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sábado, 25 de julio de 2015

UTOPIAS LITERARIAS

 
 
PERSONAJES DE LA LITERATURA ERÓTICO FESTIVA

Tal como hice en otras entradas, escribí sobre el personaje principal de la saga "Outlander" de la autora Diana Gabaldon, responsable de las crisis matrimoniales de la mitad de las lectoras de sus adictivos libros.  Está clarísimo que no existe hombre sobre esta tierra que le haga sombra a Jamie Fraser.  El tipo es la perfección en dos patas, no solamente físicamente, el señor es un dechado de virtudes, un escocés con valores, buen corazón, ética, moral y todo lo que hace que el machote sea un imposible.
Las autoras de esta literatura saben que somos materia fácil de convocar. Así que manufacturan un tipo ideal desde todo punto de vista para que caigamos muertas como piojos rociados con permetrina.  Ellas saben (porque son mujeres como nosotras) qué cuerda tocar para mojar nuestras prendas íntimas en dos oraciones además de dejarnos eternamente dañadas para el resto de los hombres de carne y hueso que habitan nuestro planeta.
Es así como nos vemos inmersas en esta trampa mortal que nos obliga a hacer cosas como leer hasta que sale el sol y bancarnos estoicamente todo un día de laburo con ojeras hasta las rodillas.  Rechazamos invitaciones sociales para encerrarnos toda una tarde a leer a destajo hasta que los ojos nos quedan inyectados en sangre dándoles un aspecto de zombie pasado de rosca.  Somos capaces de encapsularnos en el baño a las tres de la mañana para leer diez páginas más porque a nuestros maridos de carne y hueso la luz del velador los desvela (con ese mismo velador con el que seríamos capaces de desnucarlos si no se interpusiera la razón).  Leemos en los trenes y en los colectivos, llorando a moco tendido y largando una carcajada que se escapa sin filtro llamando la atención de los que nos rodean; la mayoría piensa que estamos de la nuca y tienen razón.  Leemos cocinando y se nos pasa cualquier cosa que hayamos puesto al horno o en la olla, porque estamos de la olla.  Leemos en el baño, en la playa, al borde de la pileta, en la hamaca paraguaya, en el consultorio del médico y en cualquier momento libre  que la vida nos regala. 
Pero, cómo reconocer a las verdaderas utopías literarias de las novelas erótico festivas?
 
 
 
EL PROTA
 
- Mide más de un metro ochenta.
- Tiene ojos claros o negros de mirada salvaje.
- Cuerpo tallado en madera, el tipo es una escultura de Leonardo Da Vinci caminando.  El culo es redondo y respingado.  Las piernas son largas y musculosas.  Los brazos ídem.  Manos onda gigantes tipo manopla para sacar la asadera del horno.  Dedos fuertes, uñas impecables salvo que sufra un accidente y le queden los dedos destrozados en alguna batalla.  Narices perfectas, largas y rectas.  Bocas de labios gruesos pero bien proporcionados, con dientes blancos como las teclas de un piano nuevo.  Barba de tres días, a veces más si fue a la guerra o vive en el 1700 y se pasa seis meses escondido en una cueva o bosque lejos de la civilización.  El torso es perfecto, la tabla de chocolate está presente gracias a que en la mayoría de los casos estos tipos son guerreros, highlanders, soldados, gimnastas, deportistas, mercenarios, agentes encubiertos o ninjas.  Los genitales van en un capítulo aparte.  En esta literatura no existen las medidas S, XS ni M.  Acá van del L al XXL.  Y encima son divinos, tanto el pene como los testículos suelen ser motivos de admiración por la prota del libro que en su vida vio algo tan precioso, perfecto y enorme (generalmente quedan cojeando luego de la primera cópula).
- Nunca un pobre.  No, estos tipos están forrados en dinero.  Se hicieron millonarios antes de los veinticinco gracias a un cerebro superdotado o bien han heredado una fortuna de sus padres.  A veces quedan en la ruina después de una guerra o un destierro, pero siempre tienen la capacidad de volverse a levantar y amasar una nueva fortuna con la que pueden alimentar no solamente a la protagonista femenina, a toda su familia, primos, vecinos, amigos y empleados.  Nadie queda en la calle porque el tipo es tan inteligente que puede resurgir de sus cenizas y generar dinero de la nada, simplemente con el sudor de su cuerpo o el producto de una mente brillante.
- Son cultos, casi siempre.  Hablan por lo menos cuatro idiomas y tres lenguas muertas.  Han viajado por todas partes y se sienten como en casa en cualquier destino que pisan.  Saben arreglar barcos, autos, armas, casas, máquinas varias y hasta asistir un parto en el medio de un bosque.  Saben cocinar, cazar, sembrar, inseminar vacas, faenar cualquier cosa que camina para luego cocinar y mandarse un platillo soberbio.  Son leídos, citan a escritores famosos, saben de economía, de política y filosofía.
- Expertos amantes, siempre vienen con un historial de mujeres que les han enseñado los trucos de la cama así que cuando agarran a la prota la vuelven prácticamente loca en la primer embestida.  Son insaciables, con solo un beso se encienden y con una mirada del culo de sus amantes tienen una erección digna de una estatua de mármol.  No usan viagra, no lo necesitan, viven al palo.  Sobrios o borrachos siempre responden en la cama.  Son máquinas de follar, experimentadas y creativas.  Nunca se circunscriben al dormitorio, depredan en la cocina, el baño, la ducha, el vestidor, el auto, el ascensor, la oficina, la montaña, la playa, el bosque, el bote y hasta el camarote de un galeón a punto de dar una vuelta campana en el medio de un tifón.  Cuando la ponen se enteran todos en un kilómetro a la redonda por los aullidos de la partenaire en cuestión.  El tiempo de recuperación de estas máquinas folladoras es ínfimo, pueden copular eternamente hasta que la acompañante caiga desfalleciente a sus pies.  El mínimo es dos polvos en media hora, de ahí para arriba dependerá de la imaginación de la autora.
- Hombres de una moral impecable.  Aunque sean mercenarios, soldados o máquinas entrenadas de matar; siempre existe un buen motivo para hacerlo.  Salvan a sus familias o a un país entero de la hambruna, del enemigo, de una plaga, terroristas armados hasta los dientes y animales salvajes.  Tienen una ética impecable, terminan teniendo siempre la razón y si desbarrancan hay una explicación lógica que viene desde la crianza.  Niños golpeados o abandonados, un padre alcohólico y abusador, una infancia en un orfanato...cualquier explicación es lógica para que se expíen los pecados de este santo varón y le den a la protagonista femenina la oportunidad de arreglarlos a puro amor y polvo sanador.  Corazón de oro, estos tipos son capaces de financiar la cura contra el cáncer, comprarle lo que necesite a cualquier personaje de la novela que se vea en problemas y hasta donar partes vitales de su propia anatomía para salvaguardar la integridad de sus parejas.
 
 

 
LA PROTA
 
- Son hermosas como las princesas de los libros de cuentos.  Frágiles como una copa de cristal, tienen un cuerpecito menudo pero con la grasa distribuida en los lugares correctos: Tetas y culo.  Lo cual es una utopía ya que es sabido que a nadie le tocan las dos cosas juntas.  La que tiene tetas y culo es porque se agregó siliconas en alguna de las dos partes necesitadas.  Estas vienen de fábrica  con la divina proporción impresa en sus organismos.  De cabellos largos, ondulados o lacios, de colores con destellos ya sean castañas, rubias, morochas o pelirrojas; estos pelos llaman la atención dondequiera que ellas circulan.  La gente se da vuelta a mirarlas, dejan a todos mudos.  Los ojos son almendrados, color miel, azul, gris o verde.  Brillan como dos faroles de día y de noche, viven destilando lágrimas de alegría, tristeza o decepción cada página y media.  Flacas o pulposas, siempre son la debilidad del héroe del libro.  Despiertan pasiones incontrolables que derivan en polvos gloriosos que son releídos una y otra vez en un loop frenético que termina cuando los ojos caen desmayados de tanto descontrol hormonal.  Hasta en el borde de los cincuenta años tienen el culo y las tetas en su lugar, conservan un lomo espectacular, no tienen panza y apenas un par de arruguitas alrededor de los ojos develan un leve añejamiento.  Por lo demás siguen siendo las amazonas de los veinte años.
- Son profesionales y cultas.  Y sino, son extremadamente inteligentes, capaces de amasar una fortuna fabricando mermelada de arándanos u horneando pastelitos en un pueblo perdido en la montaña.  Si son profesionales, se destacan con premios en su disciplina.  Arquitectas premiadas que levantan centros culturales, hospitales y bibliotecas; a estas mujeres no hay nadie que les haga sombra.  Sin son médicas, lo más probable es que sean eximias cirujanas que salvan vidas a diestra y a siniestra en el hospital, la vía pública, la selva congoleña y el desierto del Sahara.  Saben taladrar cráneos, serruchar huesos, reparar corazones, extirpar balas y reparar intestinos además de asistir partos de nalgas y revivir personas muertas por más de quince minutos sin ayuda de un desfibrilador.
- Moralmente impecables, siempre hacen lo correcto.  No se quedan con el Audi que les regalan sus amantes si son capaces de dejarlos aunque sean dueños de un holding o una empresa petrolera.  Devuelven alhajas, autos, departamentos, ropa y zapatos.  Son orgullosas e independientes, salen a la calle con una mano atrás y otra adelante y en cinco segundos tienen trabajo en algún alto cargo dentro de un hospital, editorial, diario o programa de tv.  Son buenas madres, entregadas de lleno a la crianza de sus retoños y si la vida de los mismos está en peligro son capaces de vender los riñones en el mercado negro o acostarse con sus jefes para salvarlos.  Adoptan niños en peligro, son capaces de parir sin anestesia y encima luchan por los derechos de la mujer.
- Son cuasi vírgenes hasta que se encuentran con el prota, que con paciencia y un cursito intensivo del kamasutra las convierten en eximias amantes con un apetito sexual digno de una ninfómana.  Están siempre dispuestas, nunca les duele la cabeza y son adictas a las mamadas por el puro placer de verles la cara de felicidad a ellos.
 
 
 
Si los héroes y heroínas de tus libros se parecen un poco a lo que describí estás enfrentando una auténtica utopía literaria.  Te compadezco, seguro que estás enredada en alguna novela, como yo, en el medio del Congo, enamorada de un mercenario millonario hijo de un príncipe saudí con ojos verde jade y cuerpazo para el infarto.  Mis condolencias...estás en el horno como yo.
 
Un par de escenitas valen más que mil palabras, está en inglés pero no hace falta saber lo que dicen para saber lo que están haciendo:
 
 
 

martes, 27 de agosto de 2013

REVOLUCIÓN EN EL GRANERO DE JAMIE FRASER


Otra vez más, la Gabaldon logra hacer de las suyas, esta vez en la pantalla.

Desde que las novelas de Diana Gabaldon, cuyo prota masculino “Jamie Fraser” es la fantasía sexual literaria más consumida del planeta, desembarcaron en las librerías se habla de un posible traslado del texto a la pantalla.  Esto ha generado infinidad de foros, post, quejas, sugerencias y hasta la  radical oposición de quienes dicen que esto destruirá la ilusión dándole vida en el cine a algo que cada una ha proyectado en el hueso occipital del cráneo luego de consumir los libros.

Es que la experiencia literaria no le pega a todo el mundo igual de la misma manera que el alcohol o la marihuana no le pegan en forma idéntica a todo el mundo.  Yo misma puedo consumir un litro de vino y caminar derecho pero con tres copas de champagne me convierto en un felpudo baboso que tiene que arrastrarse encima de su propia baba para llegar a una cama.  Es así como Jamie para algunas es algo semejante al actor Eric Dane y para otras es Gerard Butler porque es así y se acabó!.  Claramente, cada cerebro ha armado su propia película con el texto que esta bruja a la que adoramos, gurú de la secta highlandesca a la que todas hemos sido abducidas cuando nos pusieron “Outlander” enfrente.   Como quien interpreta una receta de cocina y donde Diana dice “dos cucharadas de esencia de vainilla”, la lectora elegirá una cucharada de jugo de naranjas y otra de miel; cada cual ha hecho con estas novelas una torta diferente.  Mi amiga la hizo de chocolate bañada en dulce de leche y rociada con grageas de colores.  La mía es un pie de frutos del bosque con crema y gelatina.  Y ahí nomas se armó el bardo (quilombo=lío=revolución en el granero de Jamie).  Es que llevar a la pantalla todas las tortas juntas es dificilísimo.  Las de veinte quieren un prota de edad suficiente para fornicar de parado.  Las de treinta quieren uno no tan tierno porque les da culpita.  Las de cuarenta queremos a uno con algunas canas (aunque tenga que protagonizar al pibe de 20 del primer libro de la saga) y las de más de cincuenta quieren a George Clooney con trenzas, barba y la cafetera Nespresso en la mano (porque ya no da para pasar frío y hambre, tienen ganas de revolcarse en el Lago di Como que está más cálido que el Ness y tomar café).

Desde que las novelas salieron a la luz se han subido unos dos millones de videos que con suma artesanía y genialidad mujeres de todo el mundo han editado con música celta y su elección del candidato al trono de intérprete de Jamie Fraser.  Recuerdo cadenas interminables de mails y threads de foros de actores, películas, la propia Gabaldon y sus libros donde la eterna discusión radicaba en quiénes iban a encarnar a nuestros adorados Jamie y Claire y los no menos importantes personajes periféricos que tanto amamos como Roger, Brianna o Lord John.  He leído, mientras me dieron el tiempo y las ganas, tantas barbaridades como proponer a Brad Pitt para hacer de Jamie.  Lo siento, Brad Pitt es a Jamie lo que una carreta tirada por un burro cojo a una Ferrari Testarossa.  Ya sé, las amantes de Brad me van a gestionar un maleficio para que se me caiga el pelo y las uñas se me escamen pero lo tengo que decir porque mi Jamie es COLORADO, ALTO, CORPULENTO, CUARENTON y se parece a Gerard Butler o Eric Dane. 

Pero claro, no soy la dueña del casting así que no pienso enfrentarme con las doscientas millones de féminas enfervorizadas que creyéndose dueñas del copyright mental de Diana declaran “JAMIE ES JAMIE FOXX” (para el acento le ponemos un coach y para los colores está George Lucas y su ILM (la empresa encargada de crear los efectos de Star Wars entre otras pelis).  Así fue como poco a poco se fue generando el caos, primero vino el libro ilustrado (ni fu ni fa para mí, debo decir) y luego la gran noticia: una miniserie.  Temiendo llegar tarde al evento, antes de que se firmaran los contratos ya había mujeres enviándole sus propuestas de casting a Diana y poniendo a tiro sus sitios de descargas favoritos ya que nadie estaba muy seguro para ese entonces si la miniserie iba a estar disponible en todos los países, por qué emisora o vaya uno a saber qué trabas más.  Porque las seguidoras de los libros sabemos que esta plaga se expandió mucho más rápido que el antídoto, y los primeros libros se conseguían más fácil en Indonesia que en Argentina, en cantonés antes que en español y si no tenías la suerte de saber inglés eras capaz de hacer un curso acelerado con la mismísima Queen Elizabeth para ponerte a la par de las fantasías erótico-festivas de tus amigas angloparlantes.  Sabemos de palos en la rueda, las lectoras de Diana; estamos acostumbradas a indigestarnos con una frase posteada en su foro, adelanto del libro que estaba por editar dos años después, y vivir colgadas de esas dos oraciones hasta el aterrizaje de la maldita novela a las góndolas.  Y digo maldita a conciencia, porque nos hemos tomado dos años sentadas zapateando contra el piso releyendo una y  otra vez las entregas anteriores para estar lo suficientemente aceitadas para leer el nuevo.  Y al nuevo lo devorábamos en cuarenta y ocho horas (las más lentas); con lo cual le dábamos a Diana la ventaja de otros dos o tres años para volver a armar otra bomba letal que se llevara puestos nuestros hogares, nuestros matrimonios y nuestra vida chata AJ (antes de Jamie).

No es raro entonces encontrarnos sumidas en discusiones de cuatrocientos post y horas de cotorrerío incesante intentando ponernos de acuerdo en quién debía ser el intérprete de tamaño ser de culto y adoración.  He leído mujeres batirse a duelo y boxearse con palabrotas porque para una el tipo tiene pelo castaño rojizo y para otra es naranja zanahoria (carrot-top).  Se han insultado, amigas de años han dejado de hablarse por meses, ha habido guerras de castings con fotos, amenazas, cartas a todas las empresas americanas involucradas en la industria del séptimo arte y hasta exorcismos (fuentes que han preferido el anonimato han provisto esta información).

En mi grupete de amigas (gente, me incluyo, que supo convivir quince días bajo el mismo techo leyendo en una especie de “book club” pasado de rosca fragmentos de “Outlander” previamente marcados en una suerte de “misa negra”) decidimos aceptar lo que venga en pos de una amistad que ya lleva años y porque cada una tiene clarísimo que Jamie es de cada quien lo haya leído con las características propias que el cerebro (y las hormonas) haya sabido crear.  Obviamente comprendemos que el Jamie de Outlander debe ser encarnado por un borrego lampiño con más cara de bebé que de hombretón guerrero y salvaje.  Y también tenemos clarísimo que la miniserie será consumida por millones de mujeres pero no va a llegar ni a los talones de la película mental que Diana y su pluma suprema han sabido crear sin necesidad de una cámara, un megapíxel o un castillo fastuoso generado por computadora.  Como todos los libros que se llevan a la pantalla, es raro que el producto final conforme, justamente por eso, porque leer ejercita la imaginación y a esa no hay con qué darle.

¿Qué opinan de Sam Heughan?