miércoles, 24 de septiembre de 2008

Añejamiento humano


SINTOMAS DEL SÍNDROME DE AÑEJAMIENTO
(guía para pendeviejos que no asumen su lugar en la cadena alimenticia)



Es sabido por cualquier ser vivo ( vivo de respirar, no de avispado), que todos nos vamos a morir…algún día. El tema es en qué estado llegamos al ocaso de nuestras existencias. Antiguamente, un anciano era una persona con nietos, arrugada, con dentadura postiza, dificultad para desplazarse, pelo blanco, anteojos culo de botella, síntomas de pérdida de memoria y cara de cansancio monumental. Pero, los tiempos han cambiado y las personas recurren a todo tipo de artimañas para evitar lo inevitable…el paso del tiempo. La gran mayoría de los mortales acude a tratamientos de belleza, cirugías, ropa, gimnasia, vitaminas, etc.; creyendo ingenuamente que con todas esas estrategias podrá engañar y auto-engañarse. ¿No hay nadie en la familia que los quiera lo suficiente para decirles la verdad?. ¿Es que están tan confundidos que el Alzheimer no les deja ver la realidad?. No se preocupen, he aquí una guía indispensable para reconocer al pendeviejo que todos llevamos dentro y algunos consejos para mantenerlo en sobriedad.

COMO RECONOCER LOS PRIMEROS SINTOMAS DE AÑEJAMIENTO

Cuando preferís un programa de preguntas y respuestas de canal de aire berreta a una buena película sueca sobre el incesto y la violencia doméstica en una familia de clase alta (con escenas de sexo explícito que no logran moverte ni dos pelos de la nuca).
Cuando comenzás a ser consciente de la grotesca cantidad de sal que usas en las comidas sin siquiera probarlas (evocando en tu mente la cara del tío Carlitos que se quedó seco en la playa con veintinueve de presión en un brazo y un conito de papas fritas en la mano).
Cuando los jeans te sobran de culo y te aprietan en la barriga (señal más que evidente de que se te está desmoronando el culo y se te está macro-engrosando la cintura…si es que alguna vez la tuviste).
Cuando los corpiños que solías llenar con estoicismo ahora te quedan como dos medias paltas sin semilla.
Cuando tus tetas han tomado rumbos diferentes y para ensartarlas dentro de un corpiño las tenés que ir a buscar al barrio donde vive el ombligo.
Cuando te quedás dormido sentado pero a la hora de llegar a la cama sólo podés torrar con la ayuda de algún yuyo, pastilla o tres vasos de vino.
Cuando la ingesta alcohólica te pega para el culo, terminás desparramado en el sillón de algún amigo, te da sueño y ganas de llorar.
Cuando el hígado se resiente ante un vasito de cerveza y dos míseras porciones de pizza con morrones.
Cuando el estómago te devuelve a modo de reflujo los restos del asado del mediodía y para digerir cualquier cosa que no sea puré de zapallo necesitás por lo menos seis horas y cuatro pastillas de Taural.
Cuando te empiezan a salir manchas y lunares raros.
Cuando te interesan más los comerciales de Schwanek o la Cardioaspirina que las propagandas de pañales y automóviles.
Cuando descubrís que existe una columnista en todos los noticieros que se dedica a responder preguntas de los jubilados y silencias a toda la familia para escuchar sus consejos.
Cuando te percatás con espanto de que cada día te parecés más a tus padres y has heredado todos esos defectos que tanto te molestan de ellos.
Cuando tus padres te parecen ancianos (cosa que sucede de un día para el otro).
Cuando preferís un cortadito con una tostadita como cena del domingo.
Cuando te preocupa tu propia seguridad dentro de la bañera y te enjabonás agarrandote de las canillas.
Cuando usar tacos altos se convierte en una pesadilla y no soportás ningún zapato a excepción de tus pantuflitas acolchadas de plush.
Cuando no podés esperar a bajar del auto para deshacerte de la ropa ajustada y desaparecer detrás de una remera gigantesca con el logo de algún hipermercado.
Cuando tenés problemas de enfoque y no podés escribir y mirar televisión sin un mínimo de tres minutos entre una actividad y otra porque sino ves borroso.
Cuando te llaman y no te das vuelta. Posibles hipótesis: No reconocés tu propio nombre. No escuchás cuando te llaman. Escuchás pero no relacionás.
Cuando te cuesta embocarle a una cara un nombre y le decís los nombres de todos los varones de la familia a tu sobrino hasta acertar el adecuado.
Cuando la siesta es religión y la tele en la cama la mejor opción para un sábado nublado de otoño.
Cuando llevás la cuenta de todos los aviones que escuchaste pasar y por algún motivo lo encontras inusual.
Cuando hacés zapping y te detenés más de dos nanosegundos para ver qué dicen en Chiche o Sofovich.
Cuando considerás que los adolescentes de ahora son unos zarpados, vagos, y atorrantes y vos a su edad eras mucho mejor que ellos.
Cuando te urge visitar al promotor de seguros, después de ver una idílica propaganda de seguros de vida, para contratar un paquete que cubra todo…(en el comercial la pareja cincuentona se hamaca abrazada en el parque de una casa monumental mientras sonríen con cara de Disneylandia mientras una voz en off te repite la palabra “seguridad”…(lo que no te aclaran es si la cobertura expira en caso de deshacerse del asegurado con tus propias manos…en el cogote y dejando marcas).
Cuando sos consciente de tus propios huesos y las heridas de guerra (cicatrices de operaciones, porrazos, quebraduras, etc.) te empiezan a joder los días húmedos.
Cuando el pronóstico del tiempo se convierte en el epicentro de tu desayuno y de tu cena.
Cuando le creés al pibe del pronóstico y salís con paraguas en pleno día de sol sólo porque escuchaste que “podría caer un chaparrón” (y es agua, no ácido sulfúrico…tampoco la pavada).
Cuando te olvidás el celular y las llaves de casa o el auto en cualquier parte y necesitás media hora y quemar doscientas calorías pensando dónde carajo revoleaste las cosas.
Cuando tu hijo te explica cómo usar el celular o te da clases de computación.
Cuando el tiempo comienza a pasar volando y te descubrís por enésima vez asombrado de lo poco que falta para armar el arbolito (¿pero si fue ayer que lo embalé y lo subí al placard del escritorio?). Y pensar que antes el tiempo era de goma, sobretodo cuando esperabas las Fiestas o tu propio cumple…ESPERABAS TU CUMPLEEE!!!.
Cuando una clase de aerobics, un partido de fútbol o cualquier actividad deportiva te dejan estropeado como un trapo de piso.
Cuando el sexo sólo se practica si no hay nada mejor en la tele; aniversarios y cumpleaños (y poniendole la misma garra que Reutemann le ponía a las últimas diez vueltas de las carreras de fórmula 1).
Cuando el viagra es considerado un “must” en el botiquín familiar.
Cuando repasas los fúnebres del domingo esperando no encontrar a ningún espécimen de tu propia generación.
Cuando empiezan las bajas en la generación de tus padres y te horrorizás cuando tu madre saca fotos viejas y señala con el dedo los que han desaparecido en acción (más del cincuenta por ciento de la población de la foto en cuestión).
Cuando empezás a sacar cuentas para adelante y para atrás…y conclusiones aterradoras sobre el tiempo restante y el tan temido “Game over”.
Cuando te conseguís una religión que conteste todas tus dudas y te hacés hiper-devoto del personaje que, según esa religión, te allanará el camino al paraíso.
Cuando te colgás distintos amuletos contra las maldiciones, la mala suerte y las malas ondas. Ajo en la cocina, cintita roja en la muñeca izquierda, cuernito en el espejo del auto, lapicera de tinta violeta para escribir y firmar, el ekeko en el escritorio, la lechuza en el baño y la brujita colgando de las alacenas del lavadero.
Cuando te convencés de que todo tiempo pasado fue mejor. La música de los setenta no había con qué darle, el cine de los ochenta fué lo más, tu novio de la secundaria el más hot, el barrio dónde vivías era sagrado y el mundo en general parecía un lugar más seguro…(con appartheid, muro de Berlín, Vietnam, Chernobyl y la Junta Militar al gobierno incluídos!).
Cuando empezás a plantearte qué será de tu vida cuando llegue la hora de volver a los pañales (pero para adultos).
Cuando tus hijos y sobrinos te sacan dos cabezas descalzos (y vos en puntitas de pie y metiendo panza).
Cuando el desconocido frente al espejo tiene papada y se llama igual que vos.


ALERTA: PENDEVIEJOS A ESTRIBOR!
(Cómo reconocer a un pendeviejo/a)

Los hombres que se compran una Harley Davidson sólo para tenerla en el garage de la casa y pavonearse delante de los amigos.
Las mujeres de cincuenta que hacen la dieta del pomelo para poder entrar en los talles de Kosiuko avergonzando a sus propias hijas y coqueteando con el vendedor de la marca para que les consiga un talle de pantalón que no les marque tanto el flotador. Y pensar que habían entrado al negocio en busca de un vestido de quince para la nena.
Los hombres que se matizan las canas quedando color zanahoria a lo “Pippo Cipolatti” y que se compran camperas de cuero con el logo de “Top Gun” o “Black Hawk Down”; emulando a piloto de película yanqui.
Las mujeres que se lipoaspiran y se re-inyectan la grasa lipoaspirada en distintos lugares de la cara logrando un efecto rellenado tipo muñecas peponas.
Las mujeres que se estiran tanto con cirugía que sonreír es una actividad que les lleva toda la mañana y los ojos se les salen de las órbitas como si estuvieran siempre anonadadas.
Los hombres que no asumen la pelada con dignidad y acuden a quinchos, peinados firuletes, entretejidos y gominas para tapar el agujero.
Las mujeres que se matan con clases de gimnasia, aparatos, deportes varios y cinta en los ratos libres con la secreta esperanza de volver a tener el culito de los dieciséis años (y en el mismo lugar geográfico).
Las mujeres que no habiendo tenido tetas en su vida se regalan un par de siliconas para el cumpleaños número cuarenta y cinco con la excusa de haberse quedado sin tetas después de amamantar (y quemando todas las fotos de soltera donde hay pruebas irrefutables de que fue siempre una tabla).
Los hombres que venden la camioneta rural familiar y adquieren una coupé dos puertas color rojo furioso de la que solamente pueden bajar con ayuda del hijo menor que los arrastra de los brazos para desembutirlos del rodado (quedando atrapados en el espacio existente entre el volante y el asiento del conductor tras haber ingerido una botellita de coca light).
Las mujeres que adquieren vocablos de sus hijos y andan atrapadas en un léxico que no les es propio y que ni siquiera entienden…tipo naaaa gordaaa!.
Los hombres que se refieren a sus esposas como brujas delante de las vendedoras del supermercado/boutiques/farmacias, pavoneandose cual galanes hasta que aparece la esposa en cuestión y se quedan congelados como estatuas vivientes y monosilábicos o lo que es peor…tartamudos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te felicito, muy bueno el blog, y realmente cuanta verdad !! nos rodean muchos pendeviejos, pero bue.... nosotros sigamos disfrutando de los años vividos, que al reconocerlos significa que fueron vividos con plenitud, un beso gigante.
Gla

Ugo dijo...

Estoy feliz, agradablemente sorprendido, y orgulloso de leer tus cada vez mejor escritos ensayos con forma de blogg. Cuando llegues a los años que referís, tu relato, que causa gracia (y a mi tambien), descubrirás que no elegiste el Alzheimer ni la papada; vienen solos. Lo importante es ser feliz aunque te olvides de algun nombre, camines con alguna dificultad y sigas amando las artes, el cine y la musica. A proposito de cine, te recomiendo rever (seguro que la has visto) "Second Hand Lions", una comedia que contiene el sentido critico de las persona que llegan a los 90 años, con el espiritu de la juventud intacto. La vas a poner en la lista, con seguridad. No puedo incluirme en la lista de pendeviejo, aunque todavía a mis casi 71, me guste andar en motocicleta, y nunca he tratado de teñir una cana, ni ocultar mi verdadera edad. Me encanta correr en Karting y ganarle a los chicos de 20, pero no para ser mas joven, sino porque todavía me apasiona. La papada en las curvas sobresale mucho del casco, pero todos lo interpretan como una seña. Todo lo demas me cabe como a cualquier otro viejo. Solo que yo no me ofendo y si me divierte mucho. Conozco mis limitaciones y soy consciente de ellas. Como peso 110 Kg, sacarme del karting, a veces es entre 4 personas, ya que solo no salgo. Me gusto mucho, el relato y el tema. Está bien escrito, es caustico pero moderado, es que cada vez exageras menos, logrando el mismo efecto o mejor. Y siempre una gota de cinismo "London Style", viene bien. Te pido que sigas escribiendo
asi, para beneplacito nuestro (tus lectores) pronto van a ser tus fans.UG