
¿Alegría de vivir? ¿Sobreviviente del naufragio doméstico? ¿Observadora sarcástica de mi entorno o pasada de rosca con el tranquilizante recetado? ¿Algarabía con patas? Para Guille y Gerardo que son lo más! Y para mis zuziaz queridas: Zele, Agos, Ari, Maite, Jime, Patty, Yasi, Frida, Eleonora, Anabel, Elisa y Clau. Mis amigos de siempre Lili, Caro, Ana, Claudia, Urcu, Romy, Gaby, Ale, Lau, Gladys ,Pato, Dumbo, Pepeluí este blog es para Uds. Los quiero
domingo, 22 de agosto de 2010
FABRICANDO BEBES

domingo, 8 de agosto de 2010
MEDIÁTICOS ARGENTOS

Un desfile de culos, descerebrados, frikkies y herederos millonarios
Si en mi vida existe una constante, esa constante es la televisión. En mi casa se enciende a la mañana y se apaga antes de ir a dormir. No es que alguien la esté mirando atentamente, salvo que haya algo rescatable para ver; en general se prende para que esté ahí…haciendo ruido y compañía.
Últimamente, y para mi total relajo, he visto un desmesurado incremento de la programación basura poblando y multiplicándose en todos los canales de origen nacional. Basta con ponerse a hacer zapping cinco minutos para percatarse de que no solamente no existe absolutamente nada potable para ver, también caemos en la cuenta de que la mierda que se produce en un canal se reproduce en progresión geométrica en los canales restantes.
Con una falta total de ideas y un excedente de mal gusto, este programa madre de todas las miserias que hay para mostrar; muestra lo más bajo de la sociedad envasado en Concurso de Baile con fines benéficos.
¿De qué se compone el cóctel vomitivo?
En primer lugar de un conductor “exitoso” que hace del mal gusto un culto. Desde la forma en que destrata a participantes y personajes secundarios hasta la manera en que se embute dos alfajores en la boca, todo lo que es y muestra es de un patetismo subterráneo. Busca la contienda, alienta el caos, ensalza la burrada y trata a las mujeres como pedazos de carne. Mujeres que elige rigurosamente por su total falta de educación, neuronas y un culo prominente. Grita, saca la lengua, se revuelca por el piso y manosea a quien se le ponga enfrente. Mujer u hombre, mientras facture le da todo lo mismo.
En segundo lugar contrata un excéntrico heredero de una fábrica de chocolates, aspirante a showman que más que un hombre parece un chiste ambulante. Una especie de versión carne y hueso de los muñecos “Action man” con los que jugaba mi hijo. Portador de ciento cincuenta cirugías estéticas para estirarle la cara, inflarle los labios, marcarle los abdominales y contornear los pómulos; este muñeco plástico con neuronas de caucho se las ingenia para multiplicarse en cuanto programa pedorro existe en la televisión argentina. Estrafalario, homosexual reprimido que se hace pasar por latin lover llevando de la mano a cuanta estúpida se deje comprar por un autito y un anillo; el aparato se da el lujo de contar dinero delante de los pobres proclamando a los cuatro vientos cuánto le salieron las botas o el auto que lo trajo hasta el canal. Con un séquito de infradotados que lo cuidan para que alguien no se lo cargue por el puro placer de verlo desaparecer del tubo, el monstruo deambula haciéndose el macho alfa y parafraseando poetas en un inglés venezolano al más puro estilo Chávez. Llora, se pelea, insulta, canta, llora otra vez, se emociona, propone matrimonio en cámara, llora por tercera vez pero no puede comprar con todo su dinero el silencio de otro mediático que cuenta con pelos y señales cómo se enfiestaban entre ellos disfrazados de gladiadores romanos.
La modelito devenida en actriz seria, devenida en señora que no soporta el paso del tiempo, devenida en miren como me cojo un pendejo porque todavía estoy buena, devenida en escracho mediático lastimoso de lengua viperina y cerebro de pájaro.
Esta señora supo ser linda. Es todo lo que supo ser. Puso todas sus fichas en eso. Apostó hasta las joyas de la abuela, con eso nunca le iba a escasear el dinero ni el macho que le caliente la cama en invierno. Lástima, le erró fiero. Después de hacer una media docena de películas berretas e inundar las revistas con las fotos de su culo su estrella comenzó a apagarse. La guita del ex marido se le terminó y necesitó de un nuevo escándalo para posicionarse en las primeras planas “again”. Entonces se fagocitó un ignoto pendejo que supo manosearla en cámara mientras la señora se contoneaba en bolas, sonriendo con la cara llena de botox y la cabellera impregnada de extensiones. Así compró sus últimos ocho años de fama. Trabajando de vedette o actriz de dudosa reputación, llegaba al teatro de la mano del mocoso (ambos a bordo de una motocicleta para que quede bien claro que ella todavía estaba en la década en que las tetas se quedan donde las pusieron y el culo se banca un cola less).
La tonta tontísima con un par de tetas monumentales y un culo para el infarto. De estas suelen pulular unas doce por noche. Nadie sabe de dónde salen, pero son famosas. Supongo que deben figurar en algún catálogo de putas aparte de bailar y decir pelotudeces. Son una vergüenza para el género. Y hablando de género, poco generosos han de ser los vestuaristas que les proveen de un minúsculo trapo que cubre la nada más absoluta. Cosa que la cámara capte cada poro de la entrepierna y cada pezón que se escapa en una rebuscada pirueta que tiene como único objeto que la cría en cuestión quede posicionada abierta como un lechón a la parrilla delante de una cámara que no para de hacer zoom ahí adentro…donde solamente el espéculo del médico ginecólogo puede llegar. Más allá de bailecito, la función de la señorita será trabar un diálogo con el conductor, que no dejará dudas en cuanto a la total ausencia de axones nerviosos debajo de esa brillante cabellera femenina. Balbuceando frases inconexas, la tonta con voz de nena y luces…apagadas, hará mutis por el foro mientras el camarógrafo le encaja la cámara en el medio del orto por última vez en la noche.
El bailarín del miembro generoso y cara de afasia cerebral. Este espécimen fue pescado en un club de strippers. De ahí fue llevado a bailar en paños menores ante la mirada libidinosa de un ejército de mujeres del público que aúllan como si hubieran visto al mismísimo Adonis. Adonis no es más que un señor con la mitad de la cara fruncida y paralizada, músculos de laboratorio, una zunga y un pene largo que es revoleado por su dueño para delirio de los miembros del jurado (valga la redundancia). Y por miembros no solo me refiero a las mujeres, ya que los hombres que “adornan” este jurado se lo llevarían puesto a “pijilargo” por un par de dieses en la puntuación del certamen.
Si esto quedara restringido a las ocho horas semanales que tiene pautado el programa, casi les diría que estamos a salvo. Pero lamentablemente esta porquería vende, y como vende todos los programas se disputan a estos engendros que se pasean de canal en canal llorando sus miserias e inaugurando un nuevo subsuelo en la mediocridad televisiva argentina.
Menos mal que hay cable, que hay libros, que hay cine y que existe el control remoto…
domingo, 25 de julio de 2010
HOMBRES CON MOCHILA

Cuando ellos tienen más rollos que nosotras
Cualquier mujer de más de treinta, soltera o divorciada, sabrá entender. Cuando una está embarcada en la titánica tarea de agenciarse un señor que la acompañe al cine, la lleve a comer a la luz de las velas, le de una alegría de vez en cuando…y si da, se convierta en su pareja; la misma ha de toparse con algunos especímenes francamente aterradores.
La sabiduría popular pregona que somos nosotras las complicadas, retorcidas, resentidas y desesperadas damiselas en busca de un señor de cuenta bancaria abultada que nos mantenga; pero en mi derrotero amoroso he podido comprobar que ellos están más desesperados y locos que nosotras.
Analicemos paso por paso.
Lo primero que hace una mujer cuando se separa es correr lejos de cualquier cosa que se asemeje un poco a lo que ha sabido sacarse de encima. Es por esto que en los primeros seis meses de soltería, la sola idea de tener que compartir una mesa con un señor que no sea su padre o su tío puede llegar a ser un flagelo.
Luego llega el período de sanación, en el cual uno llega a la conclusión de que no son todos iguales y quizás haya uno escondido, a la altura de las necesidades de una, detrás de algún arbusto, barra de bar o perfil de Internet.
Entonces comienza el “casting de chongos”. En este particular período, mujeres que ya no tienen ganas de jugar a la quinceañera y emborracharse en los bares esperando a “Prince Charming”, se entregan al juego del chat por todas las redes sociales habidas y por haber. Alentadas y enredadas por las historias de amor en
Las pretensiones de ellos:
Físico esbelto
Entre 1.60 y 1.70 mts. de altura
Ojos azules o verdes (verdaderos, las de lentes de contacto abstenerse)
Universitaria, doctorada y con mucho tiempo libre para dedicarme
Responderé a perfiles con foto únicamente
Que sea femenina, sensual, conversadora, alegre, dócil (y que sepa lavar y cocinar)
Que no traiga mochilas ni rollos (si es posible que no traiga pasado ni historia y que sea virgen)
Y aquí es donde voy a detenerme. Se supone que una no debe demostrar atisbo de una vida anterior a la que estamos a punto de comenzar (eso si no te avivás de que tengo el pelo teñido, las lentes de color, extensiones capilares, tetas de plástico, una faja aplana vientres y tacos de 20 cms.). El señor en cuestión pretende una muñeca inflable con pulso, independiente, que labure pero tenga mucho tiempo libre, que no pida plata y se deje fornicar sin pedir nada más que una cena a cambio.
Bueno, el trato no está nada mal. Un polvo por una cena y todos contentos. Pero hete aquí que nada es tan fácil como parece. Con el corazón en la mano, latiendo a un ritmo ensordecedor, nos preparamos para el fiasco de la década. Caminando despacito, metiendo panza y alerta a todos los posibles peligros que amigas y familiares nos han explicitado; nos encontramos con el susodicho. El susodicho, dista mucho de un George Clooney o un Brad Pitt, pretende una Angelina Jolie pero se parece a Pavarotti sin talento y sin tintura. Primera pista de que todo anda mal. El Señor tiene muuuchos más que 45. Pesa dos tercios más de lo que me imaginaba, pero me comenta fascinado que está contento de no llevarse el chasco de la última vez que invitó a salir a alguien por Chat. Entonces me cuenta la historia de una elefanta que se baja de una rural en una estación de servicio y él mismo importunando a dicha criatura porque había puesto una foto de ella de cuando pesaba la mitad. El que habla, un señor entrado en carnes y con un voluminoso abdomen está convencido de que tiene derecho a pedir algo diferente de lo que él ostenta ser. O no tiene espejos en la casa. Una de dos.
Luego, asisto a un extenso monólogo de un egocentrismo sin límites en la historia del ego. El es el personaje principal de todas sus historias. Un winner, un gentleman, un experto en lo que hace, un “womanizer”, el mejor padre del universo, excelente cocinero, conductor avezado, excelente bailarín y bla bla bla.
Como si esto fuera poco, no me deja meter bocado en lo que dice; me aclara que no le interesan las minas que arrastran pesadas mochilas de su pasado. Bueno, parece que nos vamos a salvar de escuchar la historia de tu ex. Ni a palos. Ni en mis mejores sueños.
Ahí arremete con la ex. Que es esquizofrénica entonces él, que es tan bueno y generoso, le pone el dinero en una cuenta para que ella no se lo gaste. Pero ella decide irse en un crucero por las Bahamas con las amigas con la guita (el sudor de su frente). Mi mente imagina rápidamente a una mujer con chaleco de fuerza en un cuarto acolchonado pidiendo permiso para tramitar el pasaporte. Logro colar una preguntita “pero…ella no está internada, no es una patología peligrosa la esquizofrenia?”
No contesta, solo me comenta que cuando convivían no paraba de gritar y pegarles a los chicos. Eso mientras se auto succiona el resto de lechuga de entre los dientes haciendo un ruidito “shrrrrri-shrrrrik” Al borde del horror y el vómito ideo una estrategia para escapar. Comprobando que los baños no tienen salida al exterior, vuelvo a la mesa preparada para escuchar el resto del relato. Dos horas ininterrumpidas de resentimiento y odio hacia la madre de sus hijos. Con la cabeza en la mano y la materia gris color morado, le bostezo en la cara en franca actitud de ME QUIERO IR A
No hay registro de mi pudrición, el tipo sigue quejándose. Esta vez arremete con la suegra, la cuñada, los hermanos, el socio, la mascota, la madre y el novio de la hija. Como un personaje salido de una peli de Tim Burton, lo imagino cual hiedra venenosa color negro que intenta subir desde mis tobillos hacia mi cabeza. Por fin pide la cuenta, se lo nota cansado; se ve que tanta mala leche tiene correlato corporal…a Dios gracias!
Así nos dirigimos al estacionamiento. Agradecida de tener mi propia nave esperándome a unos metros, le agradezco la gentileza de la cena y su amena compañía.
Me subo al auto, prendo la radio y el primer tema que engancho…a modo de alegoría es: SUICIDE BLONDE!
Consejos para el chat-dating
Incluír en las pretensiones:
No contestaré a perfiles sin fotos ACTUALES
Se busca señor sin rollos corporales ni familiares
Mochileros: ni lo intenten
Si me vas a hablar de tu ex, ni te molestes
Constipados, melodramáticos, histéricos, afligidos, compungidos, amargados, resentidos, rencorosos, alérgicos, llorones, abúlicos, gruñones, caracúlicos…abstenerse.
domingo, 18 de julio de 2010
TEORÍAS CONDUCTISTAS

O, de cómo conducen algunos
Manejar es un placer, o un verdadero fastidio. ¿La clave de la diferencia? Pues eso depende, las más de las veces, del hijo de su mala madre que se te cruce en el camino. Conduzco unos
A groso modo, y según mi experiencia callejera, el 70% de la gente maneja mal, un 10% no sabe manejar y el 20% restante no supone ningún peligro.
De ese 70% es del que me voy a ocupar hoy. Porque el 10% que no sabe manejar incluye a la gente de la tercera edad y a los que acaban de obtener la licencia (nunca hay que olvidar que uno perteneció a este grupo): todos inimputables.
En esa franja del 70% que maneja mal encontramos los siguientes subgrupos:
El émulo de piloto de fórmula 1. Este engendro del demonio suele tener entre 25 y 35 años. Ahorró y ahorró hasta llegar al autito segmento medio con motor 1.6 o 2.0 al que por supuesto le puso luces de neón, un estereo ultramoderno, GPS, cristales polarizados y un calco con la siguiente inscripción “Born to run”. El enfermito consume unas 36 horas semanales de automovilismo televisivo y está convencido de que es el hijo bastardo de Amelia Earhart y Juan Manuel Fangio. Es por eso que se siente una autoridad en la materia de desplazarse enajenado, corriendo a 150 kms. por hora de un carril a otro obligando a los prudentes a efectuar maniobras bruscas para despejarle el camino. Porque el infelíz suele venir prendiendo luces y tocando bocina con unos largos
Las mujeres que hacen cinco cosas a la vez. En este segmento encontramos a la madre trabajadora que va a 130 kms. por hora hablando por celular mientras se pinta los labios y le da la teta al bebé. Esta freak de las autopistas cree que puede salirse con la suya porque anoche le rezó a su ángel de la guarda, entonces aprieta el acelerador porque se le hace tardísimo mientras busca la frecuencia Disney en la radio con una mano y reparte tortazos entre los tres mocosos que se matan en el asiento trasero por un lugar cerca de la ventana. Llegan a destino porque tienen un Dios aparte. Y porque la gente se corre cuando las ve venir en un derrotero zigzagueante.
El empleadito a bordo de utilitario de la empresa. A este señor el autito le importa un bledo. Porque no lo ha pagado, no le pertenece ni tiene a su cargo el seguro del mismo. Entonces no solo se dedica a correr como un desaforado. También se dedica a espantar mujeres haciéndoles el famoso “fino” por el puro placer de ver cómo pegan el volantazo para esquivarlos. No manejan con una velocidad constante, suelen rebasar a un par de autos a 140 kms. por hora y luego estacionarse en el carril central a unos 80 kms. por hora porque si tildaron con algún programa radial de deportes o un set de chistes…vaya uno a saber.
El camionero “acá mando yo”. Este ejemplar de gorila callejero sabe que la tiene más larga que nadie. Es temido y respetado. Porque en un abrir y cerrar de ojos puede reducir tu amado autito a chatarra. Jamás frena. Jamás retrocede. Jamás utiliza el carril lento que le corresponde obligándote a pasarlo en cuarta o tercera forzando el motor, para poder llegar desde la cola del acoplado hasta la trompa. Es muy frecuente que te miren por el espejo retrovisor y te hagan todo tipo de señas groseras mientras les pasás por al lado. Si te toca pasarlos por la izquierda, asegurate de que estén despiertos y no tiren el camión encima obligándote a peinar el guardarrail.
El señor entrado en años con vehículo polenta de orígen alemán. Este señor maneja bien, pero no quiere o no puede entender que el común de la gente no la tenga tan clara con el volante. Suelen poner sus naves a la velocidad del viento y pegarte la insignia de sus autos en la cola del tuyo en franca maniobra intimidatoria para que les des paso. Tentada a clavar los frenos para ver como reacciona la nave alemana, más de una vez tuve que autocensurarme para no terminar tocando el arpa a la derecha de Dios Padre BMW. Son gente de cuidado, teniendo en cuenta que están en el grupo de riesgo de padecer un ACV o un ataque cardíaco, lo ideal es correrse y tenerlos lejos cuando pasan cual bólido en forma de mancha color gris.
La / El eterno perdido, asombrado, colgado. En este grupo encontramos a esa figura hijaputesca, heredera directa de Mister Maggoo, que se acuerda que debía bajar en el puente de la autopista que acaba de pasar. Es muy probable que se pase de izquierda a derecha sin hacer una mísera señal y termine bajando donde le correspondía sometiendo al autito a una funesta marcha atrás mientras una lluvia de bocinazos le recrimina la peligrosa acción. Son los típicos que sueltan el volante para señalar, maravillados, las luces de aquel Shopping o los brotes de ese arbolito que crece desolado al borde del carril rápido de la autopista. Consejo: Téngalos siempre lejos. Suelen poblar las páginas policiales y los noticieros con la misma carita de asombro después de volcar tres veces y derrapar debajo de un acoplado.
Se multiplica la cantidad de autos en la calle, la cantidad de accidentes, la cantidad de taponamientos en rutas y autopistas…y la cantidad de animales sueltos que han sabido conseguirse una licencia sin saber siquiera cómo poner en funcionamiento la tostadora eléctrica…OMG!
domingo, 20 de junio de 2010
CUANDO PINTA EL BAJÓN
Hurgando en la depre
Uno nunca sabe a ciencia cierta qué ha desatado este espantoso estado de oscuridad espiritual. En algún momento del día y por absolutamente ninguna razón definida, nuestra luz se apaga y nuestras ganas se desparraman por el piso como un balde de gelatina a medio cuajar. Simplemente nos asalta el famosísimo humo negro de la serie “Lost” y literalmente nos perdemos. Ahí, en un túnel que pareciera no tener salida, y que si existiera no la veríamos por tener los ojos hinchados y empañados por un mar de incomprensibles lágrimas.
Porque una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. La tristeza, como respuesta a un estímulo doloroso es esperable y natural. Si te martillás un dedo, responder con una carcajada te habilita el ingreso al Manicomio más cercano; por otro lado llorar porque se te inundó el baño o te birlaron la billetera en el colectivo es más que sano. Pero la depresión es otra cosa. ¿Será la respuesta con delay a una serie de eventos que se sucedieron en cadena en forma lenta imperceptible y sucesiva? ¿Puede uno entristecerse por acumulación? Quizás ahí esté la clave. Unos buenos quince días de quilombos sostenidos, solapados y aparentemente inofensivos (si los evaluamos de a uno), pero que en su conjunto tienen el poder del ácido nítrico en goteo sobre un alma medio desvencijada, bien podrían ser los responsables de una grosa y contundente depresión de la ostia.
Propongo la siguiente ecuación ejemplificadora: 2 días estresantes de laburo donde todo salió para el culo (un cliente revirado te incluyó en sus plegarias a Satanás, te llovieron carpetas infestadas de problemas, el sistema eligió caerse en la hora pico, caes en la cuenta que para Recursos Humanos sos un recurso y no precisamente humano) más 3 siniestros eventos domésticos (el lavarropas pide knock –out técnico, se rompe el codo de la pileta de la cocina, te cortan el teléfono con la factura paga en tiempo y forma) sumados a 2 insignificantes reyertas familiares (un duelo con tu hijo por el control remoto de la tv y porque no ordenó su habitación…que parece Irak después de un bombardeo, tu vieja que se ha convertido en tu hija “mentally challenged” a la cual querés estampar contra una pared porque se trenza con tu hijo insistiendo que Cristiano Ronaldo es brasilero (herejía si las hay para un futbolero de ley), más 2 mínimos contratiempos cotidianos (el cajero se traga tu tarjeta de débito justo la noche en que el noticiero pasa el informe sobre estafas en cajeros, el chino del supermercado no te agarra los tickets que te da la empresa…te enterás cuando tenés el chango lleno hasta el techo), más 1 contratiempo amoroso (tu nuevo no-novio te hace un exhaustivo recuento de las ocho millones de prostitutas que se movió en su periplo náutico-laboral para luego informarte que está en desacuerdo con el uso del preservativo), más 1 flashback nostalgioso (ordenando armarios te topás con fotos viejas, removiendo el estofado mental que dormitaba en una armoniosa latencia muda y ahora amenaza con hervir y desbocarse) = Mega depresión importada de Lituania (el país con más alta tasa de suicidios del planeta).
CÓMO RECONOCER LOS SÍNTOMAS
Lo más probable es que vayas arrastrándote de sillón en sillón y de cama en cama huyéndole a todo tipo de ritual higiénico y cosmético. Enfundado en tu mejor y más raído pyjama anti-sexo (generalmente es un jogging color gris con manchas de cloro y pintura, más esa vieja remera de tus dieciséis con su etiqueta intacta de “Fruit of the Loom” agujereada en las mangas y con el cuello estirado), te pasearás como un zombie pisándote las ojeras. El pelo es una mata informe de donde penden un par de popcorns de la noche anterior y cuyo flequillo comienza a pegotearse en la frente por el azúcar y la falta de aseo.
El frío te asalta, como te asaltan los pensamientos negativos. Como estás seguro de que algo espantoso está a punto de ocurrir, decidís cambiar la ropa interior por una limpia y sin agujeros. Al equipo le agregás una manta polar con olor a perro (que durmió encima toda la noche) o un poncho viejo con olor a naftalina. Así enfrentás el desayuno. Masticando un pedazo de pan negro quemado, sorbiendo un café que no logrará derribar el sueño que te hace bostezar como un cosaco embriagado no harás planes que vayan más allá de los próximos quince minutos. En esos quince minutos leerás los avisos fúnebres, te autoflagelarás con el noticiero de la mañana y terminarás llorando desconsoladamente con un aviso televisivo de medicina prepaga donde una anciana camina de la mano de un anciano…en cámara lenta…por un bosque de robles, pisando hojas marchitas en pleno otoño. Entonces te descubrís haciendo cuentas ridículas, calculando lo vivido, restando el resto y haciendo balances que por supuesto dan pérdida. Porque hoy estás perdido en la nube negra, el vaso está vacío y la luz es tan tenue que el futuro no se ve por ningún lado.
Luego del sexto documental sobre la vida sexual de los mamíferos marinos, se te da por consultar el Tarot por Internet (nefasta idea en la historia de las ideas nefastas). Con una musiquita inquietante, el website baraja digitalmente tu futuro y te manda todas las putas cartas patas para arriba. Eso no puede ser bueno, leer la explicación te deja al borde del abismo existencial. Es hora de buscar ayuda en las frases de filosofía de tu site favorito de citas célebres. El término random en Internet es muy gracioso. El Señor que mueve los hilos tiene un extraño sentido del humor, o tu cabeza elige leer aquello que sabe te va a terminar de liquidar. Buscando frases para abrazar la vida, el site, irónicamente te trae palabras de Séneca, Schopenhauer, Hume y Nietzsche. En todas se te pide amablemente que termines con tu vida. Ganas no te faltan. Te faltan huevos. O cinco blisters de valium y dos litros de whisky.
Apagás la pc huyendo como una rata a su nido (en este caso tu cama). El libro que hasta ayer encontrabas apasionante, ahora es una mierda. En un ardid de auto complot, te leés la última página del policial para aguarte tu propia fiesta. Tres horas de zapping ininterrumpido, mirando discusiones entre decadentes participantes de reality pedorro, es hora de cambiar de posición. Son las cuatro de la tarde y no almorzaste. Relojeás la heladera vacía. Hora de rascar los hongos del multiúnico pedazo de queso y montarlo sobre una torre de crackers húmedas. Eso solo se baja con alcohol. Y del pico de la botella. Entonces te encontrás con un sujeto gris que mama del pico, con un nido de caranchos en la cabeza y dos huevos duros en lugar de ojos. La imagen te resulta conocida, es el espejo que devuelve el Guernica de Picasso (versión libre a tu cargo). Te acercás con miedito porque no lo podés creer. Sos un personaje salido de una peli de Tim Burton. Sos el hijo hecho carne del Jóven Manos de Tijera y el Cadáver de la novia. Si fueras música serías el Concierto para Cello de Elgar.
Entonces te empezás a reír de ese fantasma que alberga tu machucada psiquis. Porque no hay mal que dure diez años ni lluvia que no deje de caer. Haciendo un esfuerzo llevarás tu envase a la ducha y te sorprenderás canturreando algún viejo hit de los 80’s, ese que sonaba el día que te tomaron esa foto que encontraste en la mesa de luz. Esa misma foto que fue la mecha que te llevó al abismo.
COMO DETENER UN ATAQUE DEPRESIVO
Si te levantaste así como sensible y pelotudo, amarrate las manos con el cable del mouse de la pc antes de revolver cajones y ordenar placards. Ni se te ocurra mirar fotos viejas, ni leer cartas de hace dos décadas, ni controlar avisos fúnebres, ni mirar el noticiero. Si tenés la casa tomada por familiares en crisis, huí. Salí corriendo a correr o a caminar. Rajá. Tomate el piróscafo a Tanzania. No participes en discusiones que no tienen salida. Escuchá música. Llenate los pulmones de oxígeno. Y los ojos de los colores del cielo. Abrazá a tu perro. Llevate el libro a la hamaca paraguaya. Lavá el auto. Comprate un chocolate y una Coca Cola (antidepresivos poderosos, si los hay). Cantá en la ducha, bailá en la cocina, tené sexo en el lavadero, fumate un porro, amasá pasta, jugá al futbol con tus hijos o tus amigos, ayudá a alguien, escuchá, mirá algo divertido en la tele…y por favor vestite un poco más decente por el amor de Diosssssss!
Si esto no llegara a funcionar, sírvase consultar a su terapeuta; yo solo escribo boludeces en un blog…
No tiene mucho que ver, pero a mí me hace reír!
jueves, 3 de junio de 2010
EMBARAZO, PARTO Y LACTANCIA
De cómo sobrevivir a una experiencia humillante (Para Lady R. que vive en Canadá)
Tengo una amiga que está por parir. Vive lejos así que no tuve la oportunidad de observar de cerca su deformada humanidad. Pícara ella, colgó un par de fotos en el Facebook donde sus redondeces todavía eran soportables y elegantes; pero hace más de tres meses que se recluyó en sus cuarteles y solamente asoma la cabeza de la trinchera para pedir asilo político (en otro cuerpo). Y la entiendo.
La que se pasó un año entero jurando por los últimos cuatro dígitos de su tarjeta de crédito platino, que jamás iba a lidiar con pañales ni aullidos de retoños (para el estupor de los que la escuchábamos en la cocina de la oficina), hoy oficialmente está de nueve meses y un día. Me hubiera gusta grabarla en video, para pasarle el clip ciento cincuenta y ocho veces el día que anunció que le habían llenado la cocinita de humo. Me acuerdo ese día que leí el mail en el cual me contaba que se iba a ser un Test casero y otro a los diez minutos haciendo la consabida pregunta -¿puede ser un falso positivo?-, a lo que yo respondí con la velocidad que mis dedos me permitieron –NO NENA, TENES
Así fue como Lady R se enteró de que iba a tener que limpiar culos cagados, dejar de dormir de un tirón por al menos tres años y decirle adiós a su antigua vida de trotamundos desfachatada (copita de champagne de por medio).
Su estado de gravidez y el inminente cumpleaños de mi hijo, arrastraron sin querer de la base del cráneo a la primera plana de la retina, los recuerdos de mi propio embarazo.
Esa idea rosa que tienen las mujeres y que pasa de boca en boca, de generación en generación, de que el embarazo es el estado ideal de la mujer es una trampa ideada por un varón que quiso seguir dándole masita a la esposa sin que la misma ofreciera resistencia. No hay nada más lejano y mentiroso que el supuesto “estado ideal”.
El estado ideal comienza con vómitos a chorro, mareos, cansancio, eructos y una compulsión por mear que va creciendo con el correr de los meses (cuando el crío ya pesa tres kilos y baila tap sobre tu vejiga). A los tres meses, cuadrada y redonda (si eso es posible), sos testigo de la incipiente deformación del templo que hasta hace poco albergaba con exclusividad a tu alma. Te das cuenta que vas a tener que hacerle lugar a ese alien, así que tu alma va dejando espacio a esa cosa que no para de crecer y convertir tu vientre plano en una bolsa de papas que te entra a picar como si no hubiera un mañana. Entonces no se te ocurre mejor idea que rascarte con locura y saciar tu apetito voraz comiendo todo lo que se te cruza por el camino, cosa de que el alien no se apropie de espacios que no le corresponden. La picazón prosigue y no hay crema que pueda con esos tejidos que comienzan a estriarse y esas tetas que parecen dos boyas en el Mar Báltico. La que no tuvo tetas puede que disfrute de esta sensible situación que sufre el tejido adiposo pectoral, la que siempre tuvo un par de generosos globos no encontrará corpiño disponible donde embutir esos cuatro kilos (dos por teta) de grasa y próxima factoría de lácteos “fatto in casa”. Las tetas también pican, así que te descubrís rascándote a dos manos en lugares públicos ante la mirada absorta de los transeúntes. Los picores ceden únicamente ante los calambres en las piernas y el dolor de cintura que sufrís cargando un exceso de peso de al menos 10 kilos (más los 12 que te pusiste prolijamente fagocitando cantidades industriales de chocolate y calorías vacías). Eso y la extraña adicción al tomatito cherry rociado con asceto balsámico que jamás lograrás comprender.
El termostato también es un problema. La perilla de frío-calor no te funciona. En pleno invierno te empapás con sudor como si estuvieras cargando bolsas en medio del Sahara a plena luz del día. En verano podés pasar de un sofocón a un ataque de frío por un helado en medio segundo. No toquemos el tema de las manchas de la piel, los granos adolescentes y la caída del pelo. Cartón lleno.
Dormir es una proeza. Girar en la cama una tarea heroica. Boca arriba es lo recomendable, pero sentada, porque los ácidos del estómago que intenta lidiar con todo lo que te manducaste se escapan como lava volcánica quemándote las amígdalas cada veinte minutos. No importa, igual no dormías. Estabas haciendo tu vigésimo noveno viaje al baño. Porque la vejiga pareciera explotar, aunque después de sentarte en el inodoro (con todo lo que eso implica…encontrar los restos de bragas incrustadas en tus glúteos para bajarlas haciendo malabarismos) descubrís que son tan solo dos centímetros cúbicos de infame orina. Volvés a la cama y optás por encallar cual ballena franca, de costadito. Como las piernas no cierran y el pubis parece un puente a punto de resquebrajarse, te encajás un almohadón en el medio para apuntalarlo. Entonces te dormís, pero te despertás diez minutos después presa del pánico por una pesadilla en la cual tu vientre estallaba y salía un reptil que te decía “Mamá” con lágrimas en los ojos (mientras te agarrabas las tetas mirando los dientes filosos del bicho). Esto te enfrenta a tus peores demonios: la partera y el obstetra. ¿Tenías motivos? Suficientes.
Los suficientes como para iniciarle una demanda a Dios por su famoso “Parirás con dolor”. Una compañera de trabajo una vez me dijo (sabias palabras) –Parir es como cagar un piano de cola- Y no se equivocaba. Cada contracción es un atentado al género femenino. Las primeras te hacen pensar que el cursito de parto sirvió para algo más que escuchar a media docena de madres reincidentes acariciándose la barriga contando anécdotas de sus anteriores partos. Con cara de boludas perennes y un tonito aniñado contarán con pelos y señales como el obstetra les encajó la mano en el cuello del útero hasta que perdieron el reloj buscando la cabeza del bebé. Al borde del vómito y con ganas de salir corriendo para tirarte de panza sobre las vías del Ferrocarril Sarmiento, se te borran los colores de la boca. Ahí, justamente ahí, la partera desliza la parte más importante de toda su sabiduría:
La droga es la diferencia entre un paseo y la tortura china. Y las ignorantes detractoras de la misma, que se jodan por pelotudas. El catéter conectado a tu espina dorsal es lo mejor que te puede pasar en esta perruna vida. Claro que para merecer semejante dispensa medicinal deberás dilatar hasta cuatro centímetros. Que si sos primeriza se traducen en unas buenas ocho horas de dolores menstruales intensos con ocasional pérdida de conocimiento y gemidos crónicos intercalados con los famosos sopliditos ensayados hasta el cansancio en
Entonces aparece un ilustre desconocido que te informa, como no podía ser de otra manera, que tu obstetra (al cual tardaste seis meses en depositarle tu confianza y mostrarle tus benditos orificios) está en un Congreso. Es por esto que el tío en cuestión será el encargado de abrirte como una lata de atún para sacar el pez rebelde que llevás dentro. Ya a esta altura estás jugada y a todo decís que si porque ponerse a toda esta gente de culo no es recomendable (sobretodo al Gurú de
Después de doce horas resoplando y aguantando ha llegado la hora del quirófano. Vuelta a pasarte a otra habitación que parece la consulta de una Veterinaria. Te ponen en bolas mientras te pintan de color marrón…se supone que tenés que estar felíz porque el Gurú se ofreció a filmar la cesárea y en este preciso instante de humillación y menoscabo hace un primer plano de tu cara hinchada.
El procedimiento dura cuatro minutos, lo que tardan en rebanarte como un filete, cazar al crío del mentón para sacarlo del agujero donde anidaba cómodamente. Te lo acercan para que puedas darle un beso a un monstruo de goma violeta que parece el Mini Me de Winston Churchill. Sentís una sensación de alivio y felicidad que durará lo que dura el efecto de la anestesia. Te cosen como un matambre arruinándote toda posibilidad de lucir un bikini de por vida y voilá, asunto resuelto.
Ya en la habitación y justo cuando comenzabas a encariñarte con el alienígena violeta, te asaltan unos dolores diez veces peores a las contracciones de parto. Son los famosos y nunca bien ponderados entuertos. Con ganas de matar a alguien no sacás el dedo de la alarma hasta que aparece una enfermera con cara de dormida que intenta convencerte de que estás alucinando y no es para tanto. Sacudiéndola del guardapolvo, la convencés de que sos una loca peligrosa, más le vale pedir ayuda o Carrie va a ser un chiste al lado de lo que le vas a hacer. Entonces otro gurú aparece para autorizar un líquido que inyectan directamente al suero, al que llamaremos “Nirvana-post parto”. Vuelven los temblores, desaparece el dolor y te quedás felizmente dormida. Dos horitas después, una imbécil con cara de fragilidad anal te trae una cosa que berrea como si tuviera siete pulmones. Así nomás y sin previo aviso te lo encajan en una teta. El crío succiona sin mayores problemas. Juego de niños. Por fin algo que no duele.
Tres días después, los pezones dan lástima. Y duelen como la puta madre. Si tan solo pudiera sacarlos y ponerlos en remojo! Cansada, dolorida y muerta de hambre porque hace cuatro días que no te dan de comer, se te ha incentivado el sentido del olfato. Es impresionante. Podés adivinar todo lo que comió tu familia oliendo sus ropas. Bife de chorizo por ahí, pizza por allá…y yo con un caldito repugnante.
Por fin llega el día. Te sueltan. Lo bien que hacen. Porque ya te estabas encariñando con eso de que una minita se llevaba el crío cuando tocabas el timbre. Pero de eso te das cuenta cuando llegás a tu casa y depositás el fruto de tus travesuras en el moisés.
Ahí comienza el baile. Pero no hay timbre, ni enfermeras, ni Gurús…ni nada. Solita, vos y él sin intermediarios.
¿Si me arrepiento? Jamás. El monstruo violeta se llama Guille, vive en mi casa y fue lo mejor que me pasó en la vida.
Un consejo: Háganse amigas del Anestesista!.