martes, 21 de junio de 2011

BUROCRACIA

 


De trámites se trata


Hoy y después de cuarenta y cinco días de iniciado el trámite de cambio de titularidad, por fin recibí la factura de gas de mi casa a mi nombre.  Luego de una engorrosa maraña de trámites que incluyeron unas ciento veinte llamadas telefónicas, varias peleas, media docena de súplicas, ocho amenazas, cincuenta y cinco faxes, nueve mails, ciento tres fotocopias, veinticinco pesos, una gloriosa palanca (léase acomodo) y un ataque de ira logré que la gente que me vende el calor de mi hogar entendiera que hace tres años que estoy divorciada pagando el servicio de mi propio peculio (esta parte es la que más les costó, creo yo).

Todo comenzó hace unos añitos, cuando recibí una intimación de pago de la factura que hasta ese entonces llegaba a nombre de mi ex.  Se me informó fehacientemente que el débito automático en su tarjeta de crédito había sido dado de baja.  En ese entonces tomé el teléfono para recitar el rosario entero de puteadas habidas y por conocer.  Mi enojo no se suscitó por el cargo monetario, más bien por la falta de información que hizo que me quedara sin el tan preciado servicio.  Lo que más me llama la atención, en retrospectiva, es que en ese momento no tuvieron ningún problema para identificarme, notificarme, intimarme y cancelarme la provisión de gas.  No tuvieron inconveniente para debitarme esa factura con tarjeta, telefónicamente y sin más trabas que un código de seguridad balbuceado a una telefonista solícita que supo cumplir con su tarea.

Por prolijidad y para que eso no volviera a sucederme, el bimestre siguiente solicité el débito del servicio en mi tarjeta de crédito.  Fui rechazada de plano como si hubiera pedido la fórmula de la Coca-Cola por mail.  Cual ciudadana afgana en Nueva York, me mandaron haciendo patito a casa.  Yo no podía pagar la factura porque no era la titular del servicio.  ¿Cuál era la solución?  Simple.  Un sencillo cambio de titularidad apersonándome en las oficinas de la entidad con una docena de requisitos.  Visto y considerando que el amplísimo horario de atención (8 a 15 hs.) interfería con mi trabajo, y el comodísimo domicilio de sus oficinas me quedaba como el reverendo culo esperé a que llegara la próxima factura.  Así, al borde del vencimiento, me fueron tomando uno a uno los pagos.  Claro que siempre tuve que andar adivinando los vencimientos, porque las facturas rara vez llegaron al umbral de mi casa.

Cansada de vivir en la desprolijidad y el anonimato gasífero, hace unos dos meses encaré el trámite dispuesta a no darme por vencida.  Volví a marcar el 0810 y una parva de números más, sumados a las tres opciones numerales que me pusieron un operador en la oreja. 

-  Buenos días Sra., mi nombre es Sharon Fackyu ¿en qué puedo ayudarla?
- Hola, quiero recibir la factura a mi nombre, si no es mucho pedir. ¿Qué tengo que hacer?
-Tiene que presentarse en nuestras oficinas de la calle tal y cual con la siguiente documentación, ¿tiene para tomar nota? (esta frase ha sido estratégicamente diseñada para disuadir a la gente y hacerla huir despavorida). Le dicto:  el formulario RV-158 mil que puede bajar de la web de la Agencia de Recaudaciones, una fotocopia de su documento, la fotocopia de la escritura de su casa, la última factura paga del servicio…bla bla bla
-Pará, pará un poquito y escuchame.  No puedo ir, en ese horario trabajo. ¿Se puede hacer de otra manera?
- Puede enviar la documentación por fax al siguiente teléfono: cero once cuatro quinientos…bla bla bla
- Si está todo bien pero la propiedad está en condominio con mi ex marido.
- Entonces tiene que mandar el acta de divorcio, la división de bienes, orina y sangre completos, radiografía de tórax, un alimento no perecedero, dos testigos, una foto de su mascota y contestar la siguiente pregunta: ¿quién no va a lograr hacer el trámite de cambio de titularidad del gas? (mi cerebro comenzaba a jugarme una mala pasada)
- ¿Me repetís que se me fue la mente a otra parte?
- Acta de divorcio, división de bienes, última factura paga, último pago del impuesto inmobiliario…
- Momentito, la última factura la pagué por teléfono porque nunca me llegó, el impuesto no lo tengo…estoy pagando una moratoria. 
-Mande el último pago de la moratoria, y la factura…mande la última que encuentre.
-Comenzando a creer en Dios juntaba la documentación en la cabeza mientras anotaba todo frenéticamente.
-Gracias
-De nada, muchas gracias por comunicarse con Gas A-Nal Penosa.  Buenos días.  CLANCK.

Junté la documentación y saqué fotocopias de todo.  Envalentonada como Leónidas en las Termópilas marqué el número provisto por la operadora el día anterior y le encajé la parva de papel al fax.  Cuando logré enganchar la señal, la maldita máquina se atragantó con celulosa y vomitó papelitos de error.  Probé con menos cantidad.  La maquinita susurró el infame “tururururur”.  Le dí al botón “iniciar” sin asco y sin piedad.  El display flasheó un mariconesco “recibir”.  Abrí las tapas, prendí y apagué la maldita máquina del milenio pasado hasta resetear el display.  Volví a intentarlo unas cuatro veces hasta que logré pasar la parva en pudorosas tandas de cinco hojas.  Esperé el reporte con cara de felicidad.  Cara que iba a durar poco, el reporte tiraba ERROR.   Luego de bajarme un ansiolítico por la faringe a golpes de puño y sin agua, volví a hacer un intento desesperado.  El intento dio error unas dos veces más hasta que tiró un miserable OK.  Con el orgullo del Mariscal Rommel invadiendo Africa, dí por concluida la tarea.
La algarabía no duró mucho, unos días después me dijeron que el fax era ilegible, debía intentarlo una vez más.  Lo hice, esperé las cuarenta y ocho horas protocolares para llamar y descubrir que había obtenido idéntico resultado.  El fax era ilegible.  Llamé al call center una vez más.

-Buenos días mi nombre es María Chupala, ¿en qué puedo ayudarle?
-Mis faxes con la documentación para efectuar un cambio de titularidad no llegan, ¿puedo enviarla por mail escaneada?
-No, debe hacerlo por fax como se lo indicamos.
-¿Y si no llega, qué hacemos?
-Deberá acercarse a nuestras oficinas en el horario de…bla bla
-No, NO y NO.  Yo no voy a ninguna oficina, pasame con un responsable.
-¿Tiene algún teléfono donde podamos ubicarla?
-Si, el cero once quince seis siete seis ocho…(yo, cayendo en la trampa en forma vergonzante).
-Nuestro supervisor se comunicará con Ud. en breve, pero le adelanto que va a decirle lo mismo que yo (con vocecita de muñequita a piolín).
-Que llame, si tiene huevos (perdiendo la paciencia en progresión geométrica).

Está demás decir que jamás me llamaron.  Cuando les dije esto me contestaron que nunca me pudieron ubicar.  Raro, rarito, considerando que me llevé el teléfono hasta para orinar.
La sugerencia de más de una docena de operadores fue que volviera a intentar pasar el bendito fax.  Considerando que la máquina de mi trabajo estuviera poseída por un ejército de demonios del inframundo, pagué en una oficina de trámites para que enviaran mi carpeta.  Orgullosa desembolsé el dinero a cambio de un manojo de reportes “OK”.  A las cuarenta y ocho horas llamé y constaté para mi horror, que mi documento seguía siendo ilegible, motivo por el cual el trámite estaba inconcluso.

El día del vencimiento de la factura los amenacé con no pagar si no emitían la factura a mi nombre.  Se pasaron las amenazas por el traste y me pidieron que terminara lo que había empezado llevando el documento a sus oficinas.  Se notaba que no me conocían.
Busqué por Internet la nómina entera del Directorio de la empresa y recordé el nombre de un conocido que trabajaba en la organización.  De ahí en más fui pasando de oficina en oficina hasta dar con quien moviera los hilos y me autorizara a enviar un scan de mi documento por mail.  Lo hice.  A las veinticuatro horas tenía el cambio hecho, un nuevo número de cliente, y la factura publicada en mi Banco para abonar electrónicamente.  Me llevó un mes y medio intentar hacer el trámite.  Y veinticuatro horas, más un acomodo en el lugar correcto, para terminarlo en forma exitosa.

Así son las cosas en Argentilandia.  Si no tenés a alguien conocido estás frito.  Y todo por querer pagar…*insertar emo de “rolls eyes” aquí*


jueves, 21 de abril de 2011

ME CONFIESO CULPABLE


Cuando uno se avergüenza de ser parte de la audiencia de “Gran Hermano”


Hay pocas cosas en común entre una madre y su hijo adolescente.  Encontrarlas es como toparse con una ballena blanca en el Río Luján.  Si por una de esas casualidades se da ese contacto, esa chispa que alimentará una conversación que no sea un intercambio árido de monosílabos escupidos al pasar, se impone aprovecharlos.
Básicamente, eso fue lo que me arrastró a esta adicción desenfrenada que tanta vergüenza me da confesar públicamente.  Ya he sido señalada con el dedo como una adúltera en la Inquisición en todos los ámbitos y círculos donde me muevo.  Mis compañeros de oficina, mis amigos, mis parientes y hasta el ilustre desconocido que ayer almorzaba en una mesa próxima a la mía alzó las cejas y me miró de soslayo cuando osé preguntar “¿Quién quieren que se quede en la casa?”.  He soportado el escarnio y el repudio de gente que alguna vez pensó que yo tenía algo más que dos neuronas debajo del pelo, pero nada pudo con la desesperación que me atornilla frente al televisor cada vez que aparece un debate o una “gala de eliminación”.

Volviendo al hijo adolescente, me gustaría aclarar que fue él y nadie más que el, el que me impulsó y me impuso el reality que ahora me aflige.

- ¿Otra vez vamos a ver el capítulo donde Homero Simpson desparrama chismes por todo el pueblo? – yo, que ya me se los diálogos de todas las temporadas de memoria.

- Es el mejor capítulo de toda la historia, lo vi tan solo dieciocho veces-  mi hijo sentado arriba del control remoto para que haga falta un equipo de cirujanos si quiero hacerme del maldito aparatito

- Por favor (fingiendo un llanto digno de Norma Aleandro), no aguanto más las vocecitas de los cartoons – yo haciendo un display de maniobras teatrales para infringir culpa en esa cabecita de mármol congelado

- Ta bien (aclaro, los adolescentes se comen partes vitales de las palabras para dificultar aún más la comunicación con los adultos) – mi hijo cambiando el canal a regañadientes y con cara de estufadito

- ¿Futbol?  ¿Qué partido es?  Porque los colores de las camisetas me resultan un tanto extrañas – yo asumiendo que prefiero Los Simpsons antes que Laponia versus Groenlandia

- No sabés nada (típico), es la Liga Inglesa.  El Bolton contra el Wigan – mi primogénito con cara de erudito y rascándose la barbilla a lo Winston Churchill

- No sé nada, pero garpo el cable, sacá eso o te hago un guiso con las teclitas del control y te las hago tragar junto con tus dientecitos – yo, en franca crisis de cólera, a los gritos porque la hinchada del Wigam grita frenéticamente en mi comedor

- ¿Qué? No te escucho – ya saben quién, haciéndose el boludo

Me acerco, pantufla en mano para domesticar a la fiera, y él…intuyendo mi maniobra esboza el siguiente comentario absolvedor:

- ¿Querés ver algo que podamos compartir los dos? – el jugador de poker con un par de ases en la manga

 Para mi horror, la criatura sintoniza un programa compuesto por cinco panelistas que comentan futbol a los gritos, con vozarrones de fumadores empedernidos y un léxico tan bonito me dieron ganas de hacer una compra de granadas de mano en Amazon.com

- Sacá a esa gente de mi comedor, sacalos ya o te voy a dejar el culo como a un mandril.  Si valorás tu vida sacá eso de inmediato.  No es un pedido, es una orden – yo, pelando chapa de madre con los pantalones puestos (aunque ese día vestía pijamas de Neuropsiquiátrico)

- Tengo una idea, hay algo que podemos “disfrutar” los dos.  Es hora de que compartamos algo, los dos juntos, como cuando yo era chico y miraba los dibujitos mientras me hacías masajes en los pies – el magistral jugador asestando un golpe bajo a mi útero sensible

-Poné – cediendo y ubicándome en el sillón mansita y a punto de convertirme al “granhermanismo”

- Esto es una cagada que te arruina el cerebro, veinte monos que se rascan las bolas confinados por voluntad propia a una cárcel con pileta con la promesa de cuatrocientos mil pesos si te aguantás hasta el final quedando como un pelotudo frente a todo un país…no entiendo cómo te puede gustar esto – yo, que no intuía lo que estaba por pasarme

Lo que pasó fue que me quedé sentada ahí, fascinada porque comenzamos a intercambiar más de un sí y un no.  Que fulanito, que menganito, que yo opino esto, que a mi me parece aquello. 

Lo que sigue es la génesis de mi “granhermanopatía”  (término con el que he dado en llamar a esta adicción que no tiene explicación científica hasta ahora.

1- Cuando sabés a quién se refiere el conductor cuando habla de “Cucho” o “Chizzo”; estás en problemas.
2- Cuando subís el volumen de la tele para escuchar una riña de descerebradas por un corpiño talle 85, viendo como tironean de la prenda cual gatas en celo; estás en problemas serios.
3- Cuando puteás con la fuerza de todos tus pulmones al megalómano que se cree que es el producto de una inseminación hecha de un cóctel con material genético del Espíritu Santo, Margaret Thatcher, Benito Mussolini, Carl Jung, Roger Federer, Carlos Monzón y Diego Maradona; ahí ya estás para medicar con Lista IV (psicofármacos con receta de archivo).
4- Cuando saltando festejando te das la cabeza contra el techo porque la nena vapuleada en un todos contra ella, se queda en la casa a pesar de los votos en su contra; lo tuyo es para camisa de fuerza.
5- Cuando gozás como los romanos en el Coliseo, mirando como se despedazan unos a otros frente a cámara como si se los estuviera manducando un león; lo tuyo es para acompañante terapéutico, Psiquiatra y drogas heavy.
6- Cuando gastás crédito para votar en contra de la perra sisebuta que le dio para que tenga a la tucumana desamparada que llora como marrana (y vos con ella); te chifla el moño mal, lo mejor es que te vacíen los cajones de los cuchillos y te palpen de armas.
7- Cuando invitás amigos a comer y dejás prendida la tele bajito para relojear el debate mientras servís la comida; lo aconsejable es un grupo de autoayuda y altamente recomendable exiliar los televisores fuera de casa hasta que el programa haya llegado a su fin.


El prólogo de todo esto es muy gracioso.

- Vení hijo, sentate que hoy es la última gala de expulsión – yo, gaseosa en mano sentada en primera fila

- No ma, yo ya no miro esa mierrrrrda – mi hijo, inmune a los embates de la “granhermanopatía”

Se ve que yo andaba con las defensas bajas…de otra forma…no me lo explico…

martes, 22 de marzo de 2011

POLÍTICOS EN VENTA

Cuando el producto de una campaña de marketing es un candidato a un puesto político


Conducía mi auto por la ruta, maravillándome con el verde del paisaje y ese sol matinal que tiñe todo de dorado.  Era una imagen digna de un comercial de shampoo para la caspa o yogurt para el tránsito lento.  Ahí, precisamente ahí, me topé con una mancha roja gigantesca.  Detrás de un montoncito de árboles frondosos se alzaba un cartelón rojo fuego con una foto que no llegué a distinguir hasta que estuve un poco más cerca.  Mi asombro fue tan grande que mi mandíbula inferior tocó bocina asustándome al mismo tiempo que mi cuello giraba hacia la derecha como la nena del Exorcista.  El trance fue tan grande que no pude dejar de mirar el cartel hasta que se convirtió en un puntito en mi espejo retrovisor. 
Dicen los entendidos que los carteles en las rutas distraen, y creo que tienen razón.  Por mirar esa foto casi me trago un camión con acoplado, cosas así no se ven todos los días.  La publicidad era nada más y nada menos que la invitación a votar al Señor de la foto en las próximas elecciones a Intendente de una ciudad vecina.  Me pasé el resto del viaje imaginando la sesión de fotos y al iluminado que eligió entre una parva y se quedó con esa, esa que fue a parar a la ruta estropeando el verde paisaje.  Conjeturando mentalmente sobre el publicista que ayudó (si es que lo hubo) a pensar o diseñar la campaña estratégica que pondría a este señor al frente de la Intendencia a fines de este año me agarró tal ataque de risa que me ahogué con mi propia saliva. 

Pegué la foto para que enumerar las cosas que se me ocurrieron las cincuenta veces que he pasado desde entonces, frente al cartel de la ruta que me lleva de casa al trabajo.
ACLARACIÓN: No es que me ataje, pero desconozco la plataforma y signo político del susodicho.  No voto en esa ciudad, no tengo la menor idea si el señor es idóneo, bueno, malo o el mismísimo Diablo.  Todas las apreciaciones vertidas son puro prejuicio devenido de la observación subjetiva de la campaña publicitaria desplegada por el Señor de la foto.

1-     Si existe un publicista:
A)    El tipo trabaja para el partido político opuesto
B)     Es ciego
C)    Es boludo
D)    Sufrió un aneurisma editando las fotos
E)     Tiene Parkinson y le chingó con el dedo índice a la foto que realmente quería imprimir
F)     Cobró por adelantado
G)    Es amigo del susodicho y no facturó honorarios de asesoría
H)    Es el marido de la mina que se está comiendo el susodicho
I)       Planea postularse para el mismo cargo en breve
J)       Le pagaron con un cheque sin fondos (lo más probable)
K)    Recibió un dinero por mutilar las intenciones electorales de su asesorado
L)     Se estaba haciendo caca encima cuando lo llamaron de la gráfica para pedirle la foto

2-     El señor de la foto dice (versión libre a mi cargo):

A)    ¿A mí me vas a votar? ¿Estás seguro?
B)     La política me da asco
C)    Existe un ligero olor a mierda aquí
D)    Creo en la reencarnación. En otras vidas fui pirata, cantante de ópera, carcelero, Obispo, domador de leones e indio caníbal
E)     Esperá que asuma y vas a ver como no te sentás por varios meses
F)     ¿Desconfiado yo?
G)    No pienso dar explicaciones
H)    Y eso que no me viste desnudo…
I)       Soy lo más
J)       Votame que tengo que agrandar el quincho y la pileta
K)    Nananananana, la BMW X6 la tenía de antes
L)     Yo no fui
M)   Fue él
N)    ¿Jugamos un “serio”?
O)    Salí precioso
P)     Hay que ser muy gil para no votarme
Q)    ¿Qué esperás tarado? Anotá bien mi nombre.  Te espero en la plaza para darte el par de zapatillas
R)     ¿Compraste gel lubricante?
S)     100% confiable, pero por las dudas no me muestres tu número de cuenta
T)     Quedate tranca, dejalo en mis manos jejejejejeje
U)    Fuiste, alpiste, perdiste
V)    Vos madrugá que yo te acuesto


Cariñoso mensaje al encargado/publicista/cadete a cargo de la campaña del Sr.Tito: 

A vos, iluminado estratega que comanda y pilotea las ilusiones electorales del señor para el que trabajás, te pido por favor que hagas un curso de photoshop o bien repitas una sesión de fotos de tu cliente previo depilarle las cejas, borrarle las ojeras, dibujarle una sonrisa y sacarle el pepino que tiene incrustado en el recto.  Eso si querés que gane. 

Cariños
Una admiradora de tu ardua labor marketinera.




lunes, 28 de febrero de 2011

MI MOTOSIERRA Y YO (Cuento sangriento)

Advertencia: Este relato no deberá ser leído por personas sensibles, niños en edad escolar, ancianos con cardiopatías severas, hipotensos, tensos, inmuno deprimidos, deprimidos, psicópatas, cocainómanos, bobos y gente con escaso sentido del humor.


Capítulo 1: La génesis del genocidio

Estaba sentada en mi jardín.  Mi jardín se achicó o yo he crecido.  La segunda opción es más probable, aunque la fisonomía de mi parcela verde ha mutado en algo que no logro identificar, convirtiendo en probable la primera hipótesis.  Lo que alguna vez fuera una casa, ahora es un montículo informe de masa verde (con vida). 

-“Soy la dueña de la casa del cuento de las habichuelas mágicas”- yo

-“La verdad es que tenés la flora y fauna autóctona un tanto descontrolada”- él

Creo que lo dijo por las iguanas, arañas, ranas arbóreas, pájaros carpinteros, gatos, perros, teros, búhos, murciélagos, hormigas, grillos, palomas, garzas, mosquitos y escarabajos que habitan en mi pequeño bosque tropical.  Me faltan dos especies y puedo cobrar entrada, el predio es un zoológico.

-“Te molestan mis animales” –yo (rictus “Greenpeace”, beligerante pero con onda…verde)

-“No, no…bah, por ahí las alimañas que caminan en el baño mientras intento un pis accidentado” –él (excusándose por verse forzado a bailar un malambo sobre un escorpión, en el excusado)

-“¿Será que es hora de darle un corte de pelo a la jungla? – yo

-“Tenés un árbol dentro de un farol, un duraznero creciendo en el baño y una enredadera tomando posesión de la cocina, a vos qué te parece?” –él, elocuentemente

-“Me parece caro”- yo, imaginando al jardinero, “calculeadora” en mano

Días después convoqué a licitación para la ejecución a mansalva de todo rastro de vida silvestre “color verde”.  Se presentó un señor con aspecto de erudito en la materia, que daremos en llamar “Jorgelino” (para proteger su verdadera identidad).
Luego de revisar exhaustivamente la tarea a realizar, y alertándome sobre los peligros a los que me veo expuesta si sigo dejando que mi hogar sea devorado por un tsunami de savia, se suscitó el siguiente diálogo:

-“Doña, yo le voy a hacer un buen trabajo” – Jorgelino (rompiendo el silencio luego de media hora de rascarse la nuca y hacer cuentitas en voz baja usando todas sus falanges)

-“No lo dudo” – yo (engullendo un bostezo marca Hipopótamo)

- “Tengo que sacar las ramas, arrastrarlas hasta la entrada.  Voy a necesitar un ayudante. Me va a llevar un tiempo”- Jorgelino (preparando el terreno para largar una molotov que va a doler)

-“¿Cuánto tiempo?”-yo, con pérdida de paciencia creciendo en progresión geométrica

-“Tengo que ver si traigo la motosierra, el serrucho curvo, la carretilla...” -Jorgelino contando billete en la pantalla mental

_”¿Cuánto tiempo, cuánto, cuánto, cuánto dinero, cuánto, cuánto?”- yo, cada vez más tuneada como el Ogro del cuento de las habichuelas

-“Dos días, dos mil pesitos; un trabajito excepcional te voy a hacer”- Jorgelino escupió esta oración dándome la espalda (todavía no sé si por vergüenza o vértigo en la zona genital)

-“Es muy caro” -¿quién sino yo?

-“Y si te rebajo a mil ochocientos” – él, viendo desmoronarse el sueño del ciclomotor propio

_”No puedo, es un poco menos de lo que gano en un mes sin prostituírme ni vender éxtasis en la puerta de Tropitango” –yo, comenzando a disfrutar del té que me iba a tomar cuando Jorgelino ganara la calle (fruto de un bolón en el trasero marca Hush Puppies)

-“Te hago quinientos pesos por desmalezarte la casa y deshacerme de las serpientes, iguanas, ratas y bichos bolita” – Jorgelino jugando al poker con mis temores

-“Rajá Jorgelino, rajá…si valorás tu vida empezá a correr”- yo con hambre


Capítulo 2: Tener una motosierra es tan “Easy”

Visto y considerando que Jorgelino se ofendió al notar con fastidio que había decidido demoler mi bosque con mi serrucho curvo, me increpó acusándome de darle el laburo a otro jardinero (porque no creyó que ese revoltijo de ramas proviniera de mi propia faena).
Le juré y perjuré que había comenzado la labor para darle una manito, así de paso me hacía un descuentito.  Se retiró ofuscado como novia abandonada en el altar.

Como el ahorro es la base de la fortuna, decidí tomar las riendas del proyecto y recurrí al hipermercado ferretero más cercano, en compañía de mi pareja, quien asistió al evento para salvaguardar mi integridad física.  Esto fue corroborado a los tres minutos de entrar al establecimiento, momento en el que me entregó un aparato similar al de “La Masacre de Texas”.  Sentada de culo en el piso, con la sierra en el abdomen, comprobé que la maquinita en cuestión me dominaba a mí (si hubiera estado enchufada, a estas alturas tendría una medio hermana siamesa).   Recorrimos las góndolas probándonos diferentes modelos de amputadores de miembros y/o ramas, hojas y afines.  Y ahí fue…ahí, en el estante dos (posición 13) que nos vimos ella…y yo.  Fue amor a primera vista.  Primero con Black y luego con Decker.  Con su sonrisa dentada, negra y aceitada.  Con su carcasa rojo sangre.  Con su logo orgásmico para cualquier hombre que guste de máquinas, tornillos y percutores.  Y para cualquier mujer que haya perdido el juicio. 
Media hora después con un alargue, un alicate extensible, un paquete de bolsas de consorcio negras y unas varillas aromatizantes con aroma a jazmín (si, en el fondo hay una fémina viviendo en mí); partimos hacia la cuna de la fotosíntesis.

Capítulo 3: Detrás de todo sueño hay un problema sin resolver, detrás de toda persona hay un asesino serial en potencia.

Como hacía un calor agobiante y los pájaros se caían de los árboles, decidimos dormir la siesta antes de estrenar las herramientas.
Duermo, luego despisto.  Recostada cómodamente en los brazos de Morfeo ví con nitidez de tecnología japonesa la siguiente escena (que me tenía como protagonista…obvio, después de todo era MI SUEÑO! …JODER!):

“Voy a inaugurar un cementerio privado en mi jardín”- yo, la entrepreneur, hablando con Mauricio Macri sobre mi mega emprendimiento

“………….” -Mauricio Macri, mudo (creo que no hablaba porque lo último que ví antes de dormirme fue una foto de él en la Revista Caras, tiesito e inmutable)

“Acá tengo la subdivisión de las parcelas” –yo, señalando el terreno con el dedito índice

“Tengo varios clientes”- yo, Mauricio seguía sin emitir sonido

“El tema es que todavía no están muertos”- yo, esto se convertía rápidamente en un monólogo

“A mi cliente, el japonés, lo voy a filetear a lo largo.  Creo que le va a gustar ser exhumado en forma de sushi, una alegoría patriótica…si se quiere”- yo, Mauricio no opinaba porque seguía freezado en la foto de Villa Langostura

“Al pibito que me torturó poniéndome reggaeton en la oreja con su celular, en la fila de Rapipago le voy a hacer una ceremonia rapidita.  Diez cortecitos prolijos de lado a lado, junto los pedazos y los meto en la bolsa de consorcio negra” – yo, habiendo decidido unilateralmente que el enfermito no merecía una parcela en mi exclusivísimo cementerio “Black&Decker”

“Este lugar lo tengo reservado para la cajera del Supermercado, que me plantó el cartel CAJA CERRADA, después de haberle descargado medio carrito en la cinta transportadora.  Me sonrió cálidamente, en cámara lenta mientras a mí se me borraba la mía.  Le voy a rebanar la cabeza a la altura de la cuarta vértebra cervical.  De lápida voy a utilizar la cabeza embalsamada y sonriente.” – yo, habiendo recibido una ovación de parte de mí misma.  Mauricio miraba pero no opinaba.  Se sumó Francisco de Narváez, que me encargó una parcela para Daniel Scioli.

“Acá va Jorgelino” – yo codeando a mi pareja

“¿Qué?- mi pareja o Mauricio.  Juraría que uno de los dos habló.  Francisco y Daniel se hicieron amigos y se besaron en la boca apasionadamente

“Jorgelino queda muy lindo si lo voy desmembrando de a poco.  Si lo congelo, puedo decorar el pino navideño con sus partes.  El rojo sangre siempre me ha gustado para decorar el arbolito” – yo, haciendo planes para Navidad, porque hasta en sueños me devora la ansiedad

BEEP BEEP BEEP BEEP

El despertador me hace saltar de la cama.  Me calzo las zapatillas, la motosierra al hombro y salgo corriendo a rebanar plantas.  Corto por aquí, corto por allá, disfruto el momento. 

“Mamáaaaaaaaaaaaaaaaaaa” – mi hijo pegó su clásico alarido

“¿Quéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee?”

“No tenemos Internet, ni cable ni teléfono”- mi hijo me pasó el parte de las bajas en combate

“Uh” – yo, comenzando a asociar la máquina que tengo en la mano con el ostracismo tecnológico al que he sometido a mi hijo…y/o al barrio, en le peor de los casos

Prorrumpí en llanto revolcándome en un colchón verde de pasto, ramas y arañas.  Sentí la necesidad de auto infringirme dos cortes prolijos en las muñecas para salvar a la humanidad de mi motosierra.  El arma fue sustraída de mis manos por alguien que prolijamente se puso a empalmar los cables mientras los vecinos se preguntaban unos a otros si tenían o no servicio telefónico.  ¡TRAGAME ENREDADERA!

“¿Qué te parece si la seguís usando cuando estés más calmadita?  Guardá el juguete, mañana jugás otra vez, dale?” él, con gesto preocupado mientras retiraba el objeto de mis manos con cuidado

Nos sentamos  a tomar dos cervezas “Duff” al más puro estilo Homero Simpson.  Brindamos por Jorgelino.  Nos acordamos de él, de su madre y de su abuela…

Hoy me lo crucé cuando entraba al barrio.  ¿Pueden creer que se me hizo el ofendido?

VA FANCULO!!!!!!!!!


lunes, 7 de febrero de 2011

LAS PERIPECIAS DE VACACIONAR EN ARGENTILANDIA


¿Para qué salimos de vacaciones?
La gran mayoría contestará:
Para desenchufarme del trabajo
Para recargar las pilas
Para relajarme y gozar
Para conocer lugares nuevos
Para salir de la ciudad, sus ruidos y su tránsito
Para tirarme en una reposera y ponerme al día con la lectura
Para deshacerme del stress del año

Pues no señores, en Argentilandia uno sale de vacaciones para todo lo contrario.

Planeando las vacaciones

Es muy probable que lo que comienza con una sonrisa soñadora termine a las piñas.  Muy probable.  Porque elegir el destino donde uno posará el culo durante quince días del más puro alpedismo nunca es fácil.  Se empieza en París o Bahamas y se termina en Las Toninas o Gualeguaychú (sin desmerecer, que quede claro).  Una vez que el lugar ha sido elegido hay que convencer a la manada que nos acompañará.  Que suelen ser los hijos caracúlicos que uno se ha sabido granjear en una noche loca de alcohol y desenfreno.  La negociación es clave, hay que sobornar a los sujetos que harán de tu vida un verdadero infierno si no concurren en forma voluntaria y espontánea.  Que lo disfruten, ese es tema para otra columna.  Así que los que en principio eran tres más el perro se convierten en seis menos el perro, más la pelota, la guitarra, una caja de preservativos de cien unidades y el amigo del amigo.  Pero le sacaste el “TA BIEN, VOY”.  Como si te estuviera haciendo un favor!!!!!!!. 
Ahora hay que conseguir el dinero, hacer las reservaciones y diseñar una estrategia que incluya un consenso para el horario y día de partida, y planos manufacturados por un ingeniero que nos explique cómo embutir cuatrocientos kilos de equipaje en un autito diminuto.
Dos días antes de partir, sin entender bien porqué, estarás haciendo una fila de veinticinco autos (y una hora de espera) para intentar llenar el tanque con gasolina.  El tan preciado líquido que impulsa nuestros carromatos ha desaparecido de los surtidores.  Dispuesto a pagar lo que sea y matar a quien se ponga en el camino, con 40º a la sombra, el motor apagado porque te quedan los vapores, verás cómo se aleja tu fantasía playera por culpa de vaya a saber quién mierda.
Tanto rascarle la panza a Buda da sus frutos, llegas al surtidor y todavía tiene alguito para vos.  Le cargás como para impulsar un portaaviones y te chupás los restos de la manguera mientras le revoleás al empleado las tres tarjetas de crédito con las que pagarás la compra.  Las vacaciones están en su apogeo. Yupiiiiiiiiii!

La partida

Como sos un inconsciente, consciente de que no te podés tragar la pastiloca de todas las noches para dormir como una marmota, no pegarás un ojo.  Como dormir sin droga es una odisea, el Facebook será la panacea.  Saldrás a la ruta con dos horas de sueño, pero listo para pasar la prueba de las pupilas dilatadas=0% de clonazepam en las venas.  Excelente diez!.
Cuando llegás al borde del paraíso (léase la entrada a la ruta que te llevará a la playa), caerás en la cuenta de que en el peaje hay dos millones de monos furibundos tocando bocina a lo bestia.  El primero de cinco peajes en cuatrocientos kilómetros.  Si esto no es le paraíso, el paraíso dónde está?.  Si tenés suerte, solamente te comerás unos dos o tres piquetes que te harán perder unas tres horitas nada más.  Gente que no está de acuerdo con el peaje, gente que está de acuerdo con el peaje pero no con el color de las cabinas.  Gente que no quiere la autopista porque se le subió encima del jardín, gente que le quiere cagar las vacaciones a otra gente…en fin, lo de siempre.  Si lográs salir inmune (a nivel psicológico) de esta primera etapa, desearás haber blindado el autito, porque a los dos kilómetros hay media docena de vagos apedreando autos y micros esperando que pares para robarte las vacaciones, el celular, la guitarra y hasta el perro.

El arribo

Diez horas después, cuatrocientos kilómetros al sur, la brújula y el GPS dicen que llegaste a destino.  Eso o el gigantesco tapón de autos que avanza a paso de hombre porque los semáforos no están sincronizados y porque tres promotoras con el culo al aire regalan un folletito pedorro para que visites a la beluga blanca en el oceanario de la ciudad.  Cincuenta minutos después, preso de un ataque de ansiedad te encontrarás haciendo una fila kilométrica para cargar combustible (porque escuchaste en la radio que el problema de la gasolina se agrava en la Costa).  El viajecito ya lleva doce horitas, un poema.  En el fondo del auto, los eructos, los gases y los tres acordes de “Wish you were here” repetidos hasta el hartazgo te hacen acordar que hoy es un buen día para quitarse la vida.  Masticando la enésima galletita de chocolate pedirás un trago de algo.  Ese algo es Coca Cola caliente llena de baba de tres monstruos que han decidido cagarse a trompadas en un espacio similar a un tacho de basura. Ligarás un rodillazo en los riñones, mejor…al menos sabés que estás vivo.
Con la mugre de un ejército de desamparados y la energía de un juguete sin baterías, encontrarás la manera de dirigirte a la playa.  Eso después de descargar el auto solo, porque los tres animalitos se te escapan a la calle a jugar a la pelota.  Ojalá que en la playa vendan vodka en suero endovenoso.
Volcás.  Son las ocho de la noche y vos dormís babeando en la arena, con la lengua colgando como los perros anestesiados.  Te despierta un desubicado que grita “Relojes, pulseras, anillos…quiere verrrrrrrrr?”.  Tragando el corazón que asoma por la garganta en una alborotada taquicardia, lo putearás escupiendo arena.

El día después

Ahora si.  Descansadito y sin apuro te vas a dirigir al cajero para comenzar a despilfarrar tu magro sueldito comprando el diario y un par de revistitas de esas que te llevás al baño.  Caminando despacio con una sonrisa pelotuda te harás una pregunta inocente “¿ y esa gente que está esperando?”.  Una fila de unas ciento veintisiete personas que da vuelta una manzana te hace pensar que hay alguien regalando algo o Maradona firmando autógrafos.  Nada de eso.  Es un cajero automático de un banco.  De tu banco, sin ir más lejos.  Del banco que te dijo que vos eras especial para él.  Que eras un cliente VIP, nunca más una fila, nunca más un trámite con la Super recontra cuenta del orto dorado.  Resulta que no hay billetes.  ¿Nos quedamos sin papel?  ¿Se trabó la impresora de la Casa de la Moneda?  No, Brasil no entrega.  Parece que Brasil nos hace la platita, nosotros le compramos nuestra plata. ¿Con qué le pagamos?  ¿Nos descuentan de la que nos fabrican?  Misterio total.
Los quince días te verán pasar de cajero en cajero suplicándole al aparatito que te escupa unos billetitos para poder comprarte un heladito o tomarte un cafecito mirando el mar.
En un arrebato de inteligencia sin precedentes, los comerciantes de todos los locales de venta o alquiler de cualquier producto útil para los veraneantes, han decidido de común acuerdo no aceptar tarjetas de débito o crédito.  Las vacaciones se acotan al extremo de pensar seriamente en pegar la vuelta silbando bajito.

Cuatro días después

Conseguiste algo de efectivo.  Te permitió tomarte el cafecito con el alfajorcito en la peatonal.  Contento, diario en mano, sorbiendo el líquido parsimoniosamente serás importunado por un ruido ensordecedor.  Resulta que la Municipalidad de la Ciudad en la cual se te ha ocurrido vacacionar, en un alarde de buena voluntad y timing sin precedentes ha decidido reparar las veredas.  Así que media docena de señores enfundados en preciosos overoles color flúo revientan el cemento con taladros neumáticos mientras otra media docena corta baldosas con una sierra que, aparte de ruido, te baña en una densa nube de polvo.  Tos, arcadas, tímpanos inflamados y tu pareja que te hace la seña “rajemos de acá”.

Diez días después

Agotados de tanto trámite, con los pies en llamas de recorrer cajeros, descubrís con alegría que hay un cajero de tu Banco a una cuadra de tu alojamiento.  No te dan las piernas para correr.  Sospechosamente no hay nadie, debe ser un milagro.  O un error de cálculo.  Porque el policía de la puerta te informa que aún no ha sido inaugurado.  Está claro que los comerciantes, en la Costa tienen un problema de timing…o bosta en la cabeza.

Quince días después

Las vacaciones llegan a su fin.  Otra vez en la fila del combustible, cuarenta grados de calor, cuatrocientos kilómetros de ruta por delante, veintiocho kilos de equipaje con más siete cajas de alfajores, cinco kilos más de peso por cada pasajero, tres contracturas cervicales, dos callos nuevos en los pies, siete ampollas en la espalda, veinte kilos de ropa sucia por lavar, ciento cincuenta y ocho fotos por bajar, una angina pultácea, un abultado resumen de tarjeta de crédito por pagar, un stress tamaño baño y la desesperación de saber que tendrás que trabajar todo un año para someterte a la misma pesadilla otra vez.

¿Será muy caro un pasaje a Groenlandia?

NO CULPES A LA PLAYA!