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sábado, 25 de julio de 2015

UTOPIAS LITERARIAS

 
 
PERSONAJES DE LA LITERATURA ERÓTICO FESTIVA

Tal como hice en otras entradas, escribí sobre el personaje principal de la saga "Outlander" de la autora Diana Gabaldon, responsable de las crisis matrimoniales de la mitad de las lectoras de sus adictivos libros.  Está clarísimo que no existe hombre sobre esta tierra que le haga sombra a Jamie Fraser.  El tipo es la perfección en dos patas, no solamente físicamente, el señor es un dechado de virtudes, un escocés con valores, buen corazón, ética, moral y todo lo que hace que el machote sea un imposible.
Las autoras de esta literatura saben que somos materia fácil de convocar. Así que manufacturan un tipo ideal desde todo punto de vista para que caigamos muertas como piojos rociados con permetrina.  Ellas saben (porque son mujeres como nosotras) qué cuerda tocar para mojar nuestras prendas íntimas en dos oraciones además de dejarnos eternamente dañadas para el resto de los hombres de carne y hueso que habitan nuestro planeta.
Es así como nos vemos inmersas en esta trampa mortal que nos obliga a hacer cosas como leer hasta que sale el sol y bancarnos estoicamente todo un día de laburo con ojeras hasta las rodillas.  Rechazamos invitaciones sociales para encerrarnos toda una tarde a leer a destajo hasta que los ojos nos quedan inyectados en sangre dándoles un aspecto de zombie pasado de rosca.  Somos capaces de encapsularnos en el baño a las tres de la mañana para leer diez páginas más porque a nuestros maridos de carne y hueso la luz del velador los desvela (con ese mismo velador con el que seríamos capaces de desnucarlos si no se interpusiera la razón).  Leemos en los trenes y en los colectivos, llorando a moco tendido y largando una carcajada que se escapa sin filtro llamando la atención de los que nos rodean; la mayoría piensa que estamos de la nuca y tienen razón.  Leemos cocinando y se nos pasa cualquier cosa que hayamos puesto al horno o en la olla, porque estamos de la olla.  Leemos en el baño, en la playa, al borde de la pileta, en la hamaca paraguaya, en el consultorio del médico y en cualquier momento libre  que la vida nos regala. 
Pero, cómo reconocer a las verdaderas utopías literarias de las novelas erótico festivas?
 
 
 
EL PROTA
 
- Mide más de un metro ochenta.
- Tiene ojos claros o negros de mirada salvaje.
- Cuerpo tallado en madera, el tipo es una escultura de Leonardo Da Vinci caminando.  El culo es redondo y respingado.  Las piernas son largas y musculosas.  Los brazos ídem.  Manos onda gigantes tipo manopla para sacar la asadera del horno.  Dedos fuertes, uñas impecables salvo que sufra un accidente y le queden los dedos destrozados en alguna batalla.  Narices perfectas, largas y rectas.  Bocas de labios gruesos pero bien proporcionados, con dientes blancos como las teclas de un piano nuevo.  Barba de tres días, a veces más si fue a la guerra o vive en el 1700 y se pasa seis meses escondido en una cueva o bosque lejos de la civilización.  El torso es perfecto, la tabla de chocolate está presente gracias a que en la mayoría de los casos estos tipos son guerreros, highlanders, soldados, gimnastas, deportistas, mercenarios, agentes encubiertos o ninjas.  Los genitales van en un capítulo aparte.  En esta literatura no existen las medidas S, XS ni M.  Acá van del L al XXL.  Y encima son divinos, tanto el pene como los testículos suelen ser motivos de admiración por la prota del libro que en su vida vio algo tan precioso, perfecto y enorme (generalmente quedan cojeando luego de la primera cópula).
- Nunca un pobre.  No, estos tipos están forrados en dinero.  Se hicieron millonarios antes de los veinticinco gracias a un cerebro superdotado o bien han heredado una fortuna de sus padres.  A veces quedan en la ruina después de una guerra o un destierro, pero siempre tienen la capacidad de volverse a levantar y amasar una nueva fortuna con la que pueden alimentar no solamente a la protagonista femenina, a toda su familia, primos, vecinos, amigos y empleados.  Nadie queda en la calle porque el tipo es tan inteligente que puede resurgir de sus cenizas y generar dinero de la nada, simplemente con el sudor de su cuerpo o el producto de una mente brillante.
- Son cultos, casi siempre.  Hablan por lo menos cuatro idiomas y tres lenguas muertas.  Han viajado por todas partes y se sienten como en casa en cualquier destino que pisan.  Saben arreglar barcos, autos, armas, casas, máquinas varias y hasta asistir un parto en el medio de un bosque.  Saben cocinar, cazar, sembrar, inseminar vacas, faenar cualquier cosa que camina para luego cocinar y mandarse un platillo soberbio.  Son leídos, citan a escritores famosos, saben de economía, de política y filosofía.
- Expertos amantes, siempre vienen con un historial de mujeres que les han enseñado los trucos de la cama así que cuando agarran a la prota la vuelven prácticamente loca en la primer embestida.  Son insaciables, con solo un beso se encienden y con una mirada del culo de sus amantes tienen una erección digna de una estatua de mármol.  No usan viagra, no lo necesitan, viven al palo.  Sobrios o borrachos siempre responden en la cama.  Son máquinas de follar, experimentadas y creativas.  Nunca se circunscriben al dormitorio, depredan en la cocina, el baño, la ducha, el vestidor, el auto, el ascensor, la oficina, la montaña, la playa, el bosque, el bote y hasta el camarote de un galeón a punto de dar una vuelta campana en el medio de un tifón.  Cuando la ponen se enteran todos en un kilómetro a la redonda por los aullidos de la partenaire en cuestión.  El tiempo de recuperación de estas máquinas folladoras es ínfimo, pueden copular eternamente hasta que la acompañante caiga desfalleciente a sus pies.  El mínimo es dos polvos en media hora, de ahí para arriba dependerá de la imaginación de la autora.
- Hombres de una moral impecable.  Aunque sean mercenarios, soldados o máquinas entrenadas de matar; siempre existe un buen motivo para hacerlo.  Salvan a sus familias o a un país entero de la hambruna, del enemigo, de una plaga, terroristas armados hasta los dientes y animales salvajes.  Tienen una ética impecable, terminan teniendo siempre la razón y si desbarrancan hay una explicación lógica que viene desde la crianza.  Niños golpeados o abandonados, un padre alcohólico y abusador, una infancia en un orfanato...cualquier explicación es lógica para que se expíen los pecados de este santo varón y le den a la protagonista femenina la oportunidad de arreglarlos a puro amor y polvo sanador.  Corazón de oro, estos tipos son capaces de financiar la cura contra el cáncer, comprarle lo que necesite a cualquier personaje de la novela que se vea en problemas y hasta donar partes vitales de su propia anatomía para salvaguardar la integridad de sus parejas.
 
 

 
LA PROTA
 
- Son hermosas como las princesas de los libros de cuentos.  Frágiles como una copa de cristal, tienen un cuerpecito menudo pero con la grasa distribuida en los lugares correctos: Tetas y culo.  Lo cual es una utopía ya que es sabido que a nadie le tocan las dos cosas juntas.  La que tiene tetas y culo es porque se agregó siliconas en alguna de las dos partes necesitadas.  Estas vienen de fábrica  con la divina proporción impresa en sus organismos.  De cabellos largos, ondulados o lacios, de colores con destellos ya sean castañas, rubias, morochas o pelirrojas; estos pelos llaman la atención dondequiera que ellas circulan.  La gente se da vuelta a mirarlas, dejan a todos mudos.  Los ojos son almendrados, color miel, azul, gris o verde.  Brillan como dos faroles de día y de noche, viven destilando lágrimas de alegría, tristeza o decepción cada página y media.  Flacas o pulposas, siempre son la debilidad del héroe del libro.  Despiertan pasiones incontrolables que derivan en polvos gloriosos que son releídos una y otra vez en un loop frenético que termina cuando los ojos caen desmayados de tanto descontrol hormonal.  Hasta en el borde de los cincuenta años tienen el culo y las tetas en su lugar, conservan un lomo espectacular, no tienen panza y apenas un par de arruguitas alrededor de los ojos develan un leve añejamiento.  Por lo demás siguen siendo las amazonas de los veinte años.
- Son profesionales y cultas.  Y sino, son extremadamente inteligentes, capaces de amasar una fortuna fabricando mermelada de arándanos u horneando pastelitos en un pueblo perdido en la montaña.  Si son profesionales, se destacan con premios en su disciplina.  Arquitectas premiadas que levantan centros culturales, hospitales y bibliotecas; a estas mujeres no hay nadie que les haga sombra.  Sin son médicas, lo más probable es que sean eximias cirujanas que salvan vidas a diestra y a siniestra en el hospital, la vía pública, la selva congoleña y el desierto del Sahara.  Saben taladrar cráneos, serruchar huesos, reparar corazones, extirpar balas y reparar intestinos además de asistir partos de nalgas y revivir personas muertas por más de quince minutos sin ayuda de un desfibrilador.
- Moralmente impecables, siempre hacen lo correcto.  No se quedan con el Audi que les regalan sus amantes si son capaces de dejarlos aunque sean dueños de un holding o una empresa petrolera.  Devuelven alhajas, autos, departamentos, ropa y zapatos.  Son orgullosas e independientes, salen a la calle con una mano atrás y otra adelante y en cinco segundos tienen trabajo en algún alto cargo dentro de un hospital, editorial, diario o programa de tv.  Son buenas madres, entregadas de lleno a la crianza de sus retoños y si la vida de los mismos está en peligro son capaces de vender los riñones en el mercado negro o acostarse con sus jefes para salvarlos.  Adoptan niños en peligro, son capaces de parir sin anestesia y encima luchan por los derechos de la mujer.
- Son cuasi vírgenes hasta que se encuentran con el prota, que con paciencia y un cursito intensivo del kamasutra las convierten en eximias amantes con un apetito sexual digno de una ninfómana.  Están siempre dispuestas, nunca les duele la cabeza y son adictas a las mamadas por el puro placer de verles la cara de felicidad a ellos.
 
 
 
Si los héroes y heroínas de tus libros se parecen un poco a lo que describí estás enfrentando una auténtica utopía literaria.  Te compadezco, seguro que estás enredada en alguna novela, como yo, en el medio del Congo, enamorada de un mercenario millonario hijo de un príncipe saudí con ojos verde jade y cuerpazo para el infarto.  Mis condolencias...estás en el horno como yo.
 
Un par de escenitas valen más que mil palabras, está en inglés pero no hace falta saber lo que dicen para saber lo que están haciendo:
 
 
 

domingo, 25 de julio de 2010

HOMBRES CON MOCHILA

Cuando ellos tienen más rollos que nosotras



Cualquier mujer de más de treinta, soltera o divorciada, sabrá entender. Cuando una está embarcada en la titánica tarea de agenciarse un señor que la acompañe al cine, la lleve a comer a la luz de las velas, le de una alegría de vez en cuando…y si da, se convierta en su pareja; la misma ha de toparse con algunos especímenes francamente aterradores.

La sabiduría popular pregona que somos nosotras las complicadas, retorcidas, resentidas y desesperadas damiselas en busca de un señor de cuenta bancaria abultada que nos mantenga; pero en mi derrotero amoroso he podido comprobar que ellos están más desesperados y locos que nosotras.


Analicemos paso por paso.

Lo primero que hace una mujer cuando se separa es correr lejos de cualquier cosa que se asemeje un poco a lo que ha sabido sacarse de encima. Es por esto que en los primeros seis meses de soltería, la sola idea de tener que compartir una mesa con un señor que no sea su padre o su tío puede llegar a ser un flagelo.

Luego llega el período de sanación, en el cual uno llega a la conclusión de que no son todos iguales y quizás haya uno escondido, a la altura de las necesidades de una, detrás de algún arbusto, barra de bar o perfil de Internet.

Entonces comienza el “casting de chongos”. En este particular período, mujeres que ya no tienen ganas de jugar a la quinceañera y emborracharse en los bares esperando a “Prince Charming”, se entregan al juego del chat por todas las redes sociales habidas y por haber. Alentadas y enredadas por las historias de amor en la Web, nos dedicamos a hacer citas con ignotos señores cuyas pretensiones merecen un capítulo aparte.


Las pretensiones de ellos:

Físico esbelto

Entre 1.60 y 1.70 mts. de altura

Ojos azules o verdes (verdaderos, las de lentes de contacto abstenerse)

Universitaria, doctorada y con mucho tiempo libre para dedicarme

Responderé a perfiles con foto únicamente

Que sea femenina, sensual, conversadora, alegre, dócil (y que sepa lavar y cocinar)

Que no traiga mochilas ni rollos (si es posible que no traiga pasado ni historia y que sea virgen)

Y aquí es donde voy a detenerme. Se supone que una no debe demostrar atisbo de una vida anterior a la que estamos a punto de comenzar (eso si no te avivás de que tengo el pelo teñido, las lentes de color, extensiones capilares, tetas de plástico, una faja aplana vientres y tacos de 20 cms.). El señor en cuestión pretende una muñeca inflable con pulso, independiente, que labure pero tenga mucho tiempo libre, que no pida plata y se deje fornicar sin pedir nada más que una cena a cambio.


Bueno, el trato no está nada mal. Un polvo por una cena y todos contentos. Pero hete aquí que nada es tan fácil como parece. Con el corazón en la mano, latiendo a un ritmo ensordecedor, nos preparamos para el fiasco de la década. Caminando despacito, metiendo panza y alerta a todos los posibles peligros que amigas y familiares nos han explicitado; nos encontramos con el susodicho. El susodicho, dista mucho de un George Clooney o un Brad Pitt, pretende una Angelina Jolie pero se parece a Pavarotti sin talento y sin tintura. Primera pista de que todo anda mal. El Señor tiene muuuchos más que 45. Pesa dos tercios más de lo que me imaginaba, pero me comenta fascinado que está contento de no llevarse el chasco de la última vez que invitó a salir a alguien por Chat. Entonces me cuenta la historia de una elefanta que se baja de una rural en una estación de servicio y él mismo importunando a dicha criatura porque había puesto una foto de ella de cuando pesaba la mitad. El que habla, un señor entrado en carnes y con un voluminoso abdomen está convencido de que tiene derecho a pedir algo diferente de lo que él ostenta ser. O no tiene espejos en la casa. Una de dos.


Luego, asisto a un extenso monólogo de un egocentrismo sin límites en la historia del ego. El es el personaje principal de todas sus historias. Un winner, un gentleman, un experto en lo que hace, un “womanizer”, el mejor padre del universo, excelente cocinero, conductor avezado, excelente bailarín y bla bla bla.

Como si esto fuera poco, no me deja meter bocado en lo que dice; me aclara que no le interesan las minas que arrastran pesadas mochilas de su pasado. Bueno, parece que nos vamos a salvar de escuchar la historia de tu ex. Ni a palos. Ni en mis mejores sueños.


Ahí arremete con la ex. Que es esquizofrénica entonces él, que es tan bueno y generoso, le pone el dinero en una cuenta para que ella no se lo gaste. Pero ella decide irse en un crucero por las Bahamas con las amigas con la guita (el sudor de su frente). Mi mente imagina rápidamente a una mujer con chaleco de fuerza en un cuarto acolchonado pidiendo permiso para tramitar el pasaporte. Logro colar una preguntita “pero…ella no está internada, no es una patología peligrosa la esquizofrenia?”

No contesta, solo me comenta que cuando convivían no paraba de gritar y pegarles a los chicos. Eso mientras se auto succiona el resto de lechuga de entre los dientes haciendo un ruidito “shrrrrri-shrrrrik” Al borde del horror y el vómito ideo una estrategia para escapar. Comprobando que los baños no tienen salida al exterior, vuelvo a la mesa preparada para escuchar el resto del relato. Dos horas ininterrumpidas de resentimiento y odio hacia la madre de sus hijos. Con la cabeza en la mano y la materia gris color morado, le bostezo en la cara en franca actitud de ME QUIERO IR A LA MIERDA.


No hay registro de mi pudrición, el tipo sigue quejándose. Esta vez arremete con la suegra, la cuñada, los hermanos, el socio, la mascota, la madre y el novio de la hija. Como un personaje salido de una peli de Tim Burton, lo imagino cual hiedra venenosa color negro que intenta subir desde mis tobillos hacia mi cabeza. Por fin pide la cuenta, se lo nota cansado; se ve que tanta mala leche tiene correlato corporal…a Dios gracias!


Así nos dirigimos al estacionamiento. Agradecida de tener mi propia nave esperándome a unos metros, le agradezco la gentileza de la cena y su amena compañía.

Me subo al auto, prendo la radio y el primer tema que engancho…a modo de alegoría es: SUICIDE BLONDE!


Consejos para el chat-dating

Incluír en las pretensiones:

No contestaré a perfiles sin fotos ACTUALES

Se busca señor sin rollos corporales ni familiares

Mochileros: ni lo intenten

Si me vas a hablar de tu ex, ni te molestes

Constipados, melodramáticos, histéricos, afligidos, compungidos, amargados, resentidos, rencorosos, alérgicos, llorones, abúlicos, gruñones, caracúlicos…abstenerse.



martes, 1 de septiembre de 2009

EL HÉCTOR






Decálogo de un arrastrado

A Dios gracias son la excepción que confirma la regla, y la regla es que son muchos más los que valen la pena. Pero existe un puñado de hombres a los que se puede encontrar en los cumpleaños familiares, en las oficinas, en la vía pública y hasta en las reuniones de padres del colegio de tus hijos; que avergüenzan al género alimentando el desprecio de quienes los observamos reptar con total impunidad por la vida.
El personaje que nos ocupa hoy, un tío libidinoso, egoísta, pollerudo y mezquino; logró reunir en un solo envase, las diez cualidades más deleznables que caracterizan a un hombre detestable. En resumidas cuentas, el las tenía todas (había tachado hasta la generala doble) es por eso que lo uso como caso icónico, estoy convencida de que no existe otro que haya logrado hasta el momento superarlo en defectos (aunque se me ocurre media decena de nombres que le pisan los talones).

Aquí va pues, el decálogo del “Héctor” (nombre que utilizaré para designar a todos los sujetos de idéntica indigna calaña):

El “Héctor” siempre antepone sus deseos más básicos antes que los de su familia, incluida su propia madre, siendo la gula su pecado favorito. Son los que se sientan durante un asado con la botella del mejor vino (que algún otro invitado ha llevado) a dos centímetros de su propio plato y otro vino (de cajita o bien barato) al costado de su copa. Siempre llenarán su copa con el vino bueno y ofrecerán el barato a los demás comensales. Son aquellos a los que se los puede ver al costado de la parrilla, como aves de rapiña, esperando quedarse con el mejor pedazo de carne; y al ser encomendados con la tarea de llevarles las hamburguesas a los niños engullirán dos juntas en el camino (fuente en mano) dejando a dos criaturas sin alimento. Son los que llevan una bandejita de masas minúscula a un evento, y si pueden, evitarán bajarla del auto en la confusión de paquetes. Son los que rara vez aportan algo de su propio peculio pero los primeros en alzar la mano para llevarse una fuente con sobras cuando la anfitriona arma paquetitos para sus visitas. Son los que fagocitan, no comen; los que no pueden mantener una conversación porque la atención va directamente a los platos que ven pasar o a la fuente que acaba de aterrizar en la mesa. Son los que les comen los M&M a las tortas, el caramelo al flan, el culito al pan, el relleno a los merengues y las cerezas a las ensaladas de frutas. Son los que llevan la botella de champagne y si ésta no ha sido abierta la cargan de vuelta en el auto. En las oficinas, son los ratones que jamás compran una docena de facturas pero huelen el alimento a distancia llevándose de a dos juntas sin fijarse si la propia angurria dejará a algún compañero con las manos vacías. Estos especímenes se tiran de cabeza en una caja de bombones para encontrar los rellenos de dulce de leche primero, llevándoselos de a cuatro juntos. Harán lo propio con los mejores útiles de oficina y con cualquier objeto al que le asignen algún valor.
Como padres son capaces de competir con su propia cría por un cuarto de helado o el control remoto de la televisión.

El Héctor es egoísta por naturaleza. En la casa de fin de semana o chalet de vacaciones acapararán subrepticiamente todos los espirales para combatir a los mosquitos (auto-intoxicándose en una nube de repelente) y todos los ventiladores disponibles. Son capaces de hacer saltar la térmica de la casa recargando la línea para enchufar todo lo que encontraron para combatir el calor y los mosquitos. Jamás prestarán el auto, ni ayuda para preparar una comida familiar, pero serán los primeros en sentarse a la mesa en el mejor lugar disponible. La mejor cama, el mejor colchón, la mejor reposera; la avidez y desesperación por agenciarse los placeres antes que el resto es una característica que los destaca.

El Héctor es amarrete. No se le cae una moneda ni que lo den vuelta y sacudan patas para arriba. En las oficinas es el que siempre tiene una excusa para no aportar en los cumpleaños porque no se banca a tal o cual. Es el que compra el florerito coreano de dos pesos con cincuenta para el amigo invisible mientras que el resto regala objetos decentes. Es el que hace como que va a pagar llevándose la mano al bolsillo pero jamás pela la billetera. Es el que cae en las cenas a las que no ha sido invitado y justo se levanta al baño cuando traen la cuenta. Es el que jamás tiene cambio, el que te dice “mañana te pago” pero no te paga ni con una Luger en el parietal izquierdo. Es el que siempre se guarda el vuelto, nunca tiene monedas y firma la tarjeta de cumpleaños aunque no haya invertido un cobre para el regalo comunitario. Es el que le cobra la jubilación a los padres y se queda con tres cuartos con la excusa de administrarles el dinero, cagándolos de hambre porque usa el dinero para comprarse el plasma que tanta falta le hacía. Es el que se cuelga del cable, le roba el diario al vecino y se adelanta en la fila del cine o el teatro.

El Héctor es lascivo y desagradable. Es el que cuenta chistes groseros en el cumpleaños de seis años de la sobrina. Es el que le tira indirectas bien directas a la novia del sobrino en medio del almuerzo de Pascuas. Es el que le mira las tetas a las novias de los hijos. Es el que tira tiros en todas partes sin discriminar lugares ni edades. Es el que manosea a la empleada doméstica, la compañera de laburo, la cajera del supermercado y la china de la tintorería. No puede mantener una conversación porque su atención siempre está puesta en el culo de las mujeres que pasan por su lado.

El Héctor es fanfarrón. Estos aparatos son pavos reales que viven chapeando sobre sus supuestos logros (digo supuestos porque en la mayoría de los casos se refieren a productos de su imaginación más que a situaciones concretas). Les gusta hablar sobre sus conexiones con gente de la política o la farándula, siempre conocen a algún personaje que ha sido mencionado en una conversación social. O viajaron en el mismo avión, o se pelearon por un diario en el lobby de un hotel o mearon en el mismo mingitorio. El último negocio que cerraron fue un boom, el último auto que compraron lo consiguieron a precio de costo y el maitre del restaurant de moda los llama por su nombre de pila.

El Héctor es un simulador. Nunca conocerás la verdadera cara de estos personajes. Fingen todo el tiempo. Hasta la risa es actuada. Se inventan una posición económica y terminan creyéndosela al punto de endeudarse para salir de vacaciones con gente de un nivel socio-económico más encumbrado. Se inventan una profesión y así se presentan frente a quienes no los conocen. Se hacen llamar “doctor” o “licenciado” aunque jamás hayan pisado la Universidad. Simulan estar felices aunque por adentro se estén muriendo de la bronca por el ascenso del compañero, simulan que están enamoradísimos de sus mujeres aunque no las soporten (sobretodo delante del suegro, cuando están pidiéndole un préstamo para el nuevo super-negocio que se les acaba de ocurrir).

El Héctor es mentiroso. Mienten compulsivamente. Siempre para beneficio propio. Si se mandan una cagada, la culpa la tuvo aquel ignorante compañero que no puede defenderse porque está al teléfono. Les mienten a sus acreedores, les mienten a sus mujeres, les mienten a sus Jefes y hasta a sus padres. Mienten descaradamente, con una sonrisa plástica en la cara, como si el tamaño de la ofensa tuviera la inocencia de una picardía infantil. Si son descubiertos lo negarán hasta el cansancio e inventarán excusas increíbles para sostener la historia.

El Héctor es cagón. Son los primeros en huír de una escena de peligro usando a sus cónyuges de escudo humano para zafar en un tiroteo. En una pelotera familiar, son los que se van al mazo cuando las papas arden, incapaces de sostener una idea si alguien de mayor poder los enfrenta. Son los que pinchan un neumático y la esposa es la que termina tirada en el piso, llave cruz en mano. Son los que jetonean a un policía pero se fruncen si la cosa se pone densa, echándole la culpa a quien tengan al lado por el desacato o el insulto proferido a distancia. Son los que acusan pero ante la menor contienda argumentan haber sido malinterpretados. Son los primeros en subirse al bote salvavidas o encontrar la salida de incendios.

El Héctor es pésimo padre. No acompaña a su cría, compite con ella. Eso cuando la cría tiene edad de entender. Antes no les dan bola porque se cagan, lloran y eructan; cosa que no les atrae demasiado a estos “bon vivants”. No tienen buena relación con los infantes de la familia. Son los que vuelcan la ballena flotadora en la pileta ahogando a los tres pendejos que iban encima. Son los que juegan al futbol y terminan fisurando a todos los pibes de cinco años a puro tacle y patada en los tobillos. Son los que se ofenden si el hijo les gana a la Playstation y resetean el juego porque no pueden soportarlo. Son los que levantan al del cumpleaños del cogote imitando a algún mago de la tele, ante la mirada estupefacta de toda la familia porque el chico está cianótico y patalea por falta de oxígeno.

El Héctor es el hazmerreír de todos los eventos. Inconscientes e ignorantes de su propia estupidez, más de una vez se ríen a carcajadas de una broma que los tiene como protagonistas. Como la cabeza no les da y denotan una infinita incapacidad de leer entre líneas, son cuereados por los amigos adolescentes de sus hijos y sobrinos, que le llenan la copa en todos los cumpleaños para divertirse a sus expensas a medida que se van alcoholizando. Están convencidos de que son el centro de las reuniones, hablan fuerte, se ríen con sonoras carcajadas y cuentan anécdotas fuera de lugar avergonzando a sus familiares directos.

¿Conoce algún ejemplar con alguna de estas características? Estoy segura que si, yo conocí a uno que las reunía todas. Hace diez años que no lo veo y todavía repica en mi cráneo esa estúpida risa pegajosa y esa mirada babosa que lo caracterizaba. Ah, el pendejo ahorcado fue mi propio hijo.
Cualquier similitud con la realidad fue absolutamente premeditada.

domingo, 21 de junio de 2009

SUEGRITAS QUERIDAS



Dedicado a la nuera de una auténtica “zorrosuegra” (término acuñado por ella misma)

Las suegras vienen con los hijos no huérfanos de los novios que supimos conseguir con ardoroso esfuerzo. Mientras salimos con ellos y no se vislumbra un proyecto matrimonial en el amoroso porvenir de la parejita en cuestión, estas señoras suelen permanecer en un estado de latencia que no nos despierta ninguna sospecha. Hasta llegan a parecernos encantadoras, encantadoras como una cobra que todavía no ha asomado la cabeza del canasto (y no es porque no hayamos tocado la flauta lo suficiente, créanme). El tiempo de noviazgo debería alertarnos porque pocas suegras pueden mantener el personaje de tiernas mamitas conciliadoras y protectoras. Algunas muestran los dientes como el perro al que le estás por afanar el hueso, ante la detección de una caricia (de sus hijos hacia nosotras) o un proyecto de paseo que no las incluye. Pero la mayoría guarda cierta compostura porque de boludas no tienen un pelo y se percatan enseguidita de que el nene se alejará del hogar materno si la novia se les monta en un huevo. Algunas llegarán al extremo de pasarse de mambo y deshacerse en atenciones y regalos con la secreta esperanza de que el hijo pródigo se de cuenta a tiempo que es mejor estar solito que mal acompañado (y si es en casa de mamita mucho mejor).
El problema arrecia cuando se enteran de que la nenita inofensiva, que saltaba de la silla para secarle los platos o simplemente sentarse el domingo entero a mirar películas del año del pedo haciéndoles compañía mientras el hijo “descansaba”; se convertirá en la nuera encargada de alimentar y vestir al que hasta ayer era “el amor de sus vidas”.
Cuando se habla de guerra fría, deberían referirse a este tipo de reyertas que se dan lugar entre suegras y nueras. Hago esta distinción porque la relación entre suegras y yernos suele ser mucho más frontal y encarnizada.
La cosa comienza despacito y mucho antes de que la nuera tenga registro de que está siendo objeto de una campaña de desprestigio que tiene por objeto dejarla como una inservible incapaz de llevar adelante un hogar (y mucho menos criar a la prole que las sucederá). Como en una obertura de Verdi, la tensión y la magnitud de los conflictos van “in crescendo”, sumando roces y disputas de la misma manera que se agregan trompetas y violines al final de la partitura.

Ojo, como toda regla, hay excepciones que la confirman (algunas son rescatables, hasta amigables me animaría a decir). Pero a la gran mayoría les cabe el término creado por mi entrañable amiguita madrileña: “zorrosuegra”. Ella supo tener un ejemplar digno de llevar ese nombre, por eso, he aquí una lista para detectar a estas señoras (lista que ha sido alimentada por las anécdotas de todas mis amigas que tienen o tuvieron el placer de padecerlas):

COMO DETECTAR A UNA ZORROSUEGRA

Te hace regalos espantosos para tus cumpleaños y navidades tales como: pijamas anti-sexo de franela color gris (pero muy calentitos), impenetrables, cerrados hasta el cuello; pantuflas de las que usan las ancianas en los geriátricos (pero anti-deslizables, Dios no permita que te caigas de culo y te fractures la cadera por culpa de un taquito más sexy); chocolates (que son para él porque vos estás a dieta, y si te los comés mejor, porque engordás y te ponés fea); el collar de porotos pintados del cual se desprenderá con mucho dolor ya que es recuerdo de su viaje a México en el año 1967 (la mitad de los porotos tienen moho pero se supone que lo guardes con mucho ahínco); pantuflas otra vez porque se le olvidó que ya te regaló unas igualitas para la última Navidad (y encima es consecuente con su horroroso gusto: o de toallita color rosita bebé o escocesas color verde loro con moño de raso incluido); bombachas…bah, adminículos dignos de ser usados para construír un ala delta, gigantescos pedazos de algodón color carne que tapan hasta el ombligo pero de marrrca ehhhhh!; la consabida y jamás usada plancha a vapor con la que le estamparías los agujeritos en el cachete izquierdo; la frutera que perteneció a sus abuelas y que te encomiendan con una mueca de dolor esperando que el cristal jamás sufra una fractura (con lo cual terminarás envolviéndola en papel de diario y archivándola en el fondo del placard…veinte años más tarde la dejarás caer con alegría al piso…pero a esas alturas la batalla estará casi ganada…por ellas); un costurero completito para que puedas zurcir las medias y hacer los dobladillos (este es un auto regalo encubierto ya que lo usarán todos los fines de semana para hacer la costura de la casa ya que una es incapaz de dar una puntada decente); camisetas (y dale con el frío); colonias y talcos para que te empolves bien la derriere (así el nene no la encuentra); ollas y sartenes para que lo alimentes bien ya que está un poco desmejorado desde que se casó con vos (en realidad no faltó comida, más bien sobró ejercicio pero la señora no puede pensar en eso o sucumbe a un ataque de celos y taquicardia); un rosario bendito que espera, te colme de dicha (si es que rezás las veinticinco novenas que vienen en el paquete o quién sabe las barbaridades a las que estarás expuesta; el cordón umbilical de sus retoños, envueltito en papel de seda (algunas hasta llegan a regalar sus cálculos biliares o renales); el salero y pimentero con forma de conejito con corazoncitos pintados que vas a esconder de tus visitas porque te da vergüenza ajena; bufandas gigantes de colores horribles, tejidas con lana que pica (supongo que esperan que te ahorques vos misma tratando de arrancártelas para rascarte el cuello); libros de cocina (afrodisíaca never), libros de jardinería, manuales para amas de casa novatas, los Santos Evangelios y “Platero y SHO” (que ya leíste en la Secundaria pero ella no te creyó). Lo más llamativo es la diferencia que hacen con sus propias hijas mujeres, porque abiertamente verbalizan que te adoran y te han adoptado en sus familias como una hija más, sin embargo vos ligás la exprimidora de jugo (manual) y tu cuñada un conjunto de lingerie que te deja boquiabierta. No te engañes, no sos la hija y jamás lo serás.

Otro elemento infalible a la hora de detectarlas es la total ineptitud para destetar a sus cachorros. Adoran ser las que salvan las papas del fuego cuando el crío se les ahoga en un mar de deudas, se enferma, se deprime o no sabe cómo hacer para resolver el problema de plomería que lo aqueja. Entonces se auto convocarán para dar una manito, asegurándose la deuda moral y la posterior culpa (en el caso de que decidas devolverle alguna facturita pendiente). Poco a poco se irán haciendo cargo del hogar de sus hijos, cocinando el pucherito para el nietito, pidiendo la llave del edificio para que la nuerita no baje con los puntos de la cesárea a abrir la puertita (¿no sería mejor quedarse en casita para no molestar?). Es así como allanarán tu hogar con una legión de personas (entre ellos los varones de tu familia política), sin tocar el timbre cosa de encontrarte en paños menores intentando embocar el pezón en la boca de un bebé que no para de berrear. Con una sonrisa ancha te llenarán la heladera con la comidita que le gusta al nene (cosa que no lo descuides mientras atendés al nieto, como si el tipo fuera a morir de inanición porque no pudo levantar el tubo para pedirle una pizza al delivery). Por supuesto, te llenará de consejos que no has pedido y que van en contra de lo que te dicen el sentido común y el Pediatra (inducir el movimiento intestinal del bebé insertándole el tallo del perejil en el ano, por ejemplo). Como Yoda en “Star Wars”, se sentarán en la cabecera de la mesa a contar las peripecias de su propia maternidad y a entregar perlas de sabiduría ancestral tales como “ellos (los bebés), mucho más inteligentes crecerán si la Enciclopedia Británica, al borde de la cuna leerás”. Nunca un juguete por el placer de jugar, todo didáctico y con un propósito bien definido: “este juguete ha sido diseñado para que el bebé ejercite (y se desespere) los piecitos intentando alcanzar las figuritas que penden del trapecio (ver foto)”.

La cualidad que te pone del tomate es esa falsa premisa “lo hago para ayudarte”. La ayuda nunca es gratis y el costo es altísimo. Si te planchan vendrán con cátedra de planchado y powerpoint incluído. Jamás entenderán por que el nieto prefiere la remera medio arrugada pero el adhesivo con la lengua Stone intacto y, si se te ocurriera deslizar el comentario, se ofenderán al punto de sentarse a mirar la televisión apagada hasta que llegue el hijo, las vea y se compadezca de ellas. Utilizarán cualquier recurso para provocar lástima (la tuya pero mucho más la del hijo…que tomará represalias con vos invariablemente). Desde arrastrar la patita (aunque después se jueguen 45 minutos de futbol con los nietos) hasta toses, palpitaciones y demás yerbas (las mismas que pela tu vieja y que ya te conocés al dedillo), cosa de clavar el puñal de la culpa en el lugar más oscuro y perverso de tu psiquis. Si te ofrecen podar el jardín, te convertirán el Rosedal en el desierto de Gobi; si te ofrecen limpiar te pulirán los herrajes del baño hasta carcomerles el cromado, cosa que queden como las canillas del Hospital Veterinario (pero limpitas). Abusarán de la lejía y los desinfectantes como el Fluido Manchester que tanto adoran y con el que seguramente se cepillan los callos plantales y los dientes; olores que dejarán impregnados por semanas obligándote a dormir con las ventanas abiertas en pleno invierno. De a poquito y sutilmente irán tomando posesión de la casa, como en el juego del T.E.G.; por más que llenes el comedor de fichas te la encontrarás sentada en tu lugar, sorbiendo té con leche en tu taza preferida y abriéndole la puerta a tus visitas (el juego termina cuando perdés el último bastión, en este caso el dormitorio, al que invariablemente desembarcará en medio de un strip tease disculpándose porque se equivocó de dormitorio).

“Yo moriré feliz el día que mis hijos sean independientes”. Frase mentirosa como pocas, este postulado, este axioma de fe vomitado infinidad de veces en reuniones familiares; es la prueba más irrefutable de que debajo de esa dulce y modosita señora vive una zorrosuegra capaz de tragarte entera y chuparse los huesitos. No hay nada que les joda más que los hijos ya no las necesiten, sobretodo los varones. Se convertirán en proveedoras absolutas de palabras de aliento, consentimiento tácito a todas las conductas del hijo (aunque estas incluyan montar un laboratorio clandestino de cocaína o deprimirse durante cinco años porque no consiguen trabajo como CEO de una Multinacional con sueldo de cinco cifras en dólares). Estarán ahí, con la aspirina en la yema de los dedos, cada vez que al nene le duela la cabeza. Estarán cuando el adorado retoño se queje de cansancio de tanto trabajar y se desplome en un sillón con cara de enfermo terminal, para compadecerse de ellos como si fueran las únicas personas de este planeta que trabajan. Se tornarán imprescindibles para la supervivencia del hogar del hijo; apareciendo religiosamente a arreglar, financiar, sanar, educar, controlar e imponer las reglas de juego; encorvadas, arrastrando los pies para desplazarse, escondidas detrás de un angelical camisón rosa oliendo siempre a lavanda y lejía.

Lo que seguramente desconocen, es que llega cierto punto en el que el producto de su impoluta educación y quien las acredita como madres modelo, se ha convertido en un ser que queremos devolverle para que se lo quede todito: “Felicitaciones querida suegrita, has logrado tu cometido, acá lo tenés de vuelta como el día en que lo viste nacer. Todo tuyo.”

¿Lo positivo de todo esto?. Nosotras, madres de hijos varones, tenemos la obligación moral de romper el paradigma. ¿Se puede?. No sé, se ve que es difícil porque todas tuvieron suegra, sin embargo casi todas se convierten en el modelito que alguna vez padecieron y que supieron despreciar…OMG!!!

jueves, 5 de marzo de 2009

JAMON DEL MEDIO


O, “te partiría como un queso”
Los hombres son confesos babosos. No tienen problemas en girar el cogote como una lechuza para dejar sus retinas impregnadas con la foto de un buen culo o un escote prominente. No les da vergüenza comentar lo buena que está la fulana que aparece en el “Bailando” ni las cosas que le haría si se le presentara la remotísima posibilidad de tenerla enfrente (y que le de bola, obviamente). Todos le han dedicado un buen automasaje a alguna celebridad “jolivudense”, algunos soñando con hacerle ver la cara a Dios a una inocente Jennifer Aniston o a una tímida Keira Knightley. O tal vez ser complacidos en forma oral por una desfachatadísima Halle Berry. Básicamente, está socialmente aprobado que un hombre verbalice el objeto de sus más oscuros y humanos deseos; cosa que no es tan evidente con el cachondeo femenino.
Las mujeres corremos el riesgo de ser tildadas de “fantasiosas”, “volátiles” e “insatisfechas” si se nos escapa un suspiro mirando a Antonio Banderas, un auténtico jamón del medio, desplomarse desnudo encima de Angelina Jolie o si nos vemos obligadas a abanicarnos las entretelas viendo a “300” espartanos corriendo en taparrabos (tuneados, lubricados y musculosos). Solamente a las adolescentes se les tiene un poco de piedad cuando arman un tumulto frente a un hotel porque Bono se asomó a un balcón o cuando le revolean sus corpiños a Robbie Williams en pleno recital. Es que las hormonas les dan una inmunidad diplomática frente a la sociedad, de la que no gozamos las mayores de veinte (ni que hablar de las que pasamos la barrera de los cuarenta).
Pero permítanme decirles que lo que está oculto, se hace de zurda o no se ve a simple vista; no carece de valor ni veracidad, muy por el contrario existe y es mucho más grande de lo que la población masculina imagina.
Señores muy serios, sentados en sus escritorios o manejando sus autos camino al trabajo no tienen la más remota idea de que sus mujeres se quedan en casa cachondeándose con el DVD de Ocean’s Eleven (y todas sus secuelas) porque los tienen a todos juntos en el mismo disco (Clooney, Andy García, Pitt, Damon, Pacino). Tampoco imaginan que ellas tienen fantasías sexuales iguales o peores con todo el elenco de “Black Hawk Down”, el seleccionado completo de “Los Pumas” y el bañero de Pinamar que las ha dejado en estado de éxtasis total (también desconocen que la tarjeta de memoria de la camarita que fue a la playa volvió con una docena de fotos del macho en cuestión embutido en una mini zunga y corriendo a lo “Baywatch”). Es que sus mujeres son madres, y desde que lo fueron pasaron a la categoría de zombies asexuados que aplastan zapallo para la papilla del bebé, como si el clítoris les hubiera sido amputado en le primer parto. “Mi mujer, jamás”, se rasgarán las vestiduras jurando por la vida del hijo en común, que la fémina que porta su apellido se toca pensando en Adolfito Cambiaso o Leonardo Di Caprio. Desconocen la mayor parte del universo femenino porque ninguna se atrevería a compartir sus aventuras amorosas virtuales (ni que hablar de las reales) con un celoso marido que las mandaría de patitas al Psiquiatra, si supiera la verdad, para que les cure la fiebre uterina con un par de ansiolíticos sublinguales.
Las mujeres sólo comparten esta parte de sus vidas con otras mujeres, y muchas veces anónimamente en Internet…ya sea con un buen nickname en el chat o en los cientos de foros que existen para idolatrar a astros de cine, cantantes, deportistas, rockeros y modelos. Basta con googlear el nombre de “Gerard Butler” o “Chayanne” para que la búsqueda devuelva docenas de sitios de fans donde se pueden encontrar fotos de tan alta resolución que es posible contarles los pelos de la barba, divisar viejas cicatrices o reconocer una pústula de una feroz angina reposando en la amígdala derecha. Las mujeres se explayan a voluntad y con total libertad en estos foros debatiendo sobre el color de los ojos de su ídolo, sus abdominales, las venas de sus manos y el tamaño de sus genitales. Se pueden leer confesiones donde la gran mayoría admite que dejaría todo (el delantal en la cocina, el auto en la cochera, el bebé en la cuna y al marido en la oficina) para irse detrás de estos galanes en una tierna escena al más puro estilo “An officer and a Gentleman” (cuando él la rescata de la oprobiosa rutina de obrera de fábrica, todo uniformado de blanco). Eso en el supuesto caso de que el tipo leyera los ciento cincuenta posts que la señora ha dejado en el sub-foro que reza “cartas a Gerry” (donde le suplica que le haga un hijo…aunque esté más interesada en el proyecto que en el producto). Mujeres que le donarían dinero para una causa noble, a cambio de una foto autografiada y hasta un riñón si el tipo llegara a necesitar recambio. Pero no nos engañemos, ninguna lo quiere de amigo…todas lo quieren partir como un queso. Cosa que los incautos maridos y novios desconocen ya que esa faceta oculta de sus parejas transcurre en un submundo al cual no han sido invitados.
No solo de fotos y películas se alimenta este grupo de mujeres. Muchas recurren a literatura romántica y erótico-festiva (como mis amigas han dado en llamar a esos novelones de vampiros y highlanders dotados de físicos privilegiados y la libido de un contingente de marineros rusos después de tres meses en altamar). Estos personajes suelen ser la sumatoria de los deseos ocultos de cuanta mujer con un dosaje normal de estrógenos en sangre exista sobre el planeta. Sus creadores son precisamente mujeres, quién si no ellas para dibujar en nuestras mentes el ser al que todas querríamos tener al lado (o encima)? Estos libros se venden como pan caliente, se difunden en innumerables foros por Internet y se están comenzando a utilizar como guiones para películas. Evidentemente las editoriales han hecho estudios de marketing y se han dado cuenta que las mujeres tienen sangre en las venas y ganas de autogestionarse una alegría igual que cualquier hombre.
Lo que más gracia me causa es que muchos se palmearán la cara después de afeitarse, pavoneándose frente al espejo por la performance de la noche anterior, cuando en realidad el auténtico dueño de los jadeos de sus esposas es algún vampiro salido de una novela (y que fueron vilmente utilizados para prestarle su humanidad a un ser de ficción). Que no es ni más ni menos que lo que ellos hacen cuando cierran los ojos y alucinan con Araceli González o Salma Hayek en pleno revolcón.
Así que al final no somos tan diferentes, sólo nos separa la anuencia social que tienen algunos para manotear aquello que los haga felices sin tener que esconder la mano o compartirlo con su querido diario íntimo.

Mensaje para novios/maridos/amantes: Sus mujeres no son lo que parecen. Tienen un arsenal de películas y libros guardados. Un par de revistas con fotos de tíos en cueros en la mesa de luz, algún juguete sexual en el cajón de la ropa interior y muchísima…pero muchísima imaginación.