martes, 16 de junio de 2009

MUJERES INSOPORTABLES







HOY VA DE INSATISFECHAS, HISTÉRICAS, MALAENTRAÑA, SABELOTODO Y PIRADAS

Si existe algo bueno para destacar de las mujeres, es que algunas tienen la capacidad de hacer una buena autocrítica y reírse de si mismas. ¿Quién no ha tenido un ataque de histeria y le ha gritado a su hijo hasta quedar afónica? ¿Quién no ha revoleado un par de platos en el medio de la peor crisis de síndrome premenstrual de su historia? ¿Quién no se ha peleado con un inepto manejando en la ruta? Todas tenemos un poco de eso. Y eso es normal, aunque a ellos les cueste entenderlo. El tema es cuando la cosa te desborda y ya le has perdido el rastro a la cordura (que quedó ahí, en segundo grado de la primaria, cuando todavía te enternecía tu mascotita y pintabas corazoncitos color rosado en la tapa del cuaderno de clase).

Las locas frikki-border que hoy nos ocupan (o preocupan) andan sueltas por la vida porque no son lo suficientemente peligrosas como para estar confinadas en cuartos acolchonados de un neuropsiquiátrico; pero su capacidad de romper los huevos ajenos (y del partenaire que las soporta, si es que todavía las soporta) es directamente proporcional al grado de insania e insatisfacción que las corroe (como el salitre marino a los barrotes de hierro de una casa frente al mar). La procesión va por dentro y eso es lo más desconcertante que le puede ocurrir a quien se tope con uno de estos ejemplares de ojos desorbitados y pelos erizados. Porque si uno pudiera ver el interior de sus cerebros, o la pantalla mental que ellas ven en pleno arranque de despótica furia, quizás las comprendería un poco (o sabría tomar una distancia sanitariamente aconsejable).

El modelito que nos convoca hoy es el estereotipo de la que está convencida de que nació sabiendo y que ya conoce todo lo que había por conocer. Su derrotero es un viaje de vuelta, no espera sorpresas, no necesita consejos, no pide ayuda y se le puede pudrir la lengua antes de reconocer que está equivocada (mucho menos pedir disculpas aunque se haya llevado puesto un cartel de contramano, discutiendo dos días y tres noches con un policía porque ha decidido cambiarle la mano a la calle que hace cuarenta y tres años lleva el mismo sentido…contrario al suyo, obviamente). Estas delirantes suelen autoconvencerse de que el mundo ha complotado en su contra y se pelearán sistemáticamente con el carnicero, el electricista, la maestra de los hijos, el oculista, la manicura, el mecánico del auto y por supuesto el marido. El marido merece un capítulo aparte. Un pollerudo que teme por su vida (muy probablemente sea el auténtico “hombre golpeado”) que no se anima a discutirle en público porque sabe positivamente que lo harán quedar como un pelotudo. Mejor callarse y que ella se devore cruda a la empleada que tiene enfrente. Es por eso que suelen mirar para abajo, un tanto avergonzados, cuando la experta en automóviles (léase esposa megalomaniática) discute a los gritos con quien le está entregando el OKM porque le es imposible ver la ubicación del botón disparador de los “airbags manuales”; encuentra antiestéticos a esos renglones dibujados en la luneta trasera; y se ofende porque se entera que el auto de motor diesel solamente admite gas oil “y no todos los combustibles disponibles como cualquier auto moderno”. Ella se habla, ella se contesta, ella goza de la incapacidad total para escuchar a nadie más que a su enfermizo “Super Yo” que le habla desde el fondo del occipital y le susurra cosas hermosas al oído convenciéndola de que se ha realizado como persona y ha logrado convertirse en el ideal de mujer con el que siempre soñó.

Así es que van por la vida peleando contra los molinos de viento, como Don Quijote, arrastrando a sus pobres familias cual Sancho a la batalla. Viven de juicio en juicio, de abogado en abogado, y de colegio en colegio ya que nada es suficientemente bueno ni está a la altura de sus expectativas. Tendrán problemas con sus vecinos porque aseguraran que fulano está colgado del cable, el perro de enfrente se masticó sus felpudos (aunque el can propio venga eructando, incriminatoriamente, restos de paja y crin) y le harán un sumario al Director del Colegio de sus hijos por incautarles el celular en clase (eso si antes no les dejaron un ojo negro porque no pudieron esperar la intervención de la justicia escolar).
Arremeterán contra la cajera del supermercado porque puso demasiados productos en una misma bolsa, porque la máquina lectora de barras le factura más de lo debido, el shampoo cambió de aroma desde la góndola a la caja y porque no están de acuerdo con pesar las verduras (y pretenderán en forma intransigente que “un supervisor más despiertito que vos, nena” les haga el favorcito de llevar las diecisiete bolsas a la balanza).

Algunas no tienen registro de su locura, las dejan sueltas y circulan dejando los huevos al plato de quienes tengan la desdicha de cruzarse con ellas. Pero otra categoría de estas matronas sabihondas beligerantes y autistas no sólo son mal llevadas, son mala entraña; no tienen ni un gramo de culpa y en el fondo disfrutan con el tsunami que provocan allí por donde pasan. Son las que no se hacen problemas a la hora de apuntar con el dedito acusador a la maestra de sala de tres, que tuvo la amabilidad de cambiarle el calzoncillo cagado al nene y ahora tiene un sumario por acoso sexual agravado por su condición de docente. Son las que incineran a la moza del restaurante porque se demoró más de un minuto en traerles la ensalada, el vinagre estaba demasiado ácido, el vino picado, el pescado lleno de espinas y la soda demasiadas burbujas. No pestañearán cuando pongan en peligro el trabajo de otra persona convirtiéndose en verdugos, bolígrafo en mano, para escribir un manifiesto de tres carillas en el libro de quejas de cuanto lugar visiten. Llevan la ira adentro, rubicunda, combustible; siempre al borde de la explosión que no dejará títere con cabeza ni vidrio sin vibrar (ya que el tenor y volumen de sus gritos es capaz de taladrar paredes macizas…sólo basta preguntarle a los vecinos). Todo, absolutamente todo les jode. Se pelean con los periodistas de los noticieros (aunque ellos jamás se enteren), con el plomero que arreglaría lo que tiene que arreglar si lo dejaran intentarlo en lugar de recibir instrucciones precisas, con el robotito del hijo porque se quedó sin pilas y con el verdulero ya que en un kilo entran cinco manzanas y no cuatro (aunque la balanza y el tamaño de la fruta digan lo contrario).

La pirada es una versión light aunque no por ello menos dañina. Es la que se cree miembro de una elite capaz de “educar” al resto de los mortales sobre la moral y las buenas costumbres. Son las típicas damas apocalípticas que largan frases al viento, con cara de “yo no fui” tales como: “el que mal anda, mal acaba” o la consabida “la ocasión hace la ladrón” (instando a las mujeres de la familia a abandonar todo acto que satisfaga los instintos más básicos; si ellas no follan que nadie folle ¡JO-DER!). La base del problema radica precisamente ahí, les vendría bien acabar de vez en cuando, para deshacerse de la histeria que las marea y las conduce a un rol autoproclamado de “Juezas del comportamiento ajeno”. Sisebutas iracundas, amargadas crónicas; estas mujeres están convencidas de que una entidad superior las ha puesto sobre la tierra para administrar, ordenar y regentear el micro universo que las contiene. Lo que no saben lo completan con el producto de su imaginación y si hay algo de lo que adolecen es de remordimiento a la hora de desparramar información que puede destruir un hogar, un puesto de trabajo o un vínculo sano entre personas que no son como ellas.

¿Cómo defenderse de estos personajes? He aquí un puñado de medidas para sostenerse en pie frente a estas mujeres:

Tomar distancia prudente (si es posible cruzar de vereda, cambiar de caja en el supermercado, cambiar de carril en la autopista, evadirlas en consultorios/colegios/negocios y lugares públicos)
Darles siempre la razón (de nada sirve gastar pólvora en chimangos, la realidad no forma parte de su universo psíquico)
Usar barbijo cuando uno no pudo evitar el enfrentamiento (generalmente escupen cuando gritan, con la gripe porcina no se jode)
Cambiar el tema de conversación cuando uno nota que su loca interlocutora comienza a enrojecerse y la yugular se inflama como una mecha incandescente dejando percibir los latidos del corazón
En caso de combustión inminente, lo más adecuado será tomar carrera y guarecerse en lugar seguro

¿Conoce alguna así?
Yo varias, hoy a la tarde me topé con una que estaba para el Récord Guinness (como será de grave que dio para inspirar esto que estoy escribiendo…)

3 comentarios:

Jime dijo...

No te puedo creer.. En serio te hizo desplantes por idioteces parecidas??
HAY QUE ASESINARLAAAAAAAAAA!!!!!!

Agostina dijo...

jo-der! que es verdad! hay cada loca suelta! porque hay tipos locos, pero las minas solemos ser jodidas además de locas. la verdad? esas suelen estar super insatisfechas con su propia vida y se desviven por joderle la vida a los otros.

Pablo César dijo...

Esa concesionaria te está matando Pau!!!!! Jaaa!!!!! Pero los leemos nos divertimos leyendo.
Yo conozco algo peor que mujeres como las que describís. Agregales un título de Abogada...