¿Alegría de vivir? ¿Sobreviviente del naufragio doméstico? ¿Observadora sarcástica de mi entorno o pasada de rosca con el tranquilizante recetado? ¿Algarabía con patas? Para Guille y Gerardo que son lo más! Y para mis zuziaz queridas: Zele, Agos, Ari, Maite, Jime, Patty, Yasi, Frida, Eleonora, Anabel, Elisa y Clau. Mis amigos de siempre Lili, Caro, Ana, Claudia, Urcu, Romy, Gaby, Ale, Lau, Gladys ,Pato, Dumbo, Pepeluí este blog es para Uds. Los quiero
miércoles, 25 de febrero de 2015
MI GRAN CULEBRÓN TURCO
jueves, 21 de abril de 2011
ME CONFIESO CULPABLE
domingo, 8 de agosto de 2010
MEDIÁTICOS ARGENTOS

Un desfile de culos, descerebrados, frikkies y herederos millonarios
Si en mi vida existe una constante, esa constante es la televisión. En mi casa se enciende a la mañana y se apaga antes de ir a dormir. No es que alguien la esté mirando atentamente, salvo que haya algo rescatable para ver; en general se prende para que esté ahí…haciendo ruido y compañía.
Últimamente, y para mi total relajo, he visto un desmesurado incremento de la programación basura poblando y multiplicándose en todos los canales de origen nacional. Basta con ponerse a hacer zapping cinco minutos para percatarse de que no solamente no existe absolutamente nada potable para ver, también caemos en la cuenta de que la mierda que se produce en un canal se reproduce en progresión geométrica en los canales restantes.
Con una falta total de ideas y un excedente de mal gusto, este programa madre de todas las miserias que hay para mostrar; muestra lo más bajo de la sociedad envasado en Concurso de Baile con fines benéficos.
¿De qué se compone el cóctel vomitivo?
En primer lugar de un conductor “exitoso” que hace del mal gusto un culto. Desde la forma en que destrata a participantes y personajes secundarios hasta la manera en que se embute dos alfajores en la boca, todo lo que es y muestra es de un patetismo subterráneo. Busca la contienda, alienta el caos, ensalza la burrada y trata a las mujeres como pedazos de carne. Mujeres que elige rigurosamente por su total falta de educación, neuronas y un culo prominente. Grita, saca la lengua, se revuelca por el piso y manosea a quien se le ponga enfrente. Mujer u hombre, mientras facture le da todo lo mismo.
En segundo lugar contrata un excéntrico heredero de una fábrica de chocolates, aspirante a showman que más que un hombre parece un chiste ambulante. Una especie de versión carne y hueso de los muñecos “Action man” con los que jugaba mi hijo. Portador de ciento cincuenta cirugías estéticas para estirarle la cara, inflarle los labios, marcarle los abdominales y contornear los pómulos; este muñeco plástico con neuronas de caucho se las ingenia para multiplicarse en cuanto programa pedorro existe en la televisión argentina. Estrafalario, homosexual reprimido que se hace pasar por latin lover llevando de la mano a cuanta estúpida se deje comprar por un autito y un anillo; el aparato se da el lujo de contar dinero delante de los pobres proclamando a los cuatro vientos cuánto le salieron las botas o el auto que lo trajo hasta el canal. Con un séquito de infradotados que lo cuidan para que alguien no se lo cargue por el puro placer de verlo desaparecer del tubo, el monstruo deambula haciéndose el macho alfa y parafraseando poetas en un inglés venezolano al más puro estilo Chávez. Llora, se pelea, insulta, canta, llora otra vez, se emociona, propone matrimonio en cámara, llora por tercera vez pero no puede comprar con todo su dinero el silencio de otro mediático que cuenta con pelos y señales cómo se enfiestaban entre ellos disfrazados de gladiadores romanos.
La modelito devenida en actriz seria, devenida en señora que no soporta el paso del tiempo, devenida en miren como me cojo un pendejo porque todavía estoy buena, devenida en escracho mediático lastimoso de lengua viperina y cerebro de pájaro.
Esta señora supo ser linda. Es todo lo que supo ser. Puso todas sus fichas en eso. Apostó hasta las joyas de la abuela, con eso nunca le iba a escasear el dinero ni el macho que le caliente la cama en invierno. Lástima, le erró fiero. Después de hacer una media docena de películas berretas e inundar las revistas con las fotos de su culo su estrella comenzó a apagarse. La guita del ex marido se le terminó y necesitó de un nuevo escándalo para posicionarse en las primeras planas “again”. Entonces se fagocitó un ignoto pendejo que supo manosearla en cámara mientras la señora se contoneaba en bolas, sonriendo con la cara llena de botox y la cabellera impregnada de extensiones. Así compró sus últimos ocho años de fama. Trabajando de vedette o actriz de dudosa reputación, llegaba al teatro de la mano del mocoso (ambos a bordo de una motocicleta para que quede bien claro que ella todavía estaba en la década en que las tetas se quedan donde las pusieron y el culo se banca un cola less).
La tonta tontísima con un par de tetas monumentales y un culo para el infarto. De estas suelen pulular unas doce por noche. Nadie sabe de dónde salen, pero son famosas. Supongo que deben figurar en algún catálogo de putas aparte de bailar y decir pelotudeces. Son una vergüenza para el género. Y hablando de género, poco generosos han de ser los vestuaristas que les proveen de un minúsculo trapo que cubre la nada más absoluta. Cosa que la cámara capte cada poro de la entrepierna y cada pezón que se escapa en una rebuscada pirueta que tiene como único objeto que la cría en cuestión quede posicionada abierta como un lechón a la parrilla delante de una cámara que no para de hacer zoom ahí adentro…donde solamente el espéculo del médico ginecólogo puede llegar. Más allá de bailecito, la función de la señorita será trabar un diálogo con el conductor, que no dejará dudas en cuanto a la total ausencia de axones nerviosos debajo de esa brillante cabellera femenina. Balbuceando frases inconexas, la tonta con voz de nena y luces…apagadas, hará mutis por el foro mientras el camarógrafo le encaja la cámara en el medio del orto por última vez en la noche.
El bailarín del miembro generoso y cara de afasia cerebral. Este espécimen fue pescado en un club de strippers. De ahí fue llevado a bailar en paños menores ante la mirada libidinosa de un ejército de mujeres del público que aúllan como si hubieran visto al mismísimo Adonis. Adonis no es más que un señor con la mitad de la cara fruncida y paralizada, músculos de laboratorio, una zunga y un pene largo que es revoleado por su dueño para delirio de los miembros del jurado (valga la redundancia). Y por miembros no solo me refiero a las mujeres, ya que los hombres que “adornan” este jurado se lo llevarían puesto a “pijilargo” por un par de dieses en la puntuación del certamen.
Si esto quedara restringido a las ocho horas semanales que tiene pautado el programa, casi les diría que estamos a salvo. Pero lamentablemente esta porquería vende, y como vende todos los programas se disputan a estos engendros que se pasean de canal en canal llorando sus miserias e inaugurando un nuevo subsuelo en la mediocridad televisiva argentina.
Menos mal que hay cable, que hay libros, que hay cine y que existe el control remoto…
domingo, 22 de noviembre de 2009
TELEVISIÓN PASTELONA
CULEBRONES, TIRAS Y NOVELAS
¿Quién es el mentiroso que jurará por
Crecí intentando ver “Los Autos Locos” o “Bonanza”…digo intentando porque la señora que nos cuidaba a mi hermana y a mí se plantificaba frente al televisor religiosamente, para ver su novelita de la tarde y guay de que alguien intentara cambiarle el canal. No había Cristo que la removiera de su silla, quedaba hipnotizada como una cobra con su flautista. La mandíbula entreabierta, la mirada torva…de pupilas dilatadas y las orejas levemente alineadas hacia el parlante del televisor. No se quería perder detalle de esos parlamentos tan rebuscados y floripondios, pronunciados por aquellas bocotas pintadas de rojo furibundo en primer plano (mientras el galán escuchaba atentamente, estratégicamente instalado a escasos dos centímetros de ella con el mentón encastrado en el hombro de su amada porque jamás se hablaban entre ellos, se hablaban mirando a cámara). Fue tanta la cantidad de horas de exposición a esos productos diseñados para arrancar la lágrima fácil y autogestionarse una alegría a la hora de la siesta estival; que finalmente y pisando la adolescencia fue imposible no caer en sus melosas redes.
Fue así como me tragué sin digerir, los culebrones de Verónica Castro, de Andrea del Boca, Grecia Colmenares y toda aquella cosa escrita por Migré o Nené Cascallar. En esa burbuja rosa de corazones flotantes y aroma a rosas rojas, la mente de una adolescente se desarrolla con errores conceptuales que se irán acumulando cual gases en el intestino delgado; los mismos será evacuados de manera salvaje cuando el confronte entre el culebrón y la vida misma le muestre el abismo existente entre realidad y ficción.
FICCIÓN VERSUS REALIDAD
En el culebrón la protagonista (ya sea en su rol de personal doméstico/secretaria/madre soltera/prostituta/hija adoptiva/esclava/niñera/monja de clausura/vendedora ambulante) siempre se levanta maquillada y luce divinamente maquillada e impolutamente peinada.
La fea se vuelve linda. Y la linda se vuelve preciosa.
En la realidad, las mujeres nos levantamos con cara de boxeador apaleado, pelos parados, pálidos como Marilyn Manson y rictus de orto MAL. La fea se muere fea; la linda tiene suerte, es envidiada por la fea (y no al revés como dice el refrán).
En el culebrón el galán es: precioso, educado, culto, millonario, tiene un físico privilegiado diseñado para el pecado, empilcha como los Dioses, es dueño de una nave descapotable que es la envidia del barrio, resuelve problemas, arregla las canillas que gotean, es bueno con sus padres, reconoce a sus hijos (productos de un desliz), escucha, tiene paciencia, se acuerda de los aniversarios, hizo el curso de resucitación (o es médico), es bueno con sus empleados, los domingos cocina en un comedor comunitario, se plancha las camisas, encuentra las medias sin ayuda del mayordomo, vuela aviones, hace bunjee jumping, siempre gana en
En la vida real… ¿hace falta que lo escriba?
En la novelita el final es siempre redondo, feliz y perfecto. Los que tenían que terminar juntos, terminan juntos. La que los quería separar va a parar a la morgue judicial, a un convento o al Neuropsiquiátrico más lejano. La fortuna es heredada por alguno de los protagonistas, las deudas desaparecen mágicamente. El que estaba preso injustamente es liberado, el que estaba suelto es apresado. El abogado coimero es desenmascarado. El político corrupto es enviado a hacer trabajos forzosos a Siberia. La suegra desalmada termina deportada a su país de origen ya que se descubre que obtuvo su permiso de permanencia gracias a su matrimonio por conveniencia con el valet parking del Casino donde termina perdiendo el resto de su fortuna.
En la vida real las deudas no solo no desaparecen, se incrementan en sincronía con la inflación. El abogado desaparece con la guita del juicio de la abuelita. La suegra desalmada vive hasta los cien años gracias a sus clases de yoga. El preso sigue esperando sentencia, el ladrón te sigue asaltando y le das gracias porque te perdona la vida. El político corrupto se presenta a las elecciones siguientes y gana por afano (literal y figurativamente). La heroína termina en la calle con una docena de hijos no reconocidos, dedicándose a la prostitución para poder mantenerlos y cada dos por tres cae presa. La que los quería separar se lleva el “Jackpot”, aunque años más tarde descubre que se ha llevado un problema de dimensiones inusitadas (labura doce horas para mantener al susodicho que toma cerveza mientras hace zapping y eructa el alfabeto sin respirar).
En la vida real la tensión sexual llega hasta el estacionamiento del auto (o la consagración del matrimonio). Luego va en franco descenso hasta llegar al punto en que la sola mención de un revolcón provoca una nube de polvo (no del “polvo” en su acepción metafórica), el polvo que dejan los integrantes de la pareja corriendo uno para el norte y otro para el sur.
Es por esto que aconsejo ver estos programas con lentes oscuros, tanto brillo…tanto corazón con purpurina, tanto encaje y tanta miel pueden llegar a obstaculizar el pensamiento racional que será reemplazado indiscutiblemente por una nube de pedo COLOR ROSA.
domingo, 1 de noviembre de 2009
LO QUE MATA ES “LA CALORRR”

Las no-bondades del verano
Casi todo el mundo adora el verano. Claro, lo asocian con las vacaciones. Pero la maldita estación del calor agobiante, que solía durar unos tres meses, ahora y gracias al calentamiento global dura unos insoportables ocho larguísimos meses de ardorosa agonía estival. Pero para el proletariado, ese segmento infame de gente que cubre el 90 % de la población mundial, acostumbrada a correr todo el día detrás de un puñado de billetes que lo ayude a llegar a fin de mes, la duración de las vacaciones se extiende a una mísera quincena.
Entonces, ¿qué es lo genial del verano?, visto y considerando que fuera de esa quincena estarás destinado a freírte como un churro en aceite hirviendo. Francamente no le veo la gracia, al menos fuera de alguna playa con aire marino y el ruido de las olas. Porque en la ciudad, el verano es un flagelo maquiavélico diseñado para exterminar al excedente de la población mundial.
Todo se complica con el calor. Viajar en transporte público, los cuerpos pegados como sardinas apiladas en una lata al sol, emanando todos los olores y todos los fluídos corporales posibles; trabajar cuando los equipos de aire acondicionado no dan abasto; dormir cuando la temperatura mínima no baja de los veintiocho grados…la vida se convierte en un suplicio.
Por eso, en honor a una amiguita amante del orden y las listas, he aquí un TOP TEN de las peores cosas que el calor te depara cuando no estás de vacaciones:
La transpiración y la higiene. Imposible estar limpio sin ducharse cada media hora. Salís del baño, te secás y a los cinco minutos estás empapado nuevamente, pero esta vez en tu propio sudor. Tirarte talco solo logra que te conviertas en un gnocchi humano ya que la mezcla de la transpiración y el polvo logran una pasta asquerosa que se almacena en cada rollo y cada hueco de tu curvilínea anatomía. El desodorante es un placebo para tu mente, de eso te darás cuenta cuando te agarres del pasamanos del colectivo y se haga un vacío de dos metros a la redonda (al fin y al cabo Rexona NO FUNCIONA). Demás está decir que asistir a recitales de rock en el campo, apiñándote con otras treinta mil personas sudadas es una experiencia única que no volverás a repetir si frotaste durante media hora tu cara en la barriga de un señor peludo de dos metros que transpira como un beduino en el Sahara.
Quemarte el trasero y las manos. ¿Quién no se ha subido a un auto que estuvo varias horas al sol para incinerarse el culo con la cuerina del asiento y las manos con el volante en llamas? Lo peor del caso es que lo repetimos una y otra vez porque siempre estamos apurados, así que hacemos malabarismos para controlar la nave clavando las uñas en el manubrio o los dientes, en el mejor de los casos.
Dormir es un suplicio. Para el que no tiene aire acondicionado, o lo tiene y puede pagar la factura de la luz (quedan pocos), dormir es una tarea insoportable. El ventilador de techo no hace más que bajar el aire caliente acumulado en el cielorraso, para hundirte más y más en el colchón empapado. Ni la televisión aparta tu mente de esa nube de vapor que te envuelve y no te deja pegar un ojo. Ya te sacaste toda la ropa, ahora te gustaría sacarte la piel a jirones y ventilar tus arterias mientras relojeás la ventana en busca de un relámpago que anuncie una inminente tormenta.
Cocinar es una maldición gitana. Ya te las pensaste todas, pero no queda otra que prender el horno, o encender la hornalla. Porque si seguís pidiendo comida al delivery vas a terminar gastando el dinero que tenés ahorrado para pasarte una semanita haciendo la plancha en el mar de la playa más próxima. Entonces te parapetás frente a la cocina revolviedo la cacerola humeante mientras te llueve la frente y los pelos se te pegan en el cuello. Cuando la cena está lista has perdido todo rastro del apetito que tenías cuando comenzaste, la cena termina en el freezer junto con tu cabeza que busca alivio desesperadamente.
Vestirse es una tarea titánica. No solo porque el jean no se despega de las piernas impidiendo que lo subas más allá de las rodillas. La hinchazón provocada por las altas temperaturas hacen que abrochar el botón se convierta en un chiste, pasarte un anillo por los dedos una masacre y abrocharte el corpiño un acto quirúrgico. Esto sin contar los cinco kilos de más que te acompañan porque le diste a la cerveza más que un irlandés el día de San Patricio. A la media hora de salir de tu casa querrás arrancarte la ropa con los dientes, rifando la tanga que se te incrusta en la raya del culo al mejor postor. Desvestirte es un capítulo aparte. Sacarte esos trapos empapados en sudor te llevará más tiempo, ya que las telas tuvieron todo un día de sofocantes cuarenta y dos grados para incrustarse en cada recoveco de tu geografía corporal. Para despegar las sandalias del empeine de tus pies vas a necesitar un destornillador para hacer palanca. Y una tijera para operarte la musculosita cuyos breteles se fundieron con tus huesos.
Asolearse y refrescarse es más difícil que encontrar petróleo en el patio de tu casa. Los adoradores del sol querrán lucir bronceados tomando sol aún en la azotea de su departamento, el patio, el balcón o el fondo de sus casas. Entonces se tirarán cual lagartos en el piso, a sufrir como condenados hasta que se pueda fritar un huevo sobre sus estómagos. Entonces llegará el momento de armar la pileta de lona. Esa condenada a la que siempre le falta un caño, o un esquinero o el croquis con la explicación para unir los caños en un perfecto rectángulo. Para el momento que la tengan llena y armada se levantará el temporal de la década. El agua se llenará de hojas y se pudrirá. Entonces llegará el día de cuarenta y tres grados a la sombra otra vez. El agua será un caldo maloliente color caca que ningún integrante de la familia se dignará a limpiar. Y ahí quedará hasta la llegada del otoño…
Practicar deportes es un castigo divino. Es necesario, el médico te lo recomendó, los kilos de más lo ameritan; pero ni saliendo a caminar a las cinco de la mañana te librará de caer desplomado y mojado sobre la cama plantando bandera blanca hasta el primer día de temperatura decente (que llegará en aproximadamente cinco meses). Ni bicicleta, ni aparatos, ni siquiera Pilates; no vas a mover un músculo más que los dos necesarios para mirar televisión y hacer zapping.
Ir de compras al supermercado es insalubre. Lo mejor de ir de compras es el aire acondicionado de los shoppings y supermercados. Lo peor del caso es que el aire termina donde empieza la calle. Esa calle donde está tu auto o el autobús que te lleva a tu casa. Ahí reparás en el error grave que cometiste al llenar un carro con boludeces que pesan mil kilos, boludeces que vas a perder en el camino porque vas arrastrando las bolsas hasta que se agujerean vomitando su contenido (el que no te molestarás en recoger porque tu inexistente presión arterial te impide agacharte sin darte la cabeza contra el pavimento).
Asistir a un evento y participar activamente del mismo es una broma de mal gusto. Ya sea la reunioncita de fin de año del colegio de tus hijos, un casamiento o un cumpleaños; mantenerte de pie sobre un par de tacos aguja, embutida en un vestido dos talles más chico (subiste esos dos talles de tu casa al evento por pura retención de líquido) y encima embarcarte en un frenético baile carnavalesco es un acto de escaso amor propio. Tendrías que haberle hecho caso a tus instintos. Tendrías que haberte quedado despatarrada en bombacha, debajo del ventilador, mirando “Happy Feet” por vigésima octava vez (y deseando ser el pingüino protagonista).
El sexo es un “BIG NO-NO” como dicen los americanos. Está restringido a lugares con aire acondicionado, bañaderas con agua helada, piletas de lona (exclusivamente de noche), vacaciones en
En síntesis, el verano es una reverenda porquería. Para el que trabaja en una oficina, para el que patea las calles entrando y saliendo de Bancos y oficinas municipales, para el que transpira al pie del horno de una Panadería, para el que coloca techos al rayo del sol, o hace pozos, o reparte correspondencia…a mí que no me jodan…el verano es el infierno en la tierra.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Noticieros de cuarta

El que no recibe el diario, no consulta las noticias por Internet o no se agencia un par de periódicos matutinos en un bar; tiene que morir como yo en los noticieros de la tele.
Cada uno y a su particular manera y estilo; se encargan cada mañana y cada noche de atentar contra mi algarabía (la cual es francamente indestructible). No es que yo tenga poca paciencia, creo que más bien son ellos, los que hacen los noticieros; los que me hacen saltar la térmica por una serie de razones que ya paso a detallar (y que nada tienen que ver con la noticia en sí, obviamente).
El anticipo.
Odio el anticipo. Lo odio porque se pasan una hora hablando de lo que vamos a ver pero no nos muestran nada. Venden la noticia como si fuera un culebrón colombiano “Ya les mostramos lo que dijo Antonini Wilson” (debería haber escrito culebrón venezolano, pero eso es para otra columna). El tema es que venden y anuncian pero para cuando se decidan a desarrollar la noticia yo ya perdí el interés, me fui a trabajar o me quedé dormida (dependiendo del momento del día). Puros títulos, puros carteles, puro esqueleto sin contenido. Y después te ponen la nota de las bondades de la vitamina B12 o el perro que hace skateboard en Ohio.
El tonito de algunos periodistas
El tono de urgencia que luego se corta para gastar al del pronóstico porque ayer la pifió y llovieron teresos de punta. El tono de falsa seriedad porque cuando se van a la pausa dejan el micrófono abierto y tras la noticia de un triple homicidio se los escucha discutir la esponjosidad de las medialunas que les sirvieron en el desayuno. El cantito que usan otros para leer los títulos, que se pierde vertiginosamente cuando los títulos van más rápido que sus cadencias amarillistas y se quedan leyendo lo del transplante de hígado sobre una placa de la Selección y su viaje a Escocia (lo que conlleva a que nosotros pensemos que Messi necesita un urgente transplante, Maradona sería el donante y Bilardo el cirujano).
La lección de civismo
Ningún periodista que ostente con orgullo su carnet habilitante como tal, podrá esquivar la cátedra de Educación Cívica luego de leer una noticia sobre política o una policial. Con el ceño fruncido, el pecho inflado como una paloma mensajera y la mirada fija en la cámara (o sea NOS); este ícono de la rectitud, la moral y las buenas costumbres nos beneficiará con una portentosa filípica sobre lo que debemos y no deberíamos hacer (como si uno fuera un pavote inconsciente huérfano y analfabeto merecedor de unos cuantos chirlos en el glúteo izquierdo porque la delincuencia sube y uno qué hizo AH…QUÉ QUÉ).
No los soporto, ni las soporto…porque hay algunas que tienen a la maestra ciruela presta a emerger ante cualquier noticia que le de pie para una clase super didáctica con power point incluído.
Los que piensan que la noticia son ellos
Tanto cronistas, como noteros y periodistas están convencidos que la noticia se trata de ellos. Entonces opinarán sobre lo que les pasó a ellos (algo muy similar a lo que le pasó a la señora del móvil que no tiene puta idea de quién le está hablando por la cucaracha y lo único que quiere es que alguien la ayude a reconstruír su casilla que se acaba de incendiar hasta los cimientos). Son los que preguntan cosas para brillar más que para informar, interrumpiendo al protagonista porque sus cerebritos privilegiados van más rápido de lo que va el entrevistado (aparte han perdido completamente, la capacidad de escuchar). Son los típicos que cuando los asaltan o los chocan convierten la noticia en titular y cuestión de estado. Abundan en los noticieros donde se dedican a mandarle saluditos a la abuela, a contar lo que comieron la noche anterior mientras uno desespera por conocer el pronóstico para saber si salir o no con piloto y paraguas. También son los que se pavonean con orgullo mediático mencionando cada dos por tres la cantidad de premios Martín Fierro acumulados o los que asisten a esas entregas de premios y caen en la pelotudez de sermonearnos cuando son galardonados con un discurso digno de la cruza entre Winston Churchill y Gandhi (cara de tango all included).
El maldito pronóstico
Nunca voy a entender porqué lo mezquinan tanto. Sobretodo porque cuando me canso de esperarlo (después de haber escuchado el anticipo unas mil veces en quince minutos), me conecto al Weather Channel y los mando a todos a la recontramierda.
Tampoco entiendo mi adicción a los pronósticos porque se equivocan bastante seguido y porque usan el segmento para cargarse por los resultados del futbol, las preferencias sexuales (todo muy sutil, obviamente) y cualquier otra pavada que les sirva de excusa para relajar antes de contar que una familia entera fue baleada en la puerta de su casa. ¿Cómo volver de la pelotudez total para informar semejante drama?. En primer lugar no deberían haber llegado al punto sin retorno, porque de eso no hay retorno. Lo cual es peor cuando quedan tentados y leen la peor tragedia tragándose las carcajadas.
Los cronistas de futbol
Ya sé que casi todo el país aprecia más una noticia sobre el deporte favorito de los argentinos antes que lo que va a pasar con sus ahorros si las bolsas siguen cayendo o el Ejecutivo saca la ley de estatización de las jubilaciones privadas; pero tampoco la pavada, no me explico la cantidad de tiempo que ocupa la doble rotura de meniscos de Cuchuflito o el casamiento de Cacharrito con la botinera de turno. Analizan cada jugada como si estuviéramos mirando un canal de deportes y generalmente repiten ese gol del domingo hasta el cansancio, después hay una breve mención al tennis…y luego se acabaron los deportes en Argentina (salvo que alguna ignota yudoka se traiga el bronce a casa en las Olimpíadas, en cuyo caso todos son expertos en yudo arghhh!).
El opinólogo super especialista
A estos les chifla el moño, sólo se salvan unos pocos. La mayoría navegan por la delgada línea abstracta de la opinión neutra que no perjudique al canal que les da de comer, al político que les ayuda a terminar la casa en el Country o el diario para el que trabajan cuando no están haciendo el currito delante de cámaras. Algunos no tienen la más pálida idea de lo que dicen, opinan de economía pero jamás en sus vidas se quemaron las pestañas haciendo una carrera…capaz un cursito de dos días en un hotel de lujo que los habilita a hablar sobre variables macroeconómicas con la autoridad con la que yo hablo del mejor lubricante sintético para motores nafteros.
Pero los peores son los que nos regalan su idónea y particular visión sobre tal o cual tema por el simple hecho de vestir un traje Hugo Boss y manejar un BMW. Total, sólo hay que poner cara de “yo la tengo clarísima” y listo.
Los que repreguntan lo recontrarepreguntado
Aquí encontramos a una sarta de cabezas huecas que tienen la primicia de una madre desesperada en línea, que hace unos días busca a su hija desaparecida y abusan de la pregunta incisiva para tenerla más tiempo pegada al auricular sin sensibilizarse por la gravedad de la situación. La pobre mujer acude a un medio público para difundir la foto de su hija y ellos la gastan como escolar a una goma de borrar. La liman duro y parejo, para que no atienda llamados de otros medios y siga conectada repitiendo una y otra vez lo mismo. Ni siquiera el dato de que la señora necesita hacer reposo por su avanzado embarazo los disuade de seguir metiendo el dedo en la llaga. Son de décima. Eso sí, después te darán cátedra de sensibilidad social y te convocarán para participar de la colecta Más por Menos o un Sol para los Niños, pero son hienas insaciables que no se conmueven con nada (salvo que les pase a ellos, obviamente).
Los k-gones
Los noteros de esta especie son los que corren a lo Rambo detrás de la balacera pero en cuanto escuchan un tiro cazan de la solapa a un pendejo que pasaba para convertirlo en un escudo humano. Se enfrentan a la pesada de algún gremio pero ante el menor conflicto se meten el micrófono por donde les entre y salen corriendo con los cantos bien apretaditos. Los miran fijo y se mean, los pechean y se derriten como un helado en verano. Les dicen que NO y dan la razón sin el menor atisbo de duda. Si tienen la suerte de recibir un zamarreo o una bala de goma en una pierna, esperarán el Pulitzer, la Medalla al valor y varios días de notas en todos los canales mostrando el moretoncito multicolor que tanto les duele. Demás está decir que acusarán con el pecho henchido de furia a sus agresores, que primero fueron sus víctimas porque les metieron la cámara en la naríz y el micrófono en el traste; pero eso no cuenta…lo que realmente cuenta es la vil agresión a un periodista (aunque la nota fuera sobre la pelea de las vedettes en el último show de Marce).
Ojo, a no generalizar, algunos se salvan. Son los menos, pero de vez en cuando aparece uno que vale la pena (lástima que nunca duran en el aire).
Merde!

