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jueves, 2 de octubre de 2014

Y UN DÍA JAMIE FRASER SE HIZO CARNE Y HABITÓ EN STARZ


Ocho capítulos épicos de la miniserie a la que algunos lectores de la saga "Outlander" no le tuvimos fé





El día soñado, que parecía tan lejano cuando se anunció la premiere de “Outlander” llegó para revolucionar una vez más el granero de nuestro adorado escocés, uno de los dos héroes de la saga que nos tiene locas a más de la mitad de las féminas de este planeta (desconocemos a la fecha si en Marte ya se mandaron a imprimir ejemplares pero no sería nada raro).

En el año 1991 una escritora soberbia con un talento genial para darle vida a personajes de ficción en las cabezas de los lectores, parió el primero de una saga de libros que giran en torno al Highlander James Alexander Malcom MacKenzie Fraser (Jamie para los íntimos).  Desde que leí el primero, y como le pasó a la mayoría de la gente, comencé a escuchar rumores de películas y series.  Todos nos subimos a esa moto realizando castings virtuales en cada foro del que participamos sobre los libros o de determinados actores que según la mayoría, eran un número puesto a la hora de interpretar a nuestro objeto de veneración.   Se multiplicaron en progresión geométrica los videos subidos a youtube por fans, ambientados en paisajes escoceses, música celta y fragmentos pequeños de películas de época donde el actor elegido nos hacía soñar con ver alguna vez en movimiento a Jamie Fraser.  No es que no lo pudiéramos hacer en nuestras cabezas, de hecho la Gabaldon se encargó de proporcionar la cantidad de datos suficientes como para crear uno de verdad en el cerebro del lector de la misma manera que los japoneses te mandan la cantidad de herramientas necesarias para armar cualquier cosa que te vendan desarmada.

Así es como muchas detractoras de llevar a este monstruo a la pantalla, entre las que me incluyo, nos negamos de plano a destruir con una imagen concebida por un intérprete-intermediario de la autora, al muñeco pelirrojo que habíamos sabido fabricar a fuerza de lectura y re-lectura en nuestras locas cabecitas.  Para quienes comenzamos leyendo estos libros hace una década, meterse con la Biblia Highlanderiana era prácticamente una blasfemia.  La pantalla chica nos parecía poco, la grande no alcanzaba a cubrir ni la mitad del primer libro y si Hollywood metía la mano como suele hacerlo, Jamie hubiera sido un cocinero ruso trabajando en el metro neoyorkino y Claire su amante dominatrix caza vampiros.  Todos sabemos cómo funciona el teléfono descompuesto: yo te digo blanco tiza, vos le decís blanco leche, el otro dice que le dijiste blanco marfil…y el último dice beige tirando a marrón.  ¿Cómo poder traducir esta formidable saga a la pantalla sin arruinarlo todo? Y con los de marketing pisando los talones, cambiando cada detalle para hacer rendir mejor la inversión. Mejor, dejarlo librado a la imaginación…siempre fue mi idea.

Odio admitirlo, me equivoqué de cabo a rabo.  Cuando apareció la primera foto de Sam Heughan, actor encargado de darle vida al pelirrojo, casi vomito sobre el teclado de mi notebook.  No es que el chico fuera feo, simplemente no era Jamie.  Cabello castaño oscuro, pálido, blandengue, flacucho, lampiño, desgarbado y demasiado joven para las que ya teníamos en mente al Jamie de los últimos dos libros.  Si empezamos así…que nos queda para el resto, pensé estúpidamente porque se ve que hay gente que sabe lo que hace o bien le tiene terror a la horda enferma de fans de los libros.  Ya sea por terror, talento o ambición; el chico Sam apareció en el primer poster que anunciaba los primeros días de rodaje.  Ya con los pelos despeinados, rojos y más largos (en la foto del casting estaba peinado a la lengüetazo de vaca), una kilt y la típica camisita jacobita era otro cantar.  De todas formas, aún me faltaba mucho para confiar en que algo bueno podía salir de todo eso.  Entonces aparecieron las fotos de Claire, una modelo flaca, linda y moderna que no encajaba para nada con esa mujer llena y de una belleza promedio que describe Diana en sus libros.  Imaginé que me sucedería lo mismo que con Sam cuando salieran las primeras fotos del rodaje.  Otra decepción fue Frank/Jack Randall.  Tobías es un actor que me encantó en la serie “Roma”, y con esa cara de angelito me fue imposible visualizarlo haciendo las atrocidades que Jack hace en el libro.  Los únicos que me entraron de entrada, valga la redundancia, fueron Colum y Dougal.  No puedo explicar el motivo pero ellos  dieron en el clavo desde la primera foto.

Luego de una larga espera, de ver avances, fotos del rodaje y entrevistas; decidí darle una oportunidad a esta serie que podía cargarse para siempre con mis fantasías literarias.  Todo pintaba cuidado y bien hecho, pero el resultado final podía ser caótico.  Eso hasta que leí que la esposa del encargado de llevar la saga a la pantalla era fan de los libros y había jurado destriparlo vivo si la serie no estaba a la altura de las expectativas de la horda enferma que la incluye.

El día tan esperado llegó y hubo reuniones (whisky escocés en mano) alrededor del planeta, para ver el primer episodio.  En mi caso particular nos reunimos en el dormitorio del hermano de una amiga que hizo de su pared un cine y que nos tiene una paciencia infinita a la hora de cedernos sus dominios para retozar como vacas locas sobre su cama/sillones llorando a moco tendido o gritando como locas “Tulach Ard”.  Así fue como luego de un delicioso “cranachan” (postre escocés elaborado por mis amigas para la ocasión), nos sentamos abrazaditas a deleitarnos o decepcionarnos juntas en el mismo barco.
Cuando escuché los primeros acordes de la música de apertura y vi las imágenes majestuosas de los títulos empecé a llorar como si hubiera parido un hijo.  Esas imágenes son una síntesis perfecta de lo que a uno se le viene a la mente cuando piensa en los libros.  Como bocadillos que anuncian un gran banquete, las piedras de Craigh na Dun me hicieron llorar más que Meryl y Clint en los Puentes de Madison (nivel 10).  Aspirando los mocos para no hacer papelones, me tragué las lágrimas con la punta de la lengua y me quedé anonadada por todo lo que vi.  No esperaba querer a Frank, en los libros siempre le tuve bronca.  Sin embargo no me molestó cambiar de opinión, aunque luego me asaltaran las mismas dudas que tiene Claire al verse enamorada hasta los huesos de Jamie y amando aún a su primer esposo (o debería decir segundo, ya que el primer matrimonio data del 1743).
Cuando lo escuché decir “Sassenach” tuve que ir a buscar los calzones al subsuelo.  Casi me desmayo.  Ni hablar de escucharlos a Dougal y al resto de la pandilla hablando en gaélico, lenguaje en el que mis amigas y yo nos convertimos en expertas (recuerdo haber escuchado archivos de audio con oraciones enteras que repetíamos hasta el cansancio para aprender).  El señorito en cuestión, antes blandengue y desgarbado; ahora se había convertido en una torre de carne torneada, unos ojos azules con la mirada felina que tantas veces describe la autora y la juventud rozagante del Jamie del primer libro.  Sam era Jamie.

Con Claire tuve una epifanía, siempre creí que me iba a costar aceptarla porque físicamente no es tal cual la descripción de la autora.  Sin embargo Caitriona Balfe “Caits” para los íntimos, me robó el poco escepticismo que me quedaba.  Nunca pensé que una modelo de Victoria Secret podía interpretar a un personaje tan lleno de matices y tan intenso.  Me equivoqué otra vez, por un prejuicio estúpido creí que no la iba a querer y sin embargo me enamoré a los cinco minutos de verla en pantalla.  Sus modos, su andar, su seguridad a la hora de enfrentar a los Mackenzie, su capacidad de resolver problemas tales como apoyarse en una piedra en 1945 y aparecer en paños menores, cinco segundos después, en el 1743; todo tiene que ser creíble y esta actriz pasó con honores la prueba.  Caits es Claire.
El resto del elenco es perfecto.  Murtagh, Fitzgibbons, Angus…todos son roñosos, peligrosos y de buen corazón como los imaginamos.  Capitulo aparte para Dougal (Graham Mc Tavish) porque uno quiere convertirse en su maíz incrustándose de cabeza en la pantalla con la esperanza de viajar en el tiempo y caer en bolas en sus brazos (con la petaca de whisky para darle batalla al frío).  Ver a Roger como un nene me dio una sensación en el estómago inexplicable…como encontrar una filmación casera vieja de algún integrante de la familia que uno desconocía o se había olvidado que existía.  Muy fuerte, demasiado.

Capítulo aparte para las escenas de sexo, para quienes no lo sepan, los libros están plagados de escenas de alto contenido erótico (bien escritas y que no se utilizan como en otro tipo de bibliografía para atrapar al lector ávido de sexo literario).  Acá, cuando Jamie y Claire se encuentran se prenden fuego los planetas, los libros, las lectoras y la comida que las lectoras tienen en el horno.  Debo decir que varios matrimonios han sucumbido al embrujo de la literatura Gabaldoniana.  Ya sea porque el marido se negó a usar una kilt fuera del lecho matrimonial, o porque el asado se quemó, el arroz se pasó, el guiso se pegó o simplemente porque el gordo que roncaba al lado de la lectora no se parecía ni por asomo al Highlander que salía como el genio de la lámpara toda vez que una abría el libro a hurtadillas en la cama leyendo hasta las cinco de la mañana con una linterna en la boca.  Siempre imaginé que esto les iba a costar ya que la televisión tiene muchas restricciones para mostrar todo lo que una quiere ver, que no es ni más ni menos que lo que está escrito.  Debo decir que no dejaron nada librado al azar ni a la imaginación.  Se ha visto lo necesario para satisfacer la demanda hormonal del club de fans de la pareja y cada cual se llevó a casa lo necesario para poner la escena del lecho nupcial en un loop interminable y en slow motion que la deje a una en un penoso estado de catatonia (babeando y balbuceando en un gaélico alcoholizado digno de un bar de Inverness a las dos de la madrugada).

Para redondear la idea, y porque me tengo que ir a leer el séptimo antes de comprar el octavo libro que aún no consigo en mi país (lista de espera); la serie pasó con honores la prueba de una fan acérrima que tiene en su haber unas seis lecturas por libro (del primero al sexto) y que se sabe como tantas fans diálogos enteros de memoria.  Ojalá puedan continuar filmando toda la saga, la pregunta ahora será cómo harán para envejecer a nuestros amados personajes; seguirán con los mismos actores o los reemplazarán por otros?  Tenemos seis largos meses de espera hasta los últimos ocho capítulos de la primer temporada.  Tiempo de sobra para pensar y leer y releer hasta que se nos caigan los ojos de las órbitas.

Como siempre, gracias Diana Gabaldon por tantos matrimonios destuídos, tantos noviazgos destrozados y por poner la vara tan alta que ningún hombre de la vida real le llegue ni a los talones a JAMMF!.



viernes, 11 de octubre de 2013

HOY HABLAMOS DE CLAIRE




Solo para fanáticos de la saga “Outlander” de Diana Gabaldon

Esta heroína de las novelas románticas de la Gabaldon se lleva todos los premios, al igual que su partenaire masculino.  Para quienes no conozcan la saga, la misma cuenta con siete libros donde el personaje principal es esta mujer que viaja un par de veces en el tiempo, la primera vez por error y la segunda para reencontrarse con su gran amor que está vivito y coleando en el año 1770.  El tipo es un highlander y en la primera entrega de la autora, la Sra. Claire es abducida por una especie de túnel del tiempo donde termina conociendo a este machote que no solo le salva la vida, de paso cañazo se convierte en su marido por obligación, del que termina locamente enamorada igual que todas nosotras y algunos hombres que también han leído estos libros.

¿Cómo describir a Claire?  Claire es sencillamente perfecta e imperfecta.  Fue enfermera y luego se convierte en médico (cuando regresa a su tiempo actual luego de embarazarse del escocés pelirrojo).  Cuando su  hija está lista para volar sola, le confiesa que su padre es un highlander que vivió hace dos siglos en Escocia y la hija, lejos de internarla en un Neuropsiquiátrico, la ayuda a hacer toda la investigación para conocer el paradero de su padre e intentar volver para reencontrarse con él.  Pero volvamos a Claire.  Claire sabe de todo.  Cocina un festín con una liebre, un pato o un poco de avena.  Sabe coser, es inteligente, fabrica penicilina con hongos, anticonceptivos con semillas silvestres y es una eximia cirujana.  El marido es parte de su práctica de cirugía ya que durante la totalidad de las entregas lo opera unas ciento cincuenta veces, lo sutura, le acomoda los huesos, le acaricia los huevos y demás especialidades.  Pero lo mejor de todo es que aplica su sabiduría de los años sesenta pero con la tecnología paupérrima del siglo donde los problemas se arreglaban a espadazos limpios y la gente rara vez llegaba a cumplir cuarenta años.  Cura plagas, cura caballos, atiende partos de cerdos y los niños de todas las mujeres de la familia y hasta es capaz de hacer revivir sin desfibrilador a una vieja que murió hace 3 días y la están velando. 
Como amante no tiene rival en el planeta.  Es sumisa cuando él se lo pide y simplemente la acorrala contra una pared.  Es salvaje cuando está caliente como una pava hirviendo y describe cada detalle del cuerpo de su marido con una precisión de médico forense (con la diferencia que este está vivo, el precioso, perfecto y toda lectora quiere al menos un polvo de él).  Ella sabe lo que a él le gusta y está dispuesta siempre a dárselo.  No existe una sola página de esos libros donde ella le diga “me duele la cabeza” o “estoy con la regla” o “estoy cansada”.  La libido de Claire es un tren bala que solamente necesita que el pelirrojo la mire fijo con los ojos rasgados para que ella se ponga en pelotas predispuesta a brindarle la mejor de las noches.  Además, ella siempre está perfecta, sucia o limpia, gorda o flaca, peinada o despeinada; la tipa sabe que es la miel de esa abeja llamada “Jamie Fraser” y disfruta de esa relación a pleno.  No tiene problemas de lugar ni espacio.  Puede darse en un granero, sobre la mesa de la cocina, en la orilla de un río, sobre un bote, una balsa, una cama marinera de un barco, arriba de un caballo o simplemente en la cama matrimonial.  El tema es darle para que tenga y guarde, por si a él se le ocurre lastimarse y está varios días sin poder satisfacer los deseos de su esposa.
Pero no todo es perfección en la vida de Claire.  Porque ella también tiene sus defectitos y el principal, a mi entender, es ser una reverenda desobediente que se somete a todo tipo de peligros aun cuando siempre es advertida por su adorado esposo.  Si él le dice “quédate acá” ella va a ir definitivamente hacia allá.  Si él le dice “quédate adentro de la cabaña” ella saldrá disparada como cohete a la luna hacia el medio del bosque nevado, en camisón, descalza y con veinte grados bajo cero.  Además, tiene un talento innato para meterse en problemas, problemas que obligan a su señor esposo a meterse en  más problemas y alguno de los dos lastimados.  El sufre como un condenado porque a lo largo de treinta años de matrimonio ella estuvo al borde de la muerte unas veinte veces.  La raptan, la cagan a trompadas, la violan, se contagia todas las pestes, la meten en la cárcel, la quieren quemar en la hoguera por bruja; en fin, siempre resulta un pajarito herido al que Jamie envuelve en su plaid y cuida pacientemente rezando en gaélico para que los Dioses se la devuelvan con vida otra vez.  Nunca he leído a un tipo llorar tanto como al marido de Claire.  Llora y luego se enfurece.  Luego se carga a toda aquella persona que pudiera haberle hecho daño a su amada y cuando ella tiene una fiebre que no supera los 39 grados y está en condiciones de hablar le hace el amor de una manera que no tiene descripción en el diccionario.  Así que uno está deseando que esta mujer vuelva a estar en peligro para leer otro polvo majestuoso de esos que la Gabaldón sabe describir con tanta habilidad.

Pero ojo, no nos creamos que no tenga su carácter.  Ella es una rebelde con y sin causa, lo cual a veces también provoca la ira de su marido.  Es caprichosa, quiere salirse con la suya y lo pelea hasta volverlo loco.  Sobre todo en los primeros libros, donde existen varias escenas de desencuentros, celos y arrebatos de furia de ambos protagonistas, ella no tiene ningún problema en mandársela a mudar caminando por un oscuro bosque o al borde del precipicio, furiosa y con ganas de matarlo.  Probablemente él se quede unos cinco minutos y luego salga cabalgando a buscarla para darle un par de chirlos en el culo que siempre derivan en otra escena de sexo de esas que uno recrea en la cabeza una y otra vez.  Se sacan chispas pero se atraen como dos imanes.  Y además son compasivos, generosos y la cabeza de un clan al que dirigen y sacan de apuros una y otra vez.

Claire es la esposa perfecta, la madre ideal, la amante de lujo, la médica que todos quisiéramos tener, la abuela de ensueño…la heroína más grande que haya escrito alguien que quiere que sus lectoras deseen fervientemente ser un poquito como Claire.


Se está filmando la miniserie correspondiente al primer libro, la foto de Claire pertenece a Catriona Balfe, quien ha sido elegida para protagonizar a nuestra heroína.

martes, 27 de agosto de 2013

REVOLUCIÓN EN EL GRANERO DE JAMIE FRASER


Otra vez más, la Gabaldon logra hacer de las suyas, esta vez en la pantalla.

Desde que las novelas de Diana Gabaldon, cuyo prota masculino “Jamie Fraser” es la fantasía sexual literaria más consumida del planeta, desembarcaron en las librerías se habla de un posible traslado del texto a la pantalla.  Esto ha generado infinidad de foros, post, quejas, sugerencias y hasta la  radical oposición de quienes dicen que esto destruirá la ilusión dándole vida en el cine a algo que cada una ha proyectado en el hueso occipital del cráneo luego de consumir los libros.

Es que la experiencia literaria no le pega a todo el mundo igual de la misma manera que el alcohol o la marihuana no le pegan en forma idéntica a todo el mundo.  Yo misma puedo consumir un litro de vino y caminar derecho pero con tres copas de champagne me convierto en un felpudo baboso que tiene que arrastrarse encima de su propia baba para llegar a una cama.  Es así como Jamie para algunas es algo semejante al actor Eric Dane y para otras es Gerard Butler porque es así y se acabó!.  Claramente, cada cerebro ha armado su propia película con el texto que esta bruja a la que adoramos, gurú de la secta highlandesca a la que todas hemos sido abducidas cuando nos pusieron “Outlander” enfrente.   Como quien interpreta una receta de cocina y donde Diana dice “dos cucharadas de esencia de vainilla”, la lectora elegirá una cucharada de jugo de naranjas y otra de miel; cada cual ha hecho con estas novelas una torta diferente.  Mi amiga la hizo de chocolate bañada en dulce de leche y rociada con grageas de colores.  La mía es un pie de frutos del bosque con crema y gelatina.  Y ahí nomas se armó el bardo (quilombo=lío=revolución en el granero de Jamie).  Es que llevar a la pantalla todas las tortas juntas es dificilísimo.  Las de veinte quieren un prota de edad suficiente para fornicar de parado.  Las de treinta quieren uno no tan tierno porque les da culpita.  Las de cuarenta queremos a uno con algunas canas (aunque tenga que protagonizar al pibe de 20 del primer libro de la saga) y las de más de cincuenta quieren a George Clooney con trenzas, barba y la cafetera Nespresso en la mano (porque ya no da para pasar frío y hambre, tienen ganas de revolcarse en el Lago di Como que está más cálido que el Ness y tomar café).

Desde que las novelas salieron a la luz se han subido unos dos millones de videos que con suma artesanía y genialidad mujeres de todo el mundo han editado con música celta y su elección del candidato al trono de intérprete de Jamie Fraser.  Recuerdo cadenas interminables de mails y threads de foros de actores, películas, la propia Gabaldon y sus libros donde la eterna discusión radicaba en quiénes iban a encarnar a nuestros adorados Jamie y Claire y los no menos importantes personajes periféricos que tanto amamos como Roger, Brianna o Lord John.  He leído, mientras me dieron el tiempo y las ganas, tantas barbaridades como proponer a Brad Pitt para hacer de Jamie.  Lo siento, Brad Pitt es a Jamie lo que una carreta tirada por un burro cojo a una Ferrari Testarossa.  Ya sé, las amantes de Brad me van a gestionar un maleficio para que se me caiga el pelo y las uñas se me escamen pero lo tengo que decir porque mi Jamie es COLORADO, ALTO, CORPULENTO, CUARENTON y se parece a Gerard Butler o Eric Dane. 

Pero claro, no soy la dueña del casting así que no pienso enfrentarme con las doscientas millones de féminas enfervorizadas que creyéndose dueñas del copyright mental de Diana declaran “JAMIE ES JAMIE FOXX” (para el acento le ponemos un coach y para los colores está George Lucas y su ILM (la empresa encargada de crear los efectos de Star Wars entre otras pelis).  Así fue como poco a poco se fue generando el caos, primero vino el libro ilustrado (ni fu ni fa para mí, debo decir) y luego la gran noticia: una miniserie.  Temiendo llegar tarde al evento, antes de que se firmaran los contratos ya había mujeres enviándole sus propuestas de casting a Diana y poniendo a tiro sus sitios de descargas favoritos ya que nadie estaba muy seguro para ese entonces si la miniserie iba a estar disponible en todos los países, por qué emisora o vaya uno a saber qué trabas más.  Porque las seguidoras de los libros sabemos que esta plaga se expandió mucho más rápido que el antídoto, y los primeros libros se conseguían más fácil en Indonesia que en Argentina, en cantonés antes que en español y si no tenías la suerte de saber inglés eras capaz de hacer un curso acelerado con la mismísima Queen Elizabeth para ponerte a la par de las fantasías erótico-festivas de tus amigas angloparlantes.  Sabemos de palos en la rueda, las lectoras de Diana; estamos acostumbradas a indigestarnos con una frase posteada en su foro, adelanto del libro que estaba por editar dos años después, y vivir colgadas de esas dos oraciones hasta el aterrizaje de la maldita novela a las góndolas.  Y digo maldita a conciencia, porque nos hemos tomado dos años sentadas zapateando contra el piso releyendo una y  otra vez las entregas anteriores para estar lo suficientemente aceitadas para leer el nuevo.  Y al nuevo lo devorábamos en cuarenta y ocho horas (las más lentas); con lo cual le dábamos a Diana la ventaja de otros dos o tres años para volver a armar otra bomba letal que se llevara puestos nuestros hogares, nuestros matrimonios y nuestra vida chata AJ (antes de Jamie).

No es raro entonces encontrarnos sumidas en discusiones de cuatrocientos post y horas de cotorrerío incesante intentando ponernos de acuerdo en quién debía ser el intérprete de tamaño ser de culto y adoración.  He leído mujeres batirse a duelo y boxearse con palabrotas porque para una el tipo tiene pelo castaño rojizo y para otra es naranja zanahoria (carrot-top).  Se han insultado, amigas de años han dejado de hablarse por meses, ha habido guerras de castings con fotos, amenazas, cartas a todas las empresas americanas involucradas en la industria del séptimo arte y hasta exorcismos (fuentes que han preferido el anonimato han provisto esta información).

En mi grupete de amigas (gente, me incluyo, que supo convivir quince días bajo el mismo techo leyendo en una especie de “book club” pasado de rosca fragmentos de “Outlander” previamente marcados en una suerte de “misa negra”) decidimos aceptar lo que venga en pos de una amistad que ya lleva años y porque cada una tiene clarísimo que Jamie es de cada quien lo haya leído con las características propias que el cerebro (y las hormonas) haya sabido crear.  Obviamente comprendemos que el Jamie de Outlander debe ser encarnado por un borrego lampiño con más cara de bebé que de hombretón guerrero y salvaje.  Y también tenemos clarísimo que la miniserie será consumida por millones de mujeres pero no va a llegar ni a los talones de la película mental que Diana y su pluma suprema han sabido crear sin necesidad de una cámara, un megapíxel o un castillo fastuoso generado por computadora.  Como todos los libros que se llevan a la pantalla, es raro que el producto final conforme, justamente por eso, porque leer ejercita la imaginación y a esa no hay con qué darle.

¿Qué opinan de Sam Heughan?




viernes, 26 de septiembre de 2008

Infelizmente casada


Cuando uno se casa y permanece casado mucho tiempo, lo que otrora fuera una sana convivencia, se convierte en un suplicio que uno supone debe tolerar porque es lo que es y no hay nada mejor. Bueno, sí, hay algo mejor pero uno lo descubre recién cuando zafa. Debe haber gente que después de veinte años disfruta de la compañía del otro, pero me atrevo a decir que la gran mayoría soporta, sobrevive, aguanta o simplemente se resigna a que las cosas le chupen un soberano huevo pegándose una sonrisa plástica impregnada de bronca y poniendo todas sus fichas en una vida mejor...si es que existe la reencarnación. No es hasta que asomamos la cabeza fuera del frasco (o la casa) que nos avivamos de que nadie nos obliga a permanecer, a fingir y a sostener algo que no tiene remedio.
Hay un antes y un después de un matrimonio infelíz.

Este es un fin de semana del "antes", llevado a la cruda frialdad de los números.


Racconto de mi fin de semana "a la Bridget Jones"


Mi fin de semana en números:

Cantidad de polvos: 0
Cantidad de orgasmos: 0
Cantidad de orgasmos autogestionados: 0 (ni de eso tuve ganas)
Cantidad de horas de gym/caminata/yoga/aerobox/bicicleta/bochas/balero/yo-yo/ajedrez: 0
Cantidad de pelos arrasados artesanalmente con pinza de depilar: 8
Cantidad de horas de sueño nocturno: 6
Cantidad de horas de sueño siestero: 8
Cantidad de horas frente a la tv: 20
Cantidad de horas frente a la pc: escasas seis (muy poco para mi gusto)
Cantidad de ropa planchada: 0
Cantidad de peleas matrimoniales: 3
Cantidad de comidas fuera de casa: 1 cena. Ensaladita verde, 1/4 minipollito-paloma grillado magro y 2 litros de cerveza Wasteiner (no engorda, estoy segura; no puede engordar algo que te hace tan felíz y de lo que te deshacés inmediatamente meando como un caballo)
Cantidad de peleas ganadas: 1 (con pedido de disculpas incluído)
Cantidad de dvd's alquilados: 3
Cantidad de momentos gratos: 1 (gracias Woody por "Scoop" ; me pude reír con mi hijo con algo que nos gustó a los dos!!!)
Cantidad de tiempo de calidad compartido con hijo, para juegos propuestos por la criatura: 2 horas, mirando "Jackass II" doblada al español
Cantidad de veces que escuché la palabra gilipollas: 893
Cantidad de arcadas repelidas a fuerza de tragar saliva y soda con limón mirando a un tipo defecar sobre una casa de muñecas: 57
Cantidad de pollas divisadas en la peli: 18 incluyendo la del enano que hace un full-frontal sobre una mesa de directorio
Cantidad de golpes en la frente autoinfringidos: 3 (por las tres veces que pensé "Johnny Knoxville me pone", inexplicáblemente)
Cantidad de enamoramientos platónicos nuevos: 1=Hugh Jackman

Cantidad de enamoramientos platónicos acumulados: 76 (puedo hacer la lista pero no quiero aburrir)
Cantidad de veces que pensé en mi harem hollywoodense y Jamie Fraser (highlander escocés, personaje de ficción de novelas erótico-festivas)= 999.999.999
Cantidad de páginas leídas: 150
Cantidad de bytes descargados: 1.356.994 mb de pura ilegalidad
Cantidad de alcohol consumida: 2.5 litros (compuestos de cerveza y vino...se me acabó el tequila la reputísimamadre!)
Cantidad de porros fumados: un lamentable 0
Cantidad de glucosa en sangre: lo suficiente como para que el páncreas sufra (incluye caramelos light/ no light, y el ataque a mansalva a torta de brownie con dulce de leche que había prometido no tocar)
Cantidad de vajilla lavada: 2.563.179,69 (los decimales corresponden a las cucharitas de café)
Cantidad de drogas prescriptas consumidas: 2400 mg. de antibióticos, 4 mg. de clonazepam (para transitar la vida felíz por el carril lento), 600 mg. de ibuprofeno, 12 cm3. de colirio (para disimular los ojos inyectados por culpa de la pc), 450 mg. de diclofenac.
Cantidad de intentos de suicidio : 69
Cantidad de intentos de suicidio exitosos: 0
Cantidad de documentales de Discovery Channel/History Channel/ National Geographic vistos: 77 (temática: choques de trenes, choques de aviones, construcción de transatlánticos, montaje de molinos de energía eólica, construcción de torres en Shanghai, construcción de puentes colgantes antisísmicos en Kyoto, diseño y fabricación del Airbus, remodelación y organización de aeropuertos, entubado de acuíferos en el Tibet, cazadores de tornados, construyendo diques en el Desierto de Gobi, emplomado y enfriado de la Central Atómica de Chernobyl [con testimonios de mineros enfermos de cáncer que trabajaron ahí], Tsunami: se podría haber evitado?, la extinción del tiburón martillo, Kaszjastán: la verdadera historia en imágenes conmovedoras, Chechenia: la masacre, Escocia, la fabricación del whisky [ése me interesssss zap!, lo cambió], Irak: después de Saddam, La frontera de Gaza [una lección de anatomía con diapositivas a todo color]...)
Cantidad de documentales de Discovery Channel/History Channel/National Geographic repetidos o vueltos a ver: 74
Cantidad de intentos de suicidio post documentales: 33
Cantidad de intentos de asesinato post documentales: 74
Cantidad de veneno para roedores molido en el mortero de mi abuela: 75 grs. por kilo vivo de peso (aprox.)
Cantidad de pensamientos impuros, obscenos, indecentes, en contra de la moral y las buenas costumbres: número primo que multiplicado por sí mismo da otro número de seis cifras que termina en siete
Cantidad de plegarias/rezos/súplicas: 0 (¿será por eso?)
Cantidad de horas en templos/iglesias/basílicas/abadías/capillas/carpas evangelistas/tomando sol mirando a La Meca: 0
Cantidad de veces que sonó el teléfono: 6
Cantidad de veces que era para mí: 3
Cantidad de veces que era mi mamá para romperme los huevos: 3
Cantidad de cigarrillos que me hubiera fumado si no hubiera dejado: Miralo de esta manera=índice Dow Jones sube tres puntos gracias a una fuerte suba de tabacalera responsable de fabricación de Marlboro (y me hubiera montado al cowboy de la gráfica unas 300 veces)
Cantidad de veces que odié mi culo en el espejo: todas
Cantidad de piojos encontrados en la cabeza de mi hijo: 3 tamaño cucaracha de cocina, 9 tamaño M y 67 XXS. Liendres: muchas. Confirmado: Hasta los piojos tienen más vida sexual que yo.
Cantidad de veces que hice caritas frente al espejo ensayando poses de top model, probando resultados de liftings y peinados estrafalarios: 102
Cantidad de lápices que se sostienen debajo de las tetas caídas: 3 x c/u
Cantidad de uñas y pellejos masticados: 25 grs.
Cantidad de intentos frustrados de subir a la balanza: media docena (equivalentes a la media docena de medialunas de manteca que me tragué en una sola mañana)
Cantidad de súplicas al cónyuge por tres agujeros en el marco del antepecho de la ventana para que no se me inunde el escritorio con la tormenta: 2
Cantidad de veces que agarré la Black & Decker y me autogestioné los agujeros: 1
Cantidad de veces que pensé en la Black & Decker para trepanarle el cerebro a mi pioresnada: 666
Cantidad de veces que me imaginé rescatada de la oprobiosa monotonía conyugal, al son de la música de "Reto al destino", por un Señor parecido a George Clooney que me arrastraba del brazo para llevarme en andas a su Ferrari...todo el puto fin de semana!!!.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Emulando a Carrie Bradshaw


Tengo un grupo de amigas muy locas a las cuales conocí en una web de fans del aquel entonces ignoto actor Gerard Butler. Cuestión que el tío es escocés y así como desató las más bajas pasiones de sus fans, nos arrastró a todas juntas en un frenesí de absorción de la cultura escocesa y la música celta, la lectura indiscriminada de cualquier novela que incluyera un personaje con una gaita en la mano; llegando al extremo de venerar en forma enfermiza a un señor que vive en la cabeza de una escritora inescrupulosa, que se dedicó a jugar con nuestros corazones vaciando nuestras billeteras en tan triste derrotero erótico-festivo-literario (los libros cuestan un huevo y hasta hace un tiempo no se conseguían en ningún lado).

Esta columna fué publicada en uno de los websites del actor y habla sobre el personaje principal de los libros de la pérfida escritora, Diana Gabaldón.

Maldito tú eres entre todas las mujeres, Jaime Fraser!

Así como los Highlanders de Karen Moning son moneda corriente entre las admiradoras de Butler, Jaime Fraser es la lectura obligada de toda fan que se precie de serlo.
No tengo idea de cómo se ha linkeado a Gerardo Jaime Butler con la bibliografía de Diana Gabaldón; sólo se que fui intimada a leerlos oponiendo franca resistencia a hacerlo desde la pantalla de la pc. Puse mil excusas y me prometí comprarlos en papel, cosa que al final hice (después de reventar mis globos oculares leyendolos cinco veces del monitor). Un buen día metí mis narices en el primer libro de la saga y desde ese oscuro momento maldigo mi vida tal cual la conozco y maldigo a Diana Gabaldón por haber convertido mi existencia en una miserable búsqueda de un ser inexistente. Gracias Diana!.

Jaime Fraser ha sido artesanalmente manufacturado por la escritora como un mecanismo perfecto de tecnología de punta japonesa, para estimular todas las neuronas femeninas encargadas de crear felicidad, enamoramiento, calentura, amor incondicional, necesidad de procrear y ganas de pisar suelo escocés. En esta borrachera de sexo y amor en la que una se va introduciendo de a poco, como quien mete la punta de los pies en la bañera para probar la temperatura del agua, una es incapaz de discernir entre realidad y ficción con resultados francamente catastróficos. La autora nos describe a un ser único en su especie, físicamente imponente, alto, fuerte, salvaje, colorado, de ojos color mar, mirada penetrante y cuerpo para el pecado. Como si esto fuera poco para enloquecer a cualquier mujer con dos gramos de estrógenos en sangre; la Gabaldón le agrega la inteligencia de un zorro, la cultura de un hombre de mundo (habla francés, inglés, gaélico, griego y latín), la ternura de un nene, la hombría de un macho alfa, la hidalguía del mejor de los highlanders, la destreza para la guerra de Attila y Leónidas juntos, las cualidades amatorias de Valentino y un corazón de oro. Si a este cóctel explosivo le sumamos la capacidad de Dianita para describir con suprema idoneidad las texturas de la piel y de la ropa, los aromas que emanan las diferentes partes del cuerpo así como su temperatura y sus colores, el sabor de líquidos y fluidos (corporales inclusive); tenemos en nuestras manos un pasaporte al pasado y al neuropsiquiátrico más cercano.

Radica en la maravillosa redacción de la Gabaldón, la capacidad de convertir a sus personajes de ficción en seres de carne y hueso dentro de nuestros cerebros. Y a las cincuenta primeras páginas nos es imposible creer que Jaime Fraser no exista y no esté escondido en alguna montaña escocesa o cazando conejos en el Cerro Fraser. Con sólo cerrar los ojos una puede verlo deambular por las praderas enfundado en su kilt y envolviendo a su adorada Claire en su plaid para que no tome frío. El tipo es la encarnación del marido, amante, amigo, padre y jefe perfectos. Es ecuánime, tiene un altísimo sentido del honor y la justicia, es fiel a su esposa, antepone los intereses de sus seres queridos a los propios y es capaz de dejarse matar para defender a los suyos. Ah, y tiene una salud de acero o más vidas que una docena de gatos, le pasa de todo pero sobrevive no sin antes hacernos sufrir como unas condenadas. Así es como una se descubre llorando a moco tendido porque lo picó una serpiente o lo azotaron hasta dejarlo inconsciente tirado como un trapo y aferrado a la vida únicamente gracias al recuerdo de su adorada esposa.

Los libros transcurren despacio, como la vida de los personajes, y a medida que avanza la historia la adicción es tan grande que una no puede funcionar normalmente ya que no es posible mantenerse alejada del libro más de tres o cuatro horas. Además las familias Fraser y Mac Kenzie toman posesión de nuestra casa y es muy fácil verlos deambular por las habitaciones de nuestros hogares de la misma manera que el nene de “Sexto Sentido” veía cadáveres por todas partes. La magia es tal que una siente deseos de conocer los lugares históricos, saber más sobre las costumbres de la época, analizar cada frase y cada línea y aprender gaélico. Y entonces el contexto del libro nos queda chico, nos descubrimos violentando al google buscando más y más, compartiendo experiencias con otras lectoras y devorando toda pieza de información levemente relacionada con la Escocia del 1700.

La historia de amor no tiene desperdicio. Es un manjar para toda aquella mente romántica con ganas de hacerse un festival de besos, arrumacos y escenas eróticas bien escritas. Ella es perfecta. Y él perfecto para ella. Sus encuentros son geniales como el choque de dos planetas, el tipo besa como ninguno, abraza lame y arremete con maestría susurrando palabras en gaélico mientras nosotras recogemos nuestras bragas del piso odiando nuestras miserables vidas. Demás está decir que Jaime deambula por la vida con su kilt al viento siempre listo y dispuesto para un revolcón; a veces tierno y suave y otras veces salvaje como un toro embestidor. Lo que toda chica necesita, sin ir más lejos. Pero, no sólo se dedica a hacer el amor compulsivamente y recitar las más tiernas frases de amor sin pestañear; se pasa los seis libros salvándole la vida a su esposa que no para de meterse en problemas. La rescata de manos de piratas, violadores, soldados ingleses y hasta una plaga que amenaza con llevársela derecho al cielo. Escenas que, por otra parte y luego del susto inicial, dan paso a los polvos más maravillosos de la historia de la novela romántica. Así que una vive deseando que Claire se meta en algún quilombo grosso para que Jaime aparezca en medio del sonido de los bodhrans, enfundado en su kilt, munido de su espada presto a decapitar malhechores con una mano y arrastrar a su mujercita del brazo para subirla a su indómito semental. Luego vendrán los mimos, las culpas, las confesiones y un revolcón número 10 en la escala Richter. Duermen acurrucados, se desean dormidos, se leen el pensamiento, están atentos a las necesidades del otro y se prodigan amor todos los días de sus vidas.

Y ahí comenzamos con los problemas. Porque la ficción es la ficción y el marido de una no es ni por asomo una milésima de molécula de James Alexander Mac Kenzie Fraser. El ejemplar que una supo conseguirse con mucho esfuerzo queda relegado a un proyecto de bacteria procariota y su sola presencia logra enfermarnos, en primer lugar porque no usa polleras y en segundo lugar porque carece de pelo en la cabeza y si lo tiene no llega hasta los hombros. La cosa en cuestión no sólo no cuenta con los atributos físicos de nuestro Jaime, tampoco se comporta como el Highlander de nuestros amores. Así que el choque con la cruda realidad es devastador y nos deja sumidas en la más profunda depresión. El libro entonces se convierte en un arma de doble filo, por un lado una necesita creer que Jaime es real, probable y posible; por el otro lado una necesita dehacerse urgentemente del compañero de alcoba para ir tras el señor pelirrojo que ha tomado el control de nuestras cabezas. Los contrastes son alienantes y la línea entre ficción y realidad se pixela como las fotos que uno agranda, haciendo nuestra existencia insoportable.

He aquí un compilado de diferencias entre un MARIDO REAL y JAMIE FRASER (para conocer más a fondo el efecto Gabaldón en nuestras vidas)

A Jamie la kilt le queda para arrancársela con los dientes. Al marido real la toalla de baño le queda espeluznantemente mal, dejando en evidencia una incipiente barriga y dos tetas talla de corpiño 95 (ni loca me rompo un diente intentando remover el trapo de ese cuerpecito).
Jamie le da de comer a Claire en la boca cuando está enferma. El marido real grita desde la cocina “QUÉ HAY DE COMER?” cuando una está con cuarenta grados de fiebre tiritando en la cama.
Jamie defiende a Claire de los ingleses. El marido real defiende al mecánico del auto, de nuestros propios exabruptos, cuando intenta cobrar por algo que nunca repara.
Jamie hace el amor apasionadamente. El marido real te hace el amor cada muerte de obispo mientras hace zapping apasionadamente.
Jamie dice frases de amor en gaélico. El marido real putea en arameo cuando no encuentra los anteojos o el control remoto de la tv.
Jamie le regala a Claire el microscopio que ella tanto deseaba. El marido real te regala la freidora que él tanto deseaba.
Jamie recuerda los aniversarios. El marido real hace un esfuerzo por olvidarlos. Una también los hace. ¿Para qué recordar el día en que una se k-gó la vida?.
Jamie cabalga como los Dioses. El marido real no puede montar ni una bicicleta sin darse un porrazo padre.
Jamie arregla todo con las manos, desde el techo de su casa hasta la herradura de su caballo. El marido real es incapaz de abrir la mayonesa sin ayuda y tiene que pagar para destapar el inodoro porque no sabe usar la sopapa sin salpicarse.
Jamie sabe escuchar a Claire y se interesa por sus problemas. El marido real te larga el rollo de la oficina y se va a dormir cuando te toca contar tus pesares.
Jamie no necesita hablar para saber qué le pasa a su esposa, le basta mirarla a los ojos. El marido real necesita un power point con fotos y texto para decodificar nuestros sentimientos. Eso si lo lee. Cosa que no sucede con frecuencia.
Jamie hasta sucio huele rico. El marido real hasta limpio huele rancio.
Jamie le unta las tostadas a Claire en el desayuno. El marido real unta el piso de manteca y jalea porque en las primeras horas del día no coordina sus movimientos y no emboca la tostada en la boca.
Jamie le calienta la cama a Claire con su cuerpo. El marido real calienta la cama con sus propios gases.
Jamie adora a su esposa luzca como luzca. El marido real te mira de arriba abajo y te suelta un “ENGORDASTE” cada vez que tiene oportunidad de joderte la vida.
Jamie no puede sobrevivir un día sin Claire. El marido real no puede sobrevivir sin su auto, su teléfono celular, su pc y su tv.

Dadas las circunstancias, y a pesar de considerarme una devota admiradora de Diana Gabaldón, creo que su literartura pone en peligro millones de hogares que verán su cotidiana armonía derruída por estos contrastes. Demás está decir que no es recomendable leer estos libros con síndrome premenstrual ya que se podría caer en una depresión espantosa con crisis interminables de llantos, o bien cometer crímenes horrendos contra maridos/novios/amantes, mascotas y personal de atención al público.

Jamie Fraser es el ideal de hombre que toda mujer quiere, desea y necesita. El tema es que Jamie vive en la cabeza de la Gabaldón. No nos engañemos, no existe, no es real, es casi sci-fi; un ser inalcanzable e inaccesible. No hay hombre en esta tierra que se le asemeje y la que diga que tiene uno así en casita miente asquerosamente y merece morir en la misma hoguera donde casi muere Claire. Así que mi consejo es que tengan cuidado con la sobreexposición a esta bibliografía ya que los efectos colaterales suelen ser devastadores.


Una lectora en problemas.