domingo, 12 de abril de 2009

LA FIACA



La inercia del "do nothing"

Llámese fiaca a ese estado de inacción total donde apretar un botón para cambiar el canal de la tele puede ser el equivalente a talar un álamo con un tramontina de esos para pelar la fruta. La fiaca es la falta grotesca de energía, la ausencia pasmosa de la voluntad, la supresión monumental de todo tipo de deseo con excepción del deseo de estar desparramado y despatarrado en forma horizontal con los párpados levemente entornados y la capacidad de desplazamiento de una babosa.


La fiaca aqueja a hombres, mujeres y niños por igual y no siempre se asocia al cansancio o a la falta de sueño. Es simplemente un estado (estado de bacteria procariota inerte) que pugna por mover un dedo…sin éxito. Es un click del organismo, una pausa del cerebro que nos empuja (para abajo) y nos impulsa a detenernos, a poner freno a las actividades y a dejarnos en estado de abandono acunados por el sube y baja de nuestros propios fuelles (única actividad que no se detiene porque es involuntaria manteniéndonos calentitos y con vida).


La mejor y más conocida manera de hacer fiaca es arrojarse en un sillón, haciendo patito hasta derrapar estratégicamente en frente de la tele.

Generalmente un brazo cae desganado por encima de la cabeza y el otro (una vez elegido el canal que vamos a no mirar) se derramará casi sin pulso como un péndulo detenido, fuera del sillón. Ese brazo, que casi rozará el piso, será lamido sistemáticamente por la mascota de la casa, ya que contiene restos del sándwich o el cacho de fresco y batata que nos acabamos de clavar (no vaya a ser cosa que nos importune el clamor de un estómago vacío). Como la voluntad no dio para enjuagarse las manos, el perro se ocupará de higienizar las mismas a lengüetazos limpios, agregando una caricia extra que nos dejará al borde del orgasmo fiacozo.
Las piernas son otro gran problema a resolver, a la hora de dejarnos llevar por un intenso episodio de fiaca. Una descansará sobre el apoyabrazos del sofá, mientras que la otra se dejará caer sin culpa al piso donde le hará compañía al brazo, que continúa en poder de la mascota. Esa pierna quedará ahí hasta que encontremos la fuerza necesaria para subirla o hasta que los forenses encuentren el cadáver tres días después…todo depende de hasta donde pensemos darle rienda suelta a nuestra crisis de acción.
La cabeza descansará en un almohadón, reclinada levemente hacia el televisor y el control remoto vivirá sobre nuestro ombligo (cosa de estar disponible si la programación elegida es un bodriazo del quince). Nos aseguraremos de no tener nada que interfiera con los rayos emitidos por el control hacia la tele, barriendo de una patada todos los adornos y floreros de la mesa de café. Es indispensable contar también, con una provisión suficiente de bebidas que serán dispuestas a no menos de quince centímetros del alcance de la mano ya que el culo no deberá abandonar bajo ningún concepto el contacto con la base del sillón.


Los sistemas que comandan el organismo serán reducidos a su mínima expresión; rasgo que será evidente a cualquier espectador, por el brillo opaco de unas pupilas que apenas se dejarán ver por la rendija de dos párpados caídos y por la posición del apéndice lingual, que descansará agobiado en la base del maxilar inferior asomando la punta por la comisura de la boca más cercana al piso provocando un sutil hilo de baba que correrá libremente por el cachete del mismo lado, goteando suavemente sobre el vértice del almohadón en donde reposa el cráneo. Los pensamientos se sucederán en forma involuntaria y dependerán en gran medida del estado vegetativo del portador de la fiaca. A mayor profundidad del episodio fiacozo, menor será el contenido racional de los devaneos mentales del portador de la fiaca. La mente vagará de un videoclip inconexo a otro, de un jingle publicitario al himno nacional argentino y de la foto de la promoción estudiantil 1985 a la cara de un perro que se parece mucho al propio (y que probablemente sea el mismo, en carne y hueso, que ha pasado a lamer la cara en un vano intento por despertarnos).


La duración de estos arranques suele ser variable pero oscila normalmente entre las dos horas y los cinco días (aunque en este último caso no contaremos el episodio como uno solo ya que la persona se desplazó al baño por sus propios medios para desocupar la vejiga).


¿Cómo se combate la fiaca?. Lamento decirles que no existe antídoto ni vacuna ni remedio lo suficientemente efectivo. Remite con largos períodos de descanso, horas de sueño, una obligación ineludible, hambre o una taza de café fuerte. ¿Pero quié quiere combatir una patología tan inocua e inofensiva?. ¿Quién en su sano juicio se metería con una persona con fiaca que se regodea en su propia vagancia acunado en un colchón de migas, papeles de caramelos y media docena de controles remotos?. ¿Quién podría acusar de un crímen a alguien que se ha pasado las últimas cinco horas sin la iniciativa suficiente para hacer esos veinte pasos que lo separan de una comodísima cama?. Nadie. Porque quien haya padecido un episodio de fiaca jamás se metería con algo tan sagrado como la fiaca ajena.



1 comentario:

Cele dijo...

AAAAAAMEEEEEEEEEEENNNN!!!!
y ahora se viene el fresco, o sea que la ameba se tirara en el sillon hecha un bollito, cubierta con una manta/acolchado acomodado de tal manera que permita sacar el control remoto, pero que no deje espacio para que se enfrie la mano.
No hay nada mejor que la fiaca en otoño e invierno. Ahhhh!!!