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jueves, 6 de septiembre de 2018

NETFLIXEAR




Netflixear: Del inglés "net" (red), flick/flix (película). Dícese del verbo que refiere a consumir contenidos cinematográficos en línea "online". 


Conjugación:
Yo netflixeo
Tú netflixeas
Él netflixea
Nosotros netflixeamos
Vosotros netflixeais
Ellos netflixean



Esta actividad que ya califica como deporte de alto riesgo, se ha convertido con el correr de los años, en el principal entretenimiento de la gente de este planeta.  Porqué digo de alto riesgo?  Bueno, riesgo de perder la vista, perder el trabajo, perder el punto de vista sobre la realidad que te rodea, perder el colectivo, perder a tu progenie en tu propia casa, la salud, la silueta, la dignidad, el estilo, el tiempo y también el dinero. 

Vengan de a todos que los atiendo sin problemas.  Habla la fan número uno de este deporte.  Adicta mal a este demonio rojo que vive en mi celular, en mi tablet, en mi notebook, en la play y en la tele; me he auto notificado sobre el nivel de destrucción que implica este instrumento videotizador de última generación.  Y amo cada segundo de película y/o serie consumido y a consumir (porque no pienso dejar, o más bien, pienso dejar que me aniquile de a poco).  Lo amo, como el adicto a las drogas duras que lame la mesa  para succionar hasta la última partícula del polvo que lo está liquidando.

Porqué califica como deporte?  Porque es una inactividad que debería ser considerada en las Olimpíadas ya que requiere horas y horas de práctica para manejarse como pez en el agua.  Existen quienes han gobernado esta rastrera actividad al punto de engullir una temporada completa de veinte capítulos de sesenta minutos en tres días (trabajando, trasladándose, alimentándose y hasta comunicándose con el exterior).  Una auténtica proeza, si eso no es un deporte, entonces el ajedrez tampoco.  Hay que ser muy hábil , un completo estratega, para comenzar una serie vaciando la vejiga a las 7 de la mañana, continuarla preparando el desayuno, clavarse quince minutitos extra en el subterráneo, diez a escondidas entre mail y llamado telefónico en la oficina y uno completo en un comedor donde otros ocho zombies netflixeros de pura cepa miran una pantallita sutilmente apoyada en un tupperware con los auriculares incrustados en el pabellón auricular y la mente perdida en el Madrid de los años 60. 

He hablado con gente que me ha confesado haberse sentado en el water a las cuatro de la mañana y quedarse hasta que sonó el despertador liquidando la última temporada de su serie favorita (el tema fue levantarse y caminar hasta la ducha con las piernas entumecidas y los pies congelados).  Esa gente que se aguanta toda una jornada laboral disfrazando bostezos de hipopótamo con toses actuadas dignas de una Norma Aleandro sobre las tablas, merece un premio o mínimamente una medalla.  Esa gente que uno ve con empatía detrás de una pantallita diminuta sonriendo embobada como niño de cuatro años delante de una bolsa de caramelos en los consultorios médicos, oficinas, comercios y en la fila del supermercado.  Es una tarea titánica y riesgosa.  Aprovechar esos cinco minutos de gloria para apoyar el celular delante de la pc del trabajo para ver qué le contestó Meredith al Dr. Hunt o si Jonás se va a animar a confesarle su amor a Marie.  Cómo no vas a perdonar a la secretaria que te está atendiendo en el consultorio médico si tres veces escribió Macarena Ferreiro en lugar de tu nombre en la prescripción del tranquilizante que necesitás, para dormir a la noche, porque el stress de vivir al borde del abismo existencial que te genera encontrar otra serie que esté a la altura de la última que viste te puede matar...literalmente?.

La famosa maratón NETFLIX




La adicción en su máxima expresión es la maratón.  Esta es la fase más rubicunda de la enfermedad, sin lugar a dudas.  
Receta para una maratón suicida de Netflix:


  • Tomar la temporada completa como a un toro por las astas.  Sin miedo y sin asco.  No dejes para el lunes lo que puedes hacer las 48 horas del fin de semana!
  • Si no estuviese lloviendo a cántaros, oscurecer todos los ambientes de la casa para recrear el efecto cine y/o "no me queda otra que encallar en el sillón porque no puedo salir con esta tormenta". El sentimiento de culpa que pudiera existir (si todavía existiera) desaparece automáticamente con este truco.
  • Silenciar todos los grupos de whatsapp y alertar en las redes sociales lo que uno está haciendo (no hay nada mejor que la empatía de otros adictos del otro lado del universo virtual).
  • Asegurarse de tener óptima velocidad de internet o, si uno es una bestia previsora, haber descargado la temporada completa al celular.  De esta manera se podrá netflixear sin problemas con un adaptador Chromecast o bien (y esto es lo mejor) directamente en el celular en un eventual hijoputesco corte de luz.  
  • Existen dos tipos de vestimenta para la maratón, siendo imprescindible que la misma sea tan cómoda como estar en pelotas.  Se sugiere continuar el día con la ropa de cama (pyjama, camisón, remera vieja) o bien mutar hacia un buen disfraz de indigente (calza o jogging del año 1988 con manchas de pintura y cloro, camiseta XXXL, poncho o abrigo que no apriete y dependiendo de la estación del año ojotas, chancletas, crocs u horribles pantuflas).
  • La manta: En invierno será sumamente necesario encontrar una manta que nos sirva de "cocoon" o capullo, para enroscarnos con o sin la ayuda de un partenaire (otro enfermo como nosotros).  De no contar con ayuda, se sugiere tomar una punta de la manta con los dientes y la otra punta con el brazo girando en eje hasta quedar envuelto para regalo.
  • En plan de interrumpir la transmisión lo menos posible, se puede suspender la ingesta de bebidas y alimentos al mínimo indispensable.  De todas formas, hay adictos que alinean sobre la mesa de café todos los elementos que van a necesitar durante la maratón (bebida, chocolates, sopas en sobre, saquitos de té, termos con agua caliente o gaseosas, golosinas, emparedados y cualquier otro alimento sólido que no precise más que hacerlo llegar a la boca).  En esta línea de planeamiento podemos agregar los controles remotos varios, los anteojos, pañuelos descartables, alcohol en gel y del que se toma con nachos, el teléfono celular con su correspondiente batería externa debidamente silenciado y un par de imanes del delivery por si antojara una pizza en mitad de la maratón).
  • En caso de evacuación de vejiga y/o intestinos, se aconseja utilizar el baño más próximo sacando del paso todo mueble, adorno o artículo que pudiera interponerse en la carrera al water.  Evitaremos derrames indeseados además de edemas y moretones al tropezar con una bicicleta fija o una maldita silla.  Salve un perro, sáquelo del paso.  Póngalo a resguardo y llene su comedero y bebedero para dos días.  No se incluyen los gatos ya que ellos se encargarán de si mismos, mejor que usted.
  • Plan B: Si la serie elegida fuera una primera temporada, y no gustara del todo o no se ajustara al género que se desea consumir (drama, acción, comedia, etc.); se deberá contar con una alternativa testeada previamente para no caer en una depresión por deprivación.
  • Sueño: Si llegara a suceder, lo ideal es tener un socio adicto que le incruste un codo entre la tercera y cuarta costilla, a fin de retroceder la cantidad de escenas perdidas además de ingerir dos tazas de café negro nivel petróleo.  


He aquí una lista de series altamente recomendables para maratones netflixeanas:

  • Breaking Bad
  • Grand Hotel
  • Marginal
  • Sherlock
  • Velvet
  • Outlander
  • El Ministerio del tiempo
  • Velvet Colección
  • The affair
  • El tiempo entre costuras
  • Homeland
  • House of cards
  • Sense 8
  • Vis a Vis
  • Las chicas del cable
  • Merlí
  • La Catedral del mar
  • Grey's Anatomy
  • The Fall
  • The Crown
  • Rita
  • Vikingos
  • The Good Wife
  • Mad Men
  • La casa de Papel
  • Le chalet
  • Black Mirror
  • Stranger Things
  • Fariña
  • El Barco
  • Mar de plástico
  • Call de midwife



Se aceptan recomendaciones.

Saludos a todos los zombies que puedan leer esto (si tienen tiempo). JA

domingo, 20 de marzo de 2016



AMORES PLATÓNICO-CINEMATOGRÁFICOS

Esa fijación con una estrella de cine que todas padecemos

En la peli "La Rosa Púrpura del Cairo", la protagonista se sienta a babearse en el cine mirando a su actor favorito, deseando que el tipo salga de la pantalla y la lleve a vivir una vida de ensueño. Cansada de su oprobiosa y rutinaria vida, desea con tanto ahínco conocer a la estrella de la que está enamorada, que gracias a la loca mente de Woody Allen, el tipo sale de la pantalla y la lleva a vivir una loca aventura.
Esta mujer agobiada por los problemas cotidianos tiene fantasías con un tipo al que nunca ha visto ni olido en su vida.  Es por obra y gracia del séptimo arte, que la mujer queda anonadada cada vez que se sienta en la butaca del cine a adorar a este personaje de ficción, que probablemente no tenga ninguna de las cualidades que ella imagina.  Sin embargo el amor es tan real que lo puede sentir en el pecho (en forma de taquicardia), en su mente (porque lo ama al punto de desearle el bien) y en su pubis (se le caen los calzones cada vez que aparece en escena).
El talento de Allen radica en haber descubierto que toda mujer sueña en algún momento de su vida con un actor de cine (o varios).

La realidad dice que las mujeres  heterosexuales soñamos despiertas y dormidas con un promedio de ocho a ochenta estrellas de cine por vida, siendo algunas, particularmente fieles a un sólo actor que nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida (con sus idas y venidas).
Supongo que con la primera dosis de hormonas femeninas en sangre de la pubertad, comienza nuestro interés en el sexo opuesto, siendo los actores de cine y televisión los que atrapan nuestra atención (más allá del interés en algún sujeto real de carne y hueso). En mi caso fueron varios policías, vaqueros y ladrones de televisión los que llamaron mi atención al punto tal de sacarle fotos a la pantalla, gastar un dineral en revistas o pedirle prestadas al kiosquero las publicaciones que no podía pagar para sacarle fotocopias a la foto del objeto de mi febril deseo adolescente.  En la volteada caían los músicos de la época y algún que otro deportista... o la selección de futbol completa de mi país.
No recuerdo en qué momento, pero mi primer gran amor cinematográfico fué Mel Gibson, que suplantó a Bruce Willis solamente porque éste último se había casado y la imágen de una embarasadísima Demi Moore en la revista "Vanity Fair" destrozó esa relación amorosa unilateral.  Mel Gibson también estaba casado cuando me picó el bicho, pero tenía como siete hijos y asumí que la mujer podría cedérmelo tranquilamente después de haber gozado hasta el hartazgo de ese muñeco australiano de ojos celestes como el mar y una sonrisa para incinerar bragas.  El amor duró tanto que llegué a comprar un libro de tapas duras con su biografía ilustrada con generosas fotos diseñadas para el  inmediato espasmo uterino.  Como todo amor no correspondido, la llama se fue apagando de a poco.  Donde hubo fuego, no quedaron ni las cenizas, sólo el libro en la biblioteca, los videos fueron a parar a la basura cuando digitalicé los VHS.

Si esta fascinación idiota explota con la adolescencia, con un matrimonio de años recrudece en forma violenta.  En mi caso, luego de un par de relaciones platónicas ocasionales con Andy García y George Clooney, caí en las redes de Russell Crowe.  No ví Gladiador en el cine, menos mal porque hubiera sido un papelón descomunal.  La alquilé y me encandilé.  No hubo peli ni foto que no hubiera enterrado sigilosamente en el cajón de la ropa interior (en forma de diskette o VHS).  Descosí internet buscando información precisa sobre el nuevo amor platónico de mi vida. Me sabía los nombres de toda la familia, tenía la dirección exacta de su casa, y de haber sido monetariamente posible lo hubiera "stalkeado" sin vergüenza.  La pasión se golpeó fríamente con la realidad de un tipo que en el 2003 se casaba con su novia de toda la vida y le fabricaba dos hijos en tres años.  Tuve que mudar mis pasiones hacia otros horizontes, de Australia me fui a Escocia y me agencié un Gerard Butler.  A éste lo conocí cuando ni la madre sabía que era famoso.  Fue por una película chiquita llamada "Dear Frankie" donde existe solamente un beso contra una pared propinado por un tipazo altísimo con un vozarrón increíble y una cara que quita el aliento,  Ya estábamos en el año 2006 o 2007 y la tecnología me permitió almacenar cantidades industriales de fotos HD que admitían, gracias a la lupita, contarle los tonos de color de la pupila de los ojos al escocés que me tuvo al borde del incendio forestal del bajo vientre.  Era tanto el amor, que pude establecer vínculos de amistad con mujeres argentinas y españolas gracias a la web oficial de fans del actor (a la que apodamos "Mothership").  Tuvimos que escribir con faltas de ortografía para poder puentear la censura de las administradoras norteamericanas, que utilizaban traductores on line para entender nuestros posteos donde hablábamos abiertamente sobre la generosa anatomía del escocés y urdíamos intrincados planes para secuestrarlo (esto estaba absolutamente prohibido por las americanas, que luego descubrimos, violentando sus photobuckets, se sacaban fotos con gigantografías del actor en situaciones francamente embarazosas o bañándose en un jacuzzi con el muñeco del Rey Leónidas de la peli "300").  Pasamos a auto-denominarnos "zuziaz" y algunas miembros de este dilecto grupo tuvieron la oportunidad de verlo en persona o hablar por teléfono con él.  El amor era tan grande que dos amigas españolas cruzaron el charco para una reunión en su honor donde hubo hasta un derrame de secreciones en grupo en el cine IMAX, mirando la peli "300" por enésima vez.  Nos juntábamos a tomar café y hablar sobre nuestra suegra Margaret, mirando en el Google Earth la casa del actor en Paisley.  "Es un buen chico, quiero que le vaya bien", era una frase que se escuchaba muy seguido, en ese abril del 2007.
Como toda pasión febril, tiene un pico y luego comienza a decaer.  Lo mío se fué apagando, pero nunca perdí de vista a la bestia Crowe (apodado así por su físico, su voz y por su fama de pocas pulgas).  Estaba enferma de celos pero de tanto en tanto lo googleaba para verlo jugar en el parque con sus dos retoños, deseando haber sido el receptáculo de su esplendorosa semilla. 

Pasado un tiempo, el amor platónico cinematográfico fue involucionando en una larga lista de relaciones cinematográficas promiscuas con todo aquel actor de ojos incandescentes, voz aterciopelada, estampa portentosa; que interpretara a algún pirata, detective, vampiro, caballero de la Inglaterra del siglo X al XVIII, médico, highlander de las tierras altas de Escocia, vaquero, astronauta, piloto o simplemente el soldado que enamora a la chica pudiente cuando vuelve de la guerra.
Así fué como armé y muchas de mis amigas armaron su harem privado.  Por esos catálogos privados han desfilado hombres como Ewan Mc Gregor o Clive Owen.  Ingleses, americanos, españoles y hasta alemanes.  Si la película era buena, caíamos como moscas en la mermelada.
No fué hasta que descubrí, que Russell Crowe se había separado, que volví a caer en sus redes.  Y esta vez fueron redes de verdad, ya que no pude creer mi suerte cuando descubrí que el Twitter podía acercarme a este personaje a quien había amado platónicamente por más de dieciséis años.  Tuve que actualizar mis archivos, con sus películas y fotos nuevas; desempolvar los dvd's de antaño y el arsenal de fotos que había guardado en su momento.

Qué lleva a una mujer a desarrollar un amor platónico-cinematográfico?  
Creo que el cine es una fábrica de estos muñecos impecables de miradas sensuales, dientes perfectos y cuerpos para el crimen organizado.  Esta gente nos conoce, de hecho muchas películas están producidas y dirigidas por mujeres.  Saben que vamos a consumir cantidades industriales de material sobre el tipo al que han llevado a la pantallas y lo han paseado por cuanta premiere y rueda de prensa existe (como un perro en una exposición canina).  Saben que vamos a sucumbir comprando el perfume que usan para rociarlo en el tórax de nuestras parejas intentando  construír una fantasía a medida del consumidor.  Están seguros que vamos a correr como locas a comprar entradas para la última película después que nos bombardearon sin piedad con tres o cuatro trailers que miraremos hasta el cansancio.  Entonces nos fabrican un héroe a medida, barbas a medio crecer, vientres marcados como tabla de chocolate, cabelleras impecablemente desarregladas, primeros planos de ojos de los colores más infartantes del mundo mundial. Nos conocen.  Han aprendido que somos volátiles, soñadoras, que suspiramos corazoncitos de color rosa y que mientras trabajamos frente a una computadora o revolvemos el estofado en la olla tenemos la mente en ese beso que nos roba el aliento...deseando silenciosamente estar en el lugar de la maldita perra suertuda que puso la boca en esas cinco deliciosas tomas.

¿Quién es tu amor platónico-cinematográfico?


martes, 15 de octubre de 2013

La red nos captura a todos, tarde o temprano

Amistades, relaciones y otras yerbas de Internet

Cuando la gente tiene una pasión desbordante y tiene huevos como para ir detrás de aquello que lo vuelve loco; lo más probable es que lo haga.  Esa es una de las cualidades que más me atrapan en una persona.  La locura por algo.  Una película que uno mira hasta el cansancio, rebobinando las partes que a uno le resultan más importantes en cámara lenta.  Un libro que uno no puede abandonar por más de dos o tres meses teniendo la compulsión de volver a leer (donde uno ya tiene subrayados los párrafos que más le gustan como si fuera un libro de estudio).  Una canción que uno tiene en el MP3 y le da play durante un mes todos los días y a toda hora.  Una serie de televisión de la cual uno no solo ha pirateado todas las entregas, también ha guardado las mejores escenas del youtube y hasta los cortos musicalizados que la gente ha hecho con fragmentos de la misma.  Un auto que se atesora, lustra y restaura como si fuera una joya.  Así puedo seguir toda la vida, enumerando las pasiones que me ha tocado presenciar y en muchos casos alimentar sin saber que las mismas iban a traer aparejado todo un mundo que incluía amistades de diferentes nacionalidades.

Hace unos diez años alquilé una película de un ignoto actor escocés cuya estampa me atrapó desde el afiche, me la llevé a casa sin saber que me estaba llevando la lámpara de Aladino conmigo.  La peli se llamaba “Dear Frankie” y el actor Gerard Butler.  Puse la peli y me senté a mirarla.  A los dos minutos estaba googleando a este señor divino que se robaba la peli, a pesar de que el personaje principal es un niño sordomudo y su mamá.  El tipo hasta ese entonces no había hecho demasiadas cosas, pero después de esa filmó “El fantasma de la Opera” y ese dato bastó para ir corriendo a buscarla.  Luego alquilé Drácula y otra peli de bajo presupuesto (bastante mala por cierto).  Como ya había ocurrido en otras épocas, el googlear a mi actor favorito del momento me llevaba derecho a los foros de fans de los actores (fue el caso de Russell Crowe y Kenneth Branagh).  Así aparecí en el foro de este actor, mantenido por una temida Tamara, que ponía orden en ese gallinero donde había gente que le escribía cartas, le hablaban desde un post febril donde le preguntaban hasta el grupo sanguíneo a este pobre escocés que hasta ese entonces buscaba fama y fortuna en Hollywood sin demasiado éxito de taquilla.  Entonces reparé en un subforo español y dentro del mismo un subforo de argentinas.  Me pasé varios meses leyendo lo que escribían sin animarme a escribir una oración.  Me hacían divertir mucho, ya que entre los planes del grupo había uno muy bien diseñado para raptar al señor y clonarlo para tener muchos ejemplares similares.

Llegó el día en el que tomé coraje y escribí algo, previa presentación, ya que es muy importante presentarse antes de escribir media letra (primera regla de oro de un foro de fans).  Así que haciendo uso del “donde fueres haz lo que vieres”, les conté que había caído en las redes del escoces como una mosca dentro del dulce.  Me sorprendió constatar que esto se parecía más a un grupo de autoayuda que a un foro de fans.  Porque cuando uno descubre que el objeto de su deseo nunca estará en la cama de una, ni susurrará palabras tiernas en un escoces con un acento durísimo, se empieza a sufrir.  Pero por lo menos se sufre en grupo.  El tema es que a cambio de un poco de sufrimiento virtual, se van construyendo relaciones (sin saberlo) que están destinadas a perdurar en el tiempo más que esta subyugante adoración a un señor que tampoco es tan buen actor (visto a la distancia y con objetividad).  Eso sí, es un buen tipo y todas queríamos que le fuera bien.  Y le fue más que bien, se hizo famoso y cada vez fue más raro poder acercársele. 

En ese foro me entero de que había muchas cosas prohibidas, estaba prohibido hablar de sexo, del físico del actor en forma libidinosa y cualquier otro detalle que pudiera ofender al susodicho; aunque en realidad los posts estaban monitoreados por Tamara y sus secuaces de acuerdo a los standards de moral y buenas costumbres que la señora ostentaba.  Por eso me llamó la atención cuando me invitaron a pertenecer a un grupo llamado las “zuziaz”.  Estas mujeres habían aprendido a engañar a los traductores automáticos  español-inglés escribiendo adrede con faltas de ortografía.  Así aterricé en ese antro de perdición donde se hablaba de cualquier cosa siempre y cuando estuvieran mal escritas de forma tal de violentar las normas del lugar.  Luego comenzamos a reírnos de las cosas que algunas mujeres de otros países hacían para sentirse más cerca del escocés (estamos hablando de bañarse en un jacuzzi con una figura plástica a escala del escocés o de disfrazarse del personaje femenino del fantasma para besar una gigantografía a escala del actor).  Así fue como llegamos a los bancos de imágenes sin protección de algunas fanáticas que hacían cosas bastante ridículas.  Hicimos videos, compusimos poemas, y todo aquello que nos hiciera reír. 
Entonces decidimos migrar a un foro sin censuras, mantenido por un grupo de norteamericanas con sentido del humor, una suiza, varias italianas, españolas, canadienses y argentinas.  Fue así como aprendimos historia, geografía, cine y el actor quedó relegado a  un segundo plano.  Comenzaron a importar las personas.  Para ese entonces ya me había juntado un par de veces con mis coterráneas a quienes enseguida adopté como hermanas ya que estaban consumidas por esta pasión tanto como yo.  Nos pasamos películas, compartimos música, fuimos al cine y a festivales juntas y nació una amistad que trascendió las redes sociales, gracias a Dios.  

Entonces me invitaron a consumir literatura a la que yo me negaba porque nunca me cerraron las novelas televisivas, menos me iba a interesar en la típica novela rosa diseñada para hacer transpirar mujeres.  Cuestión es que me quedaba afuera de las conversaciones porque nuestro actor era el principal candidato a interpretar a Jamie Fraser, personaje principal de una saga de novelas tan bien escrita que cuando me retaron a leer diez páginas no pude parar hasta el día de hoy.  Ya escribí mucho sobre este personaje, ahora se está filmando la miniserie basada en el primer libro.  Pero lo gracioso es que como no se conseguían en nuestro país me empezaron a llover los pdf por las cuatro casillas de mail que tengo.  Luego una amiga acostumbrada a viajar y encontrar lo inencontrable me fue consiguiendo de a poco toda la saga en inglés.  Y las españolas me obsequiaron el sexto en castellano.

Pero cómo puede ser que algo sea la punta del ovillo que me haya llevado a compartir cumpleaños, navidades y pascuas con mujeres de todas partes del mundo?  Nos pasamos fotos de nuestros hijos, compartimos nuestras miserias y festejamos nuestros logros.  En diez años me pasó de todo.  Me separé, me divorcié, encontré trabajo y luego encontré al amor de mi vida.  Todo eso lo pude compartir con estas mujeres muchas de las cuales veo seguido y a otras me gustaría aunque las frágiles economías de nuestros países nos han puesto barreras que todavía no podemos derribar.  En el año 2007 dos amigas españolas se embarcaron en un avión y en escasas ocho horas aparecieron en el aeropuerto ante la mirada fascinada de las cuatro que las esperábamos acá.  Alquilaron un departamento por diez días y puedo asegurar que no existe spa en el mundo capaz de embellecer y curar lo que esas risas hicieron durante esa estadía.  Nos mirábamos y nos poníamos a cacarear como gallinas.  Poníamos las pelis del escocés con la excusa de compartir algo que había sido motivo de nuestra unión y terminábamos leyendo párrafos de la saga de libros “Forastera”.  Hacíamos la sobremesa de la cena hasta las cinco de la mañana hablando de todo lo que se puede hablar y aprovechando al máximo ese tiempo que sabíamos tenía fecha de vencimiento.  Caminamos por las calles de Buenos Aires, nos agarraron las tormentas, inundaciones, viajes interminables en colectivo, paseos por el Tigre y hasta pudimos compartir la película “300” en el IMAX y un festival celta (todo el mismo día).  Fue un pijama party de señoras de más de 25, con el niño interior vivito y coleando y unas ganas de vivir y disfrutar como yo no ví en mi vida.  Siempre hicimos participar mediante fotos y videos a las que no pudieron viajar pero que son el corazón de este grupo de locas inteligentes y divertidas que ya conozco hace más de diez años.

Y así seguimos, nos vemos para cumples, nos entreveramos en interminables cadenas de mails, tenemos grupos cerrados de Facebook, grupos de Whatsapp, nos hablamos por teléfono, en conferencia de Skype (lo hicimos un par de veces y creo que lo volteamos) y cuanta red social aparezca por el camino.

Una vive en Cipoletti, otra en Vicente Lopez, otra en Villa Urquiza, otra en Locarno, otra en Montreal, otra en Madrid, otra en Benidorm, otra en Nápoles, otra en Málaga, varias en USA y me debo estar olvidando de alguna localidad.

Bueno, y como si esto fuera poco, hace tres años y gracias a las redes sociales conocí a un señor muy bello, bueno, gracioso, generoso y divertido que ahora vive conmigo.

Y pensar que mi mamá me trataba de loca cuando en lugar de tomar sol me pasaba el verano en la computadora…

¿Otra vez leyendo ese libro?
¿Vas a ver esa película por enésima vez?
¿Cómo son amigas si no las conocés?

¿Cómo explicarle?

El video de la primer peli del escocés que me trajo tantas satisfacciones (ojo, me refiero a mis amigas!)


sábado, 3 de octubre de 2009

DE LÁGRIMA FÁCIL



Hoy le toca el turno a los llorones

Existe gente a la que es preciso amputarle una falange para hacerle despuntar un brillito acuoso a sus ojos, y a veces ni siquiera eso. La puede levantar un tornado por los aires y depositarla a 150 kilómetros de los restos de su casa…y nada, con suerte un rictus en la boca y el ceño fruncido. Pero de agua salada, niente, nothing, ni una pizca. No es que no sufran, no es que no se conmuevan; simplemente tienen el lagrimal egoísta y las emociones escondidas en algún oculto recoveco sin acceso directo y una password de 9 dígitos. Son aquellas personas a las que uno considera compuestas, elegantes y que jamás protagonizarán un desborde digno de una película italiana donde termina llorando hasta el perro mientras vuelan platos y copas. No es cuestión de frialdad, sufren igual pero no lo hacen evidente (lo cual en algunas circunstancias es una gran virtud).


Por el contrario, los llorones somos un flancito con poco huevo, que se desmorona aunque haya estado cuatro horas en el horno a baño María. Tenemos las emociones en el Escritorio, con acceso directo a todos los lugares peligrosos de nuestra psiquis. Somos visuales, gozamos de una memoria que a veces nos juega en contra y hasta el sufrimiento de un pescadito animado digitalmente nos puede sumir en la más profunda crisis de llanto. Cursis, pastelones y un tanto inocentes, nos creemos todo lo que vemos en la tele o nos cuenta fulanito en un break de laburo. Es más, hemos adquirido la capacidad de recrearlo en nuestras mentes y muchas veces aderezarlo porque nuestro llanto, en el fondo, es una necesidad de descarga que busca cualquier excusa medianamente válida para abrir las compuertas de la represa.


Si a Ud. le interesa conocer su “status lagrimal”, por favor lea esta encuesta. Si asiente a más de 5 consignas, Ud. puede ganarse unos mangos trabajando de plañidera en sepelios y velatorios:


¿“La familia Ingalls” la hizo llorar durante las nueve temporadas que duró la serie? ¿La ceguera de Mary, la muñeca que Nellie Oleson jamás quiso prestarle a Laura, Charles arando el campo con las costillas fracturadas, Caroline auto amputándose la gangrena de la pierna con la Biblia en la mano; aún hoy le hacen tragar saliva y le provocan un nudo en la garganta?


¿Las publicidades de seguros de vida, seguros de retiro, préstamos hipotecarios y de entidades bancarias en general; donde se muestra a gente de todas las edades prodigándose cariño en cámara lenta con un impecable score de violoncello de fondo mientras una cálida voz en off le pregunta si le preocupa el futuro de sus seres queridos, le arrancan unos lagrimones del tamaño de las arvejas?


¿Cuándo va por la ruta manejando y se cruza con una alfombra de pelo informe que alguna vez supo ser un perro o un gato, prorrumpe en un llanto desconsolado; esperando que se haga la hora de volver a casa para abrazar a sus mascotas?


¿Llora en el colegio de su hijo cuando suenan los acordes del Himno Nacional y aparecen los abanderados (aún cuando su prole jamás desfile con el símbolo patrio en la mano dado su escueto rendimiento académico)?


¿Sale del cine chorreando lágrimas empetroladas de máscara de pestañas que limpia desprolijamente con el puño de su camisa mientras se traga los mocos, aún cuando la protagonista se haya curado de su enfermedad, haya sobrevivido a un terremoto y haya contraído matrimonio con el galán del film?


¿Es de los que se muerden el labio inferior y miran el cielorraso para no dejar escapar el agua del ojo cuando el Presidente de la empresa para la que trabaja se descuelga con un discurso tierno y arengador durante el brindis de fin de año?


¿Mira fotos viejas en el pico más álgido de un brote masoquista o durante el síndrome premenstrual, a sabiendas de que si empieza a llorar no va a parar hasta que los ojos se le salgan de las órbitas?


¿Las películas que tienen a niños como protagonistas, sobretodo si tienen una discapacidad, tocan un instrumento musical, son huérfanos, maltratados por una gobernanta infame o los bardean en el colegio; lo hacen llorar tanto que termina pareciéndose a la brótola que compró para la cena?


¿Llora en los casamientos cuando escucha los tres primeros acordes de la marcha nupcial, aunque los contrayentes sean dos perfectos desconocidos que lo agarraron in fraganti en un lapsus cristiano, de rodillas, pidiendo perdón por alguna patinada?


¿La escena de “Dumbo” en la que la madre acuna con la trompa al hijo a través de las rejas, la escena de “Bambi” donde la madre es asesinada por cazadores, la escena de “El Rey León” en la que Mufasa es arrojado por Skar al precipicio ante la mirada de Simba; lo pueden poner a llorar hasta pasado mañana?


¿Llora cuando pierde la Selección de futbol? ¿Llora cuando un tenista de su país gana algún Grand Slam? ¿Llora cuando la corredora jamaiquina rompe un nuevo récord? ¿Llora con la gimnasta rumana que se cae de las barras paralelas ante el comité olímpico?


¿Los power points con amorosos mensajes, frases célebres de grandes pensadores, fotos de animalitos, bebitos y/o parajes paradisíacos; lo ponen a lagrimear a lo pavote?


¿Llora de risa?


Como diría una famosa vedette argenta “si querés shorar, shorá”.

Si Ud. pertenece a este grupo blandengue y sensiblero, seguramente llorará con este clip. F@cking Disney!

Snif





domingo, 13 de septiembre de 2009

OH CAPTAIN, MY CAPTAIN!










GENTE MÁGICA VS. GENTE BÁSICA

No tiene nada que ver con la cultura, ni la posición social, ni la cantidad de ceros en la cuenta bancaria. No tiene que ver con el signo zodiacal, ni con el barrio ni el país. Tiene que ver, creo yo, con las ganas de aprovechar el tiempo que tenemos en este mundo siguiendo los sabios consejos del Profesor John Keating en la maravillosa peli de Peter Weir “La Sociedad de los poetas muertos”. “Carpe diem, Seize the day, Aprovecha el día”. Esa es la clase de frase que la gente mágica aplica todos los días de su maravillosa existencia. Este tipo de gente lleva una vida diferente, se deja llevar por sus pasiones, sucumbe a sus impulsos, se deja caer frente a sus tentaciones y se pasa por el culo lo que los demás piensen de ellos. Porque saben que el tiempo es acotado y los planes demasiados para tan efímero lapso en esta tierra. Entonces es que salen a trabajar convencidos de que lo mejor está por venir, convierten un embotellamiento en la autopista en una oportunidad para volver a escuchar su canción favorita unas doce veces más (cantándola a los cuatro vientos, probablemente) y son capaces de imprimirle a sus vidas el color que quieren que esa vida tenga (que generalmente es un arco iris re-flower power con mucha música reggae). Son personas que circulan por la vida cumpliendo con sus tareas durante la jornada laboral pero que podrás encontrar en otro contexto dando rienda suelta a su locura o a aquello que les fascina. Es así como una Secretaria de una Multinacional, llamada Ana, de noche se pasea por los foros de Star Wars y responde al nickname “Princesa Leia” (invitando a quien quiera leerla, a un duelo de espadas láser). El cajero de gesto adusto y monosilábico que te atendió hoy por la mañana en el Banco, a esta hora toma clases de salsa en el Club de su barrio. La Odontóloga de tu abuela ensaya la letra de Desdémona mientras emparcha un canino porque mañana estrena Otelo en el teatro municipal donde toma clases de teatro. Aquel abogado que reclama un expediente en Tribunales, fue visto anoche bailando danzas medievales con su grupo de cultura de la Edad Media. Y aquella Psicopedagoga que tenía consultorio en el colegio de tus hijos, toca el arpa en un grupo de Música Celta. Algunos escriben, otros son amantes de la literatura policial, algunos restauran armas antiguas, otros coleccionan vinilos de los 50´s, otros hacen aladeltismo, algunos navegan, algunos construyen autitos a escala, otros sacan fotos de nubes con caras extrañas…el común denominador es siempre una pasión.

Veamos las diferencias entre los dos grupos.

LOS BÁSICOS

Los básicos se aparean alcoholizados en forma mecánica respondiendo a un impulso físico comparable al que se siente cuando la vejiga está llena.
Los básicos viven creándose problemas, estancados en batallas del pasado, deseando una vida que sólo ellos pueden autogestionarse (si se tomaran la molestia).
Los básicos no leen porque se aburren, no miran tele porque es una mierda, no van al teatro porque sale caro, no van al río porque queda lejos, no dibujan porque todo lo que hacen es feo, no alquilan dvd’s porque lo que buscan siempre está alquilado, no piratean porque está mal, no bailan porque “ya no hay lugares para la gente de nuestra edad” (como si el lugar fuera una condición), o como diría mi viejo “no comen el huevo por no romper la cáscara”-
Los básicos van a trabajar con cara de ojete, se van frunciendo con el correr de las horas y salen de la oficina enojados con la vida. Se bañan, cenan, se pelean un rato con el vecino o la familia y al sobre.
Los básicos se ocupan, ante todo, de la satisfacción de sus necesidades más básicas. No hay lugar para lo lúdico en sus vidas, y que otros se junten a mirar por enésima vez las seis temporadas juntas de “Los Sopranos” les parece una pérdida de tiempo.
Los básicos engendran basiquitos. Chicos acostumbrados a obedecer, que entienden de entrada que uno llegó a esta vida para sufrir, que la vida es una cagada, que fulanito y menganito te van a querer joder y que cuanto más paranoico seas mejor para tu subsistencia. Porque de eso se trata, de subsistir, no de existir.
Los básicos buscan la respuesta a sus problemas en el afuera. Si no fueron los padres que sembraron sus traumas, probablemente sean sus ex parejas, el cirujano que les dejó una cicatriz gigante de la cesárea, los críos que les dejaron las tetas por el ombligo, el abogado que no pudo lograr aquella indemnización por la intoxicación con pizza de delivery, o tal Banco que se quedó con todos sus ahorros en el año 2001.
Los básicos reniegan de su propia existencia, viven queriendo salir de situaciones a las que ellos mismos se han expuesto en lugar de hacerse cargo del asunto. No aguantan a sus hijos pero nunca se les cruzó por la cabeza ponerse un forro.
Los básicos no leen poesía, les parece una paparruchada.
Los básicos están más interesados en el dinero en sí que en lo que el dinero puede comprar.
Los básicos tienen metas inalcanzables y sueños utópicos; lo hacen inconscientemente para no hacer el esfuerzo de conseguir algo que esté al alcance de sus posibilidades.
Los básicos no sueñan despiertos; más bien elucubran, planean estrategias, evalúan riesgos y establecen oponentes.


LOS MÁGICOS

Los mágicos creen que uno vino a esta vida para ser felíz aún en las circunstancias más adversas; por eso se las ingeniarán para sacarle el jugo a la vida cotidiana con humor. El trabajo más espantoso les parecerá hermoso, si el sueldo alcanza para solventar la cuota del curso de comida tailandesa y esos zapatos de Fendi que la vuelven loca (aunque tenga que comer arroz de aquí a febrero del 2011).
Los mágicos están seguros de que hay un mundo mejor, no solo porque consiguieron entradas para ver el regreso de su banda favorita, porque están seguros de que ellos son parte de la solución y concreción de ese mundo mejor.
Los mágicos no se aparean mecánicamente, llevan a la práctica encuentros sexuales premeditados y elaborados; les interesa la calidad más que la cantidad y probablemente inviertan ingenio, imaginación y dinero en ambientación, ropa y juegos para hacer esos encuentros memorables.
Los mágicos ponen huevos a la hora de seguir su sueño. Es así que no tendrán miedo al largarse a hablar en francés en la segunda clase o pararse a recitar un soneto en el curso de teatro. Cantarán aunque desafinen, y se bancarán las cargadas de todos los transeúntes mientras caminan disfrazados como el Dr. Spock rumbo al evento de Trekkies (fans de Star Trek).
Los mágicos van tres o más veces a ver la peli que les encantó.
Los mágicos consideran que una tarde invertida en un chat con seis amigas de diferentes países no es una pérdida de tiempo, más bien una batalla ganada al tiempo.
Los mágicos pintan, escriben, cocinan, hacen tragos largos, amasan pizza, plantan flores, tejen, cuentan cuentos…aunque lo hagan mal siempre es mejor intentarlo que quedarse con las ganas.
Los mágicos investigan, buscan, se relacionan con gente que cobije la misma pasión. Se harán expertos en aquello que les fascina.
Los mágicos se divierten con sus hijos, les enseñan sin proponérselo, a disfrutar de la vida.
Los mágicos no se conforman con un poquito, de aquello que les gusta, probablemente se atiborren.
Los mágicos estiran el tiempo. Prometen cerrar el libro a las doce pero se quedan leyendo hasta las tres. Prometen apagar la tele a las once pero justo engancharon la escena de la ópera del Padrino 3 y no fueron capaces de darle la espalda. Prometen regresar de las vacaciones dos días antes para organizarse pero la playa puede más.
Los mágicos juran no volver a gastar en cosas superfluas y a los cinco minutos están firmando la suscripción al Club del Vino. Más que gastar, ellos consideran que invierten en recreación.
Los mágicos se rodean de gente de su misma condición. Son imanes que se atraen. Brillan en la oscuridad. Son esa clase de gente a la que se le ven los dientes en los boliches cuando encienden la luz negra o los que disparan las cámaras detectoras de sonrisas en los locales Sony.
Los mágicos disfrutan de la buena mesa, el vino, la comida y los postres. Prefieren comerse el helado hoy y caminar veinte cuadras mañana. Prefieren comer acompañados pero no dejan de cocinarse aunque estén solos, se auto agasajan.
Los mágicos existen no subsisten. No pasan por la vida sin pena ni gloria. No serán famosos pero seguramente recordados por sus seres queridos. Recordados por transmitir alegría, ganas, optimismo y el mensaje de Walt Whitman que el Profesor Keating le enseñara a sus alumnos:

...Carpe Diem, aprovecha el día.
No dejes que termine sin haber crecido un poco,
sin haber sido un poco mas feliz,
sin haber alimentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie
te quite el derecho de
expresarte que es casi un deber.
No abandones tus ansias de hacer de tu vida
algo extraordinario...
No dejes de creer que las palabras, la risa y la poesía
sí pueden cambiar el mundo...
Somos seres, humanos, llenos de pasión.
La vida es desierto y tambien es oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos convierte en
protagonistas de nuestra propia historia...
Pero no dejes nunca de soñar,
porque sólo a través de sus sueños
puede ser libre el hombre.
No caigas en el peor error, el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes...
No traiciones tus creencias. Todos necesitamos
aceptación, pero no podemos remar en
contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta el pánico que provoca tener
la vida por delante...
Vívela intensamente,
sin mediocridades.
Piensa que en tí está el futuro y en
enfrentar tu tarea con orgullo, impulso
y sin miedo.
Aprende de quienes pueden enseñarte...
No permitas que la vida
te pase por encima
sin que la vivas..."