domingo, 17 de mayo de 2009

AUTOGESTION



Sobredosis de “AUTOASSHHUDA”

La génesis de este palo enjabonado que nos lleva irremediablemente al piso (más precisamente al desembolso de un puñado de billetes a cambio de un libro con recetas mágicas para la plenitud espiritual y el engrosamiento de la cuenta bancaria), tiene una fórmula matemática perfectamente comprensible:

EQUIS (libro escrito por gurú ladri) = alma en pena – fé en Entidad Superior + problemas económicos x pérdida de control de malos hábitos al cuadrado – autoestima x (frustración + impotencia) + abstinencia de psicofármacos al cubo – psicoterapeuta idóneo

Despejaremos equis al final, concentrándonos primero en los factores que potencian la súbita caída en esta exposición a literatura S.O.S. “fatto in casa”.

Alma en pena
Toda crisis sacude la estantería de una cabeza bien acomodada. No hay que desestimar ningún problema, por más banal que sea. A cada cual le jode lo que le jode. Para un pendejo de quince puede ser fatal perder la bolita jamaiquina del piercing, del mismo modo que para una mujer de treinta descubrir que su marido se curte a su Contador. No se puede minimizar la tragedia propia, cada cual se deja sacudir por lo que puede o le ha tocado en suerte. Para algunos chocar el auto los deja al borde del suicidio y a otros los mata enterarse de que van a ser madre/padre cuando les salió la beca que hace seis años esperaban. Minas que armarán un escándalo porque no consiguen turno para el service de las uñas esculpidas se sumirán en la más profunda depre mientras que para otras la mancha de humedad en la pared del baño las arrastra a la crisis de fé más grande de sus católicas vidas. La escasa o nula tolerancia al conflicto es lo que convierte a un ser humano en un alma en pena, carne de diván (si se lo cubre la prepaga) o de librito escrito por pastor evangelista si el bolsillo se lo permite. Las crisis son la mecha que enciende este mecanismo mezcla de desesperación y apuro por sacar la cabeza del agua abrazados a una tabla de surf en forma de libro con nubecitas y promesas en la tapa. Libro plagado de optimismo que proviene de un autor cerebrito de corcho, que hace honor al nombre de la góndola donde reposa su producción (con lo que factura queda claro que se súper ayuda a sí mismo).

Fé en Entidad Superior
En algún momento de nuestras vidas dejamos de creer en algo. En el Intendente de nuestro Municipio, en la bondad de nuestro ángel de la guarda, en los poderes del Gauchito Gil, en la generosidad de la palomita blanca que ha elegido este año para cagarse sobre nuestras cabezas o en la moratoria de ARBA. Nuestro sistema de creencias se derrumba, y con él se va a la mierda todo aquello a lo que le asignábamos un determinado valor. Entonces saltamos al vacío buscando una mancuerna de la cual aferrarnos; nada mejor que la colección completa de libritos de bolsillo de un médico hindú o un hawaiano adinerado, para darnos la manito que estamos buscando. Porque estamos buscando respuestas, y esas páginas están repletas de frases lacrimógenas, estrategias difícilmente ejecutables en la vida real, consejos ridículos, filosofía de supermercado y una gruesa batería de testimonios marketineros que auguren un resultado positivo (sobretodo en las ventas del libro en cuestión).

Problemas económicos
Si pusiéramos cada centavo que gastamos en esta bibliografía tarada, no tendríamos problemas económicos. No se sabe qué vino primero, si el libro es el huevo o la gallina. Pero vino el resumen de la tarjeta y tenemos un pago mínimo equivalente al 80% del sueldo; que prolijamente invertimos en lectura que nos iba a convertir en “mishonarios” para poder pagar, con toda comodidad, el resumen de dicha tarjeta. El libro contiene la receta para el atajo, para llegar a la cima sin levantarnos del sillón donde, despatarrados, leemos con fascinación repitiendo como loros “sho me amo, sho me aprecio, sho me estimo, sho me mimo”.

Pérdida de control de malos hábitos
¿Quién no ha comprado el librito con los veinte consejos para dejar de fumar, la dieta de la rodaja de melón, la medicina ayurvédica para bajar el consumo de antidepresivos o el de los doce pasos para dejar de ser un dependiente emocional con una ligera tendencia a la psicopatía? ¿Ud. no? Le aviso que miente, y lo sabe. Lo que ocurre es que miente bien porque se agenció la primera edición de “Yo estoy bien, el mundo está equivocado”; ahora ni siquiera se da cuenta de que tiene un problema, con lo cual está básicamente sanado, anuló el síntoma y se dedica a joderle la vida la prójimo sin tener el más mínimo registro de ello ni un ápice de culpa.

Autoestima
La autoestima de los compradores compulsivos de autoasshuda, es una montaña de arena que hay que levantar del piso con una cucharita de café. Eso, si todavía existe rastro de ella. Para caer en la trampa de estos libros hay que tenerse escaso aprecio, o vivir convencido de que uno se quiere tanto que se autoregala un libro para aprender a quererse. Que conste que se lo autoregala porque no tiene a nadie que se lo regale, y no sigo escribiendo porque me da penita.

Frustración e impotencia
Este matrimonio hecho en el infierno, fue creado por la Entidad del Mal para hacernos caer en la tentación. El que se frustra porque no puede manosear a su estrella de cine favorita, vacacionar en Mykonos u obtener un sustancioso aumento de sueldo; caerá rendido a los pies de un ejemplar de esos que te enseñan a meditar y visualizar aquello que sólo obtendrás soñando despierto (porque seamos honestos, ni meditando diez horas seguidas podrás zamparle un pico en la boca a Humphrey Bogart…que lleva muerto más de un cuarto de siglo, por más visualizaciones que hagas). Lo cual te genera la impotencia suficiente como para comprarte el próximo ejemplar del Cosho ese que compiló y publicó todas las frases que escuchó en la serie Kung-Fú, ¡pequeño ladri saltamontes!

Abstinencia de psicofármacos
Acá tenemos un problema de logística que gira en torno al farmacéutico turro que se asustó con tanto narco suelto y ahora no te vende ni una tira de aspirinetas sin receta. El proveedor de tu ansiolítico favorito ha decidido unilateralmente que de ahora en más te pegues un voltio por el Psiquiatra para clavarte el mismo clonazepam que hace veinte años consumís porque él te lo vende a dos mangos la docena de 2 miligramos.. Con los ojos dados vuelta y un cable a 220 en el culo, saldrás despedido como el transbordador espacial a comprar un libro que te diga como lidiar con todos esos gusanitos de colores que se pasean delante de tus globos oculares. Cuando te dejen de temblar las manos, podrás leer el prólogo llegando a la conclusión de que el libro sólo te assshhuda a alimentar tus ganas de poner un laboratorio clandestino (lo cual es un buen negocio, definitivamente llegarás a mishonario, pero no gracias al libro).

Psicoterapeuta idóneo
Existen, pero cobran un huevo. El libro te cuesta un cuarto de sesión y te dura un mes (considerando que lo leas exclusivamente cuando vas a defecar, que es lo que hace la mayoría). Muchos terapeutas escriben autoasshuda para autoasshudarse, escriben sobre manipuladores y de cómo evitar a la gente tóxica (sentado en el inodoro, es muy fácil pensar que con un puff de “Glade Brisas de los Bosque de Salzburgo” repeles indeseables…aromas y personas por igual).

Equis=bibliografía para problemas existenciales, filosóficos, religiosos, dérmicos, culinarios, sexuales, parentales, legales, pediátricos, psicológicos, mecánicos, intestinales, metafísicos, cosméticos…algunos ejemplos…

“Cómo sanar tu alma en cinco días”
“La dieta del té”
“Sé millonario”
“Sé feliz”
“Atrae todo a tu vida” (tipo imán, hasta se te pegan los clips en la oficina)
“Resultados maravillosos sin mover un dedo”
“Cómo mantenerse casado sin morir en el intento”
“Lifting espiritual”

Pequeño test para saber si eres adicto a la bibliografía de autoasshhuda (3 es más que suficiente)

Te lees todas las notas de yoga, de medicina alternativa, de Reiki, del horóscopo Maya, sobre biografía de Dalai Lama, y reportajes a Donald Trump/Bill Gates/De Narváez; que salen en los suplementos de los periódicos dominicales.
Kitaro es el único músico que ha echado raíces en tu mp3.
Tenés una wish list en la mesa de luz (larga como el Antiguo Testamento).
Tenés una piedra favorita que frotás todas las mañanas mientras le reiterás tu agradecimiento por los dones recibidos y a la que le renovás el pedido del día (con dos ítems nuevos).
A sorbitos de té verde ponés tu mente en alfa pegándote un viaje extra-corpóreo de tal magnitud que contestás el teléfono cual autómata: -La señora está descansando, llame después-
Se te dio por consumir porotos, semillas y cereales. También suplantaste el tabaco por lo que plantaste en la maceta. Pero eso se llama bio-asshhuda.
No das un paso sin consultar tu libro asshhudador de cabecera, tenés estrategias hasta para comprar chicles y rituales para enjabonarte el tujes con jabón de coco (todo sea por conseguir un racimo de good vibes).
Sacaste el crucifijo de la cabecera de la cama. Ahora hay un bisshhete con cinco ceros agregados a mano con marcador indeleble. Y una foto de Bill Gates con la leyenda “tú puedes”.

JA!

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