viernes, 12 de febrero de 2010

MMMM NO SE…



El indeciso

Si estás a punto de estallar por combustión espontánea, si súbitamente te ves apoderado por un rapto de energía homicida, si se te nubla la vista y te acordás de los diez asesinos seriales más letales del mundo, si los globos oculares se te salen de las cuencas, si destilás espuma por la boca, vapor caliente por las fosas nasales y humo por las orejas; probablemente te hayas topado con un indeciso.
Estas criaturitas blancuzcas y endebles se debaten en un puzzle intercraneal para tomar la más mínima e insignificante decisión. La simple compra de un shampoo los puede dejar exhaustos. Que si llevan paraguas, que si va a hacer calor, que si este colectivo los deja mejor que el otro, que si toman por la ruta tal o cual; los indecisos viven en una nube plomiza donde los grises no existen, todo se reduce a ceros y unos como un código binario…un damero de blancos y negros. Si o no. Compro o no compro. Subo o bajo. Freno o acelero. Pizza o empanadas. El dilema los vuelve locos todos los días de sus gelatinosas existencias. El tema radica en que no se joden la vida solitos. No, no. Le joden la vida al resto de las personas que tienen una decisión tomada y tuvieron la mala leche de estar dos lugares detrás en la fila del banco, el cine o en el mostrador de la pizzería. Hablando mal y pronto “no hay poronga que les venga bien”. Y esto tiene una influencia directa sobre la gente que los rodea.
Cinco situaciones clásicas donde el indeciso te deja en un estado de espasmo muscular o en la puerta de la Comisaría más cercana:

La fila de la boletería del cine o el teatro

Comprar dos entradas les puede llevar una vida. Si entran a la primera función, como está empezada se pierden la publicidad y los avances. Pero si entran a la siguiente no les queda tiempo suficiente para comer. ¿Y si van a un Fast food?. No, mejor a la parrillita de enfrente. Pero tardan en atender, entonces no llegarán a la segunda función. El tema es que para la primera solamente quedan entradas de la fila A a la E. Entonces elegirán la E (para todo esto ya hace veinte minutos que están en el mostrador y la empleada tiene cara de estufadita MAL). La E tiene asientos laterales, por lo tanto pedirán el planito de la sala para saber a cuántos metros de la pantalla están. En el momento que deciden tomar las ubicaciones, las mismas fueron vendidas por otro puesto. Vuelta a empezar. Vuelta a pelar el mapita de la sala. Y así hasta que deciden cambiar de película. Si fuera el juego de la Oca, estamos otra vez en el punto de partida y con la Oca expirando de aburrimiento.

Alquilando un toldo en un balneario

Esto lo comprobé con mis propios ojos. El indeciso pide el mapa del balneario. El encargado señala con el dedo las ubicaciones disponibles. La hija del indeciso repite como un lorito degenerado “quiero ir a la pileta, quiero ir a la pileta, quiero ir a la pileta”. El padre preguntará por enésima vez si el toldo tiene el sol de mañana o de tarde. Y si las banderas miran para el Sur, el viento viene del Norte por lo tanto quiere asegurarse de que la ubicación lo proteja del viento. ¿Es esa ubicación segura? ¿Mira hacia Mar del Plata o hacia Miramar? ¿Si llueve de costado nos mojamos? El ferrocarril de inquisiciones terminará con un dubitativo “bueno, la 96 está bien”. El encargado, a estas alturas ojeroso y con los huevos al plato, festejará la decisión y extenderá la factura como bandera de triunfo. No nene, no cantes victoria, el indeciso pedirá salir al balcón de la oficina para ver con sus propios ojos los dos metros cuadrados de arena que está a punto de alquilar por ocho horitas (tampoco es que te compraste un loft en la Capital, man!). Mientras la gente se apiña en la entrada de la oficina con cara de horror y sin entender el motivo de la demora (salvo una señora y yo que fuimos testigos de la conversación), el indeciso se debate entre pagar con tarjeta de débito o crédito. Una vez hechas sus cuentas, se decide por la de crédito. Ahora le falta decidir si American o Visa. Todo esto transcurre al mismo tiempo que la infanta Carolina del Huevo inflamado repite cual androide tildado “quiero ir a la pileta, quiero ir a la pileta, quiero ir a la pileta”. Inmutable, la madre bosteza y pregunta si la ubicación es buena o mejor cambiamos de pasillo para estar más cerca de la pileta. Y ahí me cerraron todos los crímenes aberrantes que ví en True TV. Me cerró el “homicidio atenuado por emoción violenta” y si hubiera tenido un arma estaría escribiendo esto desde el Penal de mujeres de Ezeiza. El tipo todavía debe estar ahí debatiéndose entre el pasillo A o F…

Encargando pizza para llevar

La pregunta del millón: ¿Puedo pedir un tercio de queso, otro de cebolla y otro con tomates? No pedazo de infeliz, no se puede. Luego de releer el menú con las veinte variedades diferentes, preguntará cosas insólitas: ¿La de palmitos puede llevar anchoas, huevo, choclo y ananá y seguir llamándose napolitana de tomates con ajo, porque la quiero completita, eh? Imaginen esta situación en un verano agobiante, una fila de doce personas que quieren llevarse su pizza e irse a la cama, con un personaje de estos que hasta pregunta si puede cambiar el combo 2 por el 3 pero agregarle media docena de empanadas y seguir pagando el precio del 2 (y una Coca gratis). Seguramente manotee el celular para consultar en casa, donde vive un ejemplar de idénticas características y que probablemente agregue nuevas dudas en lugar de disiparlas. “Preguntale si con una grande comemos 11 personas”. “A ver si la pueden hacer sin sal porque mamá se queda a cenar y tiene la presión alta”. “Preguntale si la de cebolla tiene mucho gusto a cebolla”. Para salvarles la vida, lo más cauteloso es correrlos de un codazo en las costillas y hacer nuestros pedidos (la horda hambrienta que espera detrás estaría más que satisfecha en convertirse al canibalismo si el indeciso fuera el plato principal).


La fila del cajero automático del Banco

Nunca entendí porqué hay gente que demora tanto frente al cajero. Y no estoy hablando de gente mayor a la cual le resulta más complicado entenderse con una pantalla touch o una computadora. Hablo de indecisos de veinte o de treinta añitos que se pueden llegar a pasar unos buenos veinte minutos jodiendo con la maquinita mientras uno transpira como un lechón. Dan ganas de cazarlos del cogote y meterles las cabezas en el buzón de los depósitos. ¿Cuántas operaciones se pueden hacer en un cajero? ¿Se puede chatear o encargar zapatos por Internet? ¿Le ponés un vaso y te da 7UP con cubitos? Francamente no entiendo la demora. Imprimen papelitos, vuelven a meter la tarjetita, están diez minutitos mordiéndose las uñas mirando la pantallita y oops…al fin se dan cuenta que están en el cajero de extracciones y ellos vinieron a hacer un depósito. La fila en el cubículo es una espiral de gente enardecida que no puede creer como alguien puede ser taaaan pelotudo. Que si saco todo, que si lo dejo, que si me roban, que me olvidé la clave, que si la pongo mal y me traga la tarjeta. Todos estos son devaneos de una psiquis averiada que pide a gritos un terapeuta y/o algún psicotrópico que lo libere del trance dubitativo del cual somos todos esclavos.

En la ruta

Son los que no saben si quedarse en el carril de la izquierda o el de la derecha. Entonces van zigzagueando su locura bien por el medio de los dos carriles. Cosa de cagarles la salida a todos los que vienen detrás. Son los que te ponen el guiño para la próxima salida pero no bajan. Hasta que en la salida posterior, se te cruzan en forma abrupta sin ninguna señal que indique que se quieren bajar de la autopista. Son los que en los peajes van haciendo eses de una casilla a otra porque no están seguros de cuál les conviene más. Y también son los que se van probando todos los lugares para estacionar, en la hora pico en una calle angosta, metiendo el auto de culata y arrepintiéndose para volver a probar tres metros más adelante y así sucesivamente. El concierto de bocinas es perjudicial para la salud (pero el indeciso no se entera porque la vocecita de la duda que lo asalta repiqueteando en el cerebro es mucho más poderosa que el ruido de la calle).


¿Porqué tantas dudas? ¿Porqué les cuesta tanto decidir? ¿Alfajor blanco o negro? ¿Avión o tren? ¿Mate o café? ¿Efectivo o tarjeta? ¿Nafta común o super? ¿Coca Light o Zero?
¿To be or not to be? Parece que Hamlet también tenía sus dudas…


1 comentario:

Ari Signes dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJA...ERES UN CRACK twin !!

Veamos al menos tengo claro que : Alfajor blanco , tren, café Eefectivo , Nafta super y si tengo que añadadir calorias a mi dieta prefiero que sea con cerveza o un buen vino y por supuesto TO BE !


Espero por mi bien no estar dentro del grupo de los indecisos...al menos fui capaz de tener claro qué elegir