¿Alegría de vivir?
¿Sobreviviente del naufragio doméstico?
¿Observadora sarcástica de mi entorno o pasada de rosca con el tranquilizante recetado?
¿Algarabía con patas?
Para Guille y Gerardo que son lo más!
Y para mis zuziaz queridas: Zele, Agos, Ari, Maite, Jime, Patty, Yasi, Frida, Eleonora, Anabel, Elisa y Clau. Mis amigos de siempre Lili, Caro, Ana, Claudia, Urcu, Romy, Gaby, Ale, Lau, Gladys ,Pato, Dumbo, Pepeluí este blog es para Uds.
Los quiero
Ensayo sobre algunos rasgos de la condición humana
Intentado razonar sobre la motivación que incita a una
persona a ejercer y/o infligir algún tipo de daño material, psicológico o
espiritual a otra; pude observar que existen ciertos rasgos que se repiten en
aquellas que dedican a hacerle la vida miserable a los demás. Pero lo que más me llama la atención, es el
caso de esos individuos que sin motivo alguno, eligen un objetivo para
convertirlos en blanco de su destilería de veneno. Puedo entender perfectamente el “ojo por
ojo”, si alguien devuelve gentilezas veo la motivación aunque la justifique o
no, dependiendo del caso. Pero no logro
decodificar a aquellos seres que se meten con alguien del que no saben nada o
que simplemente no les ha dirigido ni siquiera la palabra, menos aún una
mirada. Pero la realidad es que a través
de los años me he cruzado con un puñado (chico, gracias a Dios son minoría) de
personajes que dedican sus vidas a cagarle la vida al otro.
La génesis del maldito
Bichos malos en la adolescencia y la juventud, uno no puede
imaginar que en la infancia hayan sido letales.
Ningún niño pequeño lo es; de mostrar alguna característica malvada, se
puede inferir que la criatura en cuestión estuviera comenzando a copiar
actitudes de su entorno (escolar, familiar, social). Salvo casos de enfermedades psiquiátricas
severas, los chicos son inimputables.
Pero se podría pensar que ese niño es la semilla del adulto que un día
va a desarrollar cualidades negativas y nefastas para sus congéneres si
estuviera sometido a abusos por parte de algún miembro de la familia o sufriera
privaciones que le dejaran heridas lo suficientemente profundas como para
querer desquitar su ira aplicando la Ley del Talión a ignotos, incautos e
ilustres desconocidos que no logran salir de su asombro cuando reciben sus
viles ataques. Podríamos decir entonces,
que el nacimiento del “sorete” de libro, es una persona que en su infancia ha
sufrido y merece en primera instancia nuestra compasión y solidaridad. La persona que es mala como adulto, encierra
a un niño al que le ha faltado amor, compañerismo, alimentos, juguetes,
ternura, abrigo o han padecido alguna clase de abuso por parte de hermanos
mayores, tíos, abuelos, progenitores, docentes, etc. Con esto no quiero decir que todas las
personas que fueron abusadas o han sufrido falencias en su infancia,
necesariamente se van a convertir en una porquería de ser humano. Sólo imagino esto, como la única explicación
posible para la maldad per se. De otra
manera, me resulta inexplicable que alguien pueda gozar lastimando a otro ser
vivo, salvo a una cucaracha (debo confesar que he pisado unas cuantas sin cargo
de conciencia).
Malvados, trastornados y diabólicos (receta infalible para
detectarlos).
Si encontrás más de tres ítems probablemente estés
enfrentando a un flagelo importante para la raza humana, mi consejo es que te
resguardes en lugar seguro hasta que dirija sus gentilezas hacia otro
objetivo. O bien dediques tu tiempo a
joderle la vida. Tu tiempo vale mucho,
yo no lo desperdiciaría en eso; pero cada quien es cada cual y sobre gustos…los
colores.
Falta de amor: La persona que rompe las pelotas no ha
encontrado todavía a alguien que lo ame lo suficiente como para salvarlo y
entretenerlo. El amor cura la maldad, la
neutraliza. La persona que se siente
amada (ya sea por una pareja, amigos, parientes, etc.) y retribuye amando, pierde el interés en cuestiones pueriles y en el
chiquitaje diario que lo saca de ese estado “OMMM” y le otorga ese resplandor
de felicidad en la cara que tanto apabulla a quienes no conocen el amor. Esto no significa que no hayan formado
pareja, generalmente necesitan de compañía porque no soportan estar solos, es
jodido estar con uno mismo cuando uno mismo es un ser aburrido, vacío y carente
de motivaciones positivas tales como talentos, pasiones o hobbies que
enriquezcan la vida. En ese caso,
buscarán aparejarse con la primer persona que se les acerque sufriendo la frustración
de tener la absoluta certeza de que conviven con un placebo, un muleto; alguien
que ocupa un lugar vacío como la butaca del colectivo o el cine. Simplemente un hueco tapado con papel
higiénico para que no penetre el frío de la soledad.
Falta de sexo: La persona que no tiene actividad sexual,
autogestionada o con partenaire; o la vulgarmente conocida como “mal cogida” es
condición sine qua non en este tipo de personajes. No significa que no exista actividad sexual,
a veces existe en cantidades industriales; pero como son personas con poca
autoestima, se dedican a complacer al otro antes que a ellos mismos (ya sea
para retener a una pareja o en un intercambio de favores y fluídos que poco
tienen que ver con el goce y la plenitud sexual). La persona “bien atendida” como se la suele
nombrar, ha invertido sus energías en satisfacer sus pulsiones sexuales, no
tiene resto para enroscarse en cosas que podrían robarle esas endorfinas
ganadas en el polvo monumental de la noche anterior. Esa sensación de tranquilidad, paz y alegría
que deja un buen estampamiento funciona exactamente igual que una vacuna contra
el quilombo. Nadie en su sano juicio
está dispuesto a perderla buscando mierda para joderle la vida al otro.
Baja autoestima: Estos individuos no están satisfechos con
lo que son, no están orgullosos de lo que fueron y probablemente deseen ser
como alguien más. El problema radica en
que no saben cómo. No se quieren, no se
respetan, no se miman ni invierten medio segundo de sus vidas en conocerse, entenderse
y descubrir sus pasiones. No disfrutan
de nada en particular que no los perjudique de alguna forma. Por eso se autocastigan sin siquiera
registrarlo. Se vinculan con gente
tóxica, forman relaciones de pareja abusivas y suelen caer en vicios o
adicciones que terminan perjudicando su salud y relaciones
interpersonales. Probablemente estén en
la búsqueda desesperada de objetos materiales que satisfagan momentáneamente
ese hambre espiritual del que no pueden deshacerse porque el vacío que sienten
no se aloja en un lugar físico ni se resuelve con una bandeja de sushi o un
Smartphone. Se entiende, quedarse solo
con uno mismo y no poder enfrentar la imagen que devuelve el espejo sin bajar
la cabeza con vergüenza o resignación debe ser durísimo.
Ausencia de pasión: Con pasión no me refiero a la pasión
devenida del sexo o el amor. Me refiero
a la pasión por algún deporte, hobbie o actividad que uno hace para uno mismo
en franco acto de amor propio. He
conocido gente que toca instrumentos musicales, devora libros, consume cine en
megadosis. Gente que ama un deporte y lo
practica toda vez que tiene media hora libre.
Personas que se cargan la mochila al hombro y salen a vivir aventuras
porque aman la naturaleza y están ávidas de aprender todo sobre aquello que los
fascina. Gente que estudia sin la
motivación obvia del dinero, lo hacen para conocer, para trascender fronteras y
alimentar el alma antes que el culo.
Existen personas que además de cultivar una pasión, y a modo de
bonustrack, invierten su tiempo en forma altruista para ayudar al prójimo. Personas que disfrutan llevando alegría a un
hospital infantil disfrazadas de payasos o acompañando toda la noche a un
enfermo que no tiene un ser querido que le alcance un vaso de agua. En fin, el apasionado no pierde tiempo para
romperle las pelotas a otro. Tiene
mejores planes, cosas mejores para hacer.
Insatisfacción crónica: Al turro de pizarra no hay poronga
que le venga bien (perdonando la expresión).
Por eso nunca se llenan coleccionando objetos materiales, nada les
alcanza, siempre quieren más…aunque no sepan bien más de qué. Generalmente quieren lo que ven, y sobretodo
lo que ven en las manos de otro. Y como
el deseo no es genuino, una vez que tienen eso en las manos pierden ferozmente
el interés en el objeto. Ven el vaso
medio vacío siempre. Siempre falta. No se sabe bien si es una falencia que
arrastran de una infancia árida, me inclino a pensar que no. En general es todo lo contrario, ya que
quienes han sufrido la falta de cosas materiales suelen valorar y disfrutar
mucho más lo obtenido con esfuerzo. Más
bien es la falta de alguna persona del entorno familiar que les enseñe a ser
felices con la mano de la baraja que toque.
He visto personas con un poder adquisitivo enorme y sin embargo no le
han encontrado la vuelta a la alegría. Y
he visto gente con escasos recursos disfrutando de la vida con una fuerza y un
entusiasmo que muchas veces envidia aquel que lo tiene todo y no sabe qué hacer
con eso.
Envidia: Muy probablemente, aquel que se ha puesto como
objetivo romperte las bolas, quiera algo de lo que vos tenés. Si van a por vos, es porque vos sos una foto
caminando de algo que les apetece. Puede
ser algo material, algo social o algún rasgo de tu persona que necesitan
emular. La envidia es un motor muy
potente para aquellas personas pobres de espíritu, que lejos de alegrarse con
el logro del otro, sienten la compulsión de joder al que se puso de novio,
cambió el auto o estrenó ropa nueva. Por
eso se encargan de desacreditar aquello de lo que ellos carecen y que a los
demás les sobra. Llámese televisor LED,
un sándwich de milanesa o un laburo nuevo; estas personas están diseñadas para
encontrarle la mosca a la sopa, el color horrible al auto del vecino, la
celulitis de la “amiga”, el naso del novio de aquella y la poca guita del
trabajo nuevo que acaba de conseguir el que fue convocado a trabajar en tal
Banco porque es un cráneo. Más ocupados
en desvalorizar que en averiguar la receta para alcanzar alguna de las metas
que los demás consiguen sin mirar para los costados, estos individuos son
amigos de lo ajeno, pero exclusivamente en las buenas. Eso significa que quieren eso, pero no
piensan invertir un gramo de cerebro ni esfuerzo (ni que hablar de trabajo)
para obtener aquello que tanto desean.
Como no están dispuestos a andar ese camino hacia el objetivo deseado,
lo más probable es que se inclinen a nivelar para abajo poniéndose como meta
que el otro pierda aquello que a ellos les da tanta bronca que tengan.
Sentimiento de que se les adeuda algo o están para más: Esta
gente tiene una sensación de que alguien (llámese Dios, la suerte, el destino,
la pareja o el jefe) les debe algo. Al
principio es una sensación, luego se convierte en una certeza y con el correr
del tiempo una deuda que están firmemente dispuestos a cobrar. Si la cuñada tiene una cartera de cuero, el
personaje en cuestión va a convertir esa cartera en una deuda a cobrar a su
pareja sin pasarle por la cabeza el hecho de que a lo mejor esa cartera se la
compró con su sueldo porque es útil haciendo lo que hace o bien se la regaló su
marido porque es una compañera de la ostia y no un volquete de reclamos con
cara de orto. Todos les deben algo. Lo más probable es que con alguna gente
utilicen una ofensiva sutil, sugiriendo todo el tiempo aquello que quieren y
desean (ahora YA) o bien pelarán la víctima indefensa con cara de María
Magdalena y un llanto desproporcionado que invita al varón caballero a salir
corriendo para proteger a la damisela en peligro comprando una cartera de tres
mil pesos. A algunas y algunos les funciona bastante bien por un tiempo, pero
el gato de Shrek, de mirada lánguida y ojos tiernos no tarda mucho en mostrar las
garras y su verdadera naturaleza (que es más parecida a un dragón de Komodo que
a un gatito en peligro). Los hombres
también suelen pelar estrategias de este estilo argumentando que no pueden
sacar a pasear a su novia porque no tienen un mango o están volando de fiebre
cuando en realidad las castigan porque la última vez que salieron no fueron lo
suficientemente “gauchitas”. Otra vez,
la deuda, o “yo estoy para más que bancarme esto”. Pero como suelen ser gente mediocre y de
escasos recursos mentales, la salida más fácil es convencerse de que la pelota
está en la cancha del otro, el otro es el que tiene el poder de otorgarles
aquello que necesitan y si no se les da pondrán la culpa en el patio ajeno.
Necesidad de agrupamiento: Estas personas necesitan
desesperadamente encontrar aliados, gente a quien transmitir su dogma de odio y
resentimiento. Es por esto que se los ve
continuamente haciendo lobby y desparramando un cuento distorsionado de la
realidad; la realidad que ellos quieren que el otro vea, para llegar a sus
objetivos. Entonces se rodean de gente
de poco raciocinio, escaso sentido común y valores similares a los que ostentan
ellos para recitar su evangelio según “yo el resentido al que todos le deben
algo, pobrecito yo” en una suerte de analogía del flautista de Hamelín (la
flauta es un instrumento que esta gente maneja de maravillas) con el fin de que
un enjambre de ratas adormecidas acepte y obedezca sin cuestionamientos sus venenosas
diatribas y sus jugarretas tóxicas. Es
muy común que utilicen a las personas a quienes cooptan para sus fines, con
recursos reprobables y las utilicen como piezas de ajedrez para llegar a
concretar sus planes. Así es como se los
puede ver cual Yago en “Otelo”, derramando su ponzoñosa verborragia en secreto
de un oído en otro, enfrentando a gente que apenas registra este juego vil que
de a poco los convierte en cómplices de un enfrentamiento social/pelea
familiar/crisis laboral al que nunca hubieran entrado de haber visto en el
primer momento la maniobra a la que fueron expuestos.
Mentirosos compulsivos: Este tipo de personas usa y abusa de
la mentira en todos sus grados y colores.
Desde la mentira blanca hasta la más ominosa de las elucubraciones, esta
gente está dispuesta a fabricar todo tipo de argumento sin fundamento para
lograr que dos amigos se distancien, una pareja les perdone algunos deslices o
un jefe los considere para otorgar algún tipo de excepción o favor. Habilidosos para el engaño, estos especímenes
suelen arrastrar en su telaraña a personas de buenas intenciones pero poco
carácter con un alto grado de credulidad, ingenuidad y necesidad de apoyo. Se valen inescrupulosamente del débil y de aquel que puede servir a sus fines (ya
sea porque tiene poder, acceso a información, dinero o es la pieza que se
necesita cual peón en el ajedrez para escalar).
Por supuesto, en cuanto la persona utilizada intuye el juego, será
sacrificada y arrojada al extremo opuesto del tablero convirtiéndose instantáneamente
en alguien a quien fagocitar para llegar hasta el objetivo.
Simulación permanente: Gente como la que estamos
describiendo no puede mostrarse tal cual es ante la sociedad. Es así como arrastran un personaje por la
vida que muchas veces pesa tanto que termina por caerse de vez en cuando y revelar
brevemente su verdadera naturaleza. Todo
lo que hacen, cómo se visten, hablan y se manejan con los demás (fuera de la
fortaleza hogareña y a veces ni siquiera) es camaleónico. Pelan en segundos la cara que necesitan de
acuerdo a la necesidad del momento. La
víctima, el ganador, el inseguro, el docente, el buen samaritano, el religioso,
el experimentado, el frágil, el vivo o el inofensivo. Todos los disfraces del Colón en una sola
persona que actúa frente al espejo la cara que va a poner al día siguiente para
convencer a su socio de algo para obtener una ventaja.
Ventajeros: El famoso dicho “este no da puntada sin hilo” se
refiere precisamente a esta cualidad, sacar ventaja en forma deshonesta de toda
situación que se lo permita. Están
entrenados para este fin, como quien juega al tenis desde los tres años; estas
personas tienen un talento increíble para quedarse con los vueltos, vender
pescado podrido y encontrar la grieta donde colarse para terminar primeros en
la fila hacia aquello que desean. La
tajada más grande, el sillón más cómodo, una compra que jamás terminan de pagar
abusando de la confianza del vendedor; cualquier situación de intercambio de
dinero los tiene operando hábilmente para rapiñar antes que nadie lo que
quieren y por supuesto, con el mínimo esfuerzo posible.
La ley del menor esfuerzo: Aquel que pulula por la vida con
poca o nula ocupación, buscando el dinero fácil y alimentarse del trabajo ajeno
es de por sí alguien de quien cuidarse.
Porque el que se dedica a agenciarse lo que corresponde, está abocado
pura y exclusivamente a cumplir sus tareas de la mejor manera posible para
ganarse su sustento y cuidar su trabajo.
Es raro ver gente inteligente y útil dedicada a sembrar discordia y desparramar
sus miserias llevando y trayendo información mentirosa útil a sus fines más
despreciables. Es justamente el
inadaptado, el mediocre y el carente de talento e iniciativa; quien debe
valerse de estas maniobras para reemplazar aquello de lo que carece, gastando
la menor cantidad de energía y obtener así un inmerecido rédito.
Como última cualidad, podríamos destacar la rabia y
frustración subyacente que se cocina a fuego lento en el interior de estas
personas como un guiso que crepita dentro de una olla a presión a punto de
estallar. Tarde o temprano sucede que al
“carancho” se le acaban los trucos y tienen que repetir la misma acción que
alguna vez le diera resultado, pero que a la larga termina por evidenciar su
estrategia pedorra…arrojarse arriba de un auto, fisurarse un dedo de la mano
cobrando un seguro que le permita
continuar obteniendo lo que los demás tienen, sin mover ese y ningún
dedo.
Una cancioncita que los describe…
LETRA Y MUSICA DREAD MAR I
Nunca peleas por tu vidaa y esa es la verdad Siempre prefieres lo facil, eso es realidad
Y el malvado no te ayudara el malvado de ti se reira el malvado no te ayudara el malvado de ti se reira
Mira al cielo ahora o pronto caeras mira al cielo ahora o el tren se pasara
porque el malvado no te ayudara el malvado de ti se reira el malvado no te ayudara el malvado...
Todos sacaran provecho de tu debilidad depende de ti vivir como un raton o como un gran leon luchar
porque el malvado no te ayudara el malvado de ti se reira el malvado no te ayudara el malvado...
Hablando con amigos y familiares he notado con curiosidad que, sin importar el ámbito o geografía de un trabajo, existen personajes con características bien definidas que se repiten con sorpresiva frecuencia.Puede ser en un Juzgado, en una tienda de ropa, en la administración de un laboratorio, en una farmacia, un colegio, un supermercado o una fábrica de embutidos; cambia el paisaje pero los prototipos se repiten como clones en todos los trabajos donde convivan más de tres personas.
Recopilando información he confeccionado la siguiente clasificación:
LA HIEDRA VENENOSA
Este ejemplar se comporta como el hijo bastardo de la planta del cuentito infantil “Las habichuelas mágicas” y una planta carnívora.Invierte buena parte del día en trepar cual enredadera por todos los recovecos y espacios libres que encuentra, diseminando su ponzoña a quien esté predispuesto a escucharla.Va enredándolo todo a tal punto que es imposible llegar a la raíz o verdadera esencia de su jodida persona.Su trabajo es subversivo y sutil, como la planta, nadie se percata de su crecimiento hasta que sus brotes afloran de los cajones de tu escritoriollevándose puesto todo a su paso.Como toda planta, es inmune a los sentimientos humanos, mientras tenga agua y un poco de luz seguirá su camino hasta el techo.Si la podan, probablemente algún brote siga creciendo en nuevos jardines (donde los nuevos compañeros se preguntarán con incertidumbre dónde quedó aquel fragante jazmín que ahora los asfixia con su mata de hojas desaforada).
LA MARMOTA
Este dulce animalito está podrido de que lo tengan de aquí para allá.Entonces se dedica a hibernar (todo el año) detrás de un escritorio donde anida desde que la empresa abrió sus puertas, allá en 1979.Como sabe que no lo pueden despedir porque le tienen que entregar el 50% de las acciones del grupo, pasa sus días tomando cafecitos y pasando papeles de una bandeja a otra.Es poco lo que aporta y poco lo que se sabe de él.Festeja los chistes con una risita que deja entrever sus paletas y es incapaz de involucrarse en alguna situación que amerite levantar el culo de la silla (si pudiera meterse una sonda en la vejiga, solo se levantaría para comerle las galletitas a sus compañeros).
EL PEZ PAYASO
Este sujeto genial se pasa por el trasero todos los apercibimientos y reprimendas que ha recibido a lo largo de los años, por llegar tarde, despeinado, y con el uniforme repleto de manchas (esas que sometiéndolas a un riguroso “Carbono 14” te dirán con lujo de detalles lo que el susodicho desayunó esa soleada mañana del 9 de marzo de 1999).Le importa tres pepinos llegar al objetivo, cumplir con los deseos de su Jefe y complacer a la plana mayor de la empresa; este personaje está ahí para pasársela lo mejor posible, contagiando a sus compañeros de esa deliberada algarabía.Cuenta chistes, ceba mates y esquiva los objetos contundentes con los que sus superiores intentan abrirle la cabeza toda vez que lo descubren dedicado de lleno al alpedismo (que es el 98 % de su tiempo en el trabajo).
LA GATA YLA GATA FLORA
La Gata es la devota de Recursos Humanos por excelencia.Le fascinan.Los ha probado a todos y se ha erigido en la empresa como el monumento al fácil acceso y la flexibilidad absoluta.No se sabe a ciencia cierta si el 100% de los rumores que la tienen como protagonista son veraces, pero hay quienes aseguran tener evidencia empírica que respalda cada uno de los míticos eventos que circulan de boca en boca del personal (como circulan asiduamente sus miembros por la boca de este felino doméstico tan común en las oficinas y dependencias gubernamentales).
Por otra parte, la Gata Flora es otra gran devota de los Recursos Humanos hasta que los mismos devuelven sus atenciones, en cuyo caso este felino se ofenderá hasta las lágrimas y saldrá disparado como un petardo a formalizar una denuncia de acoso ante el Gerente de Recursos Humanos.
EL COLIBRÍ
Este pajarito colorido y ágil circula por todos los departamentos y reparticiones de la organización, sus funciones así lo requieren.Entonces se dedica con mucho esmero a cumplir rápidamente con sus tareas para poder desparramar con comodidad y tiempo de sobra, todo aquel dato que haya recogido en otras plantas y que sabe positivamente que despiertan el interés de sus interlocutores.Sin una intención definida, sus balas de cañón van cayendo como paracaidistas el 6 de junio de 1944 en Normandía, con efectos igualmente devastadores.Muchas veces disfruta del efecto deseado, aunque por inconsciente y boludo, las más de las veces ignora los alcances de la onda expansiva generada por sus acciones.
EL PAVO REAL
Este pajarraco fue diseñado para chapear.Aterriza en el lugar que lo acoge e inmediatamente informa a sus pares sobre sus diplomas, cursos, capacitaciones y calificaciones en la Universidad.Vive denostando a quienes no están a su altura, se niega a hacer cosas para las que asegura estar sobre calificado y exige en lugar de pedir.Espera ansiosamente ser abordado para responder alguna consulta, que nunca llega, porque sus compañeros jamás le pedirán otra cosa que no sea salir del paso camino a la impresora.Generalmente es devorado por la Loba o termina por renunciar de puro aburrimiento.
LA LOBA
Este ejemplar vive aullando.Es un quejido eterno y prolongado.Sus tragedias conmueven por la sordidez de sus relatos provocando en sus interlocutores una profunda y auténtica lástima.Le empatía es inmediata, manejada a la perfección por un sujeto que la utiliza sin el más mínimo atisbo de duda para lograr aquello que desea.Bajo esa fachada de supuesta fragilidad y extrema necesidad de contención, vive un matemático alemán que calcula hasta el peso específico del liquid paper que va a utilizar ese día para borrar la evidencia que lo incrimina en un error que le acaba de costar un dineral a la empresa que lo alberga.Evita con destreza prusiana, hacerse cargo de toda metida de pata que lo tenga por autor o partícipe necesario; prefiere un ataque de asma o volar de fiebre antes de quedarse a admitir que se fue al pasto de cabeza.Es muy probable que busque a un pez payaso, a una marmota o a un pavo real para descargar responsabilidades y en el caso de una confrontación directa mostrará dientes y uñas devorándose a quienes osen cruzarse en su camino.
EL YUYO
El yuyo es tenaz y trabaja cuando los demás descansan. A las diez lo ves en Tesorería, diez y doce está en Marketing, diez y cuarto en Ventas, diez y veintitrés en Contaduría.El yuyo está en todas partes.Nadie sabe a ciencia cierta a qué se dedica, pero todos saben que siempre está corriendo de aquí para allá.Lo pueden trasladar, remover o pisar; pero el yuyo siempre reaparece asomando clandestinamente la cabeza a la sombra del pavo o la hiedra.Incansable, a veces sirve de alimento a la Loba, que lo caga en terreno fértil dándole la posibilidad de volver a renacer de sus propias semillas.
EL JABALÍ
El jabalí es un chancho salvaje en la selva.Y en las oficinas también.Lo que no puede arreglar con lo que tiene adentro de la cabeza, lo arregla con la cabeza misma.Es capaz de darse veinte veces con la misma piedra, putear, carajear y al día siguiente volver a pegarse un palo similar.Se ofusca, se pone colorado, amenaza con dar un portazo y no volver a pisar el lugar nunca más; sin embargo es incapaz de asustar a su audiencia que revolea los ojos al escuchar la misma escenita por undécima vez en la semana.Sobre exigido de laburo, acepta con ira media docena de tareas más; es muy probable que por falta de huevos, lejos de cargar las tintas con el responsable de esa situación lo haga con quienes sabe son inofensivos.Se queja, protesta, resopla y murmura pero en una confrontación directa se va al mazopor terror al Rey León.
EL REY LEÓN
Como su nombre lo indica, este es el que “corta el bacalao”.Cuando este ejemplar está con mecha corta los rugidos se escuchan a tres kilómetros a la redonda.Para llegar ahí se manducó dos cebras, tres jabalíes, dos docenas de antílopes, quince etíopes y un par de hiedras como guarnición; por eso es más que respetado.Sabe hacer su trabajo pero no va más allá de lo que entiende le corresponde.Cumplidas sus funciones, se dedica a tercerizar todo aquello que no le atañe o pueda minimizar su imagen.Mientras se lame las patas relojea el movimiento de su manada y solamente actúa en caso de extrema necesidad.Felino por naturaleza, goza de excelente reputación entre las gatas de la empresa.
LA HIENA
La hiena come cualquier cosa.Todo le cierra y toda retorcida artimaña que le sirva para llegar a sus fines será utilizada, aún cuando en el camino queden varios cadáveres a medio masticar.Inescrupulosa y sin códigos, la hiena quiere trabajar poco y ganar mucho.Odia el esfuerzo así como odia al León por su jerarquía.No le gusta recibir órdenes.Solapadamente envidia a quienes ostentan aquello que ella cree merecer, entonces se dedica a reírse grotescamente de ellos sin percatarse de que nunca va a poder dejar de ser ese bicho siniestro que come lo que el resto deja.
Si estás a punto de estallar por combustión espontánea, si súbitamente te ves apoderado por un rapto de energía homicida, si se te nubla la vista y te acordás de los diez asesinos seriales más letales del mundo, si los globos oculares se te salen de las cuencas, si destilás espuma por la boca, vapor caliente por las fosas nasales y humo por las orejas; probablemente te hayas topado con un indeciso. Estas criaturitas blancuzcas y endebles se debaten en un puzzle intercraneal para tomar la más mínima e insignificante decisión. La simple compra de un shampoo los puede dejar exhaustos. Que si llevan paraguas, que si va a hacer calor, que si este colectivo los deja mejor que el otro, que si toman por la ruta tal o cual; los indecisos viven en una nube plomiza donde los grises no existen, todo se reduce a ceros y unos como un código binario…un damero de blancos y negros. Si o no. Compro o no compro. Subo o bajo. Freno o acelero. Pizza o empanadas. El dilema los vuelve locos todos los días de sus gelatinosas existencias. El tema radica en que no se joden la vida solitos. No, no. Le joden la vida al resto de las personas que tienen una decisión tomada y tuvieron la mala leche de estar dos lugares detrás en la fila del banco, el cine o en el mostrador de la pizzería. Hablando mal y pronto “no hay poronga que les venga bien”. Y esto tiene una influencia directa sobre la gente que los rodea. Cinco situaciones clásicas donde el indeciso te deja en un estado de espasmo muscular o en la puerta de la Comisaría más cercana:
La fila de la boletería del cine o el teatro
Comprar dos entradas les puede llevar una vida. Si entran a la primera función, como está empezada se pierden la publicidad y los avances. Pero si entran a la siguiente no les queda tiempo suficiente para comer. ¿Y si van a un Fast food?. No, mejor a la parrillita de enfrente. Pero tardan en atender, entonces no llegarán a la segunda función. El tema es que para la primera solamente quedan entradas de la fila A a la E. Entonces elegirán la E (para todo esto ya hace veinte minutos que están en el mostrador y la empleada tiene cara de estufadita MAL). La E tiene asientos laterales, por lo tanto pedirán el planito de la sala para saber a cuántos metros de la pantalla están. En el momento que deciden tomar las ubicaciones, las mismas fueron vendidas por otro puesto. Vuelta a empezar. Vuelta a pelar el mapita de la sala. Y así hasta que deciden cambiar de película. Si fuera el juego de la Oca, estamos otra vez en el punto de partida y con la Oca expirando de aburrimiento.
Alquilando un toldo en un balneario
Esto lo comprobé con mis propios ojos. El indeciso pide el mapa del balneario. El encargado señala con el dedo las ubicaciones disponibles. La hija del indeciso repite como un lorito degenerado “quiero ir a la pileta, quiero ir a la pileta, quiero ir a la pileta”. El padre preguntará por enésima vez si el toldo tiene el sol de mañana o de tarde. Y si las banderas miran para el Sur, el viento viene del Norte por lo tanto quiere asegurarse de que la ubicación lo proteja del viento. ¿Es esa ubicación segura? ¿Mira hacia Mar del Plata o hacia Miramar? ¿Si llueve de costado nos mojamos? El ferrocarril de inquisiciones terminará con un dubitativo “bueno, la 96 está bien”. El encargado, a estas alturas ojeroso y con los huevos al plato, festejará la decisión y extenderá la factura como bandera de triunfo. No nene, no cantes victoria, el indeciso pedirá salir al balcón de la oficina para ver con sus propios ojos los dos metros cuadrados de arena que está a punto de alquilar por ocho horitas (tampoco es que te compraste un loft en la Capital, man!). Mientras la gente se apiña en la entrada de la oficina con cara de horror y sin entender el motivo de la demora (salvo una señora y yo que fuimos testigos de la conversación), el indeciso se debate entre pagar con tarjeta de débito o crédito. Una vez hechas sus cuentas, se decide por la de crédito. Ahora le falta decidir si American o Visa. Todo esto transcurre al mismo tiempo que la infanta Carolina del Huevo inflamado repite cual androide tildado “quiero ir a la pileta, quiero ir a la pileta, quiero ir a la pileta”. Inmutable, la madre bosteza y pregunta si la ubicación es buena o mejor cambiamos de pasillo para estar más cerca de la pileta. Y ahí me cerraron todos los crímenes aberrantes que ví en True TV. Me cerró el “homicidio atenuado por emoción violenta” y si hubiera tenido un arma estaría escribiendo esto desde el Penal de mujeres de Ezeiza. El tipo todavía debe estar ahí debatiéndose entre el pasillo A o F…
Encargando pizza para llevar
La pregunta del millón: ¿Puedo pedir un tercio de queso, otro de cebolla y otro con tomates? No pedazo de infeliz, no se puede. Luego de releer el menú con las veinte variedades diferentes, preguntará cosas insólitas: ¿La de palmitos puede llevar anchoas, huevo, choclo y ananá y seguir llamándose napolitana de tomates con ajo, porque la quiero completita, eh? Imaginen esta situación en un verano agobiante, una fila de doce personas que quieren llevarse su pizza e irse a la cama, con un personaje de estos que hasta pregunta si puede cambiar el combo 2 por el 3 pero agregarle media docena de empanadas y seguir pagando el precio del 2 (y una Coca gratis). Seguramente manotee el celular para consultar en casa, donde vive un ejemplar de idénticas características y que probablemente agregue nuevas dudas en lugar de disiparlas. “Preguntale si con una grande comemos 11 personas”. “A ver si la pueden hacer sin sal porque mamá se queda a cenar y tiene la presión alta”. “Preguntale si la de cebolla tiene mucho gusto a cebolla”. Para salvarles la vida, lo más cauteloso es correrlos de un codazo en las costillas y hacer nuestros pedidos (la horda hambrienta que espera detrás estaría más que satisfecha en convertirse al canibalismo si el indeciso fuera el plato principal).
La fila del cajero automático del Banco
Nunca entendí porqué hay gente que demora tanto frente al cajero. Y no estoy hablando de gente mayor a la cual le resulta más complicado entenderse con una pantalla touch o una computadora. Hablo de indecisos de veinte o de treinta añitos que se pueden llegar a pasar unos buenos veinte minutos jodiendo con la maquinita mientras uno transpira como un lechón. Dan ganas de cazarlos del cogote y meterles las cabezas en el buzón de los depósitos. ¿Cuántas operaciones se pueden hacer en un cajero? ¿Se puede chatear o encargar zapatos por Internet? ¿Le ponés un vaso y te da 7UP con cubitos? Francamente no entiendo la demora. Imprimen papelitos, vuelven a meter la tarjetita, están diez minutitos mordiéndose las uñas mirando la pantallita y oops…al fin se dan cuenta que están en el cajero de extracciones y ellos vinieron a hacer un depósito. La fila en el cubículo es una espiral de gente enardecida que no puede creer como alguien puede ser taaaan pelotudo. Que si saco todo, que si lo dejo, que si me roban, que me olvidé la clave, que si la pongo mal y me traga la tarjeta. Todos estos son devaneos de una psiquis averiada que pide a gritos un terapeuta y/o algún psicotrópico que lo libere del trance dubitativo del cual somos todos esclavos.
En la ruta
Son los que no saben si quedarse en el carril de la izquierda o el de la derecha. Entonces van zigzagueando su locura bien por el medio de los dos carriles. Cosa de cagarles la salida a todos los que vienen detrás. Son los que te ponen el guiño para la próxima salida pero no bajan. Hasta que en la salida posterior, se te cruzan en forma abrupta sin ninguna señal que indique que se quieren bajar de la autopista. Son los que en los peajes van haciendo eses de una casilla a otra porque no están seguros de cuál les conviene más. Y también son los que se van probando todos los lugares para estacionar, en la hora pico en una calle angosta, metiendo el auto de culata y arrepintiéndose para volver a probar tres metros más adelante y así sucesivamente. El concierto de bocinas es perjudicial para la salud (pero el indeciso no se entera porque la vocecita de la duda que lo asalta repiqueteando en el cerebro es mucho más poderosa que el ruido de la calle).
¿Porqué tantas dudas? ¿Porqué les cuesta tanto decidir? ¿Alfajor blanco o negro? ¿Avión o tren? ¿Mate o café? ¿Efectivo o tarjeta? ¿Nafta común o super? ¿Coca Light o Zero? ¿To be or not to be? Parece que Hamlet también tenía sus dudas…
“José Miseria Espantosa” es miembro y vive desde hace años en un club de campo muy exclusivo. Rodeado de un gran cerco infranqueable, decorado con alambre de púas, garitas de seguridad cada doscientos metros y un ejército de guardias de seguridad que patrullan las tranquilas calles minadas de lomos de burro y señales de “prohibido” de todo tipo. José circula esas calles a bordo de su impecable y oneroso auto alemán. Vive de una sustanciosa herencia que recibió de su padre, un laburante. Un negocio pujante que él y la economía endeble de su país se encargaron de pulverizar. Pero José vive cómodo, mantiene su holgado ritmo de vida gracias a rentas que le proporcionan las propiedades que pudo sacarse de las manos, como pan caliente, antes de que la larga lista de acreedores se hiciera un festival con ellas. Ahora tiene un selecto grupete de amigotes y abogados que le hacen el aguante prestándole la firma, el nombre, la mesa del domingo, la niñera, los palos de golf, el canal porno codificado y hasta sus propias mujeres (no se sabe a ciencia cierta si este último préstamo tiene el consentimiento correspondiente).
La vida de José transcurre tranquila, se sienta a comer en el restaurante del Club, con gente que como él no tiene mayores dificultades con la moneda. Justo cuando traen la cuenta, José tiene la vejiga llena. O un gas atravesado que debe ser depositado en el lugar adecuado, de lo contrario puede ser expulsado (él, no el combustible que lleva dentro; salvo que lo expulsen antes de expulsarlo en cuyo caso ambos serían deportados) de tan exquisito lugar. En el supuesto caso de ser capturado desprevenido, por un mozo que fue demasiado veloz a la hora de traer la factura, José se batirá a un duelo de billeteras en cámara lenta haciendo todo tipo de ademanes y contorsiones para desenfundar último (si fuera un western estaría definitivamente muerto y enterrado hace siglos). Como tiene todo fríamente calculado, si alguien le reclamara su parte (porque algunos están cansados de financiarle sus opíparos almuerzos), pelará su mejor cara de compungido apelando a un cuento chino donde su crisis de pareja es la culpable de que se olvide todo en todas partes (como el dinero encima de la mesa de luz…de la puta que pagó anoche porque ninguna mujer lo tocaría en su sano juicio sin un intercambio monetario de por medio). Entonces pronunciará por millonésima vez en su vida “mañana invito yo”. Mañana nunca llega, esperará el tiempo prudencial aprovechándose de la demencia senil de alguno de sus amigos para volver a sentarse en la mesa con idéntica triquiñuela.
José suele desembarcar con toda su familia (y su suegra), un sábado a las diez de la noche, en la casa de algún vecino o amigote. “Pasábamos a saludar nada más” será la frase utilizada esta vez. O “el nene quiso venir a ver a tu hijo” (el nene, azorado, es transportado dos metros para adelante con un certero rodillazo propinado en el riñón izquierdo antes de que profiera una palabra que pudiera contradecir al padre). En la mesa, ocho comensales con el tenedor a medio camino del plato a la boca; son invitados por la dueña de casa a girar cinco lugares alrededor de la misma, en el sentido de las agujas del reloj, para hacerle lugar a los recién llegados (que se niegan rotundamente a sentarse mientras se sientan y se tiran encima de la fuente llevándose el pollo puesto). Luego de la cena José está relajado y satisfecho. Entonces decide fumar. Se palpa el pecho en busca de su atado de cigarrillos. Entonces se palpa los bolsillos del pantalón (parado, para que su desazón sea bien evidente). Si todo esto no tuvo resultado positivo, apelará al siguiente comentario “Uh, me los debo haber dejado en la otra camisa” (ya no dice en el auto, porque una vez le contestaron lisa y llanamente “andá a buscarlos”). Entonces, y sin esperar que alguien le convide uno, José rapiñará el atado más próximo a sus manos con un sutil “¿te saco uno?”. Ese número va subiendo en progresión geométrica con el correr de las horas, del alcohol, las bromas groseras, las risotadas carraspeadas mientras relojea el culo de las mujeres que se levantaron a buscar el postre. El destino de ese atado de cigarrillos es el bolsillo de José, que se lo llevará puesto con encendedor incluido en un rapto de supuesta confusión. Como si esto fuera poco, los chicos piden a gritos que alguien compre helado. Todas las miradas apuntan a José, quien debería hacerse cargo de satisfacer esa demanda. José, en un acto de arrojo saca el celular, pero antepone la primera excusa “no tengo el teléfono de la heladería”. La réplica es “yo si”. La dueña de casa despega el imán de la puerta de la heladera. José se dispone a discar pelando la segunda excusa “Uh, no traje los lentes”. “Yo te lo canto”, le contesta la señora resoplando. “Cuatro, tres, dos, uno, cinco, cuatro” repite José mientras pulsa las teclas de su celular de última generación. “Uh, podés creer que no tengo señal?” (en realidad le sobra señal y le falta crédito). La dueña de casa, un tanto impaciente, le encaja el inalámbrico de la casa frente a la nariz con el número discado y el interlocutor esperando del otro lado de la línea. José no tiene escapatoria, pide un kilito (para quince personas). Media hora después tocan a la puerta. José está atrincherado en el baño, para variar. Mientras sus hijos se devoran los chocolates suizos que la dueña puso en la bandeja del café, José le pide cambio a la esposa. La esposa, salió sin cartera “porque íbamos a dar una vueltita nomás”. Finalmente José mira la billetera y le pide al dueño de casa que se haga cargo de la cuenta porque pagó la cuota social y se quedó sin efectivo “mañana te lo alcanzo”, dirá.
José despliega idénticas maniobras en los comercios de la zona. Paga un cafecito con un billete de cien, cosa que el bar prefiera fiárselo a quedarse sin cambio. Manda a una amiga a retirarle la ropa de la Tintorería (que justo iba para allá), pero se encarga de recibirle el recado en la pileta para no entrar a buscar la billetera porque “María me mata si le mojo el piso recién encerado”. José se para frente al mostrador y espera a que el dueño de la confitería se de vuelta para manotearle un alfajor o un bombón. Se le lleva el diario y la revista del domingo, jurando con cara de ofendido, que ambos son de su propiedad ya que los recibe todos los días en su domicilio (los recibió el primer mes hasta que le cortaron la cuenta corriente, ahora los recibe en la puerta del vecino al que se los sustrae en punta de pie a las ocho de la mañana en bata y pantuflas). Los hijos de José toman la merienda en las casas de los amigos. Aparecen todas las tardes en una casa diferente, justo a la hora en que el vaso de chocolatada se desparrama sobre las mesas de los jardines. Donde comen cuatro, comen seis; es la filosofía de José, que tiene un corazón super-generoso. Filosofía, que aplica impecablemente y en forma consistente, todos los días de su vida y con el mismo amor… para con él mismo.
Existe gente a la que es preciso amputarle una falange para hacerle despuntar un brillito acuoso a sus ojos, y a veces ni siquiera eso.La puede levantar un tornado por los aires y depositarla a 150 kilómetros de los restos de su casa…y nada, con suerte un rictus en la boca y el ceño fruncido.Pero de agua salada, niente, nothing, ni una pizca.No es que no sufran, no es que no se conmuevan; simplemente tienen el lagrimal egoísta y las emociones escondidas en algún oculto recoveco sin acceso directo y una password de 9 dígitos.Son aquellas personas a las que uno considera compuestas, elegantes y que jamás protagonizarán un desborde digno de una película italiana donde termina llorando hasta el perro mientras vuelan platos y copas.No es cuestión de frialdad, sufren igual pero no lo hacen evidente (lo cual en algunas circunstancias es una gran virtud).
Por el contrario, los llorones somos un flancito con poco huevo, que se desmorona aunque haya estado cuatro horas en el horno a baño María.Tenemos las emociones en el Escritorio, con acceso directo a todos los lugares peligrosos de nuestra psiquis.Somos visuales, gozamos de una memoria que a veces nos juega en contra y hasta el sufrimiento de un pescadito animado digitalmente nos puede sumir en la más profunda crisis de llanto.Cursis, pastelones y un tanto inocentes, nos creemos todo lo que vemos en la tele o nos cuenta fulanito en un break de laburo.Es más, hemos adquirido la capacidad de recrearlo en nuestras mentes y muchas veces aderezarlo porque nuestro llanto, en el fondo, es una necesidad de descarga que busca cualquier excusa medianamente válida para abrir las compuertas de la represa.
Si a Ud. le interesa conocer su “status lagrimal”, por favor lea esta encuesta.Si asiente a más de 5 consignas, Ud. puede ganarse unos mangos trabajando de plañidera en sepelios y velatorios:
¿“La familia Ingalls” la hizo llorar durante las nueve temporadas que duró la serie?¿La ceguera de Mary, la muñeca que Nellie Oleson jamás quiso prestarle a Laura, Charles arando el campo con las costillas fracturadas, Caroline auto amputándose la gangrena de la pierna con la Biblia en la mano; aún hoy le hacen tragar saliva y le provocan un nudo en la garganta?
¿Las publicidades de seguros de vida, seguros de retiro, préstamos hipotecarios y de entidades bancarias en general; donde se muestra a gente de todas las edades prodigándose cariño en cámara lenta con un impecable score de violoncello de fondo mientras una cálida voz en off le pregunta si le preocupa el futuro de sus seres queridos, le arrancan unos lagrimones del tamaño de las arvejas?
¿Cuándo va por la ruta manejando y se cruza con una alfombra de pelo informe que alguna vez supo ser un perro o un gato, prorrumpe en un llanto desconsolado; esperando que se haga la hora de volver a casa para abrazar a sus mascotas?
¿Llora en el colegio de su hijo cuando suenan los acordes del Himno Nacional y aparecen los abanderados (aún cuando su prole jamás desfile con el símbolo patrio en la mano dado su escueto rendimiento académico)?
¿Sale del cine chorreando lágrimas empetroladas de máscara de pestañas que limpia desprolijamente con el puño de su camisa mientras se traga los mocos, aún cuando la protagonista se haya curado de su enfermedad, haya sobrevivido a un terremoto y haya contraído matrimonio con el galán del film?
¿Es de los que se muerden el labio inferior y miran el cielorraso para no dejar escapar el agua del ojo cuando el Presidente de la empresa para la que trabaja se descuelga con un discurso tierno y arengador durante el brindis de fin de año?
¿Mira fotos viejas en el pico más álgido de un brote masoquista o durante el síndrome premenstrual, a sabiendas de que si empieza a llorar no va a parar hasta que los ojos se le salgan de las órbitas?
¿Las películas que tienen a niños como protagonistas, sobretodo si tienen una discapacidad, tocan un instrumento musical, son huérfanos, maltratados por una gobernanta infame o los bardean en el colegio; lo hacen llorar tanto que termina pareciéndose a la brótola que compró para la cena?
¿Llora en los casamientos cuando escucha los tres primeros acordes de la marcha nupcial, aunque los contrayentes sean dos perfectos desconocidos que lo agarraron in fraganti en un lapsus cristiano, de rodillas, pidiendo perdón por alguna patinada?
¿La escena de “Dumbo” en la que la madre acuna con la trompa al hijo a través de las rejas, la escena de “Bambi” donde la madre es asesinada por cazadores, la escena de “El Rey León” en la que Mufasa es arrojado por Skar al precipicio ante la mirada de Simba; lo pueden poner a llorar hasta pasado mañana?
¿Llora cuando pierde la Selección de futbol?¿Llora cuando un tenista de su país gana algún Grand Slam?¿Llora cuando la corredora jamaiquina rompe un nuevo récord?¿Llora con la gimnasta rumana que se cae de las barras paralelas ante el comité olímpico?
¿Los power pointscon amorosos mensajes, frases célebres de grandes pensadores, fotos de animalitos, bebitos y/o parajes paradisíacos; lo ponen a lagrimear a lo pavote?
¿Llora de risa?
Como diría una famosa vedette argenta “si querés shorar, shorá”.
Si Ud. pertenece a este grupo blandengue y sensiblero, seguramente llorará con este clip. F@cking Disney!
No tiene nada que ver con la cultura, ni la posición social, ni la cantidad de ceros en la cuenta bancaria. No tiene que ver con el signo zodiacal, ni con el barrio ni el país. Tiene que ver, creo yo, con las ganas de aprovechar el tiempo que tenemos en este mundo siguiendo los sabios consejos del Profesor John Keating en la maravillosa peli de Peter Weir “La Sociedad de los poetas muertos”. “Carpe diem, Seize the day, Aprovecha el día”. Esa es la clase de frase que la gente mágica aplica todos los días de su maravillosa existencia. Este tipo de gente lleva una vida diferente, se deja llevar por sus pasiones, sucumbe a sus impulsos, se deja caer frente a sus tentaciones y se pasa por el culo lo que los demás piensen de ellos. Porque saben que el tiempo es acotado y los planes demasiados para tan efímero lapso en esta tierra. Entonces es que salen a trabajar convencidos de que lo mejor está por venir, convierten un embotellamiento en la autopista en una oportunidad para volver a escuchar su canción favorita unas doce veces más (cantándola a los cuatro vientos, probablemente) y son capaces de imprimirle a sus vidas el color que quieren que esa vida tenga (que generalmente es un arco iris re-flower power con mucha música reggae). Son personas que circulan por la vida cumpliendo con sus tareas durante la jornada laboral pero que podrás encontrar en otro contexto dando rienda suelta a su locura o a aquello que les fascina. Es así como una Secretaria de una Multinacional, llamada Ana, de noche se pasea por los foros de Star Wars y responde al nickname “Princesa Leia” (invitando a quien quiera leerla, a un duelo de espadas láser). El cajero de gesto adusto y monosilábico que te atendió hoy por la mañana en el Banco, a esta hora toma clases de salsa en el Club de su barrio. La Odontóloga de tu abuela ensaya la letra de Desdémona mientras emparcha un canino porque mañana estrena Otelo en el teatro municipal donde toma clases de teatro. Aquel abogado que reclama un expediente en Tribunales, fue visto anoche bailando danzas medievales con su grupo de cultura de la Edad Media. Y aquella Psicopedagoga que tenía consultorio en el colegio de tus hijos, toca el arpa en un grupo de Música Celta. Algunos escriben, otros son amantes de la literatura policial, algunos restauran armas antiguas, otros coleccionan vinilos de los 50´s, otros hacen aladeltismo, algunos navegan, algunos construyen autitos a escala, otros sacan fotos de nubes con caras extrañas…el común denominador es siempre una pasión.
Veamos las diferencias entre los dos grupos.
LOS BÁSICOS
Los básicos se aparean alcoholizados en forma mecánica respondiendo a un impulso físico comparable al que se siente cuando la vejiga está llena. Los básicos viven creándose problemas, estancados en batallas del pasado, deseando una vida que sólo ellos pueden autogestionarse (si se tomaran la molestia). Los básicos no leen porque se aburren, no miran tele porque es una mierda, no van al teatro porque sale caro, no van al río porque queda lejos, no dibujan porque todo lo que hacen es feo, no alquilan dvd’s porque lo que buscan siempre está alquilado, no piratean porque está mal, no bailan porque “ya no hay lugares para la gente de nuestra edad” (como si el lugar fuera una condición), o como diría mi viejo “no comen el huevo por no romper la cáscara”- Los básicos van a trabajar con cara de ojete, se van frunciendo con el correr de las horas y salen de la oficina enojados con la vida. Se bañan, cenan, se pelean un rato con el vecino o la familia y al sobre. Los básicos se ocupan, ante todo, de la satisfacción de sus necesidades más básicas. No hay lugar para lo lúdico en sus vidas, y que otros se junten a mirar por enésima vez las seis temporadas juntas de “Los Sopranos” les parece una pérdida de tiempo. Los básicos engendran basiquitos. Chicos acostumbrados a obedecer, que entienden de entrada que uno llegó a esta vida para sufrir, que la vida es una cagada, que fulanito y menganito te van a querer joder y que cuanto más paranoico seas mejor para tu subsistencia. Porque de eso se trata, de subsistir, no de existir. Los básicos buscan la respuesta a sus problemas en el afuera. Si no fueron los padres que sembraron sus traumas, probablemente sean sus ex parejas, el cirujano que les dejó una cicatriz gigante de la cesárea, los críos que les dejaron las tetas por el ombligo, el abogado que no pudo lograr aquella indemnización por la intoxicación con pizza de delivery, o tal Banco que se quedó con todos sus ahorros en el año 2001. Los básicos reniegan de su propia existencia, viven queriendo salir de situaciones a las que ellos mismos se han expuesto en lugar de hacerse cargo del asunto. No aguantan a sus hijos pero nunca se les cruzó por la cabeza ponerse un forro. Los básicos no leen poesía, les parece una paparruchada. Los básicos están más interesados en el dinero en sí que en lo que el dinero puede comprar. Los básicos tienen metas inalcanzables y sueños utópicos; lo hacen inconscientemente para no hacer el esfuerzo de conseguir algo que esté al alcance de sus posibilidades. Los básicos no sueñan despiertos; más bien elucubran, planean estrategias, evalúan riesgos y establecen oponentes.
LOS MÁGICOS
Los mágicos creen que uno vino a esta vida para ser felíz aún en las circunstancias más adversas; por eso se las ingeniarán para sacarle el jugo a la vida cotidiana con humor. El trabajo más espantoso les parecerá hermoso, si el sueldo alcanza para solventar la cuota del curso de comida tailandesa y esos zapatos de Fendi que la vuelven loca (aunque tenga que comer arroz de aquí a febrero del 2011). Los mágicos están seguros de que hay un mundo mejor, no solo porque consiguieron entradas para ver el regreso de su banda favorita, porque están seguros de que ellos son parte de la solución y concreción de ese mundo mejor. Los mágicos no se aparean mecánicamente, llevan a la práctica encuentros sexuales premeditados y elaborados; les interesa la calidad más que la cantidad y probablemente inviertan ingenio, imaginación y dinero en ambientación, ropa y juegos para hacer esos encuentros memorables. Los mágicos ponen huevos a la hora de seguir su sueño. Es así que no tendrán miedo al largarse a hablar en francés en la segunda clase o pararse a recitar un soneto en el curso de teatro. Cantarán aunque desafinen, y se bancarán las cargadas de todos los transeúntes mientras caminan disfrazados como el Dr. Spock rumbo al evento de Trekkies (fans de Star Trek). Los mágicos van tres o más veces a ver la peli que les encantó. Los mágicos consideran que una tarde invertida en un chat con seis amigas de diferentes países no es una pérdida de tiempo, más bien una batalla ganada al tiempo. Los mágicos pintan, escriben, cocinan, hacen tragos largos, amasan pizza, plantan flores, tejen, cuentan cuentos…aunque lo hagan mal siempre es mejor intentarlo que quedarse con las ganas. Los mágicos investigan, buscan, se relacionan con gente que cobije la misma pasión. Se harán expertos en aquello que les fascina. Los mágicos se divierten con sus hijos, les enseñan sin proponérselo, a disfrutar de la vida. Los mágicos no se conforman con un poquito, de aquello que les gusta, probablemente se atiborren. Los mágicos estiran el tiempo. Prometen cerrar el libro a las doce pero se quedan leyendo hasta las tres. Prometen apagar la tele a las once pero justo engancharon la escena de la ópera del Padrino 3 y no fueron capaces de darle la espalda. Prometen regresar de las vacaciones dos días antes para organizarse pero la playa puede más. Los mágicos juran no volver a gastar en cosas superfluas y a los cinco minutos están firmando la suscripción al Club del Vino. Más que gastar, ellos consideran que invierten en recreación. Los mágicos se rodean de gente de su misma condición. Son imanes que se atraen. Brillan en la oscuridad. Son esa clase de gente a la que se le ven los dientes en los boliches cuando encienden la luz negra o los que disparan las cámaras detectoras de sonrisas en los locales Sony. Los mágicos disfrutan de la buena mesa, el vino, la comida y los postres. Prefieren comerse el helado hoy y caminar veinte cuadras mañana. Prefieren comer acompañados pero no dejan de cocinarse aunque estén solos, se auto agasajan. Los mágicos existen no subsisten. No pasan por la vida sin pena ni gloria. No serán famosos pero seguramente recordados por sus seres queridos. Recordados por transmitir alegría, ganas, optimismo y el mensaje de Walt Whitman que el Profesor Keating le enseñara a sus alumnos:
...Carpe Diem, aprovecha el día. No dejes que termine sin haber crecido un poco, sin haber sido un poco mas feliz, sin haber alimentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho de expresarte que es casi un deber. No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario... No dejes de creer que las palabras, la risa y la poesía sí pueden cambiar el mundo... Somos seres, humanos, llenos de pasión. La vida es desierto y tambien es oasis. Nos derriba, nos lastima, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia... Pero no dejes nunca de soñar, porque sólo a través de sus sueños puede ser libre el hombre. No caigas en el peor error, el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes... No traiciones tus creencias. Todos necesitamos aceptación, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos. Eso transforma la vida en un infierno. Disfruta el pánico que provoca tener la vida por delante... Vívela intensamente, sin mediocridades. Piensa que en tí está el futuro y en enfrentar tu tarea con orgullo, impulso y sin miedo. Aprende de quienes pueden enseñarte... No permitas que la vida te pase por encima sin que la vivas..."