de octubre de 2008

Delirios de grandeza


Sueños, vocaciones, frustraciones y divorcio (all included)

No sé si a todos les pasa, intuyo que sí, pero es muy probable que lo mío sea una patología psicológica inofensiva.
Mientras esperaba que la Jueza me atienda para exponer los motivos por los cuales quiero que me divorcie del Señor con el que supe compartir techo y comida, mi mente volaba (como suele hacerlo) por lugares más felices que la recepción del Juzgado de Familia donde esperaba mi audiencia.
Arrullada por el cántico frenético emitido por el teclado de la notebook del Señor del cual venía yo a deshacerme "legalmente", fui succionada por una nube de vapor con olor a pasado y naftalina donde mis recuerdos infantiles tomaron posesión de mi mente que se fue al carajo sin escalas.
Inmersa en semejante viaje lisérgico, con apenas 0.5 miligramos de clonazepam encima; me deslizaba deslumbrada por el patio de la casa de mi abuela, el living de mi casa de soltera y las escalinatas de entrada de mi Escuela Secundaria. Flashes de mi vida pasada bombardeaban mi cabeza como las imágenes de un televisor sometido al proceso de sintonía automática de canales. Fragmentos de conversaciones, risas, peleas, canciones repicaban en la tapa de mi sesera como el granizo en el techo de chapa de mi casa.
Y ahí pude ver con toda claridad, mis más profundos anhelos de la infancia, lo que siempre quise ser, la persona en la que alguna vez soñé en convertirme, aquella que había enterrado en el último cajón de mi subconsciente con un cartelón rojo que decía “NO WAY”.
Adicta a las listas como mi querida sobrina Peque, me puse a repasar uno a uno, todos los proyectos truncos para caer en la cuenta que lo mío era un caso descomunal de “delirio de grandeza”.

La lista (for your eyes only):

Estrella de rock. Más grande y popular que Los Beatles y los Stones juntos. En mis sueños toco casi todos los instrumentos (creo que esto puede ser un festival freudiano para cualquier psicólogo que inmediatamente preguntará “¿algún instrumento de viento?”). Tengo una vitrina atiborrada de Grammys, discos de platino, Oscars (por las bandas sonoras que compuse, obviamente) y tapas de revistas en las que alguna vez fui portada. Viajo en limousine, tengo dinero suficiente para comprarme medio planeta y avion particular porque detesto viajar como los humildes mortales sin talento. Mi canto arranca las lágrimas de los fans que se desmayan en mis conciertos, las mujeres me admiran y los hombres caen rendidos a mis pies (generalmente los pateo porque no me dejan caminar cuando salgo de Shopping).

Piloto de avión de línea. De esos que trasladan hordas de pasajeros a Europa. Generalmente salvo al pasaje de un atroz accidente en medio de una feroz tormenta, con la doble barrena invertida que aprendí en “Top Gun”; y una vez aterrizada la nave recibo los aplausos de toda la tripulación. Mi novio es astronauta, antes de que me lo pregunten.

Cirujana cardio-torácica (esta la arrastro desde la Feria de Ciencias de 4° año, donde abría un sapo por la mitad y le sacaba el corazón delante de la mirada asqueada de los participantes). Soy la que abre pechos como latas; adentro de ascensores (sobredosis de series médicas, lo admito), aviones, yates, etc. salvando vidas reconectando arterias con las manos ensangrentadas sosteniendo sondas naso-gástricas con los dientes y la sierra con ambas manos mientras parto esternones a diestra y siniestra. Con un solo movimiento de cabeza puedo incluir a esa tierna niñita de siete años en la lista de transplantes y, por supuesto, soy la primera en insertar dentro de la cavidad torácica un artefacto parecido a un despertador antiguo para estirar la vida del paciente en espera de un donante que le salve la vida definitivamente. El Nobel de Medicina, es un trámite, no puedo ir a buscarlo. Estoy muy ocupada dando clases a jóvenes inexpertos que no se toman la profesión tan a pecho como yo. Ah, y me transo al Jefe de Traumatología, que está más bueno que comer pizza con la mano.

Etérea bailarina clásica. Cuarenta kilos de peso (con ropa), sin embargo no he perdido las tetas ni el culo…milagrosamente. Soy una pluma que se desliza por el escenario del Colón con la gracia de Isadora Duncan, cosechando aplausos de Buenos Aires a Moscú. Las mujeres me ven y lloran, la muerte del cisne me sale brutal. Una entrada para verme cuesta lo mismo que cuatro implantes dentales. Y Baryshnikov no puede vivir sin mí, dicho sea de paso.

Entrenadora de delfines. Mi vida es la versión femenina de la de Jacques Cousteau. Trabajo para un oceanario investigando la vida sexual de la ballena blanca. Salgo a nadar con tiburones, que no sólo no me mastican, me reconocen y me siguen como pollitos inofensivos. Conozco a todas las ballenas de Puerto Madryn, las he bautizado una por una. Me deben la vida ya que fui yo quien se postró delante del ballenero nipón en un bote de goma evitando la masacre. Por supuesto soy miembro de Greenpeace y vivo en un superbarco laboratorio con un científico australiano que conocí buceando en la Gran Barrera de Coral (y es igualito a Russell Crowe).

Actriz. Lo mejor después de Meryl Streep (en realidad ella me llama para pedirme consejo, cada vez que recibe un guión). Coseché Palmas de Oro, Conchas de Plata, Osos de Berlín, Baftas, Oscars, Golden Globes y hasta un Martín Fierro. La gente va a ver mis películas con toneladas de Kleenex porque hago llorar hasta a los narcos colombianos. Tomo el té con la Reina de Inglaterra (que me acaba de regalar un título nobiliario) y me codeo con el jet-set europeo y neoyorquino. Dolce & Gabbana me regala vestidos, Armani se pone celoso y Hermés sacó una línea de carteras con mi nombre (a quien voy a demandar porque no me pidió permiso). Obviamente soy miembro honorario de UNICEF y me la paso deambulando por Africa tratando de acabar con el hambre y la pobreza. Ahí conozco a un médico miembro de Médicos sin Fronteras (que me da una mano con eso de acabar) del que me enamoro perdidamente porque en su puta vida vio una película mía y no tiene la más pálida idea de quien soy (ah, y es igualito a Clive Owen).

Piloto de Fórmula 1. La primera en ganar el Gran Prix de Montecarlo para la Escudería Ferrari. El príncipe Alberto me entrega el trofeo y un par de cosas más en privado (echando por tierra la teoría de su reprimida homosexualidad). Los hombres me odian porque manejo mejor que ellos y más de una vez me encuentro con el auto rayado en la cochera. Me caso con otro deportista top, probablemente un tenista que no me haga sombra en mi carrera y que seguramente está más bueno que el Quaker.

La voz del Secretario del Juzgado me devuelve de una patada a Alfa y caigo en la cuenta de que no soy nada eso con lo que he soñado. Mañana me tengo que levantar a las seis, hacer el desayuno, plancharme la camisa del uniforme, llevar a mi hijo al colegio y pasar por el super porque mi heladera es un páramo. La crisis más grande que deba resolver seguramente será el papel atascado en la impresora del trabajo.
No firmaré autógrafos, apenas un par de remitos o alguna nota a un Banco. No abriré pechos con tramontinas, quizás el capot del auto que aúlla por un litro más de aceite. No entrenaré delfines, sólo a mi perro para que no me salte embarrado cuando llego a casa. Y si tengo suerte, el Oscar vendrá en la forma de un 10 en la prueba de Matemáticas de mi hijo.

3 comentarios:

adivina? dijo...

Ja, ja, ja, ja, sho también me voy a conocer a un biólogo marino con la cara de Russelito. Bueno, quien dice biólogo marino dice oficinista, reponedor o conductor de camioneta, lo importante es lo de la cara ja, ja, ja.

Agos dijo...

aaawww!!! aparezco mencionada en una entrada de la Tía!!! snif... qué orgusho!!! che... hace mucho que no hago listas!!! No querés que te haga la del super? digo... pa' no perder la costumbre, vio?

y lo de la lista de "wanna be", es común a todo el mundo. yo quería ser:
1/ cantante
2/ actriz (de teatro, eh?)
3/ escritora
4/ patinadora artística

creo que, inconscientemente, lo que siempre quise fue que la gente me recordara una vez que yo ya no estuviese más en esta tierra. pero, ahora que soy más grande y sabia (ja!), me dí cuenta que es más importante dejar una marca en la gente que quiero y me quiere, que en una horda de fans a miles de kilómetros de distancia.

Mhairi dijo...

AAAAAAAAAAMEN!!!!!!!
Comparto la de medico sin fronteras, la actriz/cantante super talentosa y la version femenina de Costeau.
A eso le sumo escritora renombrada y famosa heredera que hace lo que se le canta pero manteniendo las buenas costumbres (o sea, nada de Paris Hilton)