miércoles, 5 de noviembre de 2008

Noticieros de cuarta



Las cosas de los noticieros que me ponen de la peluca

El que no recibe el diario, no consulta las noticias por Internet o no se agencia un par de periódicos matutinos en un bar; tiene que morir como yo en los noticieros de la tele.
Cada uno y a su particular manera y estilo; se encargan cada mañana y cada noche de atentar contra mi algarabía (la cual es francamente indestructible). No es que yo tenga poca paciencia, creo que más bien son ellos, los que hacen los noticieros; los que me hacen saltar la térmica por una serie de razones que ya paso a detallar (y que nada tienen que ver con la noticia en sí, obviamente).

El anticipo.

Odio el anticipo. Lo odio porque se pasan una hora hablando de lo que vamos a ver pero no nos muestran nada. Venden la noticia como si fuera un culebrón colombiano “Ya les mostramos lo que dijo Antonini Wilson” (debería haber escrito culebrón venezolano, pero eso es para otra columna). El tema es que venden y anuncian pero para cuando se decidan a desarrollar la noticia yo ya perdí el interés, me fui a trabajar o me quedé dormida (dependiendo del momento del día). Puros títulos, puros carteles, puro esqueleto sin contenido. Y después te ponen la nota de las bondades de la vitamina B12 o el perro que hace skateboard en Ohio.

El tonito de algunos periodistas

El tono de urgencia que luego se corta para gastar al del pronóstico porque ayer la pifió y llovieron teresos de punta. El tono de falsa seriedad porque cuando se van a la pausa dejan el micrófono abierto y tras la noticia de un triple homicidio se los escucha discutir la esponjosidad de las medialunas que les sirvieron en el desayuno. El cantito que usan otros para leer los títulos, que se pierde vertiginosamente cuando los títulos van más rápido que sus cadencias amarillistas y se quedan leyendo lo del transplante de hígado sobre una placa de la Selección y su viaje a Escocia (lo que conlleva a que nosotros pensemos que Messi necesita un urgente transplante, Maradona sería el donante y Bilardo el cirujano).

La lección de civismo

Ningún periodista que ostente con orgullo su carnet habilitante como tal, podrá esquivar la cátedra de Educación Cívica luego de leer una noticia sobre política o una policial. Con el ceño fruncido, el pecho inflado como una paloma mensajera y la mirada fija en la cámara (o sea NOS); este ícono de la rectitud, la moral y las buenas costumbres nos beneficiará con una portentosa filípica sobre lo que debemos y no deberíamos hacer (como si uno fuera un pavote inconsciente huérfano y analfabeto merecedor de unos cuantos chirlos en el glúteo izquierdo porque la delincuencia sube y uno qué hizo AH…QUÉ QUÉ).
No los soporto, ni las soporto…porque hay algunas que tienen a la maestra ciruela presta a emerger ante cualquier noticia que le de pie para una clase super didáctica con power point incluído.

Los que piensan que la noticia son ellos

Tanto cronistas, como noteros y periodistas están convencidos que la noticia se trata de ellos. Entonces opinarán sobre lo que les pasó a ellos (algo muy similar a lo que le pasó a la señora del móvil que no tiene puta idea de quién le está hablando por la cucaracha y lo único que quiere es que alguien la ayude a reconstruír su casilla que se acaba de incendiar hasta los cimientos). Son los que preguntan cosas para brillar más que para informar, interrumpiendo al protagonista porque sus cerebritos privilegiados van más rápido de lo que va el entrevistado (aparte han perdido completamente, la capacidad de escuchar). Son los típicos que cuando los asaltan o los chocan convierten la noticia en titular y cuestión de estado. Abundan en los noticieros donde se dedican a mandarle saluditos a la abuela, a contar lo que comieron la noche anterior mientras uno desespera por conocer el pronóstico para saber si salir o no con piloto y paraguas. También son los que se pavonean con orgullo mediático mencionando cada dos por tres la cantidad de premios Martín Fierro acumulados o los que asisten a esas entregas de premios y caen en la pelotudez de sermonearnos cuando son galardonados con un discurso digno de la cruza entre Winston Churchill y Gandhi (cara de tango all included).

El maldito pronóstico

Nunca voy a entender porqué lo mezquinan tanto. Sobretodo porque cuando me canso de esperarlo (después de haber escuchado el anticipo unas mil veces en quince minutos), me conecto al Weather Channel y los mando a todos a la recontramierda.
Tampoco entiendo mi adicción a los pronósticos porque se equivocan bastante seguido y porque usan el segmento para cargarse por los resultados del futbol, las preferencias sexuales (todo muy sutil, obviamente) y cualquier otra pavada que les sirva de excusa para relajar antes de contar que una familia entera fue baleada en la puerta de su casa. ¿Cómo volver de la pelotudez total para informar semejante drama?. En primer lugar no deberían haber llegado al punto sin retorno, porque de eso no hay retorno. Lo cual es peor cuando quedan tentados y leen la peor tragedia tragándose las carcajadas.

Los cronistas de futbol

Ya sé que casi todo el país aprecia más una noticia sobre el deporte favorito de los argentinos antes que lo que va a pasar con sus ahorros si las bolsas siguen cayendo o el Ejecutivo saca la ley de estatización de las jubilaciones privadas; pero tampoco la pavada, no me explico la cantidad de tiempo que ocupa la doble rotura de meniscos de Cuchuflito o el casamiento de Cacharrito con la botinera de turno. Analizan cada jugada como si estuviéramos mirando un canal de deportes y generalmente repiten ese gol del domingo hasta el cansancio, después hay una breve mención al tennis…y luego se acabaron los deportes en Argentina (salvo que alguna ignota yudoka se traiga el bronce a casa en las Olimpíadas, en cuyo caso todos son expertos en yudo arghhh!).

El opinólogo super especialista

A estos les chifla el moño, sólo se salvan unos pocos. La mayoría navegan por la delgada línea abstracta de la opinión neutra que no perjudique al canal que les da de comer, al político que les ayuda a terminar la casa en el Country o el diario para el que trabajan cuando no están haciendo el currito delante de cámaras. Algunos no tienen la más pálida idea de lo que dicen, opinan de economía pero jamás en sus vidas se quemaron las pestañas haciendo una carrera…capaz un cursito de dos días en un hotel de lujo que los habilita a hablar sobre variables macroeconómicas con la autoridad con la que yo hablo del mejor lubricante sintético para motores nafteros.
Pero los peores son los que nos regalan su idónea y particular visión sobre tal o cual tema por el simple hecho de vestir un traje Hugo Boss y manejar un BMW. Total, sólo hay que poner cara de “yo la tengo clarísima” y listo.

Los que repreguntan lo recontrarepreguntado

Aquí encontramos a una sarta de cabezas huecas que tienen la primicia de una madre desesperada en línea, que hace unos días busca a su hija desaparecida y abusan de la pregunta incisiva para tenerla más tiempo pegada al auricular sin sensibilizarse por la gravedad de la situación. La pobre mujer acude a un medio público para difundir la foto de su hija y ellos la gastan como escolar a una goma de borrar. La liman duro y parejo, para que no atienda llamados de otros medios y siga conectada repitiendo una y otra vez lo mismo. Ni siquiera el dato de que la señora necesita hacer reposo por su avanzado embarazo los disuade de seguir metiendo el dedo en la llaga. Son de décima. Eso sí, después te darán cátedra de sensibilidad social y te convocarán para participar de la colecta Más por Menos o un Sol para los Niños, pero son hienas insaciables que no se conmueven con nada (salvo que les pase a ellos, obviamente).

Los k-gones

Los noteros de esta especie son los que corren a lo Rambo detrás de la balacera pero en cuanto escuchan un tiro cazan de la solapa a un pendejo que pasaba para convertirlo en un escudo humano. Se enfrentan a la pesada de algún gremio pero ante el menor conflicto se meten el micrófono por donde les entre y salen corriendo con los cantos bien apretaditos. Los miran fijo y se mean, los pechean y se derriten como un helado en verano. Les dicen que NO y dan la razón sin el menor atisbo de duda. Si tienen la suerte de recibir un zamarreo o una bala de goma en una pierna, esperarán el Pulitzer, la Medalla al valor y varios días de notas en todos los canales mostrando el moretoncito multicolor que tanto les duele. Demás está decir que acusarán con el pecho henchido de furia a sus agresores, que primero fueron sus víctimas porque les metieron la cámara en la naríz y el micrófono en el traste; pero eso no cuenta…lo que realmente cuenta es la vil agresión a un periodista (aunque la nota fuera sobre la pelea de las vedettes en el último show de Marce).

Ojo, a no generalizar, algunos se salvan. Son los menos, pero de vez en cuando aparece uno que vale la pena (lástima que nunca duran en el aire).

Merde!

1 comentario:

Mhairi dijo...

tambien estan los que, al no lograr que el entrevistado sea un mar de lagrimas o quiera matar hasta la cucaracha que pasa por la calle, buscan la manera de hacerles perder los estribos cambiando totalmente lo que la pobre victima acaba de decir.
Ahhh, pero no les digas nada, porque ellos estan trabajando y por eso tienen derecho a meterte la camara en la oreja y el microfono en el culo, mientras te discuten que lo que acabas de decir no es lo que de verdad dijiste.