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domingo, 20 de marzo de 2016



AMORES PLATÓNICO-CINEMATOGRÁFICOS

Esa fijación con una estrella de cine que todas padecemos

En la peli "La Rosa Púrpura del Cairo", la protagonista se sienta a babearse en el cine mirando a su actor favorito, deseando que el tipo salga de la pantalla y la lleve a vivir una vida de ensueño. Cansada de su oprobiosa y rutinaria vida, desea con tanto ahínco conocer a la estrella de la que está enamorada, que gracias a la loca mente de Woody Allen, el tipo sale de la pantalla y la lleva a vivir una loca aventura.
Esta mujer agobiada por los problemas cotidianos tiene fantasías con un tipo al que nunca ha visto ni olido en su vida.  Es por obra y gracia del séptimo arte, que la mujer queda anonadada cada vez que se sienta en la butaca del cine a adorar a este personaje de ficción, que probablemente no tenga ninguna de las cualidades que ella imagina.  Sin embargo el amor es tan real que lo puede sentir en el pecho (en forma de taquicardia), en su mente (porque lo ama al punto de desearle el bien) y en su pubis (se le caen los calzones cada vez que aparece en escena).
El talento de Allen radica en haber descubierto que toda mujer sueña en algún momento de su vida con un actor de cine (o varios).

La realidad dice que las mujeres  heterosexuales soñamos despiertas y dormidas con un promedio de ocho a ochenta estrellas de cine por vida, siendo algunas, particularmente fieles a un sólo actor que nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida (con sus idas y venidas).
Supongo que con la primera dosis de hormonas femeninas en sangre de la pubertad, comienza nuestro interés en el sexo opuesto, siendo los actores de cine y televisión los que atrapan nuestra atención (más allá del interés en algún sujeto real de carne y hueso). En mi caso fueron varios policías, vaqueros y ladrones de televisión los que llamaron mi atención al punto tal de sacarle fotos a la pantalla, gastar un dineral en revistas o pedirle prestadas al kiosquero las publicaciones que no podía pagar para sacarle fotocopias a la foto del objeto de mi febril deseo adolescente.  En la volteada caían los músicos de la época y algún que otro deportista... o la selección de futbol completa de mi país.
No recuerdo en qué momento, pero mi primer gran amor cinematográfico fué Mel Gibson, que suplantó a Bruce Willis solamente porque éste último se había casado y la imágen de una embarasadísima Demi Moore en la revista "Vanity Fair" destrozó esa relación amorosa unilateral.  Mel Gibson también estaba casado cuando me picó el bicho, pero tenía como siete hijos y asumí que la mujer podría cedérmelo tranquilamente después de haber gozado hasta el hartazgo de ese muñeco australiano de ojos celestes como el mar y una sonrisa para incinerar bragas.  El amor duró tanto que llegué a comprar un libro de tapas duras con su biografía ilustrada con generosas fotos diseñadas para el  inmediato espasmo uterino.  Como todo amor no correspondido, la llama se fue apagando de a poco.  Donde hubo fuego, no quedaron ni las cenizas, sólo el libro en la biblioteca, los videos fueron a parar a la basura cuando digitalicé los VHS.

Si esta fascinación idiota explota con la adolescencia, con un matrimonio de años recrudece en forma violenta.  En mi caso, luego de un par de relaciones platónicas ocasionales con Andy García y George Clooney, caí en las redes de Russell Crowe.  No ví Gladiador en el cine, menos mal porque hubiera sido un papelón descomunal.  La alquilé y me encandilé.  No hubo peli ni foto que no hubiera enterrado sigilosamente en el cajón de la ropa interior (en forma de diskette o VHS).  Descosí internet buscando información precisa sobre el nuevo amor platónico de mi vida. Me sabía los nombres de toda la familia, tenía la dirección exacta de su casa, y de haber sido monetariamente posible lo hubiera "stalkeado" sin vergüenza.  La pasión se golpeó fríamente con la realidad de un tipo que en el 2003 se casaba con su novia de toda la vida y le fabricaba dos hijos en tres años.  Tuve que mudar mis pasiones hacia otros horizontes, de Australia me fui a Escocia y me agencié un Gerard Butler.  A éste lo conocí cuando ni la madre sabía que era famoso.  Fue por una película chiquita llamada "Dear Frankie" donde existe solamente un beso contra una pared propinado por un tipazo altísimo con un vozarrón increíble y una cara que quita el aliento,  Ya estábamos en el año 2006 o 2007 y la tecnología me permitió almacenar cantidades industriales de fotos HD que admitían, gracias a la lupita, contarle los tonos de color de la pupila de los ojos al escocés que me tuvo al borde del incendio forestal del bajo vientre.  Era tanto el amor, que pude establecer vínculos de amistad con mujeres argentinas y españolas gracias a la web oficial de fans del actor (a la que apodamos "Mothership").  Tuvimos que escribir con faltas de ortografía para poder puentear la censura de las administradoras norteamericanas, que utilizaban traductores on line para entender nuestros posteos donde hablábamos abiertamente sobre la generosa anatomía del escocés y urdíamos intrincados planes para secuestrarlo (esto estaba absolutamente prohibido por las americanas, que luego descubrimos, violentando sus photobuckets, se sacaban fotos con gigantografías del actor en situaciones francamente embarazosas o bañándose en un jacuzzi con el muñeco del Rey Leónidas de la peli "300").  Pasamos a auto-denominarnos "zuziaz" y algunas miembros de este dilecto grupo tuvieron la oportunidad de verlo en persona o hablar por teléfono con él.  El amor era tan grande que dos amigas españolas cruzaron el charco para una reunión en su honor donde hubo hasta un derrame de secreciones en grupo en el cine IMAX, mirando la peli "300" por enésima vez.  Nos juntábamos a tomar café y hablar sobre nuestra suegra Margaret, mirando en el Google Earth la casa del actor en Paisley.  "Es un buen chico, quiero que le vaya bien", era una frase que se escuchaba muy seguido, en ese abril del 2007.
Como toda pasión febril, tiene un pico y luego comienza a decaer.  Lo mío se fué apagando, pero nunca perdí de vista a la bestia Crowe (apodado así por su físico, su voz y por su fama de pocas pulgas).  Estaba enferma de celos pero de tanto en tanto lo googleaba para verlo jugar en el parque con sus dos retoños, deseando haber sido el receptáculo de su esplendorosa semilla. 

Pasado un tiempo, el amor platónico cinematográfico fue involucionando en una larga lista de relaciones cinematográficas promiscuas con todo aquel actor de ojos incandescentes, voz aterciopelada, estampa portentosa; que interpretara a algún pirata, detective, vampiro, caballero de la Inglaterra del siglo X al XVIII, médico, highlander de las tierras altas de Escocia, vaquero, astronauta, piloto o simplemente el soldado que enamora a la chica pudiente cuando vuelve de la guerra.
Así fué como armé y muchas de mis amigas armaron su harem privado.  Por esos catálogos privados han desfilado hombres como Ewan Mc Gregor o Clive Owen.  Ingleses, americanos, españoles y hasta alemanes.  Si la película era buena, caíamos como moscas en la mermelada.
No fué hasta que descubrí, que Russell Crowe se había separado, que volví a caer en sus redes.  Y esta vez fueron redes de verdad, ya que no pude creer mi suerte cuando descubrí que el Twitter podía acercarme a este personaje a quien había amado platónicamente por más de dieciséis años.  Tuve que actualizar mis archivos, con sus películas y fotos nuevas; desempolvar los dvd's de antaño y el arsenal de fotos que había guardado en su momento.

Qué lleva a una mujer a desarrollar un amor platónico-cinematográfico?  
Creo que el cine es una fábrica de estos muñecos impecables de miradas sensuales, dientes perfectos y cuerpos para el crimen organizado.  Esta gente nos conoce, de hecho muchas películas están producidas y dirigidas por mujeres.  Saben que vamos a consumir cantidades industriales de material sobre el tipo al que han llevado a la pantallas y lo han paseado por cuanta premiere y rueda de prensa existe (como un perro en una exposición canina).  Saben que vamos a sucumbir comprando el perfume que usan para rociarlo en el tórax de nuestras parejas intentando  construír una fantasía a medida del consumidor.  Están seguros que vamos a correr como locas a comprar entradas para la última película después que nos bombardearon sin piedad con tres o cuatro trailers que miraremos hasta el cansancio.  Entonces nos fabrican un héroe a medida, barbas a medio crecer, vientres marcados como tabla de chocolate, cabelleras impecablemente desarregladas, primeros planos de ojos de los colores más infartantes del mundo mundial. Nos conocen.  Han aprendido que somos volátiles, soñadoras, que suspiramos corazoncitos de color rosa y que mientras trabajamos frente a una computadora o revolvemos el estofado en la olla tenemos la mente en ese beso que nos roba el aliento...deseando silenciosamente estar en el lugar de la maldita perra suertuda que puso la boca en esas cinco deliciosas tomas.

¿Quién es tu amor platónico-cinematográfico?


domingo, 13 de septiembre de 2009

OH CAPTAIN, MY CAPTAIN!










GENTE MÁGICA VS. GENTE BÁSICA

No tiene nada que ver con la cultura, ni la posición social, ni la cantidad de ceros en la cuenta bancaria. No tiene que ver con el signo zodiacal, ni con el barrio ni el país. Tiene que ver, creo yo, con las ganas de aprovechar el tiempo que tenemos en este mundo siguiendo los sabios consejos del Profesor John Keating en la maravillosa peli de Peter Weir “La Sociedad de los poetas muertos”. “Carpe diem, Seize the day, Aprovecha el día”. Esa es la clase de frase que la gente mágica aplica todos los días de su maravillosa existencia. Este tipo de gente lleva una vida diferente, se deja llevar por sus pasiones, sucumbe a sus impulsos, se deja caer frente a sus tentaciones y se pasa por el culo lo que los demás piensen de ellos. Porque saben que el tiempo es acotado y los planes demasiados para tan efímero lapso en esta tierra. Entonces es que salen a trabajar convencidos de que lo mejor está por venir, convierten un embotellamiento en la autopista en una oportunidad para volver a escuchar su canción favorita unas doce veces más (cantándola a los cuatro vientos, probablemente) y son capaces de imprimirle a sus vidas el color que quieren que esa vida tenga (que generalmente es un arco iris re-flower power con mucha música reggae). Son personas que circulan por la vida cumpliendo con sus tareas durante la jornada laboral pero que podrás encontrar en otro contexto dando rienda suelta a su locura o a aquello que les fascina. Es así como una Secretaria de una Multinacional, llamada Ana, de noche se pasea por los foros de Star Wars y responde al nickname “Princesa Leia” (invitando a quien quiera leerla, a un duelo de espadas láser). El cajero de gesto adusto y monosilábico que te atendió hoy por la mañana en el Banco, a esta hora toma clases de salsa en el Club de su barrio. La Odontóloga de tu abuela ensaya la letra de Desdémona mientras emparcha un canino porque mañana estrena Otelo en el teatro municipal donde toma clases de teatro. Aquel abogado que reclama un expediente en Tribunales, fue visto anoche bailando danzas medievales con su grupo de cultura de la Edad Media. Y aquella Psicopedagoga que tenía consultorio en el colegio de tus hijos, toca el arpa en un grupo de Música Celta. Algunos escriben, otros son amantes de la literatura policial, algunos restauran armas antiguas, otros coleccionan vinilos de los 50´s, otros hacen aladeltismo, algunos navegan, algunos construyen autitos a escala, otros sacan fotos de nubes con caras extrañas…el común denominador es siempre una pasión.

Veamos las diferencias entre los dos grupos.

LOS BÁSICOS

Los básicos se aparean alcoholizados en forma mecánica respondiendo a un impulso físico comparable al que se siente cuando la vejiga está llena.
Los básicos viven creándose problemas, estancados en batallas del pasado, deseando una vida que sólo ellos pueden autogestionarse (si se tomaran la molestia).
Los básicos no leen porque se aburren, no miran tele porque es una mierda, no van al teatro porque sale caro, no van al río porque queda lejos, no dibujan porque todo lo que hacen es feo, no alquilan dvd’s porque lo que buscan siempre está alquilado, no piratean porque está mal, no bailan porque “ya no hay lugares para la gente de nuestra edad” (como si el lugar fuera una condición), o como diría mi viejo “no comen el huevo por no romper la cáscara”-
Los básicos van a trabajar con cara de ojete, se van frunciendo con el correr de las horas y salen de la oficina enojados con la vida. Se bañan, cenan, se pelean un rato con el vecino o la familia y al sobre.
Los básicos se ocupan, ante todo, de la satisfacción de sus necesidades más básicas. No hay lugar para lo lúdico en sus vidas, y que otros se junten a mirar por enésima vez las seis temporadas juntas de “Los Sopranos” les parece una pérdida de tiempo.
Los básicos engendran basiquitos. Chicos acostumbrados a obedecer, que entienden de entrada que uno llegó a esta vida para sufrir, que la vida es una cagada, que fulanito y menganito te van a querer joder y que cuanto más paranoico seas mejor para tu subsistencia. Porque de eso se trata, de subsistir, no de existir.
Los básicos buscan la respuesta a sus problemas en el afuera. Si no fueron los padres que sembraron sus traumas, probablemente sean sus ex parejas, el cirujano que les dejó una cicatriz gigante de la cesárea, los críos que les dejaron las tetas por el ombligo, el abogado que no pudo lograr aquella indemnización por la intoxicación con pizza de delivery, o tal Banco que se quedó con todos sus ahorros en el año 2001.
Los básicos reniegan de su propia existencia, viven queriendo salir de situaciones a las que ellos mismos se han expuesto en lugar de hacerse cargo del asunto. No aguantan a sus hijos pero nunca se les cruzó por la cabeza ponerse un forro.
Los básicos no leen poesía, les parece una paparruchada.
Los básicos están más interesados en el dinero en sí que en lo que el dinero puede comprar.
Los básicos tienen metas inalcanzables y sueños utópicos; lo hacen inconscientemente para no hacer el esfuerzo de conseguir algo que esté al alcance de sus posibilidades.
Los básicos no sueñan despiertos; más bien elucubran, planean estrategias, evalúan riesgos y establecen oponentes.


LOS MÁGICOS

Los mágicos creen que uno vino a esta vida para ser felíz aún en las circunstancias más adversas; por eso se las ingeniarán para sacarle el jugo a la vida cotidiana con humor. El trabajo más espantoso les parecerá hermoso, si el sueldo alcanza para solventar la cuota del curso de comida tailandesa y esos zapatos de Fendi que la vuelven loca (aunque tenga que comer arroz de aquí a febrero del 2011).
Los mágicos están seguros de que hay un mundo mejor, no solo porque consiguieron entradas para ver el regreso de su banda favorita, porque están seguros de que ellos son parte de la solución y concreción de ese mundo mejor.
Los mágicos no se aparean mecánicamente, llevan a la práctica encuentros sexuales premeditados y elaborados; les interesa la calidad más que la cantidad y probablemente inviertan ingenio, imaginación y dinero en ambientación, ropa y juegos para hacer esos encuentros memorables.
Los mágicos ponen huevos a la hora de seguir su sueño. Es así que no tendrán miedo al largarse a hablar en francés en la segunda clase o pararse a recitar un soneto en el curso de teatro. Cantarán aunque desafinen, y se bancarán las cargadas de todos los transeúntes mientras caminan disfrazados como el Dr. Spock rumbo al evento de Trekkies (fans de Star Trek).
Los mágicos van tres o más veces a ver la peli que les encantó.
Los mágicos consideran que una tarde invertida en un chat con seis amigas de diferentes países no es una pérdida de tiempo, más bien una batalla ganada al tiempo.
Los mágicos pintan, escriben, cocinan, hacen tragos largos, amasan pizza, plantan flores, tejen, cuentan cuentos…aunque lo hagan mal siempre es mejor intentarlo que quedarse con las ganas.
Los mágicos investigan, buscan, se relacionan con gente que cobije la misma pasión. Se harán expertos en aquello que les fascina.
Los mágicos se divierten con sus hijos, les enseñan sin proponérselo, a disfrutar de la vida.
Los mágicos no se conforman con un poquito, de aquello que les gusta, probablemente se atiborren.
Los mágicos estiran el tiempo. Prometen cerrar el libro a las doce pero se quedan leyendo hasta las tres. Prometen apagar la tele a las once pero justo engancharon la escena de la ópera del Padrino 3 y no fueron capaces de darle la espalda. Prometen regresar de las vacaciones dos días antes para organizarse pero la playa puede más.
Los mágicos juran no volver a gastar en cosas superfluas y a los cinco minutos están firmando la suscripción al Club del Vino. Más que gastar, ellos consideran que invierten en recreación.
Los mágicos se rodean de gente de su misma condición. Son imanes que se atraen. Brillan en la oscuridad. Son esa clase de gente a la que se le ven los dientes en los boliches cuando encienden la luz negra o los que disparan las cámaras detectoras de sonrisas en los locales Sony.
Los mágicos disfrutan de la buena mesa, el vino, la comida y los postres. Prefieren comerse el helado hoy y caminar veinte cuadras mañana. Prefieren comer acompañados pero no dejan de cocinarse aunque estén solos, se auto agasajan.
Los mágicos existen no subsisten. No pasan por la vida sin pena ni gloria. No serán famosos pero seguramente recordados por sus seres queridos. Recordados por transmitir alegría, ganas, optimismo y el mensaje de Walt Whitman que el Profesor Keating le enseñara a sus alumnos:

...Carpe Diem, aprovecha el día.
No dejes que termine sin haber crecido un poco,
sin haber sido un poco mas feliz,
sin haber alimentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie
te quite el derecho de
expresarte que es casi un deber.
No abandones tus ansias de hacer de tu vida
algo extraordinario...
No dejes de creer que las palabras, la risa y la poesía
sí pueden cambiar el mundo...
Somos seres, humanos, llenos de pasión.
La vida es desierto y tambien es oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos convierte en
protagonistas de nuestra propia historia...
Pero no dejes nunca de soñar,
porque sólo a través de sus sueños
puede ser libre el hombre.
No caigas en el peor error, el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes...
No traiciones tus creencias. Todos necesitamos
aceptación, pero no podemos remar en
contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta el pánico que provoca tener
la vida por delante...
Vívela intensamente,
sin mediocridades.
Piensa que en tí está el futuro y en
enfrentar tu tarea con orgullo, impulso
y sin miedo.
Aprende de quienes pueden enseñarte...
No permitas que la vida
te pase por encima
sin que la vivas..."