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miércoles, 31 de agosto de 2011

VIDRIERA VIRTUAL


FACEBOOK: Nuestro utópico rincón en el cyberespacio


El face fue concebido por un visionario pendejo que la embocó o conocía muy bien la tela con la que está fabricado el ser humano.  En sus orígenes, este sitio fue diseñado para acercar gente en una Universidad, levantar minas y favorecer los encuentros sociales entre estudiantes (o por lo menos así lo mostraron en la película, que a mi entender, no estaba tan buena como para el Oscar).
Supe ser usuaria del Myspace, precursor de las redes sociales que lo sucederían con el tiempo, hasta que mis jóvenes amiguitas y mi hijo me empujaron al face.  No ofrecí demasiada resistencia, si no estabas en face no existías, mis amigos virtuales y no virtuales habían migrado dejando foros, fotologs y otros sites desolados.
Así fue como desembarqué en el rostrolibro, al principio un poco mareada con tanto bombardeo de aplicación, invitaciones a eventos, cumpleaños, actualizaciones de estados ajenos y la mar en coche.  Pero luego le encontré el gustito.  Reencontrarme con mis amigas del exterior, poder ver fotos de sus casas, la decoración de sus árboles de Navidad o conocer cada detalle de sus vidas en tiempo real me pareció fascinante.  Entonces llegó el día en que caí en la cuenta de que el face era un trabajo agotador;  que para contestar y cumplir con todos los mensajes, flores, tarjetas, inbox y comentarios de mis fotos necesitaba un día de 48 horas o licencia por sobredosis de virtualidad.
Empecé a ponerme paranoica por los dos mil alertas que leía en los muros sobre posibles virus, phishing, niños desaparecidos, abuso de fotos familiares, sustracción de identidad, uso de datos personales por el FBI, perros mutilados, falsos contactos, pedófilos al acecho de los niños de la familia, estafadores, etc.  Hice lo que hicieron varios.  Limpié a los doscientos cincuenta contactos y me quedé con tan solo doscientos cuarenta y nueve.  Me dediqué a bloquear a los sospechosos y a revisar una y mil veces la configuración de privacidad.  Estaba tan privada que me aburría como un hongo.  Entonces me desprivaticé un poco.
Luego me bombardearon con jueguitos, granjas, peceras y la reputamadre que lo parió al que alguna vez me envió una invitación a poner un colegio o plantar zanahorias virtuales.  Me borré sistemáticamente de todas (perdón si los ofendo pero era un costo muy alto de mantenimiento).
Después vino la onda de mandar flores, chocolates, osos de peluche, vibras, vibradores, corazoncitos, bebidas alcohólicas y afines.  Si no devolvía las atenciones me sentía una perra del infierno.  Así que dediqué media hora diaria facebookiana a la devolución de gentilezas, de esas que nunca pude degustar porque los chocolates virtuales saben a la nada misma y el alcohol “Face” no alivia ninguna pena (aunque cada vez que me lo enviaron supe agenciarme unos centímetros cúbicos del de verdad para no desentonar con la generosidad internetiana).
Como si esto fuera poco, comencé a recibir invitaciones a participar de marchas por: “la no construcción de la ruta 159”, “la aparición con vida del Lagarto Juancho”, “manifestación de apoyo al Intendente de Las Toninas”, “el digamos NO a las fábricas de zapatos con plataforma”, “el día del aire libre de partículas de rebelde volcán cordillerano” y cuanta protesta se cruzara por mi camino.
El día que derrapé y casi termino en la colonia Montes de Oca fue cuando intenté poner en práctica todos los consejos leídos en muros, lecciones de vida de videos diseminados en cuanto perfil clickeaba o cuando intenté esa posición de yoga cuya foto colgó una amiga junto con una inspiradora frase de Dalai Lama.  Ese día volqué…literalmente.  Todavía me duele el pómulo derecho que amortiguó la caída.

Entonces hice un “despeje de X”: ¿Para qué quiero Facebook?  ¿Para qué quiere la gente Facebook?
Lo mío fue sencillo.  Quiero pelotudear con mis compañeros de trabajo, ver fotos de sus familias, leer actualizaciones sobre los artistas que me gustan y compartir música.  El resto al tacho…mejor dicho…a la papelera de reciclaje.

Estos últimos días me dediqué más a la lectura de otros perfiles que a la participación activa.  Y ahí me dí cuenta de un puñado de cosas:

1.       La gran mayoría miente.  O muestra una verdad a medias.  O se fabrica una vida digna de la vidriera donde la exhibe.  Pocos son los que muestran una foto donde les cuelga la carne de la busarda luego de un guaso asado.  Rarito es encontrar una imagen de una pareja cagándose a gritos o revoleándole una silla al pendejo de once años que se niega a pasar por la ducha.  Nadie pone la foto de la madre despiojando a sus críos o de la abuela con la bombacha colgando entre las piernas.  No ví a una sola mina con ruleros, ni a un tipo con el peluquín en la mano.  Las fotos son todas dignas de una publicidad de medicina pre-paga.  Todos juntitos, en la playa, agarraditos de la mano en tierna actitud familiar.  Aunque después de esa foto él se haya comido a la vecina, ella a la Psicopedagoga de los chicos y el hijo mayor a la mucama.  Verás lo mejor de mí…o no verás nada.  Ese parecería ser el lema del sitio.
2.       Detrás de la farsa que la mayoría sostiene y que reza “sed tolerante, amable, regala sonrisas, esparce generosidad, ayuda al prójimo aunque sea de color negro, homosexual o socialista” existe una horda de intolerantes que son capaces de degollar al que osó expresar diplomáticamente, una opinión política diferente.  Se cagan a puteadas en los comentarios de un muro tratando de “zurda”, “negra cabeza” “ándate por donde viniste, yegua” a quien confiesa ser docente y haber votado a quien ella cree es lo mejor para el país.  Sí, son esas mismas damas que se pavonean asistiendo a cursos de Pedagogía barata y comprando libros de Psicólogas marketineras que les enseñan qué hacer con la docena de hijos que tuvieron y que las tienen de rehenes en sus propias casas, o qué color de corpiño comprarse para hacerse atender por maridos que están agotados de encontrarse con una loca histérica que no para de gritar porque el más chiquito no pudo aprender a restar ni con un simposio de profesores particulares.
3.       El Facebook aleja a los que uno quisiera tener cerca y acerca a los que uno quisiera tener lejos.  Convengamos en algo: ¿quién no ha hecho la firme promesa de “juntarnos toditos” el tercer viernes de cada noviembre para evocar nuestras desventuras estudiantiles? Resulta que terminás cenando con gente que viste todos los días durante tres años, hace veinticinco pero no tenés cinco para ir al Geriátrico a ver a tu abuela…que te cambió los pañales, te dió el almuerzo todos los días de tu vida y vive a cinco cuadras de tu casa.   También me permito señalar a aquellas personas que se cambian el nombre en el perfil porque Facebook les acercó a la jauría de acreedores que no están dispuestos a condonar las deudas, novios despechados, amantes olvidados y a aquel terapeuta que sabe a ciencia cierta que sos una mentira ambulante (y encima le pagaste para desnudar tu alma impura).
4.       Todos, absolutamente todos buscan algo.   Dinero.  Sexo. Fama. Consuelo.  Say no more.  La que no te vende ponchos de telar o clases de shantala, te quiere coger o cogerse a algunos de tus contactos.  Está el que quiere promocionarse como chef posteando fotos de sus platillos o su clip de música de garaje.  Y está el que busca empatía, mimos, diciéndole a todo: SI.  Si, estuviste genial.  Si, yo en tu lugar hubiera hecho lo mismo.  Si, vos podés.  Sí, tenés razón.  Sí, yo te apoyo. Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.
5.       El famoso “me gusta”.  ¿Qué te gusta?  ¿Te gusta que en esta foto estoy más viejo que vos?  ¿Te gusta que Cerati está en coma hace un año? ¿Te gusta que me guste que te gusta la música barroca?  ¿Y si no me gusta?  ¿Qué hago, me aprieto un dedo con la puerta y posteo la foto de mi cara de dolor?  ¿O chupo un gajo de limón y escupo las semillas sobre el teclado?  Supongo que el botón “no me gusta” no existe para evitar expandir el caos y acreditar el odio que muchos sienten por tal o cual programa, libro, personaje o comentario…después de todo es una red social diplomática para gente civilizada, buena, sociable y educada.   Esa misma gente que arma un grupo de “Odio a tal Intendente o Muerte a Fulanito líder de agrupación musical”.
6.       Facebook es un arma de destrucción masiva.  Como hay gente que no tiene paz y si la tiene no la valora, se dedica a hacerle la vida miserable al resto de los mortales.  Subidos al caballo de la estatua (si, ese que no te lleva a ninguna parte) de la “ética”, “buena vecindad”, “solidaridad” y “ciudadanía”; arman un sitio de protesta por cada potencial problema que ven a su alrededor.  Y si no hay se los crean, para creérselos y destilar su odio juntando firmas virtuales contra: el dengue-el perro de la calle-el arroyo no entubado (ahí radica el problema, es la falta de entubación)-el mal gusto del tender del vecino-las minifaldas de las quinceañeras-las tetas operadas de las amigas- los amantes del prójimo-la vida sexual del cura de la parroquia-la vereda del Banco-el móvil policial que no acude al centésimo sexto simulacro del mes-el cambio del sabor de la bebida Cola y cualquier compañía prestadora de servicios que ose toparse con estos ejemplares ejemplificadores que apuntan con el dedito índice a aquellos que no estén dispuestos a presentar batalla en pos de un mundo mejor.
7.       Facebook es el emporio del chisme.  Cualquier persona con un poco de Jorge Rial en las venas se hace un festival digno de un mosquito en un banco de sangre, con los perfiles del face.  Sobre todo  de aquellos que no han sabido configurar la privacidad o deliberadamente desean que una flota de voyeuristas se toque mirando sus fotos y de paso se entere y propague por sus centenares de contactos que a vos, si a vos, te leyeron proclamando que viste a la mamá de Kevin comiéndole la boca al papá de Jonathan en el parking del cole de tus hijos.  Estás en el horno, lo peor del caso: el pez por la boca muere. Tu  comentario no se borra porque está en el muro de Susanita, donde ya existían otros dos millones de comentarios, PESCADO!  Aunque lo borres les llegó por mail.  Comprate una peluca y unos Ray Ban bien oscuritos!
8.       Facebook te delata.  Despiadado, el muy hijo de puta te pone en evidencia.  ¿Qué hacías a las diez de la mañana colgando videos de Roger Waters?  Esa pregunta pronunciada por tu Jefe es una de las más hermosas cosas que van a sucederte esta semana. La segunda ocurre el sábado: vas a colgar tu frasecita ingeniosa y TODOS tus contactos se van a percatar que ese día miraste Sábado Bus en pyjama tomando sopita con semillas de lino y chateando con “Fabulorgasmic Dick” en alguna sala para mayores de…treinta? ANDÁAAAAAAAAAAAA! Ni que hablar de las fotos como evidencia de sucesos que no deberían haber sucedido.  Oops…no te invité a mi cumpleaños??????????  Lo peor del caso es que recién me dí cuenta cuando etiquetaba las fotos…señal de que siempre te he adorado.  O la consabida: ¿Porqué cornos habré colgado esa foto en la que le estoy succionando la boca a una de mis ex con tal mala leche que al etiquetarla, el face entendió que Alejandra (actual) y Alexia (ex) eran la misma persona? (esto dicho por un compañero de trabajo me hizo atragantar hasta sacar Crush por la naríz.  O esa foto incriminadora en el Cerro Uritorco, fumando chala, buscando ovnis cuando en realidad, se suponía, estabas sepultando a tu abuelita…para deleite de RRHH.
9.       El contacto verdadero, ese que existe cuando dos personas se miran y se tocan, se huelen como los perros frotándose las panzas.  Ese tiende a desaparecer.  Ahora el amor prodigado virtualmente es más higiénico y mucho más top.  Encima no tengo que salir de casa.  Te puedo amar por mail, prodigártelo en tu muro, bosquejar palabritas escritas con Alt+3 y enviarte cientos de caritas para que vayas tomándole la presión a esta relación intensa que llevamos…por…face?  Vale lo mismo un saludo de felíz cumple en el muro que dos o tres apretujones bien dados y el típico tirón de orejas?


La verdad es que no sé que sea mejor.  Me gusta mirar fotos, me gusta ver videos, compartir canciones que me vuelven loca y recomendar películas.  Pero no cambiaría por nada los besos de lengua bien mojados, un buen apretón de culo, un hombro mullido y caliente para apoyarme cuando estoy triste, el consejo de alguien que me mira a los ojos diciéndome la verdad aunque duela…y el sabor de los chocolates que se derriten en la boca.

Los veo en el face!!!!!!!!!!!!!!!!! LOL


domingo, 20 de junio de 2010

CUANDO PINTA EL BAJÓN



Hurgando en la depre

Uno nunca sabe a ciencia cierta qué ha desatado este espantoso estado de oscuridad espiritual. En algún momento del día y por absolutamente ninguna razón definida, nuestra luz se apaga y nuestras ganas se desparraman por el piso como un balde de gelatina a medio cuajar. Simplemente nos asalta el famosísimo humo negro de la serie “Lost” y literalmente nos perdemos. Ahí, en un túnel que pareciera no tener salida, y que si existiera no la veríamos por tener los ojos hinchados y empañados por un mar de incomprensibles lágrimas.

Porque una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. La tristeza, como respuesta a un estímulo doloroso es esperable y natural. Si te martillás un dedo, responder con una carcajada te habilita el ingreso al Manicomio más cercano; por otro lado llorar porque se te inundó el baño o te birlaron la billetera en el colectivo es más que sano. Pero la depresión es otra cosa. ¿Será la respuesta con delay a una serie de eventos que se sucedieron en cadena en forma lenta imperceptible y sucesiva? ¿Puede uno entristecerse por acumulación? Quizás ahí esté la clave. Unos buenos quince días de quilombos sostenidos, solapados y aparentemente inofensivos (si los evaluamos de a uno), pero que en su conjunto tienen el poder del ácido nítrico en goteo sobre un alma medio desvencijada, bien podrían ser los responsables de una grosa y contundente depresión de la ostia.

Propongo la siguiente ecuación ejemplificadora: 2 días estresantes de laburo donde todo salió para el culo (un cliente revirado te incluyó en sus plegarias a Satanás, te llovieron carpetas infestadas de problemas, el sistema eligió caerse en la hora pico, caes en la cuenta que para Recursos Humanos sos un recurso y no precisamente humano) más 3 siniestros eventos domésticos (el lavarropas pide knock –out técnico, se rompe el codo de la pileta de la cocina, te cortan el teléfono con la factura paga en tiempo y forma) sumados a 2 insignificantes reyertas familiares (un duelo con tu hijo por el control remoto de la tv y porque no ordenó su habitación…que parece Irak después de un bombardeo, tu vieja que se ha convertido en tu hija “mentally challenged” a la cual querés estampar contra una pared porque se trenza con tu hijo insistiendo que Cristiano Ronaldo es brasilero (herejía si las hay para un futbolero de ley), más 2 mínimos contratiempos cotidianos (el cajero se traga tu tarjeta de débito justo la noche en que el noticiero pasa el informe sobre estafas en cajeros, el chino del supermercado no te agarra los tickets que te da la empresa…te enterás cuando tenés el chango lleno hasta el techo), más 1 contratiempo amoroso (tu nuevo no-novio te hace un exhaustivo recuento de las ocho millones de prostitutas que se movió en su periplo náutico-laboral para luego informarte que está en desacuerdo con el uso del preservativo), más 1 flashback nostalgioso (ordenando armarios te topás con fotos viejas, removiendo el estofado mental que dormitaba en una armoniosa latencia muda y ahora amenaza con hervir y desbocarse) = Mega depresión importada de Lituania (el país con más alta tasa de suicidios del planeta).


CÓMO RECONOCER LOS SÍNTOMAS


Lo más probable es que vayas arrastrándote de sillón en sillón y de cama en cama huyéndole a todo tipo de ritual higiénico y cosmético. Enfundado en tu mejor y más raído pyjama anti-sexo (generalmente es un jogging color gris con manchas de cloro y pintura, más esa vieja remera de tus dieciséis con su etiqueta intacta de “Fruit of the Loom” agujereada en las mangas y con el cuello estirado), te pasearás como un zombie pisándote las ojeras. El pelo es una mata informe de donde penden un par de popcorns de la noche anterior y cuyo flequillo comienza a pegotearse en la frente por el azúcar y la falta de aseo.

El frío te asalta, como te asaltan los pensamientos negativos. Como estás seguro de que algo espantoso está a punto de ocurrir, decidís cambiar la ropa interior por una limpia y sin agujeros. Al equipo le agregás una manta polar con olor a perro (que durmió encima toda la noche) o un poncho viejo con olor a naftalina. Así enfrentás el desayuno. Masticando un pedazo de pan negro quemado, sorbiendo un café que no logrará derribar el sueño que te hace bostezar como un cosaco embriagado no harás planes que vayan más allá de los próximos quince minutos. En esos quince minutos leerás los avisos fúnebres, te autoflagelarás con el noticiero de la mañana y terminarás llorando desconsoladamente con un aviso televisivo de medicina prepaga donde una anciana camina de la mano de un anciano…en cámara lenta…por un bosque de robles, pisando hojas marchitas en pleno otoño. Entonces te descubrís haciendo cuentas ridículas, calculando lo vivido, restando el resto y haciendo balances que por supuesto dan pérdida. Porque hoy estás perdido en la nube negra, el vaso está vacío y la luz es tan tenue que el futuro no se ve por ningún lado.

Luego del sexto documental sobre la vida sexual de los mamíferos marinos, se te da por consultar el Tarot por Internet (nefasta idea en la historia de las ideas nefastas). Con una musiquita inquietante, el website baraja digitalmente tu futuro y te manda todas las putas cartas patas para arriba. Eso no puede ser bueno, leer la explicación te deja al borde del abismo existencial. Es hora de buscar ayuda en las frases de filosofía de tu site favorito de citas célebres. El término random en Internet es muy gracioso. El Señor que mueve los hilos tiene un extraño sentido del humor, o tu cabeza elige leer aquello que sabe te va a terminar de liquidar. Buscando frases para abrazar la vida, el site, irónicamente te trae palabras de Séneca, Schopenhauer, Hume y Nietzsche. En todas se te pide amablemente que termines con tu vida. Ganas no te faltan. Te faltan huevos. O cinco blisters de valium y dos litros de whisky.

Apagás la pc huyendo como una rata a su nido (en este caso tu cama). El libro que hasta ayer encontrabas apasionante, ahora es una mierda. En un ardid de auto complot, te leés la última página del policial para aguarte tu propia fiesta. Tres horas de zapping ininterrumpido, mirando discusiones entre decadentes participantes de reality pedorro, es hora de cambiar de posición. Son las cuatro de la tarde y no almorzaste. Relojeás la heladera vacía. Hora de rascar los hongos del multiúnico pedazo de queso y montarlo sobre una torre de crackers húmedas. Eso solo se baja con alcohol. Y del pico de la botella. Entonces te encontrás con un sujeto gris que mama del pico, con un nido de caranchos en la cabeza y dos huevos duros en lugar de ojos. La imagen te resulta conocida, es el espejo que devuelve el Guernica de Picasso (versión libre a tu cargo). Te acercás con miedito porque no lo podés creer. Sos un personaje salido de una peli de Tim Burton. Sos el hijo hecho carne del Jóven Manos de Tijera y el Cadáver de la novia. Si fueras música serías el Concierto para Cello de Elgar.

Entonces te empezás a reír de ese fantasma que alberga tu machucada psiquis. Porque no hay mal que dure diez años ni lluvia que no deje de caer. Haciendo un esfuerzo llevarás tu envase a la ducha y te sorprenderás canturreando algún viejo hit de los 80’s, ese que sonaba el día que te tomaron esa foto que encontraste en la mesa de luz. Esa misma foto que fue la mecha que te llevó al abismo.


COMO DETENER UN ATAQUE DEPRESIVO


Si te levantaste así como sensible y pelotudo, amarrate las manos con el cable del mouse de la pc antes de revolver cajones y ordenar placards. Ni se te ocurra mirar fotos viejas, ni leer cartas de hace dos décadas, ni controlar avisos fúnebres, ni mirar el noticiero. Si tenés la casa tomada por familiares en crisis, huí. Salí corriendo a correr o a caminar. Rajá. Tomate el piróscafo a Tanzania. No participes en discusiones que no tienen salida. Escuchá música. Llenate los pulmones de oxígeno. Y los ojos de los colores del cielo. Abrazá a tu perro. Llevate el libro a la hamaca paraguaya. Lavá el auto. Comprate un chocolate y una Coca Cola (antidepresivos poderosos, si los hay). Cantá en la ducha, bailá en la cocina, tené sexo en el lavadero, fumate un porro, amasá pasta, jugá al futbol con tus hijos o tus amigos, ayudá a alguien, escuchá, mirá algo divertido en la tele…y por favor vestite un poco más decente por el amor de Diosssssss!

Si esto no llegara a funcionar, sírvase consultar a su terapeuta; yo solo escribo boludeces en un blog…

No tiene mucho que ver, pero a mí me hace reír!






domingo, 15 de noviembre de 2009

HIJOS DE LA LUZ




Cuando no te queda otra que volver al pasado
Justificar a ambos lados

Vivimos rodeados de objetos y servicios a los que nos acostumbramos tan rápidamente que ya no podemos precisar el momento en que aparecieron en nuestras vidas. Otros, estaban aquí mucho antes de que nosotros fuéramos concebidos. Y algunos, bueno, algunos ni se nos ocurre pensar qué sería de la vida sin ellos. ¿A alguien se le ocurre pensar en un día sin mandar un mensaje de texto por celular? ¿Alguno podría subsistir sin abrir un correo electrónico o mirar los titulares de los diarios desde su PC antes de salir a trabajar? ¿Alguno se imagina haciendo un fueguito en el medio del living para calentar el hogar en lugar de encender el piloto de la estufa?
Nos hemos ido atiborrando, sin darnos cuenta, de toda una maraña intrincada de aparatos que nos hacen la vida facilísima pero que dependen del gas de red, energía eléctrica y agua corriente (bueno, algunos, porque los que vivimos lejos de las grandes ciudades todavía usamos agua de pozo).
Así es como en forma autómata, con los ojos todavía pegados por lagañas y la costura de la almohada impresa en la sien, enchufamos en una sola maniobra la cafetera y la tostadora. Con el dedito índice de la mano le damos vida mágicamente a la televisión y de paso hacia la ducha encendemos la computadora con el dedo gordo del pie en una pirueta de yoga que yo llamo “saludo al ordenador”. Nos duchamos gracias al motor que impulsa agua al tanque, cantando al unísono con el mp3 del celular (previamente cargado durante toda la noche), nos secamos el pelo, nos lo planchamos, nos preparamos un licuado, descongelamos el pollo de la vianda en el microondas y nos planchamos la camisa para el trabajo. Hasta ahí todo muy bonito, la paz y armonía del hogar son impecables. El aparato para ahuyentar a los mosquitos funcionó de maravillas, el café se hizo, el encargado del tránsito del noticiero de la mañana nos dice qué atajo tomar para llegar al trabajo.

¿Pero qué pasa cuando una tormenta atroz derriba ochenta postes de luz? Pasa lo que les pasaba a nuestras abuelas en el año cuarenta. Pasa lo que les pasaba a los Ingalls en el 1800. Pasa lo que hemos visto en infinidad de películas de época…de cualquier época más precisamente, menos de esta. De esta que es la de la tecnología, los celulares, las notebooks, los archivos pdf, los ppt, los correos de voz, el skype, las Webcams, los hornos de microonda, los aires acondicionados, el Messenger, las jarras eléctricas, las bombas hidroeléctricas, los modems inalámbricos, el Wi-fi, la X-box, el I-phone, el Counter Strike, el Facebook, el Google, el GPS, los cybers, las ediciones digitales de los diarios, los implantes dentales, la cirugía translaparoscópica, los satélites, el transbordador espacial y el DVD. Pasa que ya no nos acordamos de cómo hervir agua o desearle feliz cumpleaños a un amigo sin energía eléctrica.
Es por esto que, ante un reciente corte de energía que duró unas dieciocho horitas, elaboré una listita de los problemas que surgen cuando somos enviados de una patada en el culo al siglo pasado.


LOS CUATRO PROBLEMAS MÁS FRECUENTES ANTE LA FALTA DE ENERGÍA ELÉCTRICA

La dinámica familiar se ve completamente distorsionada, cuando no destruida (o reparada), con un súbito corte de luz. Lo primero a tomar en cuenta es que todos los miembros de la familia se aglutinaran en la cocina a mirarse las caras sin pronunciar otra palabra que no sean epítetos de grueso calibre. Una vez saciada la necesidad de insultar, nos miraremos fijo a las caras sin encontrar motivo para pelear por un lugar frente a la computadora o por el dominio del control remoto de la TV. Erradicados esos motivos, no nos quedará opción que reparar en las caras del otro. De repente nos daremos cuenta que el primogénito se ha perforado por enésima vez la oreja (de la cual pende una flecha metálica que vuelve a incrustarse en el lóbulo superior de la misma). El crío, por su parte, se dará cuenta (a la luz de una vela) que su madre es una señora mayor y entrada en carnes que se parece mucho a su abuela (sobretodo cuando tiene cara de ojete). Pasada la etapa de contemplación estética, llegará de a poco la conversación. Nos pondremos al día con las novedades de las criaturas y así nos enteraremos de que el hijo mayor planea poner un puesto de hot-dogs en la playa sin nuestra autorización pero con nuestra financiación, que el del medio está de novio con una mujer tailandesa que le lleva quince años y el menor le peluqueó el flequillo a su compañerita de primer grado en el baño (la madre de la pendeja hace juicio al colegio y a los padres del ignoto coiffeur pigmeo).


La recreación y el entretenimiento se ven sensiblemente afectados. Algunos no lo soportan, hacen una mochila, agarran el auto y toman la autopista con rumbo indefinido atraídos por el primer resplandor luminoso que augure comida chatarra/pelotero/cine y Wi-fi. Pero aquellos que elijan el hogar deberán desempolvar los juegos de mesa: el ajedrez del abuelo, el mazo de cartas españolas, el cubilete y los dados comprados en las últimas vacaciones, el ludo, las damas y el favorito de la abuela (el bingo). Los más chiquitos apelarán a los crayones y las pizarras magnéticas…y si hubo suerte alguno encontrará el Tetris a pilas (lo más cercano a la tecnología sin enchufe). Cuando se agoten los recursos, la imaginación será una gran fuente de entretenimiento. Buscarle formas a las manchas de humedad, los trabalenguas, el “ni si, ni no, ni blanco, ni negro” y el concurso de chistes machistas/negros/verdes serán los grandes salvadores de una velada que se torna de goma. Visto y considerando que la luz no vuelve, cada integrante se buscará linterna o vela para meterse en la cama con algún libro olvidado en una biblioteca que sólo sirve como recuerdo de un pasado inmediato que amenaza con desaparecer del todo. Si hay suerte, la mañana siguiente nos encontrará a todos enchufando los celulares con desesperación mientras nos matamos a codazos por la silla frente al monitor.


La higiene propia y del hogar se ve ostensiblemente dañada. A la mayoría, el agua les dura lo que exista de reserva en el tanque. A otros como yo, la falta de energía nos deja automáticamente sin agua. Y en las ciudades, aunque los encargados de los edificios se maten explicando que hay reservas suficientes como para pasar dos días sin luz y con un buen suministro de agua (usándola razonablemente); lo más probable es que te quedes sin una gota de H2O a la media hora, ya que todos llenarán sus bañeras, tachos y fuentones agotando las reservas de pura desesperación y avaricia. Entonces tendremos que aplicar nuestra astucia y apelar a nuestra memoria para recordar cómo se bañaba la gente en los westerns más conocidos. Dicho esto nos encontraremos parados en un fuentón lavándonos a trapo y jabón, enjuagándonos con agua turbia, reservando un poco para mojar el cepillo de dientes y otro poco para la pava. Limpiar la casa será una utopía. Conclusión: Los Ingalls eran unos roñosos. Y los Highlanders también.


Las comunicaciones desaparecen y con ellas la aldea global, las redes sociales… la vida social en general. Hasta el trabajo queda reducido a tareas de archivo. Ya nadie escribe nada a mano, nadie manda cartas por correo. Todos nos enteramos del nacimiento de los hijos de nuestros amigos a través del Facebook. O el Twitter. Nos invitan al cine y a una fiesta a través de ellos. Arreglamos nuestros planes de fin de semana y hasta contactamos al dentista por una red social porque el muy turro desconectó el celular el fin de semana. Hacemos las compras por Internet, encargamos discos y libros con la computadora, pagamos las cuentas con los home-bankings y pirateamos desde una peli, hasta un libro. Ni cocinar podemos sin bajar una receta o verificar el resultado de un análisis de sangre sin consultar a una Web médica que nos dejará más aterrorizados de lo que estábamos antes de meter la nariz ahí dentro. El resultado de un corte de luz es que básicamente no somos nada sin un cable USB, un CPU, un MODEM y un monitor. Y las consecuencias son gravísimas. He visto gente darse la cabeza contra la mesada de la cocina por puro síndrome de abstinencia a la tecnología (mi sobrino de seis años, sin ir más lejos).


¿Si tengo alguna sugerencia para sobrevivir a estos cortes de energía que amenazan con ser más frecuentes por culpa del cambio climático, las reservas de agua existentes y las fuentes de energía que amenazan con agotarse a corto plazo?.

Si, tengo. Alquílense películas de época. Renacimiento. Edad Media. Pre-historia. Edad Antigua. Revolución industrial…la época que quieran menos la actual. Aprendan a pelar pollos. A cargar agua desde el manantial hasta la casa. A usar la rueca, el telar. A prender fuego con un palito y una piedra. A sentarse frente al fuego a cantar y recitar. A escribir cartas y esperar tres meses por la respuesta. A vender y comprar con el trueque. Y a matar mosquitos a trapazo limpio…