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martes, 21 de junio de 2011

BUROCRACIA

 


De trámites se trata


Hoy y después de cuarenta y cinco días de iniciado el trámite de cambio de titularidad, por fin recibí la factura de gas de mi casa a mi nombre.  Luego de una engorrosa maraña de trámites que incluyeron unas ciento veinte llamadas telefónicas, varias peleas, media docena de súplicas, ocho amenazas, cincuenta y cinco faxes, nueve mails, ciento tres fotocopias, veinticinco pesos, una gloriosa palanca (léase acomodo) y un ataque de ira logré que la gente que me vende el calor de mi hogar entendiera que hace tres años que estoy divorciada pagando el servicio de mi propio peculio (esta parte es la que más les costó, creo yo).

Todo comenzó hace unos añitos, cuando recibí una intimación de pago de la factura que hasta ese entonces llegaba a nombre de mi ex.  Se me informó fehacientemente que el débito automático en su tarjeta de crédito había sido dado de baja.  En ese entonces tomé el teléfono para recitar el rosario entero de puteadas habidas y por conocer.  Mi enojo no se suscitó por el cargo monetario, más bien por la falta de información que hizo que me quedara sin el tan preciado servicio.  Lo que más me llama la atención, en retrospectiva, es que en ese momento no tuvieron ningún problema para identificarme, notificarme, intimarme y cancelarme la provisión de gas.  No tuvieron inconveniente para debitarme esa factura con tarjeta, telefónicamente y sin más trabas que un código de seguridad balbuceado a una telefonista solícita que supo cumplir con su tarea.

Por prolijidad y para que eso no volviera a sucederme, el bimestre siguiente solicité el débito del servicio en mi tarjeta de crédito.  Fui rechazada de plano como si hubiera pedido la fórmula de la Coca-Cola por mail.  Cual ciudadana afgana en Nueva York, me mandaron haciendo patito a casa.  Yo no podía pagar la factura porque no era la titular del servicio.  ¿Cuál era la solución?  Simple.  Un sencillo cambio de titularidad apersonándome en las oficinas de la entidad con una docena de requisitos.  Visto y considerando que el amplísimo horario de atención (8 a 15 hs.) interfería con mi trabajo, y el comodísimo domicilio de sus oficinas me quedaba como el reverendo culo esperé a que llegara la próxima factura.  Así, al borde del vencimiento, me fueron tomando uno a uno los pagos.  Claro que siempre tuve que andar adivinando los vencimientos, porque las facturas rara vez llegaron al umbral de mi casa.

Cansada de vivir en la desprolijidad y el anonimato gasífero, hace unos dos meses encaré el trámite dispuesta a no darme por vencida.  Volví a marcar el 0810 y una parva de números más, sumados a las tres opciones numerales que me pusieron un operador en la oreja. 

-  Buenos días Sra., mi nombre es Sharon Fackyu ¿en qué puedo ayudarla?
- Hola, quiero recibir la factura a mi nombre, si no es mucho pedir. ¿Qué tengo que hacer?
-Tiene que presentarse en nuestras oficinas de la calle tal y cual con la siguiente documentación, ¿tiene para tomar nota? (esta frase ha sido estratégicamente diseñada para disuadir a la gente y hacerla huir despavorida). Le dicto:  el formulario RV-158 mil que puede bajar de la web de la Agencia de Recaudaciones, una fotocopia de su documento, la fotocopia de la escritura de su casa, la última factura paga del servicio…bla bla bla
-Pará, pará un poquito y escuchame.  No puedo ir, en ese horario trabajo. ¿Se puede hacer de otra manera?
- Puede enviar la documentación por fax al siguiente teléfono: cero once cuatro quinientos…bla bla bla
- Si está todo bien pero la propiedad está en condominio con mi ex marido.
- Entonces tiene que mandar el acta de divorcio, la división de bienes, orina y sangre completos, radiografía de tórax, un alimento no perecedero, dos testigos, una foto de su mascota y contestar la siguiente pregunta: ¿quién no va a lograr hacer el trámite de cambio de titularidad del gas? (mi cerebro comenzaba a jugarme una mala pasada)
- ¿Me repetís que se me fue la mente a otra parte?
- Acta de divorcio, división de bienes, última factura paga, último pago del impuesto inmobiliario…
- Momentito, la última factura la pagué por teléfono porque nunca me llegó, el impuesto no lo tengo…estoy pagando una moratoria. 
-Mande el último pago de la moratoria, y la factura…mande la última que encuentre.
-Comenzando a creer en Dios juntaba la documentación en la cabeza mientras anotaba todo frenéticamente.
-Gracias
-De nada, muchas gracias por comunicarse con Gas A-Nal Penosa.  Buenos días.  CLANCK.

Junté la documentación y saqué fotocopias de todo.  Envalentonada como Leónidas en las Termópilas marqué el número provisto por la operadora el día anterior y le encajé la parva de papel al fax.  Cuando logré enganchar la señal, la maldita máquina se atragantó con celulosa y vomitó papelitos de error.  Probé con menos cantidad.  La maquinita susurró el infame “tururururur”.  Le dí al botón “iniciar” sin asco y sin piedad.  El display flasheó un mariconesco “recibir”.  Abrí las tapas, prendí y apagué la maldita máquina del milenio pasado hasta resetear el display.  Volví a intentarlo unas cuatro veces hasta que logré pasar la parva en pudorosas tandas de cinco hojas.  Esperé el reporte con cara de felicidad.  Cara que iba a durar poco, el reporte tiraba ERROR.   Luego de bajarme un ansiolítico por la faringe a golpes de puño y sin agua, volví a hacer un intento desesperado.  El intento dio error unas dos veces más hasta que tiró un miserable OK.  Con el orgullo del Mariscal Rommel invadiendo Africa, dí por concluida la tarea.
La algarabía no duró mucho, unos días después me dijeron que el fax era ilegible, debía intentarlo una vez más.  Lo hice, esperé las cuarenta y ocho horas protocolares para llamar y descubrir que había obtenido idéntico resultado.  El fax era ilegible.  Llamé al call center una vez más.

-Buenos días mi nombre es María Chupala, ¿en qué puedo ayudarle?
-Mis faxes con la documentación para efectuar un cambio de titularidad no llegan, ¿puedo enviarla por mail escaneada?
-No, debe hacerlo por fax como se lo indicamos.
-¿Y si no llega, qué hacemos?
-Deberá acercarse a nuestras oficinas en el horario de…bla bla
-No, NO y NO.  Yo no voy a ninguna oficina, pasame con un responsable.
-¿Tiene algún teléfono donde podamos ubicarla?
-Si, el cero once quince seis siete seis ocho…(yo, cayendo en la trampa en forma vergonzante).
-Nuestro supervisor se comunicará con Ud. en breve, pero le adelanto que va a decirle lo mismo que yo (con vocecita de muñequita a piolín).
-Que llame, si tiene huevos (perdiendo la paciencia en progresión geométrica).

Está demás decir que jamás me llamaron.  Cuando les dije esto me contestaron que nunca me pudieron ubicar.  Raro, rarito, considerando que me llevé el teléfono hasta para orinar.
La sugerencia de más de una docena de operadores fue que volviera a intentar pasar el bendito fax.  Considerando que la máquina de mi trabajo estuviera poseída por un ejército de demonios del inframundo, pagué en una oficina de trámites para que enviaran mi carpeta.  Orgullosa desembolsé el dinero a cambio de un manojo de reportes “OK”.  A las cuarenta y ocho horas llamé y constaté para mi horror, que mi documento seguía siendo ilegible, motivo por el cual el trámite estaba inconcluso.

El día del vencimiento de la factura los amenacé con no pagar si no emitían la factura a mi nombre.  Se pasaron las amenazas por el traste y me pidieron que terminara lo que había empezado llevando el documento a sus oficinas.  Se notaba que no me conocían.
Busqué por Internet la nómina entera del Directorio de la empresa y recordé el nombre de un conocido que trabajaba en la organización.  De ahí en más fui pasando de oficina en oficina hasta dar con quien moviera los hilos y me autorizara a enviar un scan de mi documento por mail.  Lo hice.  A las veinticuatro horas tenía el cambio hecho, un nuevo número de cliente, y la factura publicada en mi Banco para abonar electrónicamente.  Me llevó un mes y medio intentar hacer el trámite.  Y veinticuatro horas, más un acomodo en el lugar correcto, para terminarlo en forma exitosa.

Así son las cosas en Argentilandia.  Si no tenés a alguien conocido estás frito.  Y todo por querer pagar…*insertar emo de “rolls eyes” aquí*


domingo, 15 de noviembre de 2009

HIJOS DE LA LUZ




Cuando no te queda otra que volver al pasado
Justificar a ambos lados

Vivimos rodeados de objetos y servicios a los que nos acostumbramos tan rápidamente que ya no podemos precisar el momento en que aparecieron en nuestras vidas. Otros, estaban aquí mucho antes de que nosotros fuéramos concebidos. Y algunos, bueno, algunos ni se nos ocurre pensar qué sería de la vida sin ellos. ¿A alguien se le ocurre pensar en un día sin mandar un mensaje de texto por celular? ¿Alguno podría subsistir sin abrir un correo electrónico o mirar los titulares de los diarios desde su PC antes de salir a trabajar? ¿Alguno se imagina haciendo un fueguito en el medio del living para calentar el hogar en lugar de encender el piloto de la estufa?
Nos hemos ido atiborrando, sin darnos cuenta, de toda una maraña intrincada de aparatos que nos hacen la vida facilísima pero que dependen del gas de red, energía eléctrica y agua corriente (bueno, algunos, porque los que vivimos lejos de las grandes ciudades todavía usamos agua de pozo).
Así es como en forma autómata, con los ojos todavía pegados por lagañas y la costura de la almohada impresa en la sien, enchufamos en una sola maniobra la cafetera y la tostadora. Con el dedito índice de la mano le damos vida mágicamente a la televisión y de paso hacia la ducha encendemos la computadora con el dedo gordo del pie en una pirueta de yoga que yo llamo “saludo al ordenador”. Nos duchamos gracias al motor que impulsa agua al tanque, cantando al unísono con el mp3 del celular (previamente cargado durante toda la noche), nos secamos el pelo, nos lo planchamos, nos preparamos un licuado, descongelamos el pollo de la vianda en el microondas y nos planchamos la camisa para el trabajo. Hasta ahí todo muy bonito, la paz y armonía del hogar son impecables. El aparato para ahuyentar a los mosquitos funcionó de maravillas, el café se hizo, el encargado del tránsito del noticiero de la mañana nos dice qué atajo tomar para llegar al trabajo.

¿Pero qué pasa cuando una tormenta atroz derriba ochenta postes de luz? Pasa lo que les pasaba a nuestras abuelas en el año cuarenta. Pasa lo que les pasaba a los Ingalls en el 1800. Pasa lo que hemos visto en infinidad de películas de época…de cualquier época más precisamente, menos de esta. De esta que es la de la tecnología, los celulares, las notebooks, los archivos pdf, los ppt, los correos de voz, el skype, las Webcams, los hornos de microonda, los aires acondicionados, el Messenger, las jarras eléctricas, las bombas hidroeléctricas, los modems inalámbricos, el Wi-fi, la X-box, el I-phone, el Counter Strike, el Facebook, el Google, el GPS, los cybers, las ediciones digitales de los diarios, los implantes dentales, la cirugía translaparoscópica, los satélites, el transbordador espacial y el DVD. Pasa que ya no nos acordamos de cómo hervir agua o desearle feliz cumpleaños a un amigo sin energía eléctrica.
Es por esto que, ante un reciente corte de energía que duró unas dieciocho horitas, elaboré una listita de los problemas que surgen cuando somos enviados de una patada en el culo al siglo pasado.


LOS CUATRO PROBLEMAS MÁS FRECUENTES ANTE LA FALTA DE ENERGÍA ELÉCTRICA

La dinámica familiar se ve completamente distorsionada, cuando no destruida (o reparada), con un súbito corte de luz. Lo primero a tomar en cuenta es que todos los miembros de la familia se aglutinaran en la cocina a mirarse las caras sin pronunciar otra palabra que no sean epítetos de grueso calibre. Una vez saciada la necesidad de insultar, nos miraremos fijo a las caras sin encontrar motivo para pelear por un lugar frente a la computadora o por el dominio del control remoto de la TV. Erradicados esos motivos, no nos quedará opción que reparar en las caras del otro. De repente nos daremos cuenta que el primogénito se ha perforado por enésima vez la oreja (de la cual pende una flecha metálica que vuelve a incrustarse en el lóbulo superior de la misma). El crío, por su parte, se dará cuenta (a la luz de una vela) que su madre es una señora mayor y entrada en carnes que se parece mucho a su abuela (sobretodo cuando tiene cara de ojete). Pasada la etapa de contemplación estética, llegará de a poco la conversación. Nos pondremos al día con las novedades de las criaturas y así nos enteraremos de que el hijo mayor planea poner un puesto de hot-dogs en la playa sin nuestra autorización pero con nuestra financiación, que el del medio está de novio con una mujer tailandesa que le lleva quince años y el menor le peluqueó el flequillo a su compañerita de primer grado en el baño (la madre de la pendeja hace juicio al colegio y a los padres del ignoto coiffeur pigmeo).


La recreación y el entretenimiento se ven sensiblemente afectados. Algunos no lo soportan, hacen una mochila, agarran el auto y toman la autopista con rumbo indefinido atraídos por el primer resplandor luminoso que augure comida chatarra/pelotero/cine y Wi-fi. Pero aquellos que elijan el hogar deberán desempolvar los juegos de mesa: el ajedrez del abuelo, el mazo de cartas españolas, el cubilete y los dados comprados en las últimas vacaciones, el ludo, las damas y el favorito de la abuela (el bingo). Los más chiquitos apelarán a los crayones y las pizarras magnéticas…y si hubo suerte alguno encontrará el Tetris a pilas (lo más cercano a la tecnología sin enchufe). Cuando se agoten los recursos, la imaginación será una gran fuente de entretenimiento. Buscarle formas a las manchas de humedad, los trabalenguas, el “ni si, ni no, ni blanco, ni negro” y el concurso de chistes machistas/negros/verdes serán los grandes salvadores de una velada que se torna de goma. Visto y considerando que la luz no vuelve, cada integrante se buscará linterna o vela para meterse en la cama con algún libro olvidado en una biblioteca que sólo sirve como recuerdo de un pasado inmediato que amenaza con desaparecer del todo. Si hay suerte, la mañana siguiente nos encontrará a todos enchufando los celulares con desesperación mientras nos matamos a codazos por la silla frente al monitor.


La higiene propia y del hogar se ve ostensiblemente dañada. A la mayoría, el agua les dura lo que exista de reserva en el tanque. A otros como yo, la falta de energía nos deja automáticamente sin agua. Y en las ciudades, aunque los encargados de los edificios se maten explicando que hay reservas suficientes como para pasar dos días sin luz y con un buen suministro de agua (usándola razonablemente); lo más probable es que te quedes sin una gota de H2O a la media hora, ya que todos llenarán sus bañeras, tachos y fuentones agotando las reservas de pura desesperación y avaricia. Entonces tendremos que aplicar nuestra astucia y apelar a nuestra memoria para recordar cómo se bañaba la gente en los westerns más conocidos. Dicho esto nos encontraremos parados en un fuentón lavándonos a trapo y jabón, enjuagándonos con agua turbia, reservando un poco para mojar el cepillo de dientes y otro poco para la pava. Limpiar la casa será una utopía. Conclusión: Los Ingalls eran unos roñosos. Y los Highlanders también.


Las comunicaciones desaparecen y con ellas la aldea global, las redes sociales… la vida social en general. Hasta el trabajo queda reducido a tareas de archivo. Ya nadie escribe nada a mano, nadie manda cartas por correo. Todos nos enteramos del nacimiento de los hijos de nuestros amigos a través del Facebook. O el Twitter. Nos invitan al cine y a una fiesta a través de ellos. Arreglamos nuestros planes de fin de semana y hasta contactamos al dentista por una red social porque el muy turro desconectó el celular el fin de semana. Hacemos las compras por Internet, encargamos discos y libros con la computadora, pagamos las cuentas con los home-bankings y pirateamos desde una peli, hasta un libro. Ni cocinar podemos sin bajar una receta o verificar el resultado de un análisis de sangre sin consultar a una Web médica que nos dejará más aterrorizados de lo que estábamos antes de meter la nariz ahí dentro. El resultado de un corte de luz es que básicamente no somos nada sin un cable USB, un CPU, un MODEM y un monitor. Y las consecuencias son gravísimas. He visto gente darse la cabeza contra la mesada de la cocina por puro síndrome de abstinencia a la tecnología (mi sobrino de seis años, sin ir más lejos).


¿Si tengo alguna sugerencia para sobrevivir a estos cortes de energía que amenazan con ser más frecuentes por culpa del cambio climático, las reservas de agua existentes y las fuentes de energía que amenazan con agotarse a corto plazo?.

Si, tengo. Alquílense películas de época. Renacimiento. Edad Media. Pre-historia. Edad Antigua. Revolución industrial…la época que quieran menos la actual. Aprendan a pelar pollos. A cargar agua desde el manantial hasta la casa. A usar la rueca, el telar. A prender fuego con un palito y una piedra. A sentarse frente al fuego a cantar y recitar. A escribir cartas y esperar tres meses por la respuesta. A vender y comprar con el trueque. Y a matar mosquitos a trapazo limpio…