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viernes, 13 de octubre de 2017

OUTLANDER, LA SERIE DE TV

OUTLANDER ME TRAE PALPITACIONES




La escena del reencuentro (ojo, contiene spoilers)


Debo confesar que me tomó desprevenida.  Llevo leídos los libros infinidad de veces pero sigue sorprendiéndome el hecho de que existen ciertas cosas que las puedo revivir y gozar como la primera vez.  Quienes no hayan leído partes favoritas de la saga "Outlander" en un loop adictivo y frenético son unas mentirosas o tienen líquido de frenos en las venas.  Porque una fan que se precie de serlo ha de leer y releer compulsivamente la escena del casamiento, la noche de bodas, todos los polvos y estampamientos highlanderianos alguna vez escritos por la Gabaldon como si la vida nos fuera en ello; y también toda aquella escena donde Claire está al borde de pasar a mejor vida a manos de cazadores de brujas, violadores y delincuentes varios (por supuesto el rescate siempre es a manos de un Jamie salvaje y furibundo como a nosotras nos gusta).

Entre las escenas favoritas para darse un saque de droga literaria brutal, creo que la namberuán de toda la saga es la escena del reencuentro en la imprenta.  Es que una se ha pasado casi un libro leyéndolos separados, sumidos en el ostracismo sexual y el letargo de una vida cotidiana que de vida solo tiene el pulso de los protagonistas porque es un sin vivir gris y mustio.  Uno desea fervientemente (sobretodo la primera vez que lee) que la autora resuelva este abismo bestial al que condena a sus dos adorados protagonistas, robándonos a los lectores unos buenos veinte años de sexo majestuoso, amor y cariño; juntándolos como por arte de magia en algún momento (y que ese momento sea ya maldita bruja psicótica adicta al suspenso).  La primera vez que leí la escena, todo indicaba que el momento venía ya, después de tanta investigación y preparación, el reencuentro era un número puesto.  Sin embargo la autora decide jugar con el corazón del lector, que se come cuatrocientas palabras con detalles sobre el viaje en el tiempo, antes de llegar a nuestra Claire abriendo la puerta de la puta imprenta de Malcom...nuestro héroe por siempre jamás.  Y es aquí donde los corazones se detienen por un segundo, la sangre no llega al cerebro, el parpadeo de los ojos se vuelve lento y los lagrimones amenazan con inundar la habitación.  El reencuentro es un hecho, se miran y él se cae redondo al piso de pura emoción, el mismo piso al que uno desearía caer (de ser posible encima de Jamie); pero no, uno se cae sentado porque la emoción es tan violenta que una ligera lipotimia no se descarta en la primera lectura (conozco mujeres que se han desmayado en una segunda y tercera lectura también).

Me encontraba perfectamente apoltronada en mi cama, con la notebook en la falda, disfrutando de los menesteres del viaje de Claire, tarareando la música de la serie Batman de los sesenta; y como no había entrado a leer los comentarios del episodio no tenía idea de que el reencuentro iba a ser en éste.  Claire cosía su atuendo, preparaba equipaje y paff, como por arte de magia se bajaba de un carruaje en el medio de Edimburgo.  Si me hubieran hecho un electrocardiograma me hubieran internado de cabeza.  Mi taquicardia se podía escuchar en dos cuadras a la redonda.  Mis lágrimas empapaban mi camisón y tuve que poner la pausa para limpiarme los restos de máscara de los ojos que me impedían ver con comodidad.  Cuando la frecuencia cardíaca rozó límites normales le dí play al reproductor y saboreé esos últimos minutos del episodio con la mandíbula rozándome los muslos.  No podía creer que dos libros se hubieran comprimido en un par de episodios pero no podría haber estado más agradecida.  Verlos juntos nuevamente es un orgasmo literario y televisivo de alto impacto.  Gracias Ron por no alargar el período infame por cuya autoría la Gabaldon debería haber sido quemada en la hoguera.  Ahora solo resta gozar de esta pareja que hace las delicias de madres, hijas y abuelas.  Qué será lo que se viene?  Difícil saberlo, así como comprimieron un libro, uno podría pensar que harán lo propio con lo que se viene.  Espero sepan elegir qué mostrar.  Yo, personalmente, me quedo con las aventuras de este dúo que me roba el sueño desde hace quince años.  

Crucemos los dedos para que nos muestren lo que queremos ver!!!


jueves, 2 de octubre de 2014

Y UN DÍA JAMIE FRASER SE HIZO CARNE Y HABITÓ EN STARZ


Ocho capítulos épicos de la miniserie a la que algunos lectores de la saga "Outlander" no le tuvimos fé





El día soñado, que parecía tan lejano cuando se anunció la premiere de “Outlander” llegó para revolucionar una vez más el granero de nuestro adorado escocés, uno de los dos héroes de la saga que nos tiene locas a más de la mitad de las féminas de este planeta (desconocemos a la fecha si en Marte ya se mandaron a imprimir ejemplares pero no sería nada raro).

En el año 1991 una escritora soberbia con un talento genial para darle vida a personajes de ficción en las cabezas de los lectores, parió el primero de una saga de libros que giran en torno al Highlander James Alexander Malcom MacKenzie Fraser (Jamie para los íntimos).  Desde que leí el primero, y como le pasó a la mayoría de la gente, comencé a escuchar rumores de películas y series.  Todos nos subimos a esa moto realizando castings virtuales en cada foro del que participamos sobre los libros o de determinados actores que según la mayoría, eran un número puesto a la hora de interpretar a nuestro objeto de veneración.   Se multiplicaron en progresión geométrica los videos subidos a youtube por fans, ambientados en paisajes escoceses, música celta y fragmentos pequeños de películas de época donde el actor elegido nos hacía soñar con ver alguna vez en movimiento a Jamie Fraser.  No es que no lo pudiéramos hacer en nuestras cabezas, de hecho la Gabaldon se encargó de proporcionar la cantidad de datos suficientes como para crear uno de verdad en el cerebro del lector de la misma manera que los japoneses te mandan la cantidad de herramientas necesarias para armar cualquier cosa que te vendan desarmada.

Así es como muchas detractoras de llevar a este monstruo a la pantalla, entre las que me incluyo, nos negamos de plano a destruir con una imagen concebida por un intérprete-intermediario de la autora, al muñeco pelirrojo que habíamos sabido fabricar a fuerza de lectura y re-lectura en nuestras locas cabecitas.  Para quienes comenzamos leyendo estos libros hace una década, meterse con la Biblia Highlanderiana era prácticamente una blasfemia.  La pantalla chica nos parecía poco, la grande no alcanzaba a cubrir ni la mitad del primer libro y si Hollywood metía la mano como suele hacerlo, Jamie hubiera sido un cocinero ruso trabajando en el metro neoyorkino y Claire su amante dominatrix caza vampiros.  Todos sabemos cómo funciona el teléfono descompuesto: yo te digo blanco tiza, vos le decís blanco leche, el otro dice que le dijiste blanco marfil…y el último dice beige tirando a marrón.  ¿Cómo poder traducir esta formidable saga a la pantalla sin arruinarlo todo? Y con los de marketing pisando los talones, cambiando cada detalle para hacer rendir mejor la inversión. Mejor, dejarlo librado a la imaginación…siempre fue mi idea.

Odio admitirlo, me equivoqué de cabo a rabo.  Cuando apareció la primera foto de Sam Heughan, actor encargado de darle vida al pelirrojo, casi vomito sobre el teclado de mi notebook.  No es que el chico fuera feo, simplemente no era Jamie.  Cabello castaño oscuro, pálido, blandengue, flacucho, lampiño, desgarbado y demasiado joven para las que ya teníamos en mente al Jamie de los últimos dos libros.  Si empezamos así…que nos queda para el resto, pensé estúpidamente porque se ve que hay gente que sabe lo que hace o bien le tiene terror a la horda enferma de fans de los libros.  Ya sea por terror, talento o ambición; el chico Sam apareció en el primer poster que anunciaba los primeros días de rodaje.  Ya con los pelos despeinados, rojos y más largos (en la foto del casting estaba peinado a la lengüetazo de vaca), una kilt y la típica camisita jacobita era otro cantar.  De todas formas, aún me faltaba mucho para confiar en que algo bueno podía salir de todo eso.  Entonces aparecieron las fotos de Claire, una modelo flaca, linda y moderna que no encajaba para nada con esa mujer llena y de una belleza promedio que describe Diana en sus libros.  Imaginé que me sucedería lo mismo que con Sam cuando salieran las primeras fotos del rodaje.  Otra decepción fue Frank/Jack Randall.  Tobías es un actor que me encantó en la serie “Roma”, y con esa cara de angelito me fue imposible visualizarlo haciendo las atrocidades que Jack hace en el libro.  Los únicos que me entraron de entrada, valga la redundancia, fueron Colum y Dougal.  No puedo explicar el motivo pero ellos  dieron en el clavo desde la primera foto.

Luego de una larga espera, de ver avances, fotos del rodaje y entrevistas; decidí darle una oportunidad a esta serie que podía cargarse para siempre con mis fantasías literarias.  Todo pintaba cuidado y bien hecho, pero el resultado final podía ser caótico.  Eso hasta que leí que la esposa del encargado de llevar la saga a la pantalla era fan de los libros y había jurado destriparlo vivo si la serie no estaba a la altura de las expectativas de la horda enferma que la incluye.

El día tan esperado llegó y hubo reuniones (whisky escocés en mano) alrededor del planeta, para ver el primer episodio.  En mi caso particular nos reunimos en el dormitorio del hermano de una amiga que hizo de su pared un cine y que nos tiene una paciencia infinita a la hora de cedernos sus dominios para retozar como vacas locas sobre su cama/sillones llorando a moco tendido o gritando como locas “Tulach Ard”.  Así fue como luego de un delicioso “cranachan” (postre escocés elaborado por mis amigas para la ocasión), nos sentamos abrazaditas a deleitarnos o decepcionarnos juntas en el mismo barco.
Cuando escuché los primeros acordes de la música de apertura y vi las imágenes majestuosas de los títulos empecé a llorar como si hubiera parido un hijo.  Esas imágenes son una síntesis perfecta de lo que a uno se le viene a la mente cuando piensa en los libros.  Como bocadillos que anuncian un gran banquete, las piedras de Craigh na Dun me hicieron llorar más que Meryl y Clint en los Puentes de Madison (nivel 10).  Aspirando los mocos para no hacer papelones, me tragué las lágrimas con la punta de la lengua y me quedé anonadada por todo lo que vi.  No esperaba querer a Frank, en los libros siempre le tuve bronca.  Sin embargo no me molestó cambiar de opinión, aunque luego me asaltaran las mismas dudas que tiene Claire al verse enamorada hasta los huesos de Jamie y amando aún a su primer esposo (o debería decir segundo, ya que el primer matrimonio data del 1743).
Cuando lo escuché decir “Sassenach” tuve que ir a buscar los calzones al subsuelo.  Casi me desmayo.  Ni hablar de escucharlos a Dougal y al resto de la pandilla hablando en gaélico, lenguaje en el que mis amigas y yo nos convertimos en expertas (recuerdo haber escuchado archivos de audio con oraciones enteras que repetíamos hasta el cansancio para aprender).  El señorito en cuestión, antes blandengue y desgarbado; ahora se había convertido en una torre de carne torneada, unos ojos azules con la mirada felina que tantas veces describe la autora y la juventud rozagante del Jamie del primer libro.  Sam era Jamie.

Con Claire tuve una epifanía, siempre creí que me iba a costar aceptarla porque físicamente no es tal cual la descripción de la autora.  Sin embargo Caitriona Balfe “Caits” para los íntimos, me robó el poco escepticismo que me quedaba.  Nunca pensé que una modelo de Victoria Secret podía interpretar a un personaje tan lleno de matices y tan intenso.  Me equivoqué otra vez, por un prejuicio estúpido creí que no la iba a querer y sin embargo me enamoré a los cinco minutos de verla en pantalla.  Sus modos, su andar, su seguridad a la hora de enfrentar a los Mackenzie, su capacidad de resolver problemas tales como apoyarse en una piedra en 1945 y aparecer en paños menores, cinco segundos después, en el 1743; todo tiene que ser creíble y esta actriz pasó con honores la prueba.  Caits es Claire.
El resto del elenco es perfecto.  Murtagh, Fitzgibbons, Angus…todos son roñosos, peligrosos y de buen corazón como los imaginamos.  Capitulo aparte para Dougal (Graham Mc Tavish) porque uno quiere convertirse en su maíz incrustándose de cabeza en la pantalla con la esperanza de viajar en el tiempo y caer en bolas en sus brazos (con la petaca de whisky para darle batalla al frío).  Ver a Roger como un nene me dio una sensación en el estómago inexplicable…como encontrar una filmación casera vieja de algún integrante de la familia que uno desconocía o se había olvidado que existía.  Muy fuerte, demasiado.

Capítulo aparte para las escenas de sexo, para quienes no lo sepan, los libros están plagados de escenas de alto contenido erótico (bien escritas y que no se utilizan como en otro tipo de bibliografía para atrapar al lector ávido de sexo literario).  Acá, cuando Jamie y Claire se encuentran se prenden fuego los planetas, los libros, las lectoras y la comida que las lectoras tienen en el horno.  Debo decir que varios matrimonios han sucumbido al embrujo de la literatura Gabaldoniana.  Ya sea porque el marido se negó a usar una kilt fuera del lecho matrimonial, o porque el asado se quemó, el arroz se pasó, el guiso se pegó o simplemente porque el gordo que roncaba al lado de la lectora no se parecía ni por asomo al Highlander que salía como el genio de la lámpara toda vez que una abría el libro a hurtadillas en la cama leyendo hasta las cinco de la mañana con una linterna en la boca.  Siempre imaginé que esto les iba a costar ya que la televisión tiene muchas restricciones para mostrar todo lo que una quiere ver, que no es ni más ni menos que lo que está escrito.  Debo decir que no dejaron nada librado al azar ni a la imaginación.  Se ha visto lo necesario para satisfacer la demanda hormonal del club de fans de la pareja y cada cual se llevó a casa lo necesario para poner la escena del lecho nupcial en un loop interminable y en slow motion que la deje a una en un penoso estado de catatonia (babeando y balbuceando en un gaélico alcoholizado digno de un bar de Inverness a las dos de la madrugada).

Para redondear la idea, y porque me tengo que ir a leer el séptimo antes de comprar el octavo libro que aún no consigo en mi país (lista de espera); la serie pasó con honores la prueba de una fan acérrima que tiene en su haber unas seis lecturas por libro (del primero al sexto) y que se sabe como tantas fans diálogos enteros de memoria.  Ojalá puedan continuar filmando toda la saga, la pregunta ahora será cómo harán para envejecer a nuestros amados personajes; seguirán con los mismos actores o los reemplazarán por otros?  Tenemos seis largos meses de espera hasta los últimos ocho capítulos de la primer temporada.  Tiempo de sobra para pensar y leer y releer hasta que se nos caigan los ojos de las órbitas.

Como siempre, gracias Diana Gabaldon por tantos matrimonios destuídos, tantos noviazgos destrozados y por poner la vara tan alta que ningún hombre de la vida real le llegue ni a los talones a JAMMF!.



viernes, 11 de octubre de 2013

HOY HABLAMOS DE CLAIRE




Solo para fanáticos de la saga “Outlander” de Diana Gabaldon

Esta heroína de las novelas románticas de la Gabaldon se lleva todos los premios, al igual que su partenaire masculino.  Para quienes no conozcan la saga, la misma cuenta con siete libros donde el personaje principal es esta mujer que viaja un par de veces en el tiempo, la primera vez por error y la segunda para reencontrarse con su gran amor que está vivito y coleando en el año 1770.  El tipo es un highlander y en la primera entrega de la autora, la Sra. Claire es abducida por una especie de túnel del tiempo donde termina conociendo a este machote que no solo le salva la vida, de paso cañazo se convierte en su marido por obligación, del que termina locamente enamorada igual que todas nosotras y algunos hombres que también han leído estos libros.

¿Cómo describir a Claire?  Claire es sencillamente perfecta e imperfecta.  Fue enfermera y luego se convierte en médico (cuando regresa a su tiempo actual luego de embarazarse del escocés pelirrojo).  Cuando su  hija está lista para volar sola, le confiesa que su padre es un highlander que vivió hace dos siglos en Escocia y la hija, lejos de internarla en un Neuropsiquiátrico, la ayuda a hacer toda la investigación para conocer el paradero de su padre e intentar volver para reencontrarse con él.  Pero volvamos a Claire.  Claire sabe de todo.  Cocina un festín con una liebre, un pato o un poco de avena.  Sabe coser, es inteligente, fabrica penicilina con hongos, anticonceptivos con semillas silvestres y es una eximia cirujana.  El marido es parte de su práctica de cirugía ya que durante la totalidad de las entregas lo opera unas ciento cincuenta veces, lo sutura, le acomoda los huesos, le acaricia los huevos y demás especialidades.  Pero lo mejor de todo es que aplica su sabiduría de los años sesenta pero con la tecnología paupérrima del siglo donde los problemas se arreglaban a espadazos limpios y la gente rara vez llegaba a cumplir cuarenta años.  Cura plagas, cura caballos, atiende partos de cerdos y los niños de todas las mujeres de la familia y hasta es capaz de hacer revivir sin desfibrilador a una vieja que murió hace 3 días y la están velando. 
Como amante no tiene rival en el planeta.  Es sumisa cuando él se lo pide y simplemente la acorrala contra una pared.  Es salvaje cuando está caliente como una pava hirviendo y describe cada detalle del cuerpo de su marido con una precisión de médico forense (con la diferencia que este está vivo, el precioso, perfecto y toda lectora quiere al menos un polvo de él).  Ella sabe lo que a él le gusta y está dispuesta siempre a dárselo.  No existe una sola página de esos libros donde ella le diga “me duele la cabeza” o “estoy con la regla” o “estoy cansada”.  La libido de Claire es un tren bala que solamente necesita que el pelirrojo la mire fijo con los ojos rasgados para que ella se ponga en pelotas predispuesta a brindarle la mejor de las noches.  Además, ella siempre está perfecta, sucia o limpia, gorda o flaca, peinada o despeinada; la tipa sabe que es la miel de esa abeja llamada “Jamie Fraser” y disfruta de esa relación a pleno.  No tiene problemas de lugar ni espacio.  Puede darse en un granero, sobre la mesa de la cocina, en la orilla de un río, sobre un bote, una balsa, una cama marinera de un barco, arriba de un caballo o simplemente en la cama matrimonial.  El tema es darle para que tenga y guarde, por si a él se le ocurre lastimarse y está varios días sin poder satisfacer los deseos de su esposa.
Pero no todo es perfección en la vida de Claire.  Porque ella también tiene sus defectitos y el principal, a mi entender, es ser una reverenda desobediente que se somete a todo tipo de peligros aun cuando siempre es advertida por su adorado esposo.  Si él le dice “quédate acá” ella va a ir definitivamente hacia allá.  Si él le dice “quédate adentro de la cabaña” ella saldrá disparada como cohete a la luna hacia el medio del bosque nevado, en camisón, descalza y con veinte grados bajo cero.  Además, tiene un talento innato para meterse en problemas, problemas que obligan a su señor esposo a meterse en  más problemas y alguno de los dos lastimados.  El sufre como un condenado porque a lo largo de treinta años de matrimonio ella estuvo al borde de la muerte unas veinte veces.  La raptan, la cagan a trompadas, la violan, se contagia todas las pestes, la meten en la cárcel, la quieren quemar en la hoguera por bruja; en fin, siempre resulta un pajarito herido al que Jamie envuelve en su plaid y cuida pacientemente rezando en gaélico para que los Dioses se la devuelvan con vida otra vez.  Nunca he leído a un tipo llorar tanto como al marido de Claire.  Llora y luego se enfurece.  Luego se carga a toda aquella persona que pudiera haberle hecho daño a su amada y cuando ella tiene una fiebre que no supera los 39 grados y está en condiciones de hablar le hace el amor de una manera que no tiene descripción en el diccionario.  Así que uno está deseando que esta mujer vuelva a estar en peligro para leer otro polvo majestuoso de esos que la Gabaldón sabe describir con tanta habilidad.

Pero ojo, no nos creamos que no tenga su carácter.  Ella es una rebelde con y sin causa, lo cual a veces también provoca la ira de su marido.  Es caprichosa, quiere salirse con la suya y lo pelea hasta volverlo loco.  Sobre todo en los primeros libros, donde existen varias escenas de desencuentros, celos y arrebatos de furia de ambos protagonistas, ella no tiene ningún problema en mandársela a mudar caminando por un oscuro bosque o al borde del precipicio, furiosa y con ganas de matarlo.  Probablemente él se quede unos cinco minutos y luego salga cabalgando a buscarla para darle un par de chirlos en el culo que siempre derivan en otra escena de sexo de esas que uno recrea en la cabeza una y otra vez.  Se sacan chispas pero se atraen como dos imanes.  Y además son compasivos, generosos y la cabeza de un clan al que dirigen y sacan de apuros una y otra vez.

Claire es la esposa perfecta, la madre ideal, la amante de lujo, la médica que todos quisiéramos tener, la abuela de ensueño…la heroína más grande que haya escrito alguien que quiere que sus lectoras deseen fervientemente ser un poquito como Claire.


Se está filmando la miniserie correspondiente al primer libro, la foto de Claire pertenece a Catriona Balfe, quien ha sido elegida para protagonizar a nuestra heroína.

martes, 27 de agosto de 2013

REVOLUCIÓN EN EL GRANERO DE JAMIE FRASER


Otra vez más, la Gabaldon logra hacer de las suyas, esta vez en la pantalla.

Desde que las novelas de Diana Gabaldon, cuyo prota masculino “Jamie Fraser” es la fantasía sexual literaria más consumida del planeta, desembarcaron en las librerías se habla de un posible traslado del texto a la pantalla.  Esto ha generado infinidad de foros, post, quejas, sugerencias y hasta la  radical oposición de quienes dicen que esto destruirá la ilusión dándole vida en el cine a algo que cada una ha proyectado en el hueso occipital del cráneo luego de consumir los libros.

Es que la experiencia literaria no le pega a todo el mundo igual de la misma manera que el alcohol o la marihuana no le pegan en forma idéntica a todo el mundo.  Yo misma puedo consumir un litro de vino y caminar derecho pero con tres copas de champagne me convierto en un felpudo baboso que tiene que arrastrarse encima de su propia baba para llegar a una cama.  Es así como Jamie para algunas es algo semejante al actor Eric Dane y para otras es Gerard Butler porque es así y se acabó!.  Claramente, cada cerebro ha armado su propia película con el texto que esta bruja a la que adoramos, gurú de la secta highlandesca a la que todas hemos sido abducidas cuando nos pusieron “Outlander” enfrente.   Como quien interpreta una receta de cocina y donde Diana dice “dos cucharadas de esencia de vainilla”, la lectora elegirá una cucharada de jugo de naranjas y otra de miel; cada cual ha hecho con estas novelas una torta diferente.  Mi amiga la hizo de chocolate bañada en dulce de leche y rociada con grageas de colores.  La mía es un pie de frutos del bosque con crema y gelatina.  Y ahí nomas se armó el bardo (quilombo=lío=revolución en el granero de Jamie).  Es que llevar a la pantalla todas las tortas juntas es dificilísimo.  Las de veinte quieren un prota de edad suficiente para fornicar de parado.  Las de treinta quieren uno no tan tierno porque les da culpita.  Las de cuarenta queremos a uno con algunas canas (aunque tenga que protagonizar al pibe de 20 del primer libro de la saga) y las de más de cincuenta quieren a George Clooney con trenzas, barba y la cafetera Nespresso en la mano (porque ya no da para pasar frío y hambre, tienen ganas de revolcarse en el Lago di Como que está más cálido que el Ness y tomar café).

Desde que las novelas salieron a la luz se han subido unos dos millones de videos que con suma artesanía y genialidad mujeres de todo el mundo han editado con música celta y su elección del candidato al trono de intérprete de Jamie Fraser.  Recuerdo cadenas interminables de mails y threads de foros de actores, películas, la propia Gabaldon y sus libros donde la eterna discusión radicaba en quiénes iban a encarnar a nuestros adorados Jamie y Claire y los no menos importantes personajes periféricos que tanto amamos como Roger, Brianna o Lord John.  He leído, mientras me dieron el tiempo y las ganas, tantas barbaridades como proponer a Brad Pitt para hacer de Jamie.  Lo siento, Brad Pitt es a Jamie lo que una carreta tirada por un burro cojo a una Ferrari Testarossa.  Ya sé, las amantes de Brad me van a gestionar un maleficio para que se me caiga el pelo y las uñas se me escamen pero lo tengo que decir porque mi Jamie es COLORADO, ALTO, CORPULENTO, CUARENTON y se parece a Gerard Butler o Eric Dane. 

Pero claro, no soy la dueña del casting así que no pienso enfrentarme con las doscientas millones de féminas enfervorizadas que creyéndose dueñas del copyright mental de Diana declaran “JAMIE ES JAMIE FOXX” (para el acento le ponemos un coach y para los colores está George Lucas y su ILM (la empresa encargada de crear los efectos de Star Wars entre otras pelis).  Así fue como poco a poco se fue generando el caos, primero vino el libro ilustrado (ni fu ni fa para mí, debo decir) y luego la gran noticia: una miniserie.  Temiendo llegar tarde al evento, antes de que se firmaran los contratos ya había mujeres enviándole sus propuestas de casting a Diana y poniendo a tiro sus sitios de descargas favoritos ya que nadie estaba muy seguro para ese entonces si la miniserie iba a estar disponible en todos los países, por qué emisora o vaya uno a saber qué trabas más.  Porque las seguidoras de los libros sabemos que esta plaga se expandió mucho más rápido que el antídoto, y los primeros libros se conseguían más fácil en Indonesia que en Argentina, en cantonés antes que en español y si no tenías la suerte de saber inglés eras capaz de hacer un curso acelerado con la mismísima Queen Elizabeth para ponerte a la par de las fantasías erótico-festivas de tus amigas angloparlantes.  Sabemos de palos en la rueda, las lectoras de Diana; estamos acostumbradas a indigestarnos con una frase posteada en su foro, adelanto del libro que estaba por editar dos años después, y vivir colgadas de esas dos oraciones hasta el aterrizaje de la maldita novela a las góndolas.  Y digo maldita a conciencia, porque nos hemos tomado dos años sentadas zapateando contra el piso releyendo una y  otra vez las entregas anteriores para estar lo suficientemente aceitadas para leer el nuevo.  Y al nuevo lo devorábamos en cuarenta y ocho horas (las más lentas); con lo cual le dábamos a Diana la ventaja de otros dos o tres años para volver a armar otra bomba letal que se llevara puestos nuestros hogares, nuestros matrimonios y nuestra vida chata AJ (antes de Jamie).

No es raro entonces encontrarnos sumidas en discusiones de cuatrocientos post y horas de cotorrerío incesante intentando ponernos de acuerdo en quién debía ser el intérprete de tamaño ser de culto y adoración.  He leído mujeres batirse a duelo y boxearse con palabrotas porque para una el tipo tiene pelo castaño rojizo y para otra es naranja zanahoria (carrot-top).  Se han insultado, amigas de años han dejado de hablarse por meses, ha habido guerras de castings con fotos, amenazas, cartas a todas las empresas americanas involucradas en la industria del séptimo arte y hasta exorcismos (fuentes que han preferido el anonimato han provisto esta información).

En mi grupete de amigas (gente, me incluyo, que supo convivir quince días bajo el mismo techo leyendo en una especie de “book club” pasado de rosca fragmentos de “Outlander” previamente marcados en una suerte de “misa negra”) decidimos aceptar lo que venga en pos de una amistad que ya lleva años y porque cada una tiene clarísimo que Jamie es de cada quien lo haya leído con las características propias que el cerebro (y las hormonas) haya sabido crear.  Obviamente comprendemos que el Jamie de Outlander debe ser encarnado por un borrego lampiño con más cara de bebé que de hombretón guerrero y salvaje.  Y también tenemos clarísimo que la miniserie será consumida por millones de mujeres pero no va a llegar ni a los talones de la película mental que Diana y su pluma suprema han sabido crear sin necesidad de una cámara, un megapíxel o un castillo fastuoso generado por computadora.  Como todos los libros que se llevan a la pantalla, es raro que el producto final conforme, justamente por eso, porque leer ejercita la imaginación y a esa no hay con qué darle.

¿Qué opinan de Sam Heughan?